jueves, 4 de octubre de 2012

TAMAS, RAJAS Y SATTWA:

El tiempo no existía porque dormía dentro de la inefable e indiferenciada Duración, donde el silencio y la entonación, la aurora y la sombra eran solo un sueño, como también lo eran las formas y los sucesivos estados de consciencia...
Del Noúmeno emergió los siete, el sonido, la luz, la electricidad, el magnetismo, la cohesión, el calor y el movimiento.

Cunde la Vibración y con el Mantram Creador aparece el punto como Conciencia que determina con su resplandor el infinito Espacio iluminado, el círculo divino, el anillo no se pase…
Fohat, el Espíritu universal de acción continúa, de poder eléctrico y vital cava sus Hoyos en el “Vacio”; la vida entra en actividad y se expande en el Cosmos.
Un virtual polaridad emerge, se generan modificaciones, el ritmo aparece, la fuerzas parecen fluctuar entre lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño, el equilibrio perfecto se mantiene pero es difícil de ser distinguido desde un perspectiva dual, la radiación en forma de electromagnetismo se expande teniendo como en su centro o vértice esencial la gravedad, la ecuanimidad es la constante del armonía Cósmica, la multiplicidad crece, los lazos se forjan, las relaciones florencen, los elementos se unen, el impulso primigenio se traslada de un lugar a otro desde la más excelsa de las galaxias hasta el más pequeño de los átomos químicos. La Madre extiende su brazos, los “tres Gunas”, cualidades o características de la Naturaleza aparecen y con ello Todos los Planos y Sistemas…
La Luz perfecta en su concepción promovió en su exteriorización una aparente dualidad; lo masculino y femenino, la idea y sustancia, los pares opuestos afloran y complementan, y por intersección de Fohat se entremezclan para dar génesis a los tres posibles estadios o expresiones de la fuerza; inercia, acción y equilibrio.
Se insufla energía, la materia primigenia abandona su quietud, para virtualmente diferenciarse en la conjugación de la infinita diversidad de las partículas...
El Espacio Latente se vuelve Potencial y los tres “Gunas ” -RAJAS, TAMAS Y SATTWA- parecen recubrir lo Infinito bajo la forma de estructura efímera y cambiante denominada Manifestación. Un sin número se generan conformando la multitud de elementos, objetos, cuerpos, planos, Mundos, Galaxias y Universos. Las Tres Potestades gobiernan el Cosmos…
Rajas, es la actividad que impulsa y organiza dinámicamente la evolución y la complejidad de la Vida. Tamas , es el estabilizador, el que limita el espacio y establece el campo de acción. Sattwa, es el armonizador, el eleva y nivela hacia arriba, complementa y equilibra. Los Tres, el triunvirato de fuerzas o estadios que predominan en la Creación...
Como dice el Maestro K.P. Kumar : La Manifestación es un juego entre la Conciencia y la Naturaleza, los pensamientos ocurren sobre la base de la combinación de las tres cualidades básicas en nosotros, que son el equilibrio , el dinamismo y la inercia. Si observamos impersonalmente, poco a poco podemos permanecer fuera de esa combinación de cualidades.

