lunes, 22 de octubre de 2012

Nuestro Organismo y las Fuerzas Astrales.

En el instante mismo en que el seno materno se rasga y viene al Mundo un Ser Humano, córtese el cordón umbilical mediante el cual se había nutrido hasta ese preciso momento. Rápidamente las fuerzas astrales lo invaden y lo envuelven, ofreciéndole ese sello personal, único, característico que forma al individuo y que conserva ya por toda su vida terrena.

Ese sello especialísimo que le imprimen las constelaciones bajo cuya influencia ha nacido, es el que permite más tarde, retornando a esa misma situación planetaria, formar su Horóscopo.

En los primeros días del nacimiento, se opera una intensa revolución en el interior del pequeño organismo, donde luchan por acomodarse diferentes elementos, y esta lucha tenaz va dejándose traslucir en los colores de las Rosas o Chacras cuyo procedimiento biológico es muy interesante para ser observado por un Vidente… Acomodadas ya las fuerzas de estos elementos, y hallándose en marcha hacia su desarrollo este mismo organismo, se puede hacer un análisis alquimista capilar –tal como se ha descripto en nuestra revista- a los siete años de edad, y de este resultado se obtendrán deducciones sorprendentes y dignas de estudio que vienen a corroborar de manera inequívoca la segura influencia de los Planetas. Como existe, indudablemente, una conexión o cierta analogía maravillosa ente el reino animal y el vegetal, demostrada ya con el fenómeno de la pantogamia, no hay más que tomar el jugo selectivo de ciertas Plantas, por igual procedimiento que tenían los antiguos alquimistas Rosa Cruces, y exponerlo a la impresión astral, en donde podrá advertirse de manera clara y precisa, ese notable parecido o analogía.

Por ejemplo: si una persona, dentro de su aspecto astrológico, se encuentra bien influida por el Sol, Marte y Saturno, procedemos a hacer una solución que contenga Oro, Hierro y Plomo, que son los metales que a ellos corresponden, respectivamente. A esta solución hemos de añadir una gota de sangre del individuo y otra de jugo de Plantas relacionadas con dichos astros, como son el Fresno, el Roble y el Pino. Todo preparado, no hay más que verificar nuestra experiencia con el papel de Filtro y aguardar el cuadro sintético que nos ofrezca.

Terminada la experiencia, observamos por el dibujo que en la sangre falta Plomo, es decir, que la atracción de Saturno no es lo suficientemente pronunciada, lo cual se ha traducido en un malestar del pulmón. En este caso, hemos de ayudar a dicho organismo con un extracto de Pino que alquímicamente se haya obtenido en horas armoniosas con Saturno, para conseguir que el enfermo mejore y aun sane de su dolencia, cuya evolución la irá ofreciendo el cuadro sobre el papel de Filtro a medida que, a su vez, se vaya tronando armónico.

Tenemos, pues, de este modo, un sistema completamente nuevo para diagnosticar y curar.

Pero a todo esto se nos podrá objetar que sería mucho más fácil llevar esos metales directamente a la sangre por inyecciones intravenosas, tal como lo hace la Medicina corriente con el Oro, el Bismuto y el Mercurio en los casos de sífilis. Nosotros responderíamos que jamás los Rosa Cruces procedieron de tal manera, por cuanto el metal bruto no puede ser asimilable mientras no sea fisiológico – podría decirse -, porque ya ha sido absorbido o asimilado por otro organismo distinto.

Sobre este punto, recordamos una experiencia que hace muchos años realizamos en México.

Se sabe que el Hierro, considerado como Medicamento, es de lo más útil que pueda hallarse para combatir la anemia. De ahí que los médicos traten de suministrar en cada preparado de este metal, pero sin tener en cuenta que el resultado es nulo o de mínimos efectos a consecuencia de la forma en que se recetan dichos productos. Esto me hace afirmar, que cuando un enfermo mejora con esta medicación, mejora indudablemente a pesar de ella…

Sin embargo es forzoso suministrar hierro…

Si para conseguir esto fuera factible dar al paciente una libra de clavos, es seguro que habría de expelerlos del mismo modo que los ingirió sin que la sangre percibiera apenas, ligeros residuos de sus componentes. No obstante – como nos sucedió en México – podemos hacer la siguiente experiencia: Tomamos de una fragua, por ejemplo, virutas de hierro, las depositamos en agua y una vez que esta agua la consideramos bien impregnada del expresado metal, arrojamos en ella granos de trigo o de maíz. Estos granos, después de absorber el líquido conductor del hierro, lo ofrecemos de alimento a las gallinas las que a su vez, asimilando esta substancia ferruginosa en la albúmina, han de producir unos huevos hermosos de yema casi roja. Cuando esto se logre generalizar – pues sólo nosotros lo tenemos hecho como experimento aislado – tenemos ya el Hierro Fisiológico que dado así a los enfermos, lo aprovechan en su mayor intensidad, logrando una firme y segura mejoría.

Esto mismo lo efectúa la Naturaleza con las plantas… Ellas absorben los metales del suelo donde germinan asimilándolos en forma de sales que emulsionan con sus esperma o semen, y si luego nosotros ingerimos infusiones de esas Plantas, venimos a recibir y a similar a la vez los mismos metales que ellas absorbieron y que ya nos proporcionan en estado fisiológico.

Para ello basta analizar cada Planta por medio de la Química. Conociendo los componentes de aquellas que más nos interesan, es bien fácil aplicarlas luego con un cierto positivo resultado. A veces suministramos la misma medicina que lo haría la medicina corriente con su sistema alopático, pero nunca en la forma material que ella emplea, es decir, tal como ofrece sus productos la farmacia. Nosotros, cuando conocemos que un enfermo necesita yodo por el mal funcionamiento, por ejemplo, de la glándula tiroides, se lo damos en esta forma fisiológica por medio de un alimento cualquiera que previamente nos sea conocido como tal portador de yodo.

La Naturaleza es bien sabia realmente y tiene leyes fundamentales a las que todo debe ser sometido. Sin embargo, hay plantas malas, perversas y dañinas que, viniendo de otros astros, hicieron traición esquivando la Ley y entonces fueron arrojadas al mar para su purificación, donde germinan impregnadas de Oro y Yodo. Tomadas luego, resultan ser un gran alimento curativo como sucede a la Planta Marina de Chile denominada Cuchayuyo.

En algunos casos logramos idénticos resultados y hacemos cambiar por completo el cuadro morboso, con Acacia y extracto de Rosas cuya eficacia es indudable en ciertos enfermos en los que produce sorprendendes resultados.

Nuestra vida, nuestra naturaleza, pugna constantemente por la armonía en justo equilibrio para que todas las fuerzas en nosotros, cumplan su sagrada misión y como la enfermedad es un producto de la desarmonía o discordancia que provocan esas mismas fuerzas cuando les falta su necesario ajuste o sincronismo, no hay más que lograr de nuevo el perdido equilibrio, utilizando simplemente los medios más inofensivos, pero más eficaces y provechosos.


He aquí cómo las fuerzas astrales que nos invaden al nacer, pueden ofrecernos en todo instante, por esa analogía maravillosa entre el reino animal y el vegetal, los medios necesarios para que nuestro organismo se mantenga en equidad forzosa y guarde una constante nivelación de fuerzas, que es la salud, tan deseada para nuestro desenvolvimiento en la vida. Porque, cuidar de nuestra vida y prolongarla, es rendir culto a Dios, es adorarle en mitad de la Naturaleza infinita, ya que ello hacemos una justa defensa de sus Leyes y Mandamientos.


KRUMM HELLER.

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