jueves, 28 de abril de 2016

El aura y sus colores El Pensamiento tiene forma


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 Victor Salazar Soto .
Caballeros de la Orden del Sol

El aura y sus colores
El Pensamiento tiene forma

El aura tiene distintos componentes de materia dimensionales, físico mental y espiritual, está formado por capas que vibran a diferentes frecuencias e inter actúan en sonido y color así podemos ver los diferentes estados emocionales y las enfermedades
Hay cuatro colores que fluyen del cuerpo y que son más visibles
Celeste. Según la intensidad está asociada al grado espiritual
Verde. Está asociado a la salud del cuerpo humano, cuando una persona se va a enfermar su tonalidad del color baja en la zona afectada

Amarillo. Está asociado a la energía del cuerpo y a la intelectualidad
Rojo. Está asociado a los estados emocionales fuerte son colores a la paciones
Gris. Está asociado a los niveles bajo de vibración, lo cual negativo.
Existen mucho mas colores que irradia el aura pero estos son como los colores básicos, que se entremezclan con otras tonalidades, pero todas están asociadas en diferentes frecuencias de salud, de formas de pensar y tu grado cultural intelectual, y todo esto es reflejado en nuestro cuerpo físico.
El ser humano tiene siete cuerpos energéticos que están entrelazados con todas las energías del universo. Que le permiten fluir en toda estas energías.

El cordón tiene la función de intercomunicar todos los seis cuerpos
Cuerpo: -
Físico.
Espiritual.
Alma.
Mental.
Astral.
Áurico.
Entérico.

Como aumentar nuestros cuerpos energético .la meditación es importante
Aprender a visualizar el problema, mental y fisco.
Los problema de la vida diaria consumen nuestras energías pero peor es pensar sin resolver esto genera el estrés
La armonización es muy importante para mantenerte bien, ¿que es bueno para eso ?
Las oraciones consiente, debe ser exhalada desde el corazón, como cantando la oración.
El sonido en la oración es muy importante así como los mantras. Om Om Om (tres veces).
Si tu problema tiene solución, para que te preocupas .Si tu problema no tiene solución, para que te preocupas.
Somos lo que pensamos.
Caballeros de la Orden del sol.
Victorsalazar144@yahoo.com

La Historia de la Disnastía Rothschild ("Completo" en Español)


La Historia de la Disnastía Rothschild ("Completo" en Español)

La Historia de la Disnastía Rothschild está basada en el libro "The history of the house of Rothschild" de Andrew Hitchcock.

No importa qué marioneta se corone sobre el trono de Inglaterra para gobernar el imperio en donde no se pone el sol. El hombre que controle el suministro del dinero en Gran Bretaña controla el Imperio Británico, y Yo controlo el suministro de la moneda inglesa". Nathan Mayer Rothschild -- 1815

miércoles, 27 de abril de 2016

La Hermandad Blanca y El Disco Solar

La Hermandad Blanca y El Disco Solar by Evolucion del Ser


La Hermandad Blanca y El Disco Solar

Shambhala, ¿es el Paraíso perdido?



Shambhala, ¿es el Paraíso perdido?

Entre los antiguos mitos budistas figura el de un misterioso paraíso perdido, conocido como Chang Shambhala, que se considera la fuente de la sabiduría eterna y donde vivirían seres inmortales en armonía perfecta con la naturaleza y el universo. En la India, oculto entre los Himalayas, se le llama Kalapa, mientras que la tradición china lo ubica en los montes Kunlun. Según las leyendas budistas, Kalāpa (‘atado, manojo’) es la mítica ciudad capital del reino de Shambhala(quizá algún lugar de Tíbet o de Cachemira). Allí el rey Kulika reina sentado en un trono de leones. Se dice que Kalapa es una hermosa ciudad, con jardines de sándalo que contienen un gran mándala tridimensional de kala chakrá realizado por el rey Suchandra. Este rey vino desde el norte de Cachemira, y desarrolló la práctica del kalachakrá, que aprendió del propio Buda (siglo VI a. C.) en Dhania Kataka. La cordillera montañosa Kunlun es una de las más largas cadenas montañosas de Asia, extendiéndose a lo largo de más de 3.000 km. Corre a lo largo del borde occidental de China, hacia el Sur, al lado de la cordillera del Pamir, curvándose luego hacia el este para formar la frontera del Tíbet. Se extiende al sur de lo que se denomina actualmente la cuenca de Tarim, el famoso Takla Makan o desierto de las “casas enterradas en la arena“, y el desierto de Gobi. La cordillera tiene cerca de 200 picos de altura superior a los 6.000 metros. Los tres picos más altos son el Kongur Tagh (7.719 m), el Dingbei (7.625 m) y el famoso Mutzagata (7.546 m). Estos picos se encuentran en la cordillera Arkatag dentro del complejo de cordilleras. Hacia el sur, una rama de las montañas Kunlun da lugar a la zona de captación de las cuencas de los dos ríos más largos de China, el Yangtsé y el río Amarillo. La cordillera se formó en el lado norte de la placa India durante su colisión a finales del Triásico, con la placa Euroasiática, dando lugar al cierre del océano Paleo-Thetys. Las montañas son muy conocidas en la mitología china, y se considera que encierran el paraíso taoísta. El primero en visitar este paraíso fue, según la leyenda, el rey Mu (1001-947 a. C.) de la dinastía Zhou. Supuestamente descubrió el Palacio de Jade de Huangdi, el mítico Emperador Amarillo, y encontró a Xiwangmu, la Reina Madre del Oeste, que también tiene su mítico refugio en estas montañas.



El término Kalachakra se refiere tanto a la deidad tántrica (tibetano yidam) de Vajrayana como a la filosofía y a las prácticas de meditación contenidas en el escrito Kalachakra Tantra y sus comentarios. El Kalachakra Tantra es propiamente conocido como el Kalachakra Laghutantra, y se dice que éste es una versión resumida del texto original, el Kalachakra Mulatantra, que ya no existe. Algunos maestros budistas aseguran que Kalachakra es la forma más avanzada que existe de práctica vajrayana, y ciertamente es uno de los sistemas complejos dentro del budismo tántrico. La tradición Kalachakra gira en torno al concepto de tiempo (kāla) y ciclos (chakra): desde los ciclos de los planetas hasta los ciclos de la respiración. Enseña a trabajar con la energía sutil del cuerpo para poder llegar a la iluminación. La entidad Kalachakara representa a Buda y, por ende, a la omnisciencia. Kalachakra es tiempo y, como todo está bajo la influencia del tiempo, Kalachakra lo conoce todo. Por otro lado, su consorte Kalachakri o Kalichakra está consciente de todo aquello que es infinito, no fuera del reino del tiempo. Están unidos en la postura Yab-yum, la temporalidad y la atemporalidad en conjunción. De manera similar, la rueda no posee ni principio ni fin. Según el Kalachakra Tantra, el rey Suchandra (tibetano Dawa Sangpo) del Reino de Shambhala pidió enseñanza a Buda para que él pudiera practicar el Dharma sin tener que renunciar a sus responsabilidades y placeres mundanos. En respuesta a su petición, Buda enseñó el primer tantra raíz Kalachakra en Dhanyakataka (Palden Drepung en tibetano, cerca del actual Amaravati), una pequeña ciudad en Andhra Pradesh, en el sureste de India, supuestamente por medio de bilocación (aparecer en dos lugares a la vez), ya que al mismo tiempo estaba entregando el discurso de los sutras Prajnaparamita en la montaña del Pico del Buitre en Bihar.



Además del rey Suchandra, noventa y seis emisarios y reyes menores de Shambhala también recibieron las enseñanzas. Kalachakra fue recibido entonces en Shambhala y allí permaneció en exclusividad por cientos de años. Los futuros reyes Manjushrikirti y Pundarika condensaron y simplificaron las enseñanzas bajo el nombre de Sri Kalachakra o Laghutantra, y su comentario principal, Vimalaprabha, que sigue siendo, hoy en día, el corazón de la literatura Kalachakra. Rigdan Tagpa o Manjushrí Kírti nació alrededor del 159 a.C. y fue regente de Shambhala con más de 300510 seguidores de la Mlechha, Yavana o religión occidental, algunos de los cuales alababan al sol. Se dice que Manjushri expulsó a todos los herejes de esta tierra pero que, después de escuchar sus peticiones, les permitió regresar y, para su beneficio y beneficio de todos los seres, expuso la doctrina Kalachakra. En el 59 a.C. le entregó el trono a su hijo, Pundarika, y al poco tiempo falleció, y entró así al Sambhoga-káya de la Budeidad. Actualmente existen dos tradiciones de Kalachakra, el linaje Ra (tibetano Rva-lugs) y el linaje Dro (tibetano Bro-lugs). Aunque existen muchas tradiciones de los textos Kalachakra del sánscrito al tibetano, las traducciones Ra y Dro se consideran las más confiables. Cada tradición ofrece una historia diferente acerca de cómo las enseñanzas Kalachakra lograron regresar a la India desde Shambhala. En ambas tradiciones, el Kalachakra y sus comentarios (algunas veces conocidos como Bodhisattvas Corpus) regresaron a la India en el año 966 d.C. gracias a un pandit hindú. En la tradición Ra, este personaje se conoce como Chilupa, mientras que en la tradición Dro se le conoce como Kalachakrapada El Mayor. Eruditos como Helmut Hoffman han sugerido que se trata de la misma persona con diferente seudónimo. Chilupa/Kalachakrapada viajó a Shambhala para recibir la enseñanza de Kalachakra y logró recibir la iniciación por parte del rey Durjaya, el cual se le manifestó como Manjushri. Al regresar a la India, Chilupa/Kalachakrapada logró derrotar en debate a Nadapada (tibetano Naropa), el abad de la Universidad de Nalanda, uno de los centros más grandes de pensamiento budista de la época. Chilupa/Kalachakrapada inició entonces a Nadapada (que vino a ser conocido como Kalachakrapada El Menor) en la tradición Kalachakra. Los demás linajes indotibetanos surgieron a partir de ellos dos.



Más tarde, la tradición Kalachakra, así como todo el budismo Vajrayana, desapareció de la India debido a las invasiones musulmanas, y logró sobrevivir exclusivamente en Nepal. El linaje Dro se establece en Tíbet por un discípulo Kashimiri de Nadapada, conocido como Pandita Somanatha, el cual llegó al Tíbet en 1027 (o 1064 d.C., según el calendario utilizado), junto a su traductor Droton Sherab Drak Lotsawa, del cual recibe su nombre. El linaje Ra llegó al Tíbet por medio de otro discípulo Kashimiri de Nadapada, llamado Samantashri junto a su traductor Ra Choerab Lotsawa (o Ra Dorje Drakpa). Hoy en día, la tradición Kalachakra la practican las cuatro escuelas de budismo tibetano, aunque es mucho más predominante en el linaje Gelug. Es la práctica tántrica oficial de la escuela Jonang, y actualmente lucha para ser reconocida como la quinta tradición del budismo tibetano. También en la antigua Rusia se hablaba de la legendaria Bielovodye, la Tierra de las Aguas Blancas, donde vivían santos ermitaños de inmensa sabiduría. James Hilton, en su novela Horizontes Perdidos, recreó el mito y lo llamó Shangri-La. La doctrina que practicaban los monjes hacia el comienzo de la era cristiana era una mezcla de maniqueísmo religioso antiguo de dioses y diablos ancestrales, mezclados con las doctrinas del divino Buda. Quizás sea la altura y las tremendas barreras naturales del hielo, las que hacen que el antiguo monasterio seleccione a los más intrépidos para vivir en oración y meditación en el maravilloso valle, que en forma absolutamente sobrenatural se levanta verde y cálido en medio de unas condiciones extremas de vida. De este valle se ha hablado siempre a través de la historia.