Cuando la inercia que es estancamiento, repetición o movimiento circular reina en la mente humana la apatía gobierna el corazón y el individuo pasa a ser víctima de las circunstancias. Cuando se permanece preso de este “guna” el arte de vivir se acota a la monotonía; los hábitos, las ideas fijas se imponen y la conducta se caracteriza por mecánicas reacciones, especie de actos parciales, irreflexivos, toscos y reiterativos.
Todo pasa a ser un sucio y lento acomodamiento de la existencia a las inciertas situaciones del devenir…
El hombre queda preso de las circunstancias y el destino en los casos en que predomina esta cualidad de la materia se vuelve determinante.
Generalmente puede caerse en cuadros de depresión o tristeza en las ocasiones en la inercia se impone.
Cuando el hombre es impulsado sólo por un estímulo previo, es decir, cuando hay movilidad únicamente como consecuencia de la presión, reside en él, entonces, tanto oscuridad como contrariedad.
Mientras el desempeño sea el resultado de la externa inducción la respuesta vendrá del depósito del pasado, que es la memoria, y que por más rica, variada o incluso útil que puede parecer en ciertos casos al ser por su propia naturaleza la continuidad del ayer, el fruto del tiempo tanto personal como racial, cualquier acto será entonces, algo de segunda mano. En tanto “el modus operanti” de la consciencia se sustente en las creencias, dogmas y conceptos preconcebidos, la percepción directa y viva “de lo que es” permanecerá velada…
Al quedarse acotado por los puntos de vista que desde lejanos tiempos se transfiere la vitalidad incorruptible del ahora no puede captarse y el campo de visión disminuye.
Mientras el pasado no sea transmutado en cualidad, mientras se continúe con los vicios del pensamiento, y por ende predomine la reticencia a los cambios y la consecuente poca adaptabilidad; la desdicha se convertirá en una constante en la vida.
Las grabaciones que en el subconsciente se ostenten, cuan programación de automática ejecución, trae como consecuencia la repetición de los mismos modos y circunstancias. En tanto se le dé asiduidad a las tendencias y modos que desde pretéritos épocas se arrastren, y se persiste sosteniendo con rigurosa rigidez las creencias y supersticiones, se perpetuará lo conocido, es decir, la dualidad de placer y dolor permanecerá siendo el común denominador en el diario existir... Cuando la inercia domina en la mente, el miedo, la evasión, la cristalización y el aislamiento son características sobresalientes del comportamiento...
En las ocasiones en que Tamas reina en la conciencia del Hombre, la interna contradicción y el desorden rigen, hay incoherencia, se dice una cosa pero se hace otra, se vive reiterando siempre los mismos errores, reviviendo las cosas del ayer, reaccionando de igual manera y poniéndole viejos nombres e etiquetas a la frescura de cada momento. Mientras la inercia gobierne la rutina se impondrá con sus estructuras, viejas interpretaciones y formulismos; y lo que a cada instante es vivo, novedoso y único pasará desadvertido.
La energía y el inmenso potencial creador del aquí y ahora se opaca en tanto la obscuridad de Tamas domina en la psiquis…
Cuando el ser humano se encuentra fuertemente influenciado por este estadio de la fuerza, la existencia se hace aburrida, pesada, tradicionalista, monótona y sin muchos incentivos que induzcan al descubrimiento, la innovación, la expansión y el aprendizaje.
Generalmente aquel que se deja caer en la inercia propia de la materia o lo que es lo mismo permite que el efecto de la gravedad lo condicione, se vuelve adicto a las mismas sensaciones; estrecho, temeroso, dependiente, irresponsable y estúpidamente cómodo.
Una mente que da vueltas en círculo es una mente pequeña, sin brillo y sin creatividad. Una persona acotada en cuanto a su amplitud de criterio se refiere es generalmente una persona intolerante, fuertemente dogmática y criticona; es una persona perturbada y condenada por su evidente falta de amor y comprensión a probar los amargos frutos que de la inercia germinan…
Hay una relación estrecha entre Tamas, las condiciones psíquicas que prevalecen con esta modalidad y el condiciónate Karma. Mientas domine la inercia no habrá predisposición para la toma de decisiones propias, ni capacidad para elevarse sobre las mares emocionales de las masas. En Tamas lo que se hace , se realiza sin consciencia.
Cuando la inacción se debe al incumplimiento del deber y la responsabilidad (se convierte este acto en lo que la ortodoxia religiosa describe como pecado de omisión) el sufrimiento florece. Cuando domina la pereza, la desidia, la dejadez, el desgano; la mente y el cuerpo se vuelven pesados y las compromisos, o no se asumen, o se los realiza de mala gana y no como es requerido…

