viernes, 17 de abril de 2015

Estudios e Investigaciones PROYECTO KORICANCHA

convento santo domingo, koricancha
Estudios e Investigaciones
PROYECTO KORICANCHA
los tuneles de los andes y el oro de los incas
convento santo domingo, koricancha
Hace aproximadamente cien años que empieza el interés por estudiar el Templo del Sol, a base de los restos materiales existentes del antiguo edificio como son los muros de habitaciones, restos de canales, muros de contención, trozos de muros perimétricos, etc., ubicados hoy dentro del Convento de Santo Domingo.

Los intentos de estudio y reconstrucción, no fueron muchos. Uno de los pioneros en el estudio de los Templos inca y cristiano fue el expedicionario norteamericano George Squier (1863-1865), quien visitó la ciudad de Cuzco en 1863 habiéndose alojado en el Convento de Santo Domingo como invitado de los frailes de ese tiempo. Este escritor escribe en 1877 sus observaciones e hipótesis, y dedica una descripción del antiguo Templo del Sol y la Iglesia de Santo Domingo. Hace una descripción histórica muy ligera y adjunta un plano de la planta con la delineación hipotética de su forma primitiva. Este plano presenta las superposiciones de los muros inca y los muros del Convento. Sin embargo, las proporciones y formas de los muros, en especial el del Torreón no concuerdan con las dimensiones reales de los mismos. En su publicación resalta la fuente colonial que hoy se ubica en la parte central del primer claustro.

Charles Wiener, expedicionario francés, en 1880 publica su trabajo denominado “Perú y Bolivia” y como el anterior también fue huésped de los sacerdotes dominicanos dejando una síntesis de sus observaciones sobre el Templo del Sol y la bella arquitectura de estilo crespocusqueño que exhibe la única torre que presenta el Templo de Santo Domingo.

Ernst Middendorf, habiendo recorrido todo el territorio nacional, publica entre 1893 y 1895 su libro “Perú”, en el cual analiza aspectos geográficos, históricos, económicos y antropológicos que hoy día todavía no han sido superados. Su valiosa aportación incluye un examen de los monumentos arqueológicos, incluyendo una bella descripción el Koricancha y Convento de Santo Domingo, de la cual se conserva una de las fotografías más antiguas que conocemos.

Max Uhle, arqueólogo alemán, realiza piques de exploración de arqueología en 1901 en algunos sectores del espacio comprendido del viejo Koricancha, llegando a puntualizar sobre sus evidencias de cerámica, una cronología tentativa que posteriormente fue la base de la diferenciación de los estilos alfareros inca inicial (killke) e inca imperial (inca expansionista). Además, Uhle ha heredado el primer plano hipotético de la cartografía del Koricancha.

El Padre Zárate (1921), de fuerte formación teológica y filosófica, redacta la primera guía turística para la Ciudad del Cusco, dedicando un fragmento de su trabajo al Koricancha y Templo de Santo Domingo, dando más relevancia a la arquitectura de tipo colonial. En términos generales el plano que presenta es confiable, pero los muros incas son menos exactos que los de Squier. Ubica en la sala capitular denominada así en ese tiempo, el Templo de la Luna de la época incaica, designada en nuestro plano general como recinto R-3, donde cree que estaban las tumbas del padre Martel, Don Diego Sayri Túpac Amaru y Juan Pizarro.

De origen cusqueño Uriel García dictó por muchos años la Cátedra de Historia del Arte en la Facultad de Letras de la Universidad de Cuzco. En su obra titulada “La Ciudad de los Incas” (1924), está considerado como la máxima autoridad intelectual en la descripción de los tipos, estilos y decoraciones de los elementos componentes en los espacios internos y externos del Convento de Santo Domingo. Esta obra es una buena fuente de consulta para los historiadores del arte, arquitectos y arqueólogos con la especialidad de arqueología histórica.