Incluso su origen y leyenda motivó una película, “Horizontes Perdidos”, donde se narra la vida y misterios de una comunidad feliz, en el valle de Shangri-La. Horizontes perdidos (original en inglés, Lost Horizon), es una novela escrita por James Hilton y publicada en 1933. Relata la llegada de un grupo de extranjeros al monasterio tibetano de Shangri-La, un lugar utópico y paradisíaco en los Himalayas. Es considerada el prototipo de metáfora de búsqueda de la espiritualidad oriental y de la sociedad perfecta. Su presentación de una sociedad pacífica, donde gobiernan unos sabios lamas en paz, se considera un clásico de la literatura utópica. Y el mítico Shangri-La, reflejo de la budista Shambhala, un símbolo del gobierno perfecto basado en la sabiduría. La novela ha sido adaptada por dos veces al cine, la primera en 1937, dirigida por Frank Capra y la segunda en 1973, dirigida por Charles Jarrott. En mayo de 1931, durante una revuelta contra el Raj Británico en Baskul, Afganistán, el cónsul del Imperio, Hugh Conway, su asistente, el capitán Charles Mallinson, la misionera cristiana Roberta Brinklow y el comerciante estadounidense Henry D. Barnard son evacuados en el avión privado del maharajá de Chadapore hacia un destino seguro. Sin embargo, en pleno vuelo se percatan del cambio de rumbo y de que el piloto del avión les es desconocido, aspectos ambos ante los que cada pasajero demuestra su personalidad. Tras un repostaje en medio de una tormenta de nieve, el avión finalmente aterriza precariamente en una pequeña meseta cercana a una gran montaña azulada, el Karakal. Allí les sale al encuentro una comitiva procedente de un monasterio lamaísta, presidida por un chino de edad indeterminada llamado Chang. Ante la escasez de posibilidades, los cuatro refugiados siguen al desconocido y se encuentran con el monasterio y valle de Shangri-La, un oasis en clima y temperatura en el Valle de la Luna Azul, presidido por el Karakal. Shangri-La es un gran monasterio que dispone de muchas comodidades occidentales, tales como baños, instrumentos musicales y una gran biblioteca. Su estilo general a Conway le recuerda a Oxford, pero en medio del Himalaya. Con la promesa de esperar al siguiente grupo de porteadores que llegarán al monasterio, los extranjeros son acogidos y se pone a su disposición toda clase de comodidades.



Cada refugiado se dedica a labores diferentes. Conway, conocedor de la lengua china y algo de tibetano, entabla largas conversaciones con Chang y visita con asiduidad la biblioteca. Brinklow, decidida a fundar una misión católica en Shangri-La, comienza a estudiar tibetano y a conocer su cultura. Barnard, a su vez, se muestra feliz en el monasterio, debido principalmente a que se trata en realidad de Chalmers Bryant, un empresario arruinado perseguido por la policía bajo el cargo de estafa. Mallinson, por su parte, desconfía de las intenciones de los lamas y sólo encuentra consuelo en una de las aprendices del monasterio, una joven china llamada Le-Tsen. Transcurrido un mes en la más total placidez, el Gran Lama del monasterio hace llamar a Conway, un privilegio que no había sido otorgado a ningún extranjero antes y éste le cuenta la historia del monasterio. Desde la llegada al valle de un misionero capuchino luxemburgués enviado por Roma en el siglo XVII, el padre Perrault, hasta la llegada de varios exploradores alemanes, pasando por la fundación del monasterio y de las leyes que rigen el valle, basadas en la moderación y el respeto. Al término de la historia, Conway comprende dos verdades: que el Gran Lama no es otro que el padre Perrault, preservado de los estragos de la edad gracias a una planta del valle y a su especial clima y que ningún extranjero ha salido del valle sin encontrar la muerte, ya por la naturaleza ya por la pérdida de la saludable atmósfera de Shangri-La. Perrault construyó el santuario como un recinto de paz, «donde gobiernan los mejores, no los más fuertes», en el que pudiera perdurar la cultura y espiritualidad del mundo, en un tiempo en el que parecía que la guerra iba a acabar con todo.



Conway, veterano de la Primera Guerra Mundial, comparte este deseo y se compromete. Sin poder decir nada a sus compañeros, Conway se inicia en el proceso de convertirse en lama mediante el estudio, la música y la meditación, ayudado por largas conversaciones con Perrault. Cuando éste, finalmente, le comunica su deseo de que Conway se convierta en el siguiente Gran Lama y muere, Mallinson ha decidido, de acuerdo con Le-Tsen, escapar del valle aprovechando la llegada de una partida de suministros. El antiguo cónsul duda, pero finalmente sale con ellos, llegando a la India en un estado de salud lamentable, donde es atendido por unas monjas y auxiliado por la propia Le-Tsen, a la que la salida de Shangri-La ha revelado su verdadera edad, más de cien años, provocando un envejecimiento repentino y su muerte. Todo este relato llega a manos de dos antiguos compañeros de Conway, Rutherford y el escritor, que, al intentar buscar de nuevo a Conway, sólo averiguan que ha vuelto «al noroeste». Entre los temas principales del libro destaca la alusión a que una guerra de proporciones catastróficas pudiera destruir toda la civilización, por lo que, en previsión, el Gran Lama fundó Shangri-La. Es el mismo punto de partida que la saga de la Fundación de Isaac Asimov, ésta última a escala galáctica. El Gran Lama, en un diálogo paralelo a cualquiera de Hari Seldon, afirma: “Presagio un tiempo en el que el hombre, exultante en la técnica del homicidio, montará con tanta cólera contra el mundo, que todas las cosas preciosas estarán en peligro, cada libro y pintura, todos los tesoros acumulados durante dos milenios…“. Respecto a las fuentes de Hilton, se ha afirmado que se basó en los relatos en torno a la frontera tibetana, publicados en el National Geographic por el explorador y botánico Joseph Rock. Rock visitó varias comunidades monásticas remotas, como Muli, muy similar a la ficticia Shangri-La. Una de esas poblaciones, Zhongdian, ha sido renombrada oficialmente Shangri-La (en chino Xianggelila) como inspiradora de la novela.



El actual monasterio, está edificado siguiendo el modelo de otro más antiguo, donde precisamente transcurre la historia que se cuenta en este artículo. Los trabajos en el monasterio son agotadores, sobre todo para los novicios, que no han llegado sino al laberinto de su profunda confusión y al descubrimiento de las nuevas sensaciones, que el ayuno y la prolongada meditación despiertan en ellos. El templo se abre cada mañana para atender a los lugareños. El Lama médico y sus ayudantes reciben a campesinos y pastores. Los encargados de las ofrendas deben recibir la mantequilla de Yak que debe ser quemada en los altares para pedir favores a propios y extraños. Otros monjes dedican todo su tiempo a la confección de libros y pinturas. La mayoría debe afrontar las tareas del huerto y el cuidado de los animales. Y, finalmente, quedan los ancianos e impedidos, que son reverenciados como dioses dentro del monasterio, puesto que cada uno de ellos es un pozo de sabiduría milenaria, que en forma monótona y fiel trasmiten a los más jóvenes, tales como la tradición de la creación del mundo y las batallas que hubo entre diablos y dioses. Pero sin duda la mejor de las leyendas, la más encantadora de las historias, no son las que narran los libros, sino las que han vivido los más santos y sabios de la comunidad, desde la práctica de la meditación. Las visiones de los más aventajados en este arte son tan gráficas, tan emotivas y tan alucinantes, que solo con una tremenda fe pueden ser entendidas.



En el antiguo monasterio budista, Conway y sus compañeros de viaje encuentran un lugar donde la reducida comunidad de lamas intenta conservar los tesoros de la civilización, amenazados por la violencia de una época en que el hombre, al regocijarse con la técnica del homicidio, derramará una rabia tan ardiente sobre el mundo que toda cosa preciosa estará en peligro. El mundo acababa de salir de la Primera Guerra Mundial y advertía la cercanía de nuevas tragedias que se traslucen en las páginas de Horizontes Perdidos, donde el idílico universo tibetano, que construye Hilton, no es una promesa de futuro, un rescate del pasado ideal del paraíso perdido por la civilización de la máquina. Cuando Hilton ubicó a su mítica Shangri-La en el Tíbet, los lectores occidentales de su novela fueron fascinados por ese mundo misterioso que desde antiguo había atrapado el interés de misiones y expedicionarios. Desde los principios del siglo XVI, los jesuitas intentaron llegar a esas altas mesetas, cercanas al Himalaya, donde se creía existía una antigua comunidad de primitivos cristianos. Cuando finalmente el padre Antonio de Andrade logró atravesar mil obstáculos y acceder al prohibido reino de Guge, en el Tibet, se encontró con los lamas y monjes budistas con muy extrañas y crueles costumbres; entre ellas, el asesinato deliberado de numerosos campesinos elegidos al azar, ceremonia que se cumplía una vez por año y mediante la cual los muertos se suponía alcanzaban la eterna felicidad. Asimismo, sorprendió a los misioneros europeos el hábito de los lamas de adornar sus vestidos con huesos humanos. A lo largo de los siglos siguientes, los jesuitas enviaron numerosas misiones al Tíbet para ser finalmente reemplazados, según orden papal, por la orden de los Capuchinos.



A principios del siglo XX, la escritora francesa Alexandra David-Néel, gran conocedora de la religión budista, recorrió caminos escarpados y enfrentó lluvia, barro, nieve, granizo y la hostilidad de tibetanos, chinos e ingleses hasta llegar a las lamaserías. Libros suyos como “Magia y misterio en el Tíbet” contribuyeron a alimentar en Occidente la imagen legendaria de un país inaccesible y misterioso. A través de sus obras se difundió la capacidad de los monjes tibetanos para entrar en profundos trances, levitar y dominar las sensaciones corporales, como también la creencia de que podían predecir el porvenir, virtudes que Hilton atribuye a los lamas de Shangri-La. En uno de sus relatos, David-Néel describe cómo un lama se eleva en el aire en forma que parecía sobrenatural: “Pude ver su rostro impasible, perfectamente tranquilo, con los ojos abiertos y la mirada fija en algún lugar muy elevado. El hombre no corría, parecía elevarse del suelo y avanzaba a saltos. Sus pasos tenían la regularidad de un péndulo“. Entre los antiguos mitos budistas figura un paraíso perdido, conocido como Chang Shambhala, la fuente de la sabiduría eterna, donde vivían seres inmortales en armonía perfecta con la naturaleza y el universo. En la India, ese lugar maravilloso perdido en el Himalaya se llama Kalapa, mientras la tradición china lo ubica en los montes Kun Lun.



Entre las fuentes principales en relación a Shambhala recomiendo leer las obras de Ferdynand Ossendowski, “Bestias, Hombres y Dioses“, deFernando Mora ” Shambhala: El Reino que traerá la Edad de Oro” y de René Guénon “El Rey del Mundo“. El Hinduismo, el Shamanismo y el Budismo, todos ellos conservan tradiciones que postulan a Shambhala como la fuente misma de su religión. Por miles de años se han escuchado relatos acerca de algún lugar más allá del Tibet, entre los majestuosos picos y apartados valles del Asia central, que persiste como un paraíso inaccesible, un oasis de sabiduría universal y paz, llamado Shambhala. H. P. Blavatsky fue la primera ocultista occidental que escribió sobre la existencia de aquel santuario del Asia Central, al que llamó mítica Shambhala. Dijo que era una ciudad etérica en el Desierto de Gobi que servía de cuartel invisible a los Mahatmas, la Gran Fraternidad de Maestros Espirituales que trabajan en la sombra, como un gobierno invisible, guiando y protegiendo a la humanidad. También sabemos que, en los años treinta, Nicholas Roerich, el artista e instructor espiritual ruso, pasó muchos años en expedición por aquella parte del globo, en busca de Shambhala y su Sabiduría. Por las mismas fechas, también se conocía a Shambhala por el nombre de Shangri-la, así mencionada por James Hilton en Horizontes Perdidos (1933), tal como ya hemos indicado. Tanto en la novela, como en el film que le siguió, esta tierra fue retratada como un centro de felicidad y eterna juventud. Como esos espejismos en el desierto que el viajero sediento nunca alcanza, Shangri-La es un mundo escondido al cual parece imposible acceder. La antigua creencia budista dice así: “Para llegar, no es preciso contar con un mapa o guías avezados, sólo es necesario estar preparado íntimamente. Entonces, lo inefable aparecerá ante la vista en todo su esplendor. ¿Es Shangri-La el paraíso perdido donde habitan hombres perfectos, la Kalapa de los hindúes? ¿Es el valle oculto de Kunlun donde, según los chinos, viven seres inmortales? ¿Es la Tierra de las Aguas Blancas, la Bielovodye rusa, aquella de los santos ermitaños de gran sabiduría? ¿O es Chang Shambhala, el lugar sagrado de los budistas donde se encuentra la fuente de la eterna sabiduría? Es todos y no es ninguno. Como los espejismos, está y no está. Sólo espera al peregrino de corazón puro y espíritu abierto para ofrendarle sus misterios.