En cuanto a Rajas se refiere, este estadio de la materia o fuerza de la Naturaleza es actividad, dinamismo y continuo movimiento. Actividad que cuando no es equilibrada por el desapasionamiento trae impaciencia, apresuramiento, agitación, ansiedad; frecuentes errores y la consecuente desdicha...
Rajas es acción sin Dharma, sin congruencia con la Ley…
Se podría decir que el impulso vital que induce a la acción, por lo menos desde una primera aproximación, es el deseo. Es decir sin deseo, o mejor dicho sin voluntad, porque ésta no solo incluye el brío emocional sino sobre todo el direccionamiento y la determinación de la mente, no hay acto posible y todo queda en la inercia. No es viable llevar nada a cabo sin que exista previamente esa ardiente aspiración que empuja a la actividad, a la empresa...
Como se comprenderá este empuje es una fuerza constitucional del Cosmos y la dinámica natural que subyace en toda la vida y la estimula a la evolución. Es en si el anhelo que busca crecer y desarrollarse, y promueve la expansión del reino en un movimiento elíptico siempre ascendente.
No obstante, a pesar que esta característica de la fuerza es la propulsora del proceso evolutivo, es correcto tener en cuenta para evitar posibles pesadumbres que cuando el sentimiento motor es en su raíz egoísta, el acto pertinente traerá como consecuencia inevitablemente conflicto.
Si el suceso se origina por móviles personales, el apego al fruto de la acción será fuerte, y por lo tanto el condicionamiento también predominará.
Cuando la pasión gobierna la mente y la exaltación Rajásica sobrepasa al equilibrado y rítmico fluir y refluir de la existencia, la ignorancia nubla el recto pensar, se ensalza la codicia, la percepción clara y completa se desvirtúa y la existencia se vuelve una infinita rueda de insatisfacciones
Sin embargo, es importante tener muy presente que la actividad es superior a la inercia y que en líneas generales es mejor hacer e involucrarse que apartarse y ser indiferente, ya que de no haber movimiento ni el propio cuerpo podría ser mantenido y solventado.

La observación de las características o modalidades que se pudieran ostentar en el diario vivir, sin que medie en ello preocupaciones ni ningún tipo de auto-incriminación, es de por si mismo un cambio, una nueva y revolucionaria manera de proceder. Cuando se práctica la atención ecuánime la polarización mental prevalece.
Podemos percatarnos que en tanto la acción, en cuanto a su origen se refiere, emerja desde el miedo -y cuando hay sensación de carencia necesariamente hay algún tipo de temor- el acto será incompleto y limitado. Advirtamos al respecto que el mero hecho de pensar que puede darse algo que no se quiere, o que lo que se anhela puede que no se consiga, ocasiona algún grado de temor y por lo tanto de interna carencia...
Mientras la acción tenga como sustrato el miedo, y básicamente estamos llenos de toda clase de miedos tanto a nivel consciente como inconsciente, el hecho más que una expresión creativa, natural y espontánea, será en realidad la formalización o proyección de una psiquis ensombrecida; una extensión del pasado, de la tradición y una afirmación más de las propias restricciones autoimpuestas. Es cuando la aprensión o el dese se vuelven el motor impulsor, que los viejos patrones encuentran reivindicación y que la mecánica reaccionaria se hace rutina…
Lo único que puede venir del temor- que es la consecuencia de la aversión y el apego- son limitaciones y dependencias, y por consiguiente, el caer y recrear cíclicamente las mismas circunstancias. Mientras la causal psicológica sea solventada en la dualidad (placer- sufrimiento) se seguirá experimentado y recreando los caducos esquemas de escape, rechazo, evasión o mitigación del dolor, y por lo tanto, se continuará repitiendo antiguos patrones de comportamientos; cuyos más comunes expresiones cuando la característica rajásica se impone son los intentos de ejercer dominio sobre los demás, la subestimación, la ceguera, la sobreexcitación o hiperactividad.
Si la acción es el fruto del miedo, más que acción es repetición y por ende indolencia a la verdadera Transformación. El reiterar lo mismo de siempre- en vez de ser un movimiento en espiral- es otra forma de caer en la modalidad (Guna) de la cristalización y la apatía…
La actividad pasional conlleva a desbordes frecuentes, tensión, presión, desgaste y a la dependencia de los resultados, todos características promotoras de infelicidad.
En tanto el acto siga siendo como el descrito, el comportamiento será el de costumbre, la rutina mental predominará y el hombre yacerá - aunque externamente parezca activo y dinámico- preso de la inercia o lo que es lo mismo la actividad rutinaria, y en la psiquis preponderará la consiguiente reticencia al cambio