En 1928, fue publicado en las Actas del XXIII Congreso Internacional de Americanistas, realizado en New York, el trabajo de Max Uhle, sobre el Templo del Sol. Estudio que fue realizado durante una corta visita y estancia en el Convento de Santo Domingo en el año 1905. A tal efecto utiliza el plano de Squier, al que agrega un muro, que cree incaico, que divide la habitación o recinto R-2 en dos partes, con dos vanos en su parte frontal. Afirma haber observado las fundaciones o bases de muros en la Iglesia cuando estuvo allí en 1905. No presenta mayor información al respecto y es imposible localizar dichas bases a partir del plano que esboza. Estas fundaciones debieron tener cerca de 12 metros de largo, con dos esquinas conservadas. Su información apunta a que podría estar ubicado cerca al altar de Santa Rosa de Lima, ya que asegura que las bases estaban cerca de un metro del muro de la iglesia, en ese lado y muestra que dichas bases estaban cerca al frontis del edificio.

El dato más importante está en la observación que hizo de la existencia de un muro de más de 12 metros de largo que va de noreste a sur-oeste, con dos vanos y un nicho grande en su parte central que ubica a más de un metro hacia el interior o sur de la línea del supuesto muro perimétrico norte M.P.N. dentro del templo cristiano. En la actualidad no se han realizado excavaciones en el sector que indica Uhle para poder ver los restos y tener su evidencia.

Después de los trabajos descriptivos de Squier, Padre Zárate, Max Uhle y Lehmann-Nitsche, el estudio científico más completo sobre el Koricancha es el que realiza el investigador de la Universidad de Berkeley Dr. John H. Rowe publicado en 1944. Su obra titulada "An Introduction to the Archaelogy of Cusco" aporta valiosas observaciones e interesantes planteamientos efectuados por muchos observadores, historiadores y estudiosos en general acerca del Templo del Sol. Desde el análisis de los relatos de los cronistas a las modificaciones impuestas por la construcción de la iglesia de Santo Domingo y al acopio de valiosos observaciones personales, el trabajo de Rowe constituye la investigación de conocimiento obligatorio para cuantos quieran conocer la evolución y funcionalismo de este templo.

Rowe, realiza no solamente una descripción de los muros incas visibles hasta ese momento, sino que establece conexiones con los documentos de la colonia, principalmente los de Garcilaso de la Vega y Bernabé Cobo (acompañado por un plano exacto).

Tomando los antecedentes de Uhle, luego de haber excavado en el canchón del Koricancha unos piques de prueba, sobre la sereación de sus hallazgos consistentes en fragmentos de alfarería, Rowe define tácitamente dos épocas de ocupación existentes en el Koricancha y usando la datación propuesta por Cabello de Balboa (1941-1944) define dos tipos de asentamientos humanos, el primero denominado canchón (killke) y el segundo denominado inca-imperial (atribuyendo al periodo de Pachacuti).

A partir de las observaciones que realiza en la superficie, y siguiendo los testimonios de Garcilaso, plantea la existencia de una estructura de 28 metros de largo por 14 metros de ancho ubicada bajo la terraza triangular en el frontis del monasterio, el nártex de la iglesia y la capilla de la Virgen de los Dolores. Otro postulado es la posible existencia de un acceso inca ubicado en la actualidad en la parte del acceso lateral de la iglesia.

Rowe opina que el plano de Squier es inexacto, por no haber representado el número de nichos, y no haber marcado la puerta clausurada por la pared colonial, que dividía el recinto en dos partes iguales, y que se encontraba en la dirección de la puerta central. En el mismo error incurrieron el padre Zárate y Max Uhle, quienes no contaron con la existencia del vano central distorsionando de esta manera la funcionalidad que tuviera el recinto.

En relación con la parte de la iglesia, es decir donde está el altar mayor actual, Rowe niega que haya indicios que prueben las aseveraciones de Max Uhle, sobre la existencia de muros antiguos, sobre los que estaría construida la nueva iglesia y, que vendrían a ser los correspondientes al extremo noreste del recinto R-4.

Teniendo en cuenta la descripción de Garcilaso de la Vega, sostiene que quizá el viejo Templo Inca fue simplemente convertido primero en iglesia cristiana sin someterlo a ningún cambio exterior. Este templo inca habría estado situado aproximadamente en la misma zona que actualmente ocupa la iglesia moderna, con la probable variante de que el recinto estuviera algo más al noreste de la exacta ubicación de la iglesia en forma opuesta al patio del claustro. En consecuencia, el salón del Sol debió haber sido destruido completamente, para la construcción de la iglesia, sostiene Rowe, y que los cimientos o muros que habla Max Uhle no pueden ser restos del salón del Sol, y que éstos debieron encontrarse más al sudeste.