Tal como ya hemos relatado, en su novela Horizontes Perdidos, el escritor inglés James Hilton construyó un mundo ideal, al que llamó Shangri-La (un nombre de su invención convertido al poco tiempo en sinónimo de lugar edénico). Estaba poblado por un grupo de elegidos provenientes de distintas partes del mundo y eran gobernados por un Dalai Lama muy especial: el misionero católico Francois Perrault, de la orden de los Capuchinos, que había arribado al Tíbet en 1734 y seguía vivo hacia 1930, fecha en que transcurre la mayor parte de la novela. Hugh Conway, joven cónsul inglés en la India, llega con otros tres británicos hasta este oculto valle tibetano después de un accidentado viaje en avión. Cuando Conway vio Shangri-La, se enfrentó con una extraña y casi irreal aparición: un grupo de coloridos pabellones se agrupaban en la ladera de la montaña. Era soberbio y exquisito. Una contenida emoción llevaba la mirada desde los leves techos azules hasta la tremenda mole gris de la roca. Más allá, lo rodeaban los picos y pendientes nevados del Karakal. En el antiguo monasterio budista, Conway y sus compañeros de viaje encuentran un lugar donde la reducida comunidad de lamas intenta conservar los tesoros de la civilización, amenazados por la violencia de una época en que el hombre, al regocijarse con la técnica del homicidio derramará una rabia tan ardiente sobre el mundo que toda cosa preciosa estará en peligro. El mundo que acababa de salir de la Primera Guerra Mundial y advertía la cercanía de nuevas tragedias que se trasluce en las páginas de Horizontes Perdidos, donde el idílico universo tibetano que construye Hilton no es una promesa de futuro, un rescate del pasado ideal, del paraíso perdido por la civilización de la máquina.



Cuando Hilton ubicó a su mítica Shangri-La en el Tíbet, los lectores occidentales de su novela quedaron fascinados por ese mundo misterioso que desde antiguo había atrapado el interés de misiones y expedicionarios. Desde los principios del siglo XVI, los jesuitas intentaron llegar a esas altas mesetas cercanas del Himalaya donde se creía existía una antigua comunidad de primitivos cristianos, tal vez el mítico reino del Preste Juan. Cuando finalmente el padre Antonio de Andrade logró atravesar mil obstáculos y acceder al prohibido reino de Guge, se encontró con los lamas, monjes budistas de muy extrañas y crueles costumbres: entre ellas, el asesinato deliberado de numerosos campesinos elegidos al azar, ceremonia que se cumplía una vez por año y mediante la cual los muertos alcanzaban la eterna felicidad. Asimismo, sorprendió a los misioneros europeos el hábito de los lamas de adornar sus vestidos con huesos humanos. A lo largo de los siglos siguientes, los jesuitas enviaron numerosas misiones al Tíbet para ser finalmente reemplazados, según orden papal, por la orden de los Capuchinos. La existencia de túneles bajo el palacio de Potala en Lhasa se entreteje con otro mito tibetano cultivado por escritores europeos. En su novela Shambhala, el espiritista ruso Nikolai Roerich habla de Agharti (deformación de Agharta, nombre del paraíso subterráneo budista) como del lugar donde estaba Chang Shambhala, sede del rey del mundo. Según Roerich, Agharti estaba relacionado con todos los continentes por medio de pasadizos secretos. Shangri-La es tan enigmático y evasivo como el mismo Tíbet, donde lo ubicó el novelista James Hilton. En el valle de la Luna Azul está el mítico reino intemporal de hombres sapientes y longevos. Un lugar en donde se contempla la salida del Sol mientras que los hombres del mundo exterior sólo oyen la alarma del reloj que los reclama para sus urgentes obligaciones.



Sin embargo, parece que Shambhala no existe en el mundo físico. Shambhala, conocido como el Reino Oculto en el Tibet, es una comunidad donde seres perfectos viven y están guiando la evolución de los seres humanos. Shambhala es considerado la fuente del Kalachakra, que es la mayor y mas esotérica rama del misticismo Tibetano. Shambhala, en sánscrito, significa «Fuente de Felicidad». La información sobre este Reino se encuentra en las escrituras tántricas budistas consagradas a la Kalachakra («Rueda del Tiempo»), y en los diferentes comentarios a estas escrituras compuestos a los largo de los Siglos. Este recóndito lugar se encontraría emplazado al norte del Río Sita, al que varios estudiosos han identificado con el Río Tarim, en la región autónoma china de Sinkiang Uighur. Este nace en las montañas de Kunlun y pasa, cerca del Paralelo 42 Norte, por el Desierto de Takla-Makán y la Cordillera de Tien Shan —las Montañas Celestes de los Taoístas—, a lo largo de una extensa zona escasamente poblada, de fronteras poco claras y políticamente convulsiva, que sigue siendo uno de los lugares menos conocidos del Planeta. Según las escrituras, Shambhala está protegida por un anillo de resplandecientes montañas nevadas que mantiene el Reino a salvo de quienes no cuentan con la suficiente preparación. Habitar en este Reino significa disfrutar de una perfecta atmósfera de equilibrio, desconocer las necesidades materiales y contar con unas condiciones ideales para la Ascensión Espiritual. No obstante, los súbditos de este Reino no albergan rechazo alguno hacia el mundo material, sino que tratan de conocerlo profundamente. Debido a ello, ésta sociedad ha desarrollado una ciencia médica sofisticada, elevados conocimientos astronómicos y avanzados instrumentos tecnológicos. Las escrituras de Kalachakra recogen que el Soberano de ese Reino legendario posee un Espejo Mágico con el que puede contemplar acontecimientos que ocurren a miles de kilómetros de su Palacio. También hablan del dominio de una milenaria tecnología aeronáutica.



Zecharia Sitchin nos dice que en el principio sólo existían los cuerpos celestes, «Los Primitivos Que Fluyen». Hubo algunos trastornos en los cielos y «El Fluente de las Tormentas» partió en dos a «El Dragón». Designadas con nombres no arios cada una de las dos partes en que se dividió, los relatos aseveran que Rehu, la parte superior del planeta destruido, cruza los cielos una y otra vez en busca de venganza; la parte inferior, Ketu («El Cortado»), se unió a los «Primitivos» en su «flujo» (órbitas). Muchas Eras pasaron después, y una dinastía de Dioses del Cielo y la Tierra hicieron su aparición. El celeste Mar-Ishi, que los encabezaba, tuvo siete (o diez) hijos con su consorte, Prit-Hivi («La Amplia»), que personificaba a la Tierra. Uno de ellos, Kas-Yapa («El del Trono»), se convirtió en jefe de los Devas («Los Brillantes»), tomando el título de Dyaus-Pitar («Padre Cielo») -el indudable origen del nombre-título griego de Zeus («Dyaus») y su homólogo romano Júpiter («Dyauspiter»). Bastante prolífico, Kasyapa engendró a muchos dioses, gigantes y monstruos con diversas esposas y concubinas. Los más importantes, e individualmente conocidos y reverenciados desde tiempos védicos, fueron los Adityas -hijos de Kasiapa con su consorte Aditi («Ilimitada»). Al principio fueron siete: Visnú, Varuna, Mitra, Rudra, Pushan, Tvashtri e Indra. Más tarde, los aditis se unieron con Agni, hijo de Kasyapa y de Aditi o (como algunos textos sugieren) de su propia madre Prithivi. Al igual que en el círculo olímpico, el número de los aditis se elevó finalmente a doce. Entre ellos estaba Bhaga, que los expertos creen que se convirtió en el dios supremo eslavo Bogh. El último en nacer de Aditi, aunque no está claro que su padre fuera Kasyapa, fue Surya. Tvashtri («Elaborador») en su papel de «Conseguidor», el artesano de los dioses, les proporcionaba vehículos aéreos y armas mágicas. A partir de un abrasador metal celeste, forjó un disco para Visnú, un tridente para Rudra, un «arma de fuego» para Agni, un «Atronador que lanzaba rayos» para Indra y una «maza volante» Para Surya. En las antiguas representaciones hindúes, todas estas armas parecen proyectiles manuales de diversas formas.



Además, los dioses consiguieron otras armas de los ayudantes de Vashtri. Indra, por ejemplo, obtuvo una «red aérea» con la cual Podía capturar a sus enemigos en las batallas aéreas. A los carros celestes o «vehículos aéreos» se les describió invariablemente como brillantes y radiantes, hechos o chapados de oro. La Vimana (vehículo aéreo) de Indra tenía luces a los lados que brillaban, y se movía «más rápido que el pensamiento», cruzando velozmente grandes distancias. Sus invisibles corceles tenían ojos como soles que emitían un color rojizo, pero también cambiaban los colores. En otros casos, los vehículos aéreos de los dioses tenían varios niveles. A veces, no sólo volaban por el aire, sino que también viajaban bajo el agua. En la epopeya del Mahabharata, se describe así la llegada de los dioses a una fiesta nupcial en una flota de vehículos aéreos:” Los dioses, en carros nubosos, llegaron para contemplar tan hermosa escena: Los brillantes Adityas en su esplendor, los maruts en el inquieto aire; los alados suparnas, los escamosos nagas, deva rishis puros y elevados, los gandharvas, por su música afamados; (y) las hermosas apsaras del cielo… Brillantes carros celestes iban llegando cruzando el cielo sin nubes”. Los textos hablan también de los Ashvins («Pilotos»), dioses especializados en pilotar los carros aéreos. «Rápidos como halcones jóvenes», éstos eran «los mejores aurigas que alcanzaron los cielos», pilotando siempre sus naves por parejas, acompañados por un navegante. Sus vehículos, que en ocasiones aparecían en grupos, estaban hechos de oro, «brillantes y radiantes… de fácil asiento y desplazamiento ligero». Se construían sobre un triple principio, con tres niveles, tres asientos, tres postes de soporte y tres ruedas rotatorias. «Ese carro vuestro», dice el Himno 22 del Libro VIII del Rig-Veda en alabanza a los ashvins, «tiene un triple asiento y riendas de oro -el famoso vehículo que atraviesa Cielo y Tierra». Al parecer, las ruedas rotatorias tenían diferentes funciones: una para elevar la nave, otra para darle dirección y la tercera para darle velocidad: «Una de las ruedas de vuestro carro se mueve con rapidez alrededor; otra os da velocidad en vuestro rumbo». Como complemento a lo indicado debemos referir que Silio Itálico contó que los celtas gallegos iban a la guerra entonando cantos nacionales, “eran los de más viva voz, pues soltaban unos alaridos estremecedores, que ni siquiera acallaban en el fragor de la batalla, lo que hacía imposible distinguir el momento que habían sido abatidos por el acero. Tenaces en la contienda, preferían la muerte a la derrota….”. También montaban los caballos más veloces y tenían a Rudra, o el viento de la tempestad, como su dios padre.



En el Bhagavata-purana (siglo X d. C.) dice que el sabio Śukadeva Goswāmī (de 16 años, hijo del sabio Viāsa) le predice al rey Mahārāsh Parīkshit(nieto del fallecido héroe Áryuna) acerca del nacimiento del último avatar de Vishnú, el terrible guerrero Kalki, al final de la era de Kali (dentro de 427 000 años). El texto del Canto 12 (capítulo 2, versos 18 a 38) dice: “En la aldea Śambhala, en el hogar de Vishnú Iaśā [‘fama de Visnú’] (principal brāhmana y gran alma), Kalki aparecerá. Viajando rápidamente, montando en su caballo llamado Devadatta, el Señor del universo con su espada destruirá a los infieles, dotado con las cualidades de sus ocho opulencias [riqueza, fuerza, fama, inteligencia, belleza y renunciación].Recorriendo velozmente la Tierra, a decenas de millones de ladrones (con aspecto de reyes) matará. Devāpi, el hermano de Śāntanu, y Maru, nacido en la dinastía de Ikshwāku, en el pueblo de Kalāpa ambos están viviendo, dotados de grandes poderes del yoga. Ellos dos volverán aquí al final de kali iugá, instruidos por Vāsudeva [Krishná]. Promulgarán la religión tal como había sido, con el sistema de castas (varna) y etapas de la vida (áshram)”. Para los esoteristas, Shambhala es el sancta sanctórum (la morada del Altísimo), el lugar donde la Voluntad de Dios es conocida. El maestro tibetano Djwhal Khul narra como el primer puesto de avanzada para la Fraternidad de Shambhala fue el templo original de Íbez (situado en el centro de Suramérica), y una de sus ramas, en un periodo muy posterior, se encontraba en las antiguas instituciones mayas y en la adoración fundamental del Sol. Una segunda rama se estableció posteriormente en Asia, y sus representantes son los adeptos del Himalaya y del sur de la India. Nicholas Roerich fue un gran seguidor y buscador de Shambhala, prueba de ello fueron sus viajes hacia Asia para buscar su ubicación geográfica y sus escritos sobre la misma, entre los que destaca “Shambhalla, la Resplandeciente“.



