miércoles, 1 de febrero de 2017

SIMBOLOGÍA TEMPLARIA EL ESTANDARTE TEMPLARIO




SIMBOLOGÍA TEMPLARIA
EL ESTANDARTE TEMPLARIO

Dr. Carlos Juncal Mir

Mis Queridos Hermanos; en más de una ocasión me han realizado preguntas sobre temas relacionados con la Orden del Templo y siempre les he señalado que dentro de nuestro grupo hay hermanos que dominan mucho mejor que yo la temática templaria y que por esa razón me dedico más a la parte de las religiones, pero hoy vamos a hacer una excepción y charlaremos sobre la simbología templaria.
EL ESTANDARTE TEMPLARIO
Para entender un poco mejor la simbología de las banderas, escudos, estandartes, etc., debemos situarnos en el momento histórico de los acontecimientos. Se nos hace imperioso recordar que durante los siglos X, XI y XII, y ni que hablar en siglos anteriores, la inmensa mayoría de personas no sabían ni leer ni escribir y salvo la comunicación oral lo que más utilizaban era la comunicación simbólica o pictórica. Sólo un reducido número de personas, monjes, algunos sacerdotes, pocos nobles, tenían la capacidad de la comunicación escrita, eran sociedades “ágrafas”. Es a causa de ello que el uso de símbolos, iconos, esculturas, pinturas, petroglifos, etc., era indispensable para poder comunicar al conjunto de la sociedad el mensaje del poder y su significado (1).
Los juglares fueron una verdadera fuente de información y comunicación para los pobladores de la edad media.
La Orden del Temple, no fue ajena a tal realidad, sus seguidores no eran ilustrados en el arte de la lectura y la escritura – salvo excepciones – por lo tanto debió, a través de la simbología, por ejemplo en sus construcciones; con marcas de cantería repartidas por un sinfín de lugares, sus pinturas y frescos; y en su lenguaje militar hermético, pero ordenado debían transmitir a sus seguidores, enemigos o lugareños su mensaje.
Para esa época el lenguaje de los símbolos – un lenguaje interpretativo – debía de ser sencillo y fácil de asimilar y recordar, piensen que muchas veces iba en ello la vida o la muerte de las personas.
Imagínense Uds. en medio del fragor de la batalla, cegado por los reflejos del sol en las armas y armaduras, medio obnubilado por el olor a sangre, el polvo y la angustia y no saber o no recordar o no distinguir cuál es el blasón de su bando por no recordar los colores del mismo o confundirlo. Imagínense por unos momentos la desesperación. La existencia se nos volvería ciertamente caótica y es muy probable que huyésemos despavoridos para cualquier lado tratando de salvar nuestra pobre vida. Por ello los símbolos que utilizaban los templarios tenían determinadas características como para poder ser conocidos, reconocidos y diferenciarse de otros grupos fácilmente. Asumamos que por aquel entonces, saber identificar, tanto en tiempos de guerra como de paz hacia dónde acudir era una cuestión ciertamente de vida o muerte.
EL BEAUSEANT O ESTANDARTE.
El estandarte del Temple, también llamado “Beauseant” (Bien Sentado), era “mitad plata, mitad sable”, es decir, blanco y negro, con lo que recordaba los colores de sus escuadrones: estos estaban compuestos por caballeros (cota de armas y manto blancos), y escuderos (cota de armas y manto negros).
El nombre de “beauseant” (beau: bien, bello, y seant: que sienta bien) le había sido aplicado como mote por los Hospitalarios y Teutónicos, a causa de la disposición de sus dos colores, y quizás también por celos de los Templarios, ya que estos eran los únicos a los que se le permitía llevar la Cruz Roja de las Cruzadas sobre su manto, privilegio que les había sido concedido por el papa Eugenio III, a petición de Bernardo de Claraval (2).
Su uso era ya absolutamente común en las prácticas heráldicas de esa época, el siglo XII. Ha sido identificado como un símbolo dual del día y la noche, del verano y el invierno o de la sombra y la luz, buscando en esos dos colores un significado que por otra parte es más que obvio. Así, a veces el beauseant se presentaba con las bandas blanca y negra en forma horizontal, otras veces en vertical e incluso en algunas ocasiones en forma de damero o ajedrezado, con una cruz roja en el centro; en determinadas circunstancias se incluía una oración o una divisa.
Pero no es sino hasta la segunda mitad del siglo XIII en la que los blasones de la Orden aparecen de una forma definitiva. En un libro publicado en América consigna en un estudio sobre los blasones y escudos de armas antiguos franceses en los que se refiere al Pendón de la Orden en los siguientes términos:
“El Pendón del Temple, de plata con el jefe en negro, y una cruz roja”