La entrada principal correspondería a la actual puerta lateral de la iglesia de Santo Domingo, existiendo la posibilidad de que los padres dominicos, en el período de la conquista habrían usado por muchos años el salón del Sol como iglesia cristiana, antes de edificar la actual iglesia. En consecuencia, tuvieron necesidad de utilizar la entrada ceremonial del Templo del Sol, y si bien es cierto que posteriormente, por razones de acoplamiento debieron destruirla, existe la evidencia de que la actual puerta de Santo Domingo, corresponde a la entrada principal del Templo del Sol, según el marcado de su localización.

Finalmente tomando a Cieza de León, que refiere que el Templo del Sol fue fundado por Manco Capac, Rowe sostiene que no existe ningún resto del edificio antiguo, que habría sido destruido por el Inca Pachacuti con ocasión de la reconstrucción del Cusco. Rowe asegura que la destrucción definitiva tuvo efecto a consecuencia del movimiento sísmico de 1650; según este terremoto niveló toda la ciudad y tanto la actual iglesia como el monasterio de santo Domingo datan en realidad de la primera mitad del siglo siguiente.

El bachiller Comarrubias Pozo (1958), especialista en paleografía, redacta una monografía sobre la iglesia de Santo Domingo buceando en los documentos administrativos y firma de contratos de obras de arte que adornan el interior de la iglesia. Realiza una cronología absoluta de los bienes muebles del Convento.

Con una conceptualización teórica basada en Levi-Strauss sobre una monografía escrita sobre las sociedades amazónicas del Brasil, Tom Zuidema (1958) se implementa con este texto y aplica la etnohistoria y una lógica factual, fundamentándose en las crónicas de Polo de Ondegardo y Bernabé Cobo, llegando a organizar una jerarquía social distribuida en el espacio urbano de la Ciudad de Cusco. Zuidema usa un esquema teórico de análisis de los ayllus, explicando la secuencia de los gobernantes Inca y la función política por el sistema de alianzas de parentesco, señalando a los curacas y panacas como cabeza del sistema radial de seques distribuidos en los cuatro suyos. El principio de bipartición, tripartición, cuatripartición y mitades de esta jerarquía étnica de hanan y uri gira comparativamente entorno al movimiento de las agujas de un reloj cuyo origen y centro universal es el Koricancha.

En 1975 se presenta un informe inédito vía FEDU-Proyectos de Investigación Universitaria por el antropólogo Ítalo Oberti Rodríguez, quien hace una combinación de la crónica de Cristóbal de Molina el Cusqueño y toma el calendario festivo de la época inca, sintetizando la monografía en la fiesta de la Citua y explica que durante el Capac-raymi, en la celebración del solsticio de invierno, todas la momias, ídolos y parafernalia colocada en el Koricancha era trasladada a la Plaza Mayor de Aucaypata para celebrar la conjunción entre el Sol y el Inca. Acompañados por cuatrocientos hombres distribuidos en cuatro secciones en número de cien cada uno dirigidos a los cuatro suyos, previo al sacrificio de la llama de color blanco, se iniciaba la purificación de toda la Ciudad corriendo en posta cada uno de los representantes de las regiones. Los del Chinchaysuyo alcanzaban al río de Apurimac hasta Qonoc y los otros hasta Ollantaytambo, al Antisuyo se llegaba hasta Písac y los del Collasuyo hasta el sitio de Nayua en Paruro. Todo este espacio purificado tenía la finalidad de botar las enfermedades de la población cuzqueña, motivados por el cambio de estación que el nuevo clima de invierno afectaba a los habitantes quechuas.

El año de 1986, se enriquece la bibliografía contemporánea que trata sobre el Koricancha apareciendo un libro titulado Viracocha y los Ayar (Edición de Bartolomé de las Casas). El autor Enrique Hurbano hace un enfoque teórico de la epopeya mítica desde la ciudad de Pacarectambo, génesis de la fundación del Estado Inca, cuyo peregrinaje culmina en la fundación del Koricancha. El enfoque teórico en que se explaya el autor es basado en una conceptualización teórica de Dumecill.