Los habitantes de Shambhala tienen una larga vida. En caso de no haber alcanzado el Nirvana, renacen en el mismo Reino o en algún otro Paraíso Celestial, un «Reino Puro» donde prosiguen su Evolución. No todos son iluminados, pero se hallan cerca de este estado y en proceso de alcanzarlo. Según las escrituras de Kalachakra, cuando Gautama, el Buda se hallaba en su último año de vida, transmitió estas enseñanzas en Dhanyakataka, al sur de la India. Cierta tradición afirma que la Iniciación fue durante la Luna Sagrada de Wesak, en el Plenilunio de Junio. Entre los presentes, se encontraba Sukandra, el primer Soberano de Shambhala consignado en las crónicas. En Beltane, momento cuando los celtas celebraban el comienzo de la parte de luz del año, el sol ha entrado en el signo de Tauro, encargado de materializar el proyecto de la Humanidad en esta tierra. Tras Beltane, hay que prepararse para la fiesta de Wesak, La luna llena de Tauro. Cuando el sol está en Tauro, la luna llena se encuentra en Escorpio. En Beltane enlazamos la fiesta de Samain (1 de noviembre) con la fiesta de Beltane. Lo que se inició en la oscuridad saldrá a la luz. En Beltane se produce el matrimonio sagrado, el ritual de unión sagrada,la unión de dos mundos, la fertilidad de la Gran Madre o la Gran Diosa. De su unión sagrada y su ritual, depende nuestra continuidad y recibir los beneplácitos que el Universo tiene para con nosotros. En muchos lugares se salta el fuego de Beltane, encendido con 9 maderas sagradas, siendo costumbre bailar el palo de mayo, como danza sagrada, disfrutando de la fertilidad que llega a la Gran Madre tierra. Wesak, es una de las tres lunas de momentos de máxima intensidad espiritual en el planeta. En la Luna llena de Tauro, llamado Festival de Wesak, Se celebra el nacimiento de Buda, el momento en que alcanza la iluminación, y su partida de la encarnación terrenal. Es un momento de máxima bendición espiritual al planeta. Una época donde se estimula la vida espiritual.



Tras recibir las instrucciones completas de la Meditación Kalachakra, Sukandra regresó a su Reino, dedicándose intensamente a las prácticas de las técnicas aprendidas, convirtiéndose en el primero de los llamados Dharmarajas («Reyes de la Verdad»). Según los textos Kalachakra, estos Reyes fueron 7: Sukandra, Devendra, Tejasvin, Somadatta, Deveshvara, Chitrarupa y Devesha. A éstos, les sucederían los 32 Reyes Kalki («Titulares de la Sabiduría»), entre los que podemos destacar a Ananta Vijaya y Rudra Chakrin. Los textos de Kalachakra establecen un paralelismo entre importantes acontecimientos históricos del mundo exterior y la genealogía de sus Reyes. Por ejemplo, dicen que, durante el Siglo 2 a.C, Manjush Rikirti —el primer Rey Kalki—, predijo el surgimiento del Islam en el «País de Mekha», unos 800 años en el futuro, durante el reinado del décimo Rey Kalki, Samudra Vijaya, y que esta Religión Monoteísta perduraría hasta el Fin de los Tiempos. Efectivamente, Mahoma recibió su llamamiento como Profeta en la ciudad de La Meca —en árabe: Makkah—, en Arabia Saudita, hacia el 610 d.C. De acuerdo con la profecía, a partir de la regencia del veintiunavo Rey de Shambhala, Anidhura («El Imparable»), el Budismo y las enseñanzas de Kalachakra empezaría a extinguirse casi por completo en Asia y tal estado persistiría hasta el advenimiento del último Rey Kalki. La profecía contenida en las escrituras de Kalachakra se centra, principalmente, en el tema del enfrentamiento que tendrá lugar entre las Fuerzas del Dharma (Verdad y Justicia) y las Fuerzas de la Barbarie y el Materialismo, así como de la Edad de Oro que le sucederá. Según los textos tradicionales, el vigésimo quinto Rey Kalki, Rudra Chakrin («El Iracundo de la Rueda»), irrumpirá en el mundo exterior para liberar a la Humanidad del Materialismo imperante.



Pero, ¿Cuándo ocurrirá este acontecimiento? Suele considerarse que cada uno de los Reyes de Shambhala gobierna una media de 100 años, por lo que se sitúa esta supuesta conflagración final hacia el año 2424, tres años antes de lo que se supone será el final del reinado de Rudra Chakrin. Otros consideran que el advenimiento del vigésimo quinto Rey podría ocurrir mucho antes, y especulan con la posibilidad de que no todos los Reyes de Shambhala hayan reinado durante un período completo de 100 años, viéndose acortado éste por el fallecimiento prematuro de algunos de ellos. Si especulamos con un promedio de reinado de 94 años para cada Rey, a partir del año 903 a.C, podríamos establecer el año 2012 como el comienzo del reinado de Rudra Chakrin. Pero evidentemente este cálculo es puramente especulativo. Según las escrituras, en los tiempos inmediatamente anteriores al reinado de Rudra Chakrin, el mundo asistirá a un auge de los conflictos bélicos, hambruna, drogas, epidemias y enfermedades desconocidas. La Humanidad habrá perdido cualquier sentido de lo que significa la verdadera espiritualidad y los únicos dioses a los que rendirá adoración serán a la riqueza, la ostentación y el poder. El signo que marcará el inicio del reinado de Rudra Chakrin será la aparición, en el cielo, de una «Gran Rueda de Hierro Voladora». Entonces, durante el gobierno de este Rey, dos bandos materialistas se disputarán el dominio del Planeta hasta que uno de ellos se erija en vencedor absoluto. De ese modo, el poder victorioso, completamente ignorante de la existencia de Shambhala, llegará a creer que no existe nadie más poderoso que él sobre la faz de la Tierra. No obstante, llegará el momento en que este gobernante conocerá su existencia y entonces pretenderá someter el Reino a su control, un acto de agresión que obligará a Rudra Chakrin, con toda su gran potencia, a salir fuera de los límites de Shambhala para sostener una guerra abierta contra los atacantes. Rudra Chakrin es también conocido en las más antiguas tradiciones hindúes como el Kalki Avatara, descrito como un magnífico joven que monta un gran caballo blanco, con una espada semejante a un meteoro que hace llover muerte y destrucción por todas partes. Su venida restablecerá la justicia en la Tierra, y marcará el regreso de una era de pureza e inocencia.



Esto nos recuerda la visión del apóstol Juan en su Apocalipsis: «Entonces vi el cielo abierto. Y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llamas de fuego, y había en su cabeza muchas diademas. Y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo. Estaba vestido de una ropa teñida en sangre. Y su nombre es EL VERBO DE DIOS. Y los Ejércitos Celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro. Y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso. Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES». Según la Profecía Kalachakra, tendrán lugar diferentes combates, en los que Rudra Chakrin utilizará su misteriosa Gran Rueda Voladora contra los poderosos Señores Materialistas. Así se habla, por ejemplo, de la batalla que se desarrollará cerca de Mekha, mientras el Apocalipsis habla de la reunión de los Reyes de la Tierra «en el lugar que en hebreo se llama Armagedón» —es decir, el Monte Meggido (Har-Meggido), en Israel—, para otra batalla. Pero, aunque la palabra Armagedón ha pasado a nuestra cultura occidental como sinónimo de la Batalla Final entre el Bien y el Mal, según las escrituras Kalachakra, la Batalla Final ocurrirá al sur del Río Tarim en algún lugar situado en Irán o Turquía. Ya que los Bárbaros Materialistas dispondrán de toda clase de tecnología bélica, Rudra Chakrin se verá obligado a combatirlos no sólo con sus temibles Ruedas Voladoras, sino también con medios mucho más sutiles y sofisticados que serán, en definitiva, los que le darán la victoria. Según la profecía, este Rey se sumergirá en un trance meditativo profundo, gracias al cual creará un Ejército Mágico con el que derrotará a sus confusos adversarios.Entre los combatientes que acompañarán al Rey podrán contarse las reencarnaciones de muchos altos y conocidos Lamas, quienes desde hace Siglos efectúan constantes plegarias para renacer en el momento de la Gran Confrontación. Se dice que todos aquellos que hayan recibido la Iniciación de Kalachakra formarán parte del Ejército de Shambhala. Se dice que morir en esa guerra, sea del modo que fuere, proporcionará automáticamente la liberación de la Rueda del Samsara (encarnaciones). Tras la derrota de los Bárbaros, tendrá lugar el Amanecer de una Edad de Oro, y el mundo conocerá Mil Años de Paz Universal.



Esto también lo encontramos en el Apocalipsis: «Y vi a la Bestia, a los Reyes de la Tierra y a sus Ejércitos, reunidos para guerrear contra el que montaba el caballo, y contra su Ejército. Y la Bestia fue apresada, y con ella el Falso Profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la Marca de la Bestia, y habían adorado su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un Lago de Fuego que arde con azufre. Y los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca del que montaba el caballo, y todas las aves se saciaron de las carnes de ellos. Vi a un Ángel que descendía del cielo, con la Llave del Abismo, y una Gran Cadena en la mano. Y prendió al Dragón, la Serpiente Antigua, que es el Diablo y Satanás, y lo ató por mil años. Y lo arrojó al Abismo, y lo encerró, y puso su Sello sobre él, para que no engañase más a las Naciones, hasta que fuesen cumplidos los Mil Años […]» . Según la Profecía Kalachakra, Rudra Chakrin extenderá su dominio sobre el Planeta entero, que se convertirá en una extensión de Shambhala, y sus moradores ya no se verán obligados a ganar el pan con el sudor de la frente. Las cosechas germinarán sin necesidad de cultivo, y desaparecerán las enfermedades. Esto nos recuerda las promesas bíblicas, como la del Libro de Isaías: «Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra. Y de lo primero no habrá memoria, ni vendrá más al pensamiento. Más os gozaréis y os alegraréis para siempre en las cosas que yo he creado. Porque he aquí que yo traigo a Jerusalén alegría, y a su pueblo gozo. Y me alegraré con Jerusalén, y me gozaré con mi pueblo. Y nunca más se oirán en ella voz de lloro, ni voz de clamor. No habrá más allí niño que muera de pocos días, ni viejo que sus días no cumpla. Porque el niño morirá de 100 años». Cuando llegue el momento de la muerte, las personas no albergarán temor alguno porque tendrán la certeza de que renacerán en un «Reino Puro», con unas condiciones superiores incluso a las que se disfrutan actualmente en Shambhala. Según algunos escritos del Kalachakra, tras el fallecimiento de Rudra Chakrin, éste será sucedido por 8 Reyes más, sin precisar lo que ocurrirá después. Ciertos Lamas creen que cuando Rudra Chakrin venza a sus enemigos, formulará una nueva profecía sobre lo que ocurrirá posteriormente. Las primeras noticias sobre el «Rey del Mundo» en Occidente las trajo el explorador Ferdynand Ossendowski, quien oyó de él durante un viaje a Mongolia. Se trataría del Rey de Agarthi, el Reino Subterráneo. Agarthi es el modo mongol de la palabra sánscrita Agartha(«Inaccesible»). La mayoría de los estudiosos cree que este Rey de Agartha no es otro que el Rey de Shambhala de las Escrituras Kalachakra, y que Shambhala en realidad sería la capital de Agartha, aunque también hay quienes cuestionan esta interpretación.