Cuando se mora en la armonía de la divina equidad entre la inercia y la agitación –SATWA-, se habita en el silencio del SER a igual distancia de los extremos, lejos de los pares opuestos en donde subsiste la confrontación y el dolor.
La dualidad de la manifestación, encuentra su equilibrio, en la luz del discernimiento espiritual que trazando la diagonal sobre el cuadrado de la personalidad construye con maestría el ecuánime doble triangulo - estrella de David- símbolo representativo de la triada superior e inferior en amistosa relación. Es, en tiempo y espacio, a través del camino del justo medio que el hombre podrá ir superando de manera gradual los diversos niveles de integración que la vida le ha preparado en su derrotero evolutivo hasta finalmente llegar a trascender toda aparente separatividad y descubrirse a Sí Mismo como lo que en verdad siempre ha sido, es y será; El Uno; Inmutable, Eterno, Omnipresente e Infinito…
Mientras exista ecuanimidad en el corazón habrá también, a pesar de las cambiantes y continuas fluctuaciones del contexto, sosiego, conciliación y fraternidad en la vida. De aquí la invalorable importancia del diario alineamiento y del momentun de equidad que a través de esta práctica puede irse acumulando.
Cuando la divina indiferencia - en donde no existe preferencia ni identificación con la parte- prevalece el desequilibrio desaparece y la habilidad en la acción se hace evidente. Es la paciencia- ciencia de la paz- la fuerza del alma y la cualidad que se debe desenvolver para gobernar la inequidad del humano comportamiento.
Sin embargo, aun en este punto hay que permanecer muy atento. Para verificar desde donde uno esta actuando es realmente importante preguntarse de donde emerge el deseo por hallar la tan anhelada paz. Se debe aprender a distinguir si la aspiración por el sereno camino del medio surge de lo profundo de un corazón servicial o es el fruto del “yo personal” que piensa siempre en si mismo y no tiene en cuanta a lo que le sucede a los demás.
En tanto el ansia de eliminar la aflicción provenga desde la personalidad, aunque válido en un comienzo, si después este impulso inicial no llega a reajustarse internamente de manera que pueda ampliarse el propio horizonte para tener en cuenta las necesidades de los demás, las sutilezas de los imperceptibles velos de la ignorancia desde otra forma seguirán prevaleciendo.
Es necesario darse cuenta que cuando la pretensión emerge del mecanismo del pequeño ego (que está moderado por los estándares socioculturales, la época, grupo de pertenecía, etc.) cualquier fruto que pueda dar, por benéfico que parezca, será solo temporal…
La liberación de la apatía y la codicia es el resultado de la imparcialidad, de la inclusividad, de la voluntad al bien; cuestión que inevitablemente es la consecuencia del genuino contacto con el Alma y de la ecuánime Visión que ello conlleva…
Cuando la fuerza creadora emana de un corazón desinteresado la acción nace cargada de energía, en la pureza del presente y desde un sentimiento impersonal, unitivo y filantrópico.

En la inacción psicológica también puede haber intensa actividad y revolución interna. En la observación profunda en la que no hay distracción ni evasión, en el silencio mental, en la quietud viva de la serena expectación, la idea y el acto están a un mismo nivel. Cuando no se impone la especulación mental se vuelve viable la íntima renovación y el descubrimiento de uno mismo…
El observar ecuánimemente como surgen y desaparecen de la relación mente –materia el continuo fluir y refluir de sensaciones, sin que medie movimiento mental alguno, es decir, sin que condicione el deseo que conlleva al apago o la aversión, es de por si un suceso revolucionario e intensamente transmutador en si mismo.