El significado de esta composición es el siguiente:
•La plata significa el color Blanco. El blanco simboliza la Pureza y la Benevolencia.
•El sable corresponde al Negro. El negro que anuncia terribles guerreros para sus enemigos.
•El gueules corresponde al color Rojo.
En 1254, Mathieu París describe los blasones de los personajes más importantes que asisten al banquete ofrecido por Enrique III de Inglaterra a Luis IX el Templario más antiguo de París.
El blasón de la Orden del Temple se describe:
“D’argent au chef de sable, à une croix de gueules passant”
“De plata con el jefe en negro” (De plata, con la parte superior en negro), que significa: “Terrible para los Infieles, seguro para los Cristianos”.
El símbolo encierra resonancias psicológicas profundas; contiene un potencial de significados. Es como si una energía se oculta en aquellas formas simbólicas que, como la cruz Paté, comunicaba su significado también en acciones. Ese símbolo es una figura que a decir de Joan Costa, “es una figura de gran fuerza psicológica y como signo tiene una gran fuerza visual”. Escudos, banderas, vestiduras y armaduras fueron elementos de identidad no solo de una época, sino de los guerreros en batallas.
Los dos colores, el blanco y el negro, tradicionalmente atribuidos a los contrarios, son también los colores del noviciado y la maestría; entre los templarios, los sargentos vestían de negro para representar el trabajo que tenían que hacer con sus vicios, por el contrario, los caballeros vestían el blanco demostrando lo que habían logrado con las virtudes.
Blanco y negro se han convertido en los colores de la “tensión”, de la “fuerza”, de la “energía”, de la oposición, en definitiva, los generadores de una reacción. Son el previo de una síntesis, la antesala de un resultado: el color rojo.
Así como el blanco y el negro dividen en dos partes bien diferenciadas los estadios del caballero, o sea, el referente a su cuerpo y el referente su alma, así como el referente a sus obligaciones con el mundo y el referente con su Dios, el rojo viene a representar lo más inmediato y próximo a su vida, es decir, la sangre, el espíritu que los anima.
El blanco y el negro son los dos colores opuestos que representan los dos principios contrarios conjugados y unidos en armonía; el blanco es el símbolo de la pureza y la castidad y el negro de la fuerza y el valor.
El beauseant o estandarte constituía la enseña templaria en el combate y se convertía en la referencia para que los caballeros lucharan agrupados. Su custodia estaba encomendada al senescal de la Orden y era portado por un confaloniero que debía de custodiarlo con su propia vida. Por si era capturado, llevaban otro plegado y preparado para ser izado en cualquier momento. Si también caía, los templarios debían acudir entonces a agruparse bajo el estandarte rojo con la cruz blanca de los hospitalarios.
Mis Queridos Hermanos mis conocimientos han dado los lineamientos generales, es ahora el tiempo de Uds. para que, con sus conocimientos, realicen los aportes y logren darle al tema el relieve que el mismo se merece.
Desde mi teclado en Ciudad de la Costa (Uruguay) un T.´.A.´.T.´.
Dr. Carlos Luis Juncal Mir MD - MT
NOTAS DE APOYO:
(1) Durante la Edad Media la mayor parte de la población permaneció analfabeta y prácticamente aislada de la cultura letrada de su tiempo, sólo reciben educación los miembros del clero, los cuales tienen acceso tanto a lo religioso como a los demás conocimientos culturales. La mayoría de los miembros de la nobleza reciben casi exclusivamente educación militar con el fin de participar en torneos y en actividades guerreras.
Por lo general la población es analfabeta.
El papel didáctico de los clérigos era entonces inmenso; no sólo enseñaban al pueblo la doctrina revelada, sino también la historia y las leyendas.
En la Edad Media la gente se instruía escuchando.
La posibilidad de acceder a la cultura, era prácticamente total entre los nobles y el clero. Si bien, un sector, cada vez más amplio, accedió a la alfabetización y a ciertos aspectos del mundo docto. Este es el caso de los comerciantes y los artesanos, cuya labor profesional requirió que aprendieran a leer y escribir. Las ciudades ofrecían unas oportunidades educativas, que en ningún caso se daban en el campo, ya que en ellas era más frecuente la existencia y el mantenimiento de escuelas, así como la presencia de centros universitarios en algunos casos.
Solo a partir del Renacimiento y especialmente después de la Rev. Francesa y de los movimientos culturales de los siglos XVI y XVIII la cultura o sea leer y escribir y tener