De cualquier modo, en 1920, durante su estancia en Urga (actual Ulan-Bator, capital de Mongolia), el Lama Bibliotecario del lugar, le habló a Ossendowski de las apariciones del Rey del Mundo, sus milagros y profecías. Le dijo que se había aparecido cinco veces en la India y Tailandia en los tiempos del Budismo primitivo. En aquél entonces:«Ocupaba una carroza magnífica tirada por elefantes engalanados con finísimas telas cuajadas de oro y pedrería. El Rey vestía un manto blanco y llevaba en la cabeza la tiara roja, de la que pendían hilos de brillantes que le tapaban la cara. Bendecía al pueblo con una bola de oro rematada con un áureo cordero. Los ciegos recobraron la vista, los sordos oyeron, los impedidos echaron a andar y los muertos se incorporaban en sus tumbas por doquiera fijaba la mirada el Rey del Mundo». Según H. P. Blavatsky, en la mitología de los primeros Arios Védicos, así como en los últimos relatos Puránicos, se hace mención de Budha, el “Sabio” o el “instruido en la Sabiduría Secreta”, el cual es el planeta Mercurio en su euhemerización. El Hindu Classical Dictionary atribuye a Budha la paternidad de un himno del Rig Veda . Por tanto, no puede ser en modo alguno “una ficción posterior de los brahmanes”, sino que es verdaderamente una personificación antiquísima. Investigando en su genealogía o más bien teogonía, es como se descubren los hechos siguientes: Como mito, es hijo de Târâ, la esposa de Brihaspati, el de “Color de oro” y de Soma, la Luna (masculina), que, a semejanza de Paris, arrebata esta nueva Elena del Reino Sideral indo, a su esposo. Esto origina una gran pendencia y guerra en Svarga (el Cielo). El episodio ocasiona una batalla entre los Dioses y los Asuras. El Rey Soma encuentra aliados en Ushanas (Venus), el jefe de los Dâvanas; y los Dioses son capitaneados por Indra y Rudra, que luchan con Brihaspati. Este último está ayudado por Shankara (Shiva), quien habiendo tenido por Gurú a Angiras, padre de Brihaspati,defiende a su hijo. Indra es aquí el prototipo indo de Miguel, el Archistrategus y el matador de los Ángeles “del Dragón”, puesto que uno de sus nombres es Jishnu, el “jefe de la hueste celestial”. Ambos combaten, lo mismo que algunos Titanes hicieron contra otros Titanes en defensa de Dioses vengativos, un partido a favor de Júpiter Tonante (en la India Brihaspati es el planeta Júpiter, lo cual es una coincidencia curiosa); y el otro en defensa del siempre tonante Rudra. Durante esta guerra, Indra es abandonado por su guardia de corps, los Dioses de la Tempestad (Maruts).



La historia es muy sugestiva en algunos de sus detalles. El Genio o “Regente” que preside el planeta Júpiter, es Brihaspati, el esposo perjudicado. Es el Instructor o Gurú Espiritual de los Dioses representantes de los Poderes Procreadores. En el Rig Veda es llamado Brahmanaspati, nombre “de una deidad en quien está personificada la acción de los que son adorados sobre los dioses”. De aquí que Brahmanaspati represente la materialización de la “Gracia Divina”, por decirlo así, por medio del ritual y las ceremonias, o sea el culto exotérico. Otras tres veces se habría aparecido el Rey del Mundo en tiempos más recientes, en los Monasterios de Sakkai, Erdeni Dzu (1770) y Narabanchi Kure (1890). El Lama le explicó a Ossendowski: «Uno de nuestros Budas Vivientes y uno de los Tashi Lamas recibieron de él un mensaje escrito de caracteres desconocidos y en láminas de oro. Nadie podía leer aquel documento. El Tashi Lama entró en el templo, puso la lámina de oro sobre su cabeza y empezó a rezar. Gracias a su plegaria los pensamientos del Rey del Mundo penetraron en su cerebro, y sin haber leído los enigmáticos signos comprendió y cumplió la regia disposición». A principios de 1921, Jelyl Dyamsrap, Hutuktu o Jefe Espiritual de Narabanchi Kula, le dijo a Ossendowski que cuando el Rey del Mundo se apareció a los Lamas de su Monasterio en 1890, realizó una serie de profecías para los 139 años siguientes (50 + 71 + 18 años), de modo que encontramos profecías hasta 1940, el 2011 y el 2029. Según el Hutuktu de Narabanchi, el Rey del Mundo dijo entonces que, tras los 50 + 71 años a partir de 1890, «vendrán 18 años de guerras y cataclismos. Luego, los pueblos de Agarthi saldrán de sus cavernas y aparecerán en la superficie de la Tierra». Otra parte de la misma profecía que parece referirse a este período de «guerras y cataclismos» entre el 2011 y el 2029, indica: «Las ciudades mejores y más hermosas perecerán por el fuego… una, dos, tres… El padre luchará con el hijo, el hermano con el hermano, la madre con la hija. El vicio, el crimen, la destrucción de los cuerpos y de las almas imperarán sin frenos. Se dispersarán las familias. Desaparecerán la fidelidad y el amor. De 10.000 hombres, uno solo sobrevivirá […]. Se despoblará la Tierra. […] Sobre ella esparcirán tan sólo sus frutos la noche y la muerte». La profecía continúa: «Entonces surgirá un pueblo hasta ahora desconocido que, con puño fuerte, arrancará las malas hierbas de la locura y del vicio y conducirá a los que hayan permanecido fieles al Espíritu del Hombre, a la batalla contra el Mal. Fundarán una Nueva Vida en la Tierra purificada por la muerte de las Naciones».



Esto podría confirmar que la Profecía Kalachakra se referiría a un momento mucho más cercano, antes del 2029. El Buda predico las enseñanzas del Kalachakra a un conjunto de hombre Santos en el sur de la India. Más tarde, las enseñanzas permanecieron ocultas durante 1000 años hasta que un escolar hindú fue en busca de Shambhala y se inicio en las enseñanzas de un hombre Santo que conoció a lo largo del camino. El Kalachakra permaneció en la India hasta que emprendió su camino al Tibet en el 1026. desde entonces el concepto de Shambhala ha sido ampliamente conocido en el Tibet, y los tibetanos han estado estudiando el kalachakra durante los últimos 900 años, aprendiendo su ciencia, practicando su meditación y usando su sistema de astrología para guiar sus vidas. Como un Tibetano ha preguntado: ¿Cómo pudo Shambhala ser la fuente de algo que ha afectado a tantas áreas de la vida Tibetana durante tanto tiempo? Los textos religiosos Tibetanos describen la naturaleza física del terreno místico con detalle. Se pensaba que parecía como un loto de 8 pétalos porque está compuesto de 8 regiones, cada una rodeada por un anillo de montañas. En el centro del anillo mas interno esta Kalapa, la capital, y el palacio Kingos, que está hecho de oro, diamantes, coral y gemas preciosas. La capital está rodeada de montañas de hielo, que lucen con una luz cristalina. La tecnología de Shambhala se supone altamente avanzada. El palacio contiene claraboyas especiales hechas de lentes que sirven como telescopios de alta potencia para estudiar la vida extraterrestre, y durante cientos de años los habitantes de Shambhala han estado usando extraños vehículos que circulan a través de un sistema de túneles subterráneos. De camino a la luz, los habitantes de Shambhala adquieren tales potenciales de clarividencia, la habilidad de moverse a grandes velocidades y la habilidad de materializarse y desaparecer. Señales extrañas en el área donde parece estar Shambhala, aportan la evidencia de su existencia. Los Tibetanos creen que Shambhala está guardado por seres con poderes sobrehumanos. A principios de los años 1900, un articulo en un periódico hindú, el Statesman, explicaba que un comandante Británico que acampó en el Himalaya vio un hombre muy alto, vestido de blanco, con pelo largo. Aparentemente, sintiéndose observado, el hombre salto en la ladera vertical y desapareció. Para asombro del comandante, los Tibetanos con quienes estaba acampado no mostraron sorpresa con esta historia y explicaron al comandante que había visto uno de los hombres que cuidan de la tierra sagrada.



Un relato más detallado de estos guardianes fue dado por Alexandra David-Neel, a la que ya nos hemos referido. Mientras viajaba a través del Himalaya vio a un hombre moviéndose con una extraordinaria velocidad y lo describió como sigue: “Pude ver claramente su cara impasible perfectamente en calma y grandes ojos abiertos con su mirada fija en un objeto distante invisible, situado en algún lugar en el espacio, el hombre no corrió, parecía vivir el mismo del suelo, procedía a saltos. Parecía como si hubiese sido dotado de la elasticidad de una pelota y rebotaba cada vez que sus pies tocaban el suelo: Sus pasos tenían la regularidad de un péndulo”. Mientras que los lamas Tibetanos han estado buscando Shambhala durante siglos, aquellos que vieron el reino a menudo nunca volvieron, porque han encontrado el país oculto y han permanecido allí o porque han sido destruidos en el intento. Los textos Tibetanos conteniendo lo que parecen sus hechos históricos acerca de Shambhala, tales como los nombres y fechas de sus reyes y registros de los acontecimientos correspondientes, ocurridos en el mundo exterior, dieron a los Tibetanos la razón adicional para creer que el reino existe. Los recientes acontecimientos que parecen corresponder a las predicciones del reino mítico, añaden fuerza a su creencia. La desintegración del Budismo en el Tibet y el crecimiento del materialismo en el mundo, emparejado con las guerras y disturbios del siglo XX, todos se ajustan a la profecía de Shambhala. La profecía de Shambhala establece que cada uno de sus reyes reinaran durante 100 años, habrá 32, y cuando pase su reinado las condiciones en el mundo exterior se deterioraran, los hombres se volverán mas bélicos y perseguirán el poder para su propio bien y una ideología de materialismo se extenderá en la tierra. Cuando los llamados bárbaros estén unidos bajo un rey perverso y crean que no hay nada mas por conquistar, los místicos surgirán para revelar las montañas de hielo de Shambhala. Los bárbaros atacarán Shambhala con una armada enorme, equipadas con armas terribles. Entonces el trigésimo segundo Rey de Shambhala, Rudra Cakrin, inducirá a un extraño contra los invasores. En una última gran batalla, el rey perverso y sus seguidores serán destruidos. El Buda profetizo que todos los que recibieron el poder de Kalachakra volverían a renacer en su mandala.

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LA CHINTAMANI, LA PIEDRA NEGRA CAÍDA DEL CIELO Y LOS ROERICH

chintamani
LA CHINTAMANI, LA PIEDRA NEGRA CAÍDA DEL CIELO Y LOS ROERICH
Posted by PENSAMIENTO CONSCIENTE

Cuenta la leyenda que un fragmento de aerolito, procedente de la constelación de Orión, cayó en la Tierra. Como un correo aéreo, el recién caído tendría en adelante, la facultad de activar y canalizar en la Tierra las fuerzas de los seres superiores que moran en esa constelación. Así este meteorito tiene la capacidad de condensar gran cantidad de fuego cósmico y por eso siempre se relacionaría con los cambios evolutivos o saltos cuánticos en la humanidad.

Una de las pocas veces que se ha oído hablar de este meteorito ha sido en el Tibet, y este relato nos conduce al enigmático Nicolas Roerich , (leer otros post sobre él) y la activación de ese misterioso objeto caído del cielo. Esta piedra fue llamada el Gran Magneto, La Piedra Negra o Lapis Exillis.

Dicho artefacto, un fragmento de piedra radiante del tamaño de un dedo humano, inscrito con cuatro símbolos parecidos a runas, fue conocido también como el “Regalo de Orión” y descansa en una de las altas torres de Shamballa, El reino interior donde moran los seres más evolucionados del planeta en comunión espiritual. Desde allí irradia su potente radiación sobre los eventos que ocurren en la superficie y así contrarrestar las fuerzas negativas que desean mantener a la humanidad dormida.

Según las crónicas desde Shamballa, la Hermandad Blanca le confió a Roerich este artefacto con una clara misión a cumplir.
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Uno de los cuadros de Roerich, conocido como “Chintamani”, ( primera imagen de este post), representa un potro que lleva a cuestas un baúl ornamentado: se dice que en este baúl viajaba el fragmento de las estrellas. Las órdenes impartidas a Roerich por la “Hermandad blanca” consistían, en transportar el fragmento a Europa, donde jugó un papel crítico en la formación de la Liga de las Naciones. Después de eso, el misterioso ruso devolvió el fragmento milagroso a sus dueños, a Shambhala, aunque Roerich jamás confirmó haber visitado dicho mundo desconocido.

Absorbiendo las radiantes energías de la constelación de Sirio y transmutándolas en Shamballa, para que no sean nocivas, este talismán muestra una gran radiactividad sobrenatural y conserva todos los principios inviolables del Reino de la Luz, que irradia sobre el mundo. “La Chintamani” o La Piedra Preciosa de los Himalayas, sólo la pueden custodiar los discípulos más puros.