En el caso en que la consciencia se vuelve Tamásica predomina la dejadez, el aislamiento, la flojera, la queja, la victimización, el auto-boicot, el desinterés, el estancamiento, la timidez, la evasión, la obstinación y la frialdad. Cuando la inercia prepondera no se estima lo que se tiene ni se ostenta visión de futuro; el sometimiento hecha raíces, la vibración se densifica, la luz se ensombrece, el movimiento se hace pesado, reiterativo y circular; prevalece la reticencia al cambio, el rechazo a lo diferente y el temor a lo nuevo se convierten en una costumbre más o menos evidente. Los viejos modos y tendencias se hacen cada vez más rígidos y condicionantes, aparecen o se refuerzan las cristalizaciones psicológicas que no en pocas ocasiones se transforman en patologías. Se es dogmático, estructurado y se cae en la sumisión del estatu-cuo. Se actúa con fastidio, apatía, adormecimiento, poca inventiva, dependencia y de manera reaccionaria; la inteligencia en general se hace elemental, predomina la miopía de los puntos de vista, la incapacidad de asimilar lo novedoso y de comprender lo distinto; la ignorancia es fuerte, el aprendizaje se hace lento, rudimentario; los errores se tornan comunes y redundantes, y normalmente no se aprende de ellos... Esta modalidad de la naturaleza se halla estrechamente asociada al plano físico, a la materia y al pasado.

Si Rajas prevalece, la pasión gobierna, actividad se exacerba, el bullicio impera, los deseos se multiplican, se pierde el dominio y el control de si mismo; habitualmente se sobrevalora los logros materiales o intelectuales, no se disfruta de lo que se tiene ni se le da importancia al momento presente; la ansiedad y la arrogancia crecen junto con la duda, la rebeldía, la voracidad, la lucha y el nerviosismo. El estrés aparece, la visión se nubla por el apresuramiento y la incomprensión; la desmedida competencia, la manipulación, la violencia y el despotismo pueden llegar a gobernar la conducta. No en pocas ocasiones se fortalecen ciertos aires de superioridad, orgullo, soberbia y/o pedante autosuficiencia.
Cuando la acción se descontrola los sensorial gobiernan por sobre el sentido común, el pensamiento se torna inquisidor y las sensaciones tiranizan la mente. Se cae preso de las pasiones y la sensualidad, y la energía se malgasta en la satisfacción superficial, personal o egoísta.
En el caso en que el vehemente proceder se impone en la consciencia la codicia aparece, el fanatismo se generaliza, las preocupaciones se reproducen y el temor de que no se cumplan los deseos expande sus sombras induciendo a que la tensión y el conflicto, tanto interno como externo, empiecen a incrementarse…
Dentro del contexto evolutivo del hombre dicha cualidad se vincula especialmente con el cuerpo de Astral o emocional y la mente inferior- Kamasica-

Cuando la equidad emerge se realiza lo que se debe, de la manera correcta, en el momento justo, en el lugar adecuado, sin dependencias de los resultados y sin producir Karma condicionante.
Si Satwa brilla en la consciencia del Hombre el contentamiento reina, la sensatez dirige la acción, se construyen y fortalecen las rectas relaciones para con toda la vida; se aprecia el silencio, el compromiso y la coherencia naturalmente se expresan; hay simultaneidad de idea y acto; se conoce el valor inestimable de la paciencia, el autodominio y la serenidad. Se eleva la perspectiva; hay claridad mental, pureza de motivo, percepción plena, inteligencia constructiva, y se desenvuelva la virtud. En Sattwa brilla la luz del discernimiento espiritual, prevalece la belleza, la tolerancia, la comprensión, el amor compasivo, la adaptabilidad al continuo cambio, la alegría como actitud en vida y la benevolencia. Si hay verdadera equilibrio espontáneamente nace la serenidad, la simpleza y la humildad; la actividad acontece sin resistencias, se tiene visión del plan, natural entrega al servicio y sacrificio en pos del correcto propósito sin apego al resultado de la acción.
La conciencia de hermandad que subyace en toda la creación como una inviolable Ley se revela sin engaños al que con ecuánime dignidad todo lo observa...
Mientras perdure la interna armonía habrá invocación y evocación de las energías sutiles, progreso en la evolución y profunda apreciación de las lecciones que la vida a cada instante brinda.
La atención enfocada en “lo que es “, el estado alerta y vital, la serena expectación, la claridad; son todas manifestaciones de la integridad, de la unidad con la verdadera naturaleza (sattva) de la Conciencia. Está en la cualidad inherente de sattva reconciliar y neutralizar tamas- obscuridad- y rajas- agitación- y reconstruir el instrumento-la personalidad- de acuerdo con la Realidad Superior del Sí mismo- del Ser que se ES (del YO SOY)...