Sugerimos que el plano de Graciano Gasparini levantado en 1974 en el que aparece la superposición de arquitectura inca y de la Iglesia de Sto. Domingo es el más completo documento gráfico que hasta el momento confiablemente se puede manejar.

koricancha, convento santo domingo
Koricancha - Descripción General

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De los innumerables monumentos que encierra el Cusco -la Ciudad Milenaria de los Incas- ninguno ha despertado tanto interés como el TEMPLO DEL SOL o KORICANCHA, el principal Santuario Incaico, cuya magnitud y trazado, hoy tratamos de desentrañar. Este monumental templo fue destruido y saqueado por los conquistadores españoles. En su lugar, los padres de la Orden de los Predicadores, decidieron construir la actual Iglesia y Convento de Santo Domingo.

Los enigmas a descifrar son muchos, a pesar de tantos estudios realizados con posterioridad a los informes recogidos por los cronistas. Pensamos que esto obedece a que casi todos los intentos de explicación real de los misterios que encierra el Templo del Sol, fueron más trabajos de carácter literario que de una sistemática investigación arqueológica.

De su antiguo esplendor, sólo se conservan algunos ambientes interiores absorbidos por el actual Convento Cristiano de Santo Domingo, y un muro exterior de suave curvatura asociado a dos fuentes que corresponden a las épocas Killke e Inca, una obra de perfecta ingeniería, que nos permite imaginar cómo era esa construcción sagrada que tanto impresionó a los cronistas.

Sus muros internos, encajados y moldeados con precisión milimétrica, sorprenden aún más cuando se sabe que durante el Imperio Incaico no estaban desnudos, sino que todas las paredes del templo, según refirió el cronista Garcilaso de la Vega a finales del siglo XVI, “estaban cubiertas de arriba a abajo de planchas y tablones de oro”.
Y añade Garcilaso que “en el testero, que llamamos altar mayor, tenían puesta la figura del sol, hecha de una plancha de oro, el doble más grueso que las otras planchas que cubrían las paredes. La figura estaba hecha con su rostro en redondo, y con sus rayos y llamas de fuego, todo de una pieza, ni más ni menos que la pintan los pintores. Era tan grande que tomaba todo el testero del templo de pared a pared”.

Contaba también con un jardín artificial, en el que todo: árboles, setos, flores, pájaros, ollas, cántaros, tinajas, una fuente, figuras de hombres, mujeres y niños estaban hechos de oro. En el patio había asimismo un “maizal” cuyas plantas todas eran de plata y las mazorcas de oro. El campo cubría una extensión de una hectárea y media de maíz de oro. De donde con mucha razón y propiedad llamaron al Templo del Sol y a toda la casa KORICANCHA, que quiere decir barrio de oro.

Historia

Con Francisco Pizarro vino al Perú Fray Vicente Valverde, religioso dominico que acompañó al conquistador como capellán. Él celebró la primera misa en el Suntur Huasi (Gran Palacio) y efectuó la fundación española del Cusco en 1534. En el reparto de los solares y palacios incas, el Koricancha le correspondió a Juan Pizarro, hermanastro de Francisco Pizarro. Posteriormente Juan Pizarro donó sus terrenos a favor de los dominicos. Así en 1535 consolidaron su dominio y se construyó la primera iglesia de estilo barroco y crespocusqueña sobre el mayor templo inca.

De modo que no fue una decisión casual o gratuita la edificación de la iglesia y el convento sobre este templo. Se trató, en manos del Padre Valverde, de una profunda decisión política compartida también por el propio Francisco Pizarro.

Pocos años después, 18 dominicos venidos expresamente de Santa Cruz de México, encabezados por el Padre Juan de Olias, formaron en 1538 el núcleo inicial de la nueva casa, contándose entre ellos al Padre Tomás de San Martín, que alcanzara más tarde gran celebridad por haber fundado en 1551 la Universidad de San Marcos de Lima.

El cronista Cieza de León nos informa: “El templo católico se levantó sobre la misma planta, cimentación y murallas del Templo del Sol, cuya imagen o disco refulgente le correspondió al conquistador Mansio Serra de Leguísamo. El Convento o casa para los religiosos de la Orden de Predicadores, se edificó sobre las bases y muros de las divinidades".