Se dice que en otras ocasiones La Chintamani ha actuado a favor de la evolución de la conciencia de la humanidad. Cada vez que la humanidad ha manifestado un salto importante, esta fuerza cósmica procedente Orión y de Sirio, ha estado presente impregnando el ambiente. Al igual que el Grial en occidente, las dos leyendas se fusionan para explicar la misma historia: Como un extraño objeto caído del cielo participa en que la luz venza a las tinieblas y nos hace mirar hacia el cielo, y dar gracias a nuestros hermanos mayores.

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Shambhala y Agharta ¿Estuvieron enfrentadas estas miticas Civilizaciones?



Shambhala y Agharta ¿Estuvieron enfrentadas estas miticas Civilizaciones?


Según las Tabletas de Zanthu un grupo de sacerdotes y sabios supervivientes de la destrucción de dicho continente (supuestamente en torno al 160 000 a.c.) se refugiaron en un lugar conocido como la “Meseta de Tsang”, donde alzaron una ciudad-santuario, oculta y recluida.


Allí vivieron en paz durante un largo, e indeterminado, periodo de tiempo, lejos de su antigua gloria e ignorados por el resto de la humanidad.

Desde el descubrimiento de las Tabletas por parte de Harold Hadley Copeland en 1913 (en una desastrosa expedición de la que fue el único superviviente), la mayoría de los estudiosos han desechado estos textos. Entre otras cosas por la incapacidad de Copeland, que en 1918 fue recluído en un sanatorio mental, de localizar exactamente el lugar del hallazgo. Sin embargo aquellos que le han querido dar alguna credibilidad han situado esta “meseta de Tsang” en el Tibet o en Mongolia exterior; es decir en un área aislada, escasamente conocida por los occidentales y de clima extremo. Los defensores de la opción del Tibet argumentan que el nombre “Tsang” pervive en el de una de las regiones tradicionales del país mientras que otros argumentan que la descripción geográfica se corresponde más al Gobi que al Himalaya . Otros opinan que el lugar es parte o se confunde con la mítica región de Leng (quizás también Ling, el mítico reino del rey Gesar).

Guerra interna y escisión ;

Pero volvamos a la historia de estos supervivientes, tal y como se puede deducir de diversas fuentes chinas, hindúes y tibetanas. Según transcurrían los años, y luego los siglos, un cisma surgió en el corazón de los habitantes de Tsang, surgiendo dos facciones irreconciliables.

Una parte de la población había renunciado definitivamente a las ciencias oscuras de sus antepasados, incluyendo la adoración de entidades de los Mitos. Estos fueron llamados, posteriormente, los seguidores del camino de la “Mano Derecha”. Retomaron la búsqueda de una vía ascética y meditativa de iluminación espiritual. Se afirma que gracias a estas técnicas accedieron a nuevos estados de conciencia y despertaron capacidades desconocidas.

Otra parte de los habitantes de Tsang, sin embargo, continuaron orgullosos (o retomaron) las antiguas técnicas, las deidades inhumanas y la tecnología arcana de Mu, llevándolas a extremos nunca pensados por estos, posteriormente serían llamados en ocasiones seguidores de la “Mano Izquierda”.

En un principio las discrepancias entre estas dos sectas o corrientes filosóficas eran menores y ambos grupos pudieron convivir en paz; especialmente por qué los seguidores del camino de la Mano Derecha evitaban el enfrentamiento. Pero esta situación no podía durar eternamente. Tras una cruenta pero breve guerra interna ambos bandos se encontraron enrocados en una situación sin solución, al borde de la autodestrucción. De algún modo se llegó a un acuerdo, ambos grupos abandonaron la Meseta de Tsang para fundar dos ciudades-reinos separados en el que cada uno podría seguir su propio camino: la idílica Shambhala y la subterránea Agharta.

Como todo lo que rodea a esta historia tanto su veracidad como la fecha de esta división es difícil de precisar, pero en base a los textos místicos hindúes y budistas que hablan, de forma casi siempre indirecta, sobre ella. De forma convencional suele dársele la misma fecha que al comienzo de la actual Era de la Oscuridad, o Kali Yuga, unos 3 200 años antes de la era.

Shambhala (también Sambala, Shambala,…) Aunque este es el nombre más común para referirse a esta comunidad en las tradiciones hindues, en sánscrito significa “lugar de paz”, existen muchos otros. También es llamado Shangri-La (la significa paso de montaña, el significado de Shangri es desconocido) por los budistas tibetanos y Olmolungringentre los seguidores de la antiquísima religión bon, mientras que en las leyendas chinas es Chang. También quizás pueda identificarse con el valle de Ergenekon de los pueblos turquicos, que la sitúan en los montes Altäi y no en el Tibet. Desconocemos si alguno de estos nombres son los que los propios habitantes dan a la ciudad, o si utilizan alguna otra denominación.

Aunque rodeada de altas montañas siempre nevadas, la región de Shambhala está dotada de un clima sorprendentemente cálido y benigno gracias al Corazón de Shambhala; éste según las descripciones es una gema de gran tamaño, las descripciones varían entre los treinta centímetros y casi un metro de diámetro, y forma irregular que parece brillar desde su interior e incluso emitir un tono musical (según una descripción lo que se escucha es la pronunciación del mantra Ôm) Se dice que las radiaciones benéficas de la gema, así como la vida pacífica y contemplativa, también aseguran una gran longevidad a los habitantes del valle, que pueden llegar a vivir más de doscientos años. Algunas leyendas cuentan que los yetis o abominables son los guardianes de los caminos a Shangri-La, pero no nos atrevemos a afirmar nada en este sentido.

A lo largo de los siglos Shambhala ha servido de refugio a los perseguidos y ha atraído a los buscadores de la sabiduría de cualquier religión y etnia. Más ocasionalmente individuos concretos,cuya presencia se considera necesaria en Shambhala por el bien del mundo, son atraídos o incluso secuestrados para traerlos al valle, sea cual sea su región de nacimiento. Todos ellos han sido acogidos libremente como hermanos, sin distinción entre ellos y los antiguos habitantes. Por eso queda muy poco de la original herencia muviana; la mayoría tienen comparten los rasgos físicos de los tibetanos, chinos o mongoles que viven en la región.

Según el texto del Kalachakra Tantra un rey de Shambhala llamado Suchandra pidió a Buda ( tengamos en cuenta, para cuestiones cronológicas, que el Buda histórico vivió en torno al final del siglo VI a.c.) que le enseñara el camino de la Iluminación. Así él, y 96 de sus vasallos, recibieron la iniciación en una una práctica mistica que recibe el nombre de Kalachakra (en sánscrito “rueda del tiempo). Según la misma leyenda durante siglos esta enseñanza habría permanecido limitada a Shambhala pero en torno al 1050 a.c., el rey de Shambhala Rigdan Tagpa, o Manjushrí Kírti, decidió compartir su conocimiento con el exterior y enviar maestros de esta práctica a individuos selectos. También se dice que, en una era futura de oscuridad, los reyes de Shambhala enviaran sus fuerzas al mundo exterior para traer una nueva Edad Dorada.

Sin embargo, y junto a evidentes similitudes con el budismo, también hay elementos religiosos totalmente ajenos y que guardan paralelismos con formas religiosas más primitivas como el bon y otras de tipo animista. Sin embargo los antiguos dioses de sus antepasados muvianos, Zoth-Ommog, Ghatanothoa, Ythogtha y los demás, han sido completamente dejados de lado.

Shambhala contiene una enorme biblioteca, donde pueden encontrarse una serie de antiquísimas inscripciones: la llamada Biblioteca de Piedra (que se supone contienen el texto original del conocido como Libro de Dyzan). Pero también obras modernas en multitud de idiomas, orientales y occidentales; estos versan principalmente sobre filosofía, arte y música. Estas obras modernos son traídas regularmente a la ciudad por agentes de Shambhala, que viajan por todo el mundo para recoger y seleccionar las obras más representativas de cada campo.

Aproximadamente la mitad de los habitantes del valle son monjes lamas, que residen en el enorme palacio-lamasería (que muchos comparan con el Potala de Lasha) dedicados a la meditación, a crear mandalas, y otras formas de arte religioso, y a profundizar en los secretos místicos del universo. Cualquiera de ellos puede convertirse en lama si lo desea, muchos lo hacen a una edad avanzada tras una vida de trabajo, pero muchos otros viven y mueren como simples campesinos o artesanos. Se cree que el líder de esta comunidad, y única autoridad del valle, el Gran Lama, como el Dalai Lama o el Panchen Lama, es un tulku, es ser iluminado reencarnado para ayudar a guiar a otros hacia la iluminación.

El resto de habitantes trabaja como artesanos y campesinos con una economía muy simple, no utilizan moneda y el bien de la comunidad determina la distribución de bienes. A lo largo de los siglos la ciudad ha acumulado, en forma de donaciones normalmente, grandes tesoros en joyas y oro que, sin valor para los habitantes de la ciudad, a menudo resulta útil para conseguir bienes del exterior.

Shambhala y su Gran lama son también el centro y corazón de la Logia Blanca, una dispersa organización dedicada a luchar contra los servidores de la enemiga ciudad de Agharta. Los agentes de la Logia Blanca trabajan de forma sutil en diversos lugares del globo, la mayoría reuniendo información y ayudando al prójimo. Aunque, en general, las enseñanzas de Shambhala reprueban la violencia en demasiadas ocasiones la lucha contra la oscuridad debe realizarse con sus mismas armas. Tal podría ser el caso del justiciero conocido como La Sombra, que según algunos sería uno de estos agentes de la Logia Blanca. Agharta (también Agartha, Agarthi,…)

El reverso oscuro de Shambhala es la ciudad subterránea de Agharta. Rene Guenon afirma que el nombre significa en Sanscrito “región sagrada”. La gente de la esta ciudad, se ha mantenido mucho más cerrada a los humanos del exterior, a los que desprecian. Los rasgos serpentiformes heredados de los habitantes no humanos de Mu, algunos incluso poseen piel escamosa u ojos con pupila vertical, pero se les distingue claramente de los hombres serpiente “puros”.

Se dividen en castas estrictamente cerradas, determinadas por el nacimiento y la herencia, en que la más elevada, los Lamas Negros o goros, gobiernan de forma absoluta y despótica sobre las demás. En la posición más alta se sienta el inmortal Rey de Agharta, que a menudo se da a si mismo el título de Rey del Mundo y en ocasiones recibe el nombre de Yue-Laou (“el anciano de la Luz de la Luna”). Al menos un texto identifica, o al menos relaciona, al Rey de Agharta con el Indescriptible Gran Sacerdote, que mora en Leng y por tanto con entidades completamente inhumanas.

En el nivel más bajo de esa estructura social se encuentran los dropas: esclavos, achaparrados y deformes, con inteligencias limitadas (especialmente en el terreno de la creatividad) pero fuerza y tenacidad sorprendentes. Estos dropas hacen los trabajos más extenuantes pero menos complicados, incluyendo el mantenimiento de grandes máquinas, cuya comprensión se les escapa totalmente. Algunos goros deploran la dependencia de esta casta inferior y temen que si estos se rebelaran y dejaran de trabajar la ciudad podría derrumbarse, ya que la proporción numérica entre unos y otros es cada vez más favorable a los esclavos. Algunos creen que estos dropas están relacionados remotamente con el pueblo Tcho-Tcho, con los que comparten ciertos rasgos, aunque otros afirman que son productos de experimentos por parte de los Lamas Negros. Otras grafías utilizadas son: drop-ka, dzopa

Los Lamas Negros utilizan tratamientos alquímico-médicos, muy agresivos, para asegurarse unas vidas de siglos, pero con terribles costes en dolor y sufrimiento. Según envejecen adquieren un aspecto apergaminado y reseco, acentuando los rasgos monstruosos que muchos poseen, tornándose parecidos a momias vivientes. Por eso cuando aparecen ante gentes del mundo exterior los goros suelen hacerlo velados y ocultos en sus amplias túnicas negras, con altos sombreros cilíndricos.
La barrera entre la magia y la tecnología es difusas en Agharta, por ejemplo poseen grandes máquinas que proporcionan calor, iluminación y protección a la ciudad, pero su funcionamiento se basa en principios que un investigador occidental calificaría, fácilmente, de sobrenaturales. Estas máquinas son capaces de realizar cambios fundamentales en la materia, transformando un elemento en otro o alterando completamente sus propiedades. De la misma forma pueden modificar organismos vivios, incluyendo virus y bacterias que utilizan para crear plagas con las que azotar el mundo exterior. Sin embargo muchos de los conocimientos antiguos se han perdido y muchas máquinas siguen funcionando sin que nadie entienda completamente los principios que manejan.