La exageración de Rajas o el excesivo relajo de Tamas son usuales causales de desdicha y de toda clase de padecimiento, uno conduce inevitablemente al otro y los dos son la misma energía expresándose en diferente frecuencia vibratoria. Aunque con asiduidad prevalece un aspecto sobre el otro, ambos se manifiestan en la existencia del hombre promedio, y ambas modalidades también comparten características en común...
A pesar que, en tiempo y espacio, usual y sucesivamente se va alternando entre los opuesto de inercia e hiperactividad; subsiste dentro del marco normal del proceso evolutivo un natural impulso, que de forma gradual va conduciendo al ser humano de Tamas a Rajas, para luego de muchos nacimientos y renacimientos, llevarlo a encontrarse a si mismo en la elevada inmutabilidad de Sattwa, y así conseguir trascender las limitaciones del triángulo inferior o los tres mundos. Es de esta manera como el bloque de hielo de la personalidad se disuelve en el infinito océano de la Existencia; y el yo soy se fusiona en Aquello.
En realidad nosotros no existimos, solo Aquello existe como YO SOY… Reflexionemos sobre ello…

Podemos advertir, dado que la energía sigue al pensamiento y determina la calidad de las fuerzas que influencian y acaban constituyendo las particulares que adopta la materia, que en función de la calidad de ideas o los estados de consciencia que se ostente, se constituirá no solo los caracteres psíquicos sino también los físicos.
Sin que lo expuesto sea motivo de discriminación y/o auto-conmiseración, podemos decir que:
Tamas modera cuerpos más del tipo rígido, pesado, soñoliento, débil, lento en reflejos, con pocos rangos de movimientos y estéticamente desequilibrados.
Rajas influye para la constitución de organismos hiper-quinéticos, de formas algo angulares y rústicas, y que en general suelen ser más delgados, enérgicos y fuertes que los de características Tamásicas.
Satwa esculpe estructuras armoniosas, flexibles, vitales, bellas y sutiles.
La influencia de Tamas puede traer aparejada la aparición de ciertas anomalías, como Alzheimer, debilitamiento muscular, calambres, temblores, degeneración en los huesos y endurecimiento de articulaciones, estreñimiento, colon irritable, entre otras. En general tiende a predominar las enfermedades crónicas.
Rajas suele ocasionar inflamaciones, fiebre, dificultades estomacales, ulceras, hemorroides, arritmias, hipertensión y demás dolencias cardiacas.
Cuando Satwa reina las fuerzas se estabilizan, los centros etéricos se equilibran, la energía fluye libremente por todo el organismo y la salud, tanto física y psíquica, se ordena...
Debe conocerse que en función a la calidad de alimentos o sustancias que se incorporen cotidianamente, tendrá que ser entonces, las cualidades que la mente y el cuerpo se verán inducidos a desarrollar.
De características Tamásicas son el alcohol, el tabaco, la carne, las comidas rancias, fermentadas o en mal estado.
Aquellas demasiado condimentadas, sean muy saldas, picantes, amargas o acidas; como así también el café y el té, son de tipo más Rajasicas.
Las verduras, hortalizas y frutas- especialmente las que crecen por encima de la superficie- al igual que el agua de manantial, la leche cuando es pura, y los zumos, son todos Sátwicos.
Advirtamos estas cosas, reflexionemos inteligentemente sobre nuestras conductas y costumbre, y veamos- si es que lo considéranos necesario- que tipo de ajuste debemos realizar...