Ubicación

El Koricancha se levantó sobre una terraza de origen pluvial, en la explanada que separaba los ríos Tullumayo y Huatanay, en la actualidad las avenidas de Tullumayo y del Sol. Los meandros de los dos ríos, condicionaron a los arquitectos incas a modificar el medio ambiente natural mediante un sistema de bellas andenerías artificiales, configurando la parte inferior del felino andino (puma) representado en todo el urbanismo de la Ciudad. El Koricancha ocupaba la parte de la cola del puma y la cabeza Saqsaywamán. A este sector bajo se le denominaba barrio de PUMAC-CHUPAN (en español “cola del puma”) y culminaba la ciudad en la unión que forma un delta donde convergen exactamente las aguas de los dos ríos.

Conformacióm Koricancha

Dentro del cerco, se hicieron varios recintos rectangulares, que delimitaban por lo menos un patio central. La mampostería es de excelente calidad.

Las estructuras incaicas del muro perimétrico se conservan en parte en el lado occidental, donde está el muro curvado, parte de uno de los andenes, tres fragmentos en el sur, gran parte en el lado oriental y fragmentos de cimentación al norte. Estos cuatro muros delimitaban un espacio trapeziodal con un ángulo occidental curvado. Dentro de este perímetro se conservan muros de cuatro recintos, reconstruídos en parte.

Este Templo estuvo constituido de cuatro recintos o capillas además del más importante dedicado al Sol, contaba con sendos jardines (de oro), una gran Cancha (cercado o patio), donde existía una fuente de piedra octogonal (monolita) de uso ceremonial. Además había otras fuentes nutridas por cuatro canales provenientes de Ahuacpinta o Mutcapu¨quio. La residencia de los sacerdotes estaban incorporadas, tenían además unos andenes hacía la parte occidental llegando al río Huatanay.

El templo del Sol según los cronistas era de la siguiente manera:
Estaba en un sitio cuadrado con un cerco de piedra, tenía cuatro puertas, las mismas que daban a cuatro calles principales (Murúa); mientras Garcilaso de la Vega dice que sólo tenía una sola puerta que miraba al Norte y otras secundarias de servicio, existían cinco recintos independientes alrededor del patio aunque Cobo llegó a ver tan solo cuatro principales que eran capillas. Las paredes en el interior estaban cubiertas de planchas dé oro así como las puertas.

Accediendo por la puerta principal que estaba en la pared frontal del templo se ingresaba a una especie de patio pequeño, donde informa Cobo, que ponían la imagen del sol de día hecha de oro con rostro humano y tenía engastado en ella muchas piedras preciosas, de noche lo llevaban a su capilla que estaba orientada al Norte y que se encontraba completamente recubierta del metal precioso, en este mismo recinto por debajo de la figura del sol sentados en sillas de oro estaban los cuerpos embalsamados de los gobernantes, el que estaba de frente al sol era la momia de Huayna Cápac. Los demás recintos estaban dedicados en primer lugar a la Luna considerada Mujer del Sol, al Arco Iris, al Trueno, al Relámpago, al Rayo, a las Pléyades, al lucero Venus, igualmente había recintos dedicados al sumo sacerdote (Willaq Humu) y para las mamaconas que estaban al cuidado del dios Sol manteniendo el fuego encendido día y noche y decían ser mujeres del sol.

Construcción

La construcción del templo se ha hecho con piedra andesita procedente de las canteras de Waqoto, distante 7 kilómetros de la ciudad del Cusco, al mismo tiempo, se ven muros de diorita que según algunos autores corresponde a la estructura de lo que fue el primer templo. Los tipos de paramento, existentes en el Qoricancha son el rectangular de juntas ajustadas aunque a veces han combinado con el poligonal almohadillado, su fractura presenta juntas con aristas bien trabajadas, han utilizado como aglutinante una capa fina de arcilla denominada por los incas Llanqui. Los muros que corresponde a los sectores que quedan dentro de lo que pudo ser la cancha incaica y el muro perimétrico son los que presentan cimentación profunda no así el resto de la arquitectura (andenes) que tan solo eran muros de revestimiento.

Antes de Cieza, Juan de Betanzos, que estuvo en el reparto de las riquezas del Coricancha, afirma que utilizaron barro pegajoso por mezcla. Gutiérrez de Santa Clara, nos cuenta que sus muros tenían una mezcla de plomo y plata. Garcilaso asegura, que los Incas no conocieron la cal, la que no la pudieron hacer "empero echaban por mezcla una lechada de un barro colorado, que hay muy pegajoso, para que hinchase y llenase las picaduras que al labrar las piedras se hacían".

Guamán Poma de Ayala, dice que todas las paredes del edificio, estaban guarnecidas de oro finísimo.

Puertas

Gutiérrez de Santa Clara, hablando sobre las puertas de acceso al Coricancha nos dice que sus puertas eran de madera preciosa de los andes, con incrustaciones de esmeraldas. Este cronista, es el único que habla que las puertas hayan sido de madera, ya que el resto afirma que estas se encontraban forradas con láminas de oro.

Puerta Principal
Vasquez de Espinoza, hace referencia a la puerta principal del templo, estando esta ubicada hacia la parte norte y la capilla mayor estaba orientada hacia la salida del sol. Continúa diciéndonos que de los aposentos salían doce puertas al patio.

Tschudi, afirma que había en la puerta que daba al oriente, un disco de oro, lo mismo que al poniente, con el objeto de que el sol se reflejase en las mañanas, y en las tardes. La otra puerta daba al interior.

Número de puertas
Acerca del número de puertas por donde se ingresaba al templo, desde luego, como en casos anteriores existen opiniones diversas. El Padre las Casas, hace referencia a las grandes portadas y a dos escalinatas de 30 gradas cada una, muy bien labradas en piedra. Estaban revestidas con planchas de oro, que estaban pintadas y encajaban en ellas ciertas figuras de llamas y otras piezas que se ofrecían al sol.

Muchas puertas
Cieza, considera que había muchas puertas y que estas estaban chapadas con planchas de oro.

Otras opiniones
Garcilaso, nos afirma que la puerta principal del templo, miraba al norte, o sea hacia la plaza del Intipampa, indica igualmente que había otras menores para el servicio del templo. Todas estaban forradas con planchas de oro.

Por su parte el Padre Morúa, hace mención de cuatro puertas de acceso que salían a cuatro calles principales.

Cobo, considera: "La puerta era una sola e iba a dar a un patio pequeño, en la cual asentaban la estatua del sol de día, cuando no la sacaban a la plaza y de noche la metían a su capilla".

Squier, al realizar el plano, coincidiendo con Garcilaso, afirma que: "No estaba la puerta en el extremo que miraba exactamente al este", de tal manera que los rayos del sol naciente iluminaran directamente su propia aúrea imagen, colocada en la pared de enfrente del templo.

La puerta estaba en el lado noreste del edificio y se abría a la plaza o más bien el área rectangular llamada hoy como antiguamente Intipampa o campo del sol (Cusco, la ciudad del Sol E.G., Squier, 1863).

Vidal Unda, recogiendo los datos de algunos cronistas, nos da una interesante opinión: "las puertas de acceso al recinto eran cuatro mirando a los puntos cardinales, siendo la principal la que daba a Inti pampa".

Criterios diferentes
Aunque los Incas no utilizaron puertas al modo de las que ahora se conocen, es posible de que hubiesen hecho uso de unos amplios tablones, pues al referirse a las de éste santuario, se indica, que ellas estuvieron recamadas en planchas de oro. Estos tablones, presumiblemente, pudieron haber estado ajustados a las puertas laterales de las jambas, por algún sistema de grapas, hechas con cordones trenzados. (Vidal Unda, Humberto. Visión del Cusco: 166).

Pardo, refiriéndose a este aspecto decía: Habían puertas en dirección de los cuatro puntos cardinales, la principal quedaba dando frente al norte, al Intipampa.

Es muy posible, que asegurasen las puertas por el interior, con una especie de batiente hecho de vigas de madera, fijadas a unas clavijas, que se encontraban en las jambas interiores, con cuerdas de pellejo o nervios de llama.



Cripta Santa Rosa


George Kubler (1951) en el informe de la misión enviada por la UNESCO y recogida en el libro “Cuzco, reconstrucción de la ciudad y restauración de sus monumentos” menciona la existencia de cuatro criptas en el Altar Mayor y el Crucero de la Iglesia:
“Debajo de la capilla mayor y del crucero no hay construcciones incaicas, sino cuatro criptas sepulcrales del siglo XVII” ... “La Iglesia descansa sobre un serie de criptas sepulcrales de la época colonial, de las que se han puesto cuatro al descubierto. De las dos criptas que hay debajo del Altar Mayor la del lado septentrional hubo de repararse en su extremo occidental, donde se habían derrumbado las dovelas”.

En el momento de empezar las obras dentro del sector de la iglesia, solamente existían 3 de las criptas mencionadas por Kubler; durante estos 50 años una cuarta cripta habia desaparecido. La información proporcionada por el Georadar al pasar por el lateral izquierdo del crucero, área llamada Altar de Santa Rosa, el equipo de teledetección de Bohic Ruz observó la presencia de una vacuidad o cámara interior.

Al excavar en esta zona se descubrió una cripta del siglo XVII, tal como Kubler habia confirmado en sus informes. Al preguntar a los padres dominicos como era que este sector estuviese cerrado con losetas de mármol, su respuesta fue que ellos desconocían los motivos de su cierre y quienes ordenaron taparla. Esta unidad de trabajo la denominamos Pozo 05 y al cuadrante Altar de Santa Rosa.

Trabajos realizados

El día 15 de Marzo de 2001, luego de haber marcado y retirado sistemáticamente las losetas del piso de la iglesia, se procedió a excavar por debajo de la losa de concreto armado, ubicando en los ángulos NW y NE, una escalinata de ingreso constituida por diez peldaños que conducen a la cripta.

equipo bohic ruz cripta santa rosa
equipo bohic ruz cripta santa rosa
El día 30 de marzo se abrió la cripta con mucha precaución ya que se detectaron gases tóxicos en su interior (metano) y la posibilidad de existencia de agentes patógenos.
Se retiró el material de piedras y barro que sellaba la entrada en los ángulos SW y SE. Posteriormente el equipo de exploración de Bohic Ruz ingresó en su interior con trajes especiales para hacer el primer análisis de los agentes contaminantes. Una vez desinfectada el área el equipo de arqueología continuó sus trabajos trazando un nuevo cuadro de excavación.

Por la amplitud del espacio, con un largo de 3,70 m y un ancho de 3,60 m, que ocupa la cripta en su conjunto y mantener la metodología de investigación, se trazaron entorno al cuadro referido siete cuadros menores y complementarios.
Esta subdivisión se hizo con el criterio de mantener sistemáticamente el registro arqueológico, pero en su conjunto la osamenta, la tierra suelta y la madera de las cajas funerarias son solo un contexto funeral asociado.

En el piso de este ambiente se ubicaron restos de osamenta humana en gran cantidad, la misma que se disponía en forma desordenada, motivando que el sitio con anterioridad a nuestro trabajo haya sido profanado, probablemente por personas que durante los trabajos de restauración del templo en la década de los 50 ingresaban a su interior. El saqueo motivó la disturbación total de los cadáveres que se ubicaron en este primer nivel así como las cajas funerarias de madera aliso que también fueron destruidas por quienes visitaron el lugar.

Sin embargo, en niveles inferiores se ha registrado un patrón de enterramiento de esqueletos en posesión de cubito dorsal, lo cual nos hace sugerir que el patrón generalizado asume una identificación con la fe cristiana y se trata de entierros correspondientes a los siglos XVII, XVIII y XIX. Dichos enterramientos se hallan asociados a un ajuar funerario consistente en sedas de diseño español y la presencia de dos crucifijos, pequeño y mediano, de metal blanco y amarillo, suponiendo ser una ofrenda de rosario depositado a los difuntos; costumbre que se introdujo en la región con la corriente evangelizadora cristiana del siglo XVI.

La excavación en el interior llegó hasta una profundidad promedio de 1,80 metros. El proceso de excavación se registró minuciosamente en toda su secuencia de trabajo llevando las respectivas fichas de excavación.

Hallazgos

En términos museables, se ha recuperado en total 3 piezas de crucifijos cristianos que son parte de los rosarios que ofrendaban a los difuntos cuando ellos iban a ser enterrados. También se ha recuperado toda una complejidad de partes de telas, unas son flecos posiblemente correspondan a parte de las casullas que usaban los sacerdotes en el momento de celebrar la Santa Misa. Estas piezas están constituidas por hilos, tramas y urdimbre en oro y plata.

También asociado a algunos cadáveres se ha levantado más de una treintena de muestras de telas y sedas de procedencia extranjera, posiblemente su manufactura ha sido hecha en el Reino de España. También se nota la presencia de clavos forjados a combo y yunque, técnica aplicada en el herreriano español. Entre la compleja gama de hallazgos también recuperamos algunos fragmentos de talabartería y zapatería como bozales de caballo y lengüetas de botas de cuero.

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