Aunque es difícil afirmarlo con total seguridad, es posible que los Lamas Negros de Agharta sean los Maestros Desconocidos de la organización criminal conocida como Si-Fan, y que también sean ellos los no menos misteriosos líderes (“inmortales que viven en las montañas de China”) del culto de Cthulhu. Lo que es innegable que sus agentes se han encontrado infiltrados en muchas organizaciones criminales y junto a los señores de la guerra más ambiciosos de Oriente a lo largo de los siglos.

Una leyenda conocida entre las tribus de Mongolia dice que fueron ellos, por ejemplo, los que forjaron la mítica espada de Gengis Khan (que según otra leyenda reaparecerá para unir a los pueblos de oriente de nuevo) y quienes alimentaron su ambición que le llevó a convertirse en el mayor Conquistador de oriente. Otros creen que aún guardan la corona del Khan, testimonio del pacto de este con los Dioses Exteriores.

Han sido diversos los intentos de hacerse con los secretos de Agharta. El infame Doctor Nikola consiguió llegar hasta la misma ciudad en busca de sus secretos pero fue expulsado sin haber conseguido hacerse con ellos y ganándose el odio eterno de diversas sociedades secretas orientales.

Localización e hipótesis.

La localización exacta de ambas ciudades es un tema que ha dado lugar a controversias profundas.

Una tradición tibetana dice que Agharta se encuentra al sur de Lasha mientras que Shambhala se encuentra al norte. A mediados del siglo XVII, los sacerdotes portugueses Estevâo Cacella y Joâo Cabral, los primeros occidentales que nos dan noticia de la existencia de la ciudad que transcriben como Xembhala, también sitúan la ciudad hacia el norte del Tibet.

El ocultista francés Alexandre Saint-Yves d’Alveydre afirmaba haber entrado en contacto telepático con enviados de Agharta, ciudad que situaba en una serie de cavernas bajo el Himalaya. En sus libros ayudó a popularizar esta noción en occidente, así como la de que era la sede de un gobierno sinárquico secreto del mundo. En época más reciente el viajero ruso Ferdinand Ossendowsky dice haber oído historias sobre una entrada a Agarthi (sic.) en la región del lago Nogan Kul, en Mongolia. Otras fuentes sitúan una u otra de las ciudades en puntos dispersos del desierto del Gobi, la región del Altai o los montes Tien Shan.

Un puñado de autores modernos han defendido que ambas ciudades se encuentran en realidad en la proximidad de la zonas ártica o antártica. Por otro lado, y especialmente en el caso de Agharta, son muchos los que sitúan la ciudad en el supuesto interior de un modelo de Tierra Hueca y por tanto accesible desde túneles situados en lugares muy remotos entre sí.

Es posible incluso que Shambhala y Agharta, como algunos sospechan, no sean lugares físicos situados plenamente en nuestro mundo. Se encontraría en planos diferentes, como la Tierra del Sueño, lo bastante cercanos como para poder llegar a ellos por medios físicos (en circunstancias muy concretas). Por ello sería posible llegar a ellas desde caminos muy distintos, incluso que un mismo acceso llevase en determinados momentos a una u otra de las ciudades ya que la ruta física es sólo parte del camino. Otra posibilidad intrigante, defendida en privado por un físico y místico que no ha querido que divulguemos aquí su nombre, afirma que ambas ciudades son en realidad versiones divergentes de un mismo lugar, un paralelo retorcido una de la otra que provienen de universos diferentes y que sólo raramente pueden interactuar con nuestro mundo.

Shambhala, Agharta y la política ;

Durante los años 30 el mito y la leyenda de Shambhala/Agharta estaba muy vivo y tuvo incluso sus manifestaciones en el terreno de la política; normalmente vinculado con la promesa de controlar el corazón de Asia, una zona considerada de fenomenal interés estratégico para el control del mundo.

Parte de esta popularidad fue la interpretación por la Teosofía de estas leyendas. Madame Blavatsky se refería a menudo a sus Maestros Secretos y a la Logia Blanca como inspiradora de este movimiento. En textos de otros autores posteriores a 1900, se afirma que este lugar es la residencia de Sanat Kumara un “ser avanzado” (en otros términos, quizás, un dios) que gobierna la Tierra y a la humanidad y, además, dirige de la Gran Logia Blanca, por tanto fuente de la teosofía. Sanat Kumara aparece originalmente en las escrituras jainistas y en algunos textos hinduistas y en sanscrito su nombre quiere decir “eterna juventud”. Según textos teosóficos posteriores se trataría de uno de los Señores del Fuego, que habrían descendido desde Venus para ayudar a los habitantes de la tierra hace millones de años.

Otro factor de popularidad, al menos en Estados Unidos, fue la aparición de la novela Lost Horizon, un éxito de ventas que fue adaptado al cine y que convirtió Shangri-La en un lugar común de la cultura popular.

El Panchem Lama, el principal rival por el poder del Dalai Lama en el Tibet, se proclamaba a sí mismo heredero del reino de Shambhala (o Agartha) y afirmaba contar con profecías que hablaban de la formación de un gigantesco imperio pan-budista gobernado por él, desde Mongolia al Tibet, con la ayuda de este reino secreto. Algunos investigadores han apuntado a las profecías sobre el futuro imperio asiatico de Tsan-Chan (que algunos han traducido como “Cruel Brujería”) que “florecerá en el año 5000 de nuestra era”. Otros sin embargo lo relacionan con el imperio Han que según algunos futurólogos y profetas dominará el mundo en torno al 2419 A.D.

Nicolas Roerich, un polémico pintor y místico ruso-americano, llevó a cabo varias expediciones al Asia Central, con la intención declarada de encontrar este reino místico benigno. Para ello contó, sorprendentemente, con el apoyo de influyentes personalidades tanto en Estados Unidos, incluyendo el ministro de agricultura y futuro vicepresidente Henry A. Wallace, como en la Union Sovietica.

Los bolcheviques, continuando una tendencia ya iniciada por los zares, alimentó durante un tiempo esas creencias apocalípticas, para su beneficio, en la zona centroasiatica como forma de anular o redirigir movimientos nacionalistas. Algunas fuentes aseguran que el criptógrafo y alto cargo de la policía secreta Gleb Bokii llegó a organizar su propia búsqueda de Shambhala (aparentemente sin éxito) utilizando agentes de origen centroasiatico, camuflados como peregrinos budistas, para introducirse en el cerrado Tibet.

Pero en general el mito del Rey del Mundo oculto en Agharta/Shambhala fue más popular entre los círculos de extrema derecha y los cenáculos ocultistas relacionados. Repetidamente se le confiere a la figura el papel de guardián de una tradición esotérica antimoderna y, por ello, antidemocrática. La visión de una sociedad de castas en que el conflicto entre clases sociales, y por tanto el peligro del comunismo, es frenado por enseñanzas místicas que predican un principio de sumisión y aceptación del karma parecían fascinar a muchos fascistas, nacional socialistas y “revolucionarios de derechas” del mundo en los años 20-30.

La creencia de algunos nazis, entre ellos principalmente el Reichführer-SS Himmler, en supuestos reinos y secretos “arios” perdidos en la zona tiene una profunda conexión con las leyendas sobre Shambhala/Agharta. Diversos libros sobre nazismo esotérico afirman que en 1926 enviados de la Sociedad Tule lograron forjar un pacto con el rey de Agharta. Según estos un “lama” de alto rango, y varios acólitos menores, fueron enviado a Berlín para colaborar con la Sociedad. Allí este individuo, conocido solamente como “El Hombre de los Guantes Verdes”, utilizó sus capacidades para ayudar al meteórico ascenso de un oscuro partido político extremista, estrechamente vinculado a la Tule: el partido Nazi. La expedición de la SS en 1938 al Tibet se percibe entonces, entre otros motivos, como una forma de afianzar estos contactos. Las mismas fuentes también cuentan que, acaba ya la guerra, se encontró en un campo de concentración alemán (difieren sobre en cual) los cadáveres ejecutados de un grupo de lo que parecían tibetanos, a veces añaden el detalla de que parecían estar en posiciones propias de un ritual, que podrían corresponder a esta camarilla de acolitos. No sabemos, de ser así, que motivó la pérdida de confianza del régimen en estos “asesores” y su reclusión en un campo.

Pero fueron los japoneses quien más utilizaron el mito del “Rey del Mundo” en su campaña propagandística en Asia, presentándose como el ejército salvador destinado a unir a los budistas de Asia y librarlos del dominio de los “bárbaros” extranjeros, europeos y norteamericanos. Diversos agentes de la Sociedad del Dragón Negro estuvieron activos en el área durante los años 30: está documentado, por ejemplo, como en 1939 se envió a un agente al Tibet, Jinzô Nomoto, que durante año y medio recogió información y estableció contactos en la región. No hay que olvidar que, de forma contradictoria, hay autores que afirman que la misma Sociedad del Dragón Negro, y su antecesora el Océano Negro, no era más que una fachada de otra sociedad mucho más antigua, los Dragones Verdes, dirigidos precisamente desde Agharta (sobre este tema profundizaré en una entrada futura)Aunque su existencia es considerada un mito por la mayoría de académicos, cualquier indicio de que no es así sería de gran interés para cualquier universidad que se precie y posiblemente movilizaría a los servicios secretos de medio mundo.

Publicado por planetaenigmatico

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SHANGRI-LA O SHAMBALLA, EL PARAISO PERDIDO DE LOS MAESTROS ESPIIRITUALES

entranda shambala
SHANGRI-LA O SHAMBALLA, EL PARAISO PERDIDO DE LOS MAESTROS ESPIIRITUALES
David Wallenchinsky (**) e Irving Vallace
Editado por Mistery Planet y The People's Almanac

Entre los antiguos mitos budistas figura un paraíso perdido, conocido como Chang Shambhala, la fuente de la sabiduría eterna donde vivían seres inmortales en armonía perfecta con la naturaleza y el universo. En la India, oculto entre los Himalayas, se llama Kalapa, mientras que la tradición china lo ubica en los montes Kun Lun. Asimismo, en la antigua Rusia se hablaba de la legendaria Bielovodye, la Tierra de las Aguas Blancas, donde vivían santos ermitaños de inmensa sabiduría. James Hilton, en su novela Horizontes Perdidos, recreó el mito y lo llamó Shangri-La.

El Hinduismo, el Shamanismo y el Budismo, todos ellos conservan tradiciones que postulan a Shamballa como la fuente misma de su religión. Por miles de años se han escuchado relatos acerca de algún lugar más allá del Tibet, entre los majestuosos picos y apartados valles del Asia central, que persiste como un paraíso inaccesible, un oasis de sabiduría universal y paz, llamado Shamballa.

H. P. Blavatsky fue la primer ocultista occidental que escribió sobre la existencia de aquel santuario del Asia Central, al que llamó mítica Shamballah. Dijo que era una ciudad etérica en el Desierto de Gobi que servía de cuartel invisible a los Mahatmas, la Gran Fraternidad de Maestros Espirituales que trabajan detrás de la escena, guiando y protegiendo a la humanidad.

También sabemos que, en los años treinta, Nicholas Roerich, el artista e instructor espiritual ruso, pasó muchos años en expedición por aquella parte del globo, en busca de Shamballa y su Sabiduría. Por las mismas fechas, también se conocía a Shamballa por el nombre de Shangri-la, así mencionada por James Hilton en Horizontes Perdidos (1933). Tanto en la novela, como en el film que le siguió, esta tierra fue retratada como un centro de felicidad, propósito y eterna juventud.
EL SHANGRI-LA DE JAMES HILTON

Como esos espejismos que en el desierto siempre están unos pasos delante pero el viajero sediento nunca alcanza, Shangri-La es un mundo escondido al cual parece imposible acceder. La antigua creencia budista dice así: Para llegar, no es preciso contar con un mapa o guías avezados, sólo es necesario estar preparado íntimamente. Entonces, lo inefable aparecerá ante la vista en todo su esplendor. ¿Es Shangri-La el paraíso perdido donde habitan hombres perfectos, la Kalapa de los hindúes? ¿Es el valle oculto de Kun Lun donde, según los chinos, viven seres inmortales? ¿Es la Tierra de las Aguas Blancas, la Bielovodye rusa, aquella de los santos ermitaños de gran sabiduría? ¿O es Chang Shambhala, el lugar sagrado de los budistas donde se encuentra la fuente de la eterna sabiduría? Es todos y no es ninguno. Como los espejismos, está y no está. Sólo espera al peregrino de corazón límpido y espíritu abierto para ofrendarle sus misterios.

En su novela Horizontes Perdidos, el escritor inglés James Hilton construyó un mundo ideal, al que llamó Shangri-La (un nombre de su invención convertido al poco tiempo en sinónimo de lugar edénico). Estaba poblado por un grupo de elegidos provenientes de distintas partes del mundo y eran gobernados por un Dalai Lama muy especial: el misionero católico Francois Perrault, de la orden de los Capuchinos, que había arribado al Tíbet en 1734 y seguía vivo hacia 1930, fecha en que transcurre la mayor parte de la novela. Hugh Conway, joven cónsul inglés en la India, llega con otros tres británicos hasta este oculto valle tibetano después de un accidentado viaje en avión.

Cuando Conway vio Shangri-La, se enfrentó con una extraña y casi irreal aparición: un grupo de coloridos pabellones se agrupaban en la ladera de la montaña. Era soberbio y exquisito. Una contenida emoción llevaba la mirada desde los leves techos azules hasta la tremenda mole gris de la roca. Más allá, lo rodeaban los picos y pendientes nevados del Karakal.

En el antiguo monasterio budista, Conway y sus compañeros de viaje encuentran un lugar donde la reducida comunidad de lamas intenta conservar los tesoros de la civilización, amenazados por la violencia de una época en que el hombre, al regocijarse con la técnica del homicidio derramará una rabia tan ardiente sobre el mundo que toda cosa preciosa estará en peligro. El mundo que acababa de salir de la Primera Guerra Mundial y advertía la cercanía de nuevas tragedias que se trasluce en las páginas de Horizontes Perdidos, donde el idílico universo tibetano que construye Hilton no es una promesa de futuro, un rescate del pasado ideal, del paraíso perdido por la civilización de la máquina.

Cuando Hilton ubicó a su mítica Shangri-La en el Tíbet, los lectores occidentales de su novela fueron fascinados por ese mundo misterioso que desde antiguo había atrapado el interés de misiones y expedicionarios. Desde los principios del siglo XVI, los jesuitas intentaron llegar a esas altas mesetas cercanas del Himalaya donde se creía existía una antigua comunidad de primitivos cristianos.

Cuando finalmente el padre Antonio de Andrade logró atravesar mil obstáculos y acceder al prohibido reino de Guge, se encontró con los lamas, monjes budistas de muy extrañas y crueles costumbres: entre ellas, el asesinato deliberado de numerosos campesinos elegidos al azar, ceremonia que se cumplía una vez por año y mediante la cual los muertos alcanzaban la eterna felicidad. Asimismo, sorprendió a los misioneros europeos el hábito de los lamas de adornar sus vestidos con huesos humanos. A lo largo de los siglos siguientes, los jesuitas enviaron numerosas misiones al Tíbet para ser finalmente reemplazados, según orden papal, por la orden de los Capuchinos.

A principios del siglo XX, la escritora francesa Alexandra David-Néel, gran conocedora de la religión budista, recorrió caminos escarpados y enfrentó lluvia, barro, nieve, granizo y la hostilidad de tibetanos, chinos e ingleses hasta llegar a las lamaserías. Libros suyos como Magia y misterio en el Tíbet contribuyeron a alimentar en Occidente la imagen legendaria de un país inaccesible y misterioso. A través de sus obras se difundió la capacidad de los monjes tibetanos para entrar en profundos trances, levitar y dominar las sensaciones corporales, como también la creencia de que podían predecir el porvenir, virtudes que Hilton atribuye a los lamas de Shangri-La.

En uno de sus relatos, David-Néel describe cómo un lama se eleva en el aire en forma que parecía sobrenatural: Pude ver su rostro impasible, perfectamente tranquilo, con los ojos abiertos y la mirada fija en algún lugar muy elevado. El hombre no corría, parecía elevarse del suelo y avanzaba a saltos. Sus pasos tenían la regularidad de un péndulo.
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Entre los antiguos mitos budistas figura un paraíso perdido, conocido como Chang Shambhala, la fuente de la sabiduría eterna donde vivían seres inmortales en armonía perfecta con la naturaleza y el universo. En la India, ese lugar maravilloso perdido en el Himalaya se llama Kalapa, mientras la tradición china lo ubica en los montes Kun Lun. Asimismo, en la antigua Rusia -donde no había llegado la creencia budista pero se alimentaba de leyendas orientales llevadas allí por las invasiones tártaras- se hablaba de la legendaria Bielovodye, la Tierra de las Aguas Blancas, donde vivían santos ermitaños de inmensa sabiduría.
tibet shambala
La existencia de túneles bajo el palacio de Potala en Lhasa se entreteje con otro mito tibetano cultivado por escritores europeos. En su novela Shambhala, el espiritista ruso Nikolai Roerich habla de Agharti (deformación de Agharta, nombre del paraíso subterráneo budista) como del lugar donde estaba Chang Shambhala, sede del rey del mundo. Según Roerich, Agharti estaba relacionado con todos los continentes por medio de pasadizos secretos.

Shangri-La es tan enigmático y evasivo como el mismo Tíbet, donde lo ubicó el novelista James Hilton. En el valle de la Luna Azul está el mítico reino intemporal de hombres sapientes y longevos. Un lugar en donde se contempla la salida del Sol mientras que los hombres del mundo exterior sólo oyen la alarma del reloj que los reclama para sus urgentes obligaciones.

LA LEYENDA DE SHAMBALA**

Shambala no existe en el mundo físico. Existe en un realismo místico donde uno estudia con el maestro espiritual, quien se ha desarrollado del plano físico Tierra. Es un lugar donde uno puede aprender tales conocimientos del espíritu, con la unidad del universo. He visitado Shambala y he estudiado con estos maestros en su visión remota. Me parecen Orientales. Siempre parecen estar ocupados en sus estudios.

Shambala, conocido como el Reino Oculto, es conocido en el Tibet como una comunidad donde seres perfectos y semiperfectos viven y están guiando la evolución del ser humano. Shambala es considerado la fuente del Kalachakra, que es la mayor y mas esotérica rama del misticismo Tibetano.

El buda predico las enseñanzas del Kalachakra a un conjunto de hombre Santos en el sur de la India. Mas tarde, las enseñanzas permanecieron ocultas durante 1000 años hasta que un escolar hindú fue en busca de Shambala y se inicio en las enseñanzas de un hombre Santo que conoció a lo largo del camino.

El Kalachakra permanecio en la India hasta que emprendió su camino al Tibet en el 1026. desde entonces el concepto de Shambala ha sido ampliamente conocido en el Tibet, y los tibetanos han estado estudiando el kalachakra durante los últimos 900 años, aprendiendo su ciencia, practicando su meditación y usando su sistema de astrología para guiar sus vidas. Como un Tibetano ha preguntado ¿como pudo Shambala ser la fuente de algo que ha afectado a tantas áreas de la vida Tibetana durante tanto tiempo y aun no existe?

Los textos religiosos Tibetanos describen la naturaleza física del terreno místico con detalle. Se pensaba que parecía como un loto de 8 pétalos porque esta hecho de 8 regiones, cada una rodeada por un anillo de montañas. En el centro del anillo mas interno esta Kalapa la capital, y el palacio Kingos, que esta compuesto de oro, diamantes, coral y gemas preciosas. La capital esta rodeada de montañas hechas de hielo, que lucen con una luz cristalina.

La tecnología de Shambala se supone altamente avanzada; el palacio contiene claraboyas especiales hechas de lentes que sirven como telescopios de alta potencia para estudiar la vida extraterrestre, y durante cientos de años los habitantes de Shambala han estado usando coches y aviones que circulan a través de un sistema de túneles subterráneos. De camino a la luz, los habitantes de Shambala adquieren tales potenciales de clarividencia, la habilidad de moverse a grandes velocidades y la habilidad de materializarse y desaparecer

Señales extrañas en el área donde parece ser Shambala, aportan la evidencia de su existencia. Los Tibetanos creen que el terreno esta guardado por seres con poderes sobrehumanos. A principios de los años 1900, un articulo en un periódico hindú, el Statesman, hablo de un comandante Británico que acampando en el Himalaya vio un hombre muy alto, vestido de claro, con pelo largo.

Aparentemente, sintiéndose observado, el hombre salto en la ladera vertical y desapareció. Para asombro del comandante, los Tibetanos con quienes estaba acampado, no mostraron sorpresa con esta historia; explicaron al comandante que había visto uno de los hombres que cuidan de la tierra sagrada.

Un relato mas detallado de estos guardianes de nieve fue dado por Alexandra David-Neel, una exploradora que estuvo 14 años en el Tibet. Mientras viajaba a través del Himalaya vio a un hombre moviéndose con una extraordinaria velocidad y lo describió como sigue: Pude ver claramente su cara impasiva perfectamente en calma y grandes ojos abiertos con su mirada fija en un objeto distante invisible, situado en algún lugar en el espacio, el hombre no corrió, parecía vivir el mismo del suelo, procedía a saltos. Parecía como si hubiese sido dotado de la elasticidad de una pelota y rebotaba cada vez que sus pies tocaban el suelo: Sus pasos tenían la regularidad de un péndulo.

Mientras que la gente (especialmente los lamas Tibetanos) han estado buscando Shambala durante siglos, aquellos que vieron el reino a menudo nunca volvieron, porque han encontrado el país oculto y han permanecido allí o porque han sido destruidos en el intento. Los textos Tibetanos conteniendo lo que parecen sus hechos históricos acerca de Shambala, tales como los nombres y fechas de sus reyes y registros de los acontecimientos correspondientes, ocurridos en el mundo exterior, dieron a los Tibetanos la razón adicional para creer que el reino existe.

shangrila cecilia todd.04 05.mandala kalachakra
Los recientes acontecimientos que parecen corresponder a las predicciones del reino mítico, añaden fuerza a su creencia. La desintegración del Budismo en el Tibet y el crecimiento del materialismo en el mundo, emparejado con las guerras y disturbios del siglo XX, todos se ajustan a la profecía de Shambala

Leyenda

Shambala es el lugar donde el Rey Sucandra, que vino del Norte de Kashmir, aporto y desarrollo la practica de Kalachakra, después de haber recibido su poder y enseñanza en Dhanyakataka. Shambala solo puede ser recibido respetuosamente por seres con mente pura y contactos Karmicos.

Profecía de Shambala

La profecía de Shambala establece que cada uno de sus reyes reinaran durante 100 años, habrá 32, y cuando pase su reinado las condiciones en el mundo exterior se deterioraran, los hombres se volverán mas bélicos y perseguirán el poder para su propio bien y una ideología de materialismo se extenderá en la tierra.

Cuando los bárbaros, quienes siguen esta ideología estén unidos bajo un rey perverso y crean que no hay nada mas por conquistar, los místicos surgirán para revelar las montañas de hielo de Shambala. Los bárbaros atacaran Shambala con una armada enorme, equipadas con armas terribles.

Entonces el 32º Rey de Shambala, Rudra Cakrin inducirá a un extraño contra los invasores. En una ultima gran batalla, el rey perverso y sus seguidores serán destruidos. El Buda profetizo que todos los que recibieron el poder de Kalachakra volverían a renacer en su mandala.

Kalachakra Mandalla-Rueda del Tiempo

El exterior significa relaciones con el universo y todas las ciencias tradicionales tales como la astronomía, astrología, matemáticas, medicina... El interior significa relaciones con el cuerpo humano, su estructura interna y energías sutiles, cuyo desarrollo se debe al yoga y tantras. El significado del secreto se refiere al ciclo completo del estudio y practica de la meditación tantrica sobre Kalachakra y sus mandalas.

El Kalachakra Tantra es visto como la esencia y el corazón de Vajrayana. El primer rey de Shambala, Sucandra, una emanación de Vajrayana, recurrió a Buda Sakyamuni para dar lecciones acerca de Kalachakra. En el día de la luna llena del tercer mes, en la estepa de Dhanyakataka, en el sur de la India, antes de una reunión de innumerables Budas bodhisattvas, Dakas, Dakinis, Dioses, magos y yakshas, el Buda se manifestó en forma de Kalachakra, trasmitió el completo poder y dio enseñanzas sobre este tantra, que pertenece a la clase mas profunda del tantra.

Cuando volvió a Shambala, el rey Sucandra construyó un mandala tridimensional de Kalachakra, se absorbió el mismo en la practica y dio la trasmisión de todo el ciclo a los habitantes del Reino de Shambala

http://www.espinoso.org/biblioteca/shangrilashamballa.htm