El triunvirato de cualidades de la naturaleza encuentra su correspondencia en los tres canales etéricos de la columna vertebral- Ida, Pingala, y Sushuma.
En la medida en que las fuerzas enfrentadas se subliman en la armonía del camino del medio, los fuego vitales ascienden desde la raíz del cuerpo, los centros energéticos se organizan y transmutan constituyéndose en Lotos de luz que se van desplegándose en belleza y re direccionando- los inferiores hacia arriba donde están ubicados lo que se hallan por encima del plexo solar- y así se va ganado en consciencia de Unidad…

En resumen Tamas es indiferencia, indulgencia y reticencia; Rajas, ambición, egocentrismo y apasionamiento; Sattwa interna austeridad, bondad y equilibrio.
En Tamas la vibración se hace lenta y se fortalecen las viejas tendencias. En Rajas el ritmo (que es orden) se altera y el caos se impone por desborde. En Satwa, la buena voluntad, la sabiduría, el amor, la belleza, la verdad, la paz y la libertad- las siete cualidades de la Deidad o aspectos psicológicos del Logos- se vuelven una realidad asequible...

El camino del justo medio es el filo de la navaja por el cual con facilidad el neófito puede desbarrancar. El sendero que se sitúa a igual distancia de los pares opuestos es el de la actividad sin excesos y sostenimiento sin apegos, es el de la acción en la inacción y el de la inacción en la acción.
La Seidad es la síntesis que trasciende a la la triple actividad de dinamismo, inercia y equilibrio…

Desde la triplicidad- personalidad, Alma y Espíritu-, podemos identificar respectivamente a Tamas con movimiento circular de la materia o fuego por fricción-, a Rajas con el segundo, el Fuego Solar –fuego de la Conciencia.- con su dinámica en espiral ascendente y a Sattwa con el tercero, el fuego Eléctrico, el Rayo o la Mónada. No obstante, tengamos presente que normalmente desde una perspectiva superior y más profunda las cosas varían en cuanto a su apreciación e incluso en ocasiones parece que se intercambian y contradicen.

Tomemos la figura de una rueda para utilizarla como ejemplo de lo que queremos decir. Imagínenos que esta rueda es la entera Manifestación con todos sus planos y dimensiones. La parte circular que gira por el suelo simboliza la modalidad de Rajas, el movimiento continuo que caracteriza a la Vida Una en el sendero infinito de la Constante evolución. Los rayos que unen la periferia con el centro son Sattwa , el sendero de justicia que conduce desde lo periférico o superfluo hacia el centro corazón, y el dinámico equilibrio a partir del cual las energías en rítmicos ciclos de precisión matemática determinan las características del pulsar armonioso de la vida.
El centro de la rueda, el eje principal de toda la estructura que constituyendo la base del movimiento, sin embargo no se ve afectado por él, es el abismo insondable desde donde Todo emanó. El punto virtualmente inmóvil de la rueda- Tamas- es el símbolo de la atemporalidad, de la Vacuidad, de la inmutabilidad eterna e inefable en la que la vibración no existe, la sustancia y el espíritu yacen juntos; y la materia, la fuerza y la conciencia aguardan en potencia para una próxima y más excelsa creación…

Por la cualidad de Rajas, actividad o dinamismo el Uno- El Ser- produce el Cosmos con todos sus detalles; causa su conciencia en cada uno por virtud de su naturaleza Sattwa (equilibrio), y al final del tiempo una vez más absorbe la totalidad dentro de Sí mismo- por el poder de su naturaleza interna, inerte o Tamásica.
En el centro presidiendo el triángulo equilátero de las Potencia –Voluntad, Amor y Actividad Inteligente- y su contrapartes en la Naturaleza- Rajas, Satwa y Tamas- persiste el YO SOY como punto omnipresente en toda la Creación. Po fuera, y abarcándolo Todo, trascendiendo y permaneciendo inmutable solo existe Aquello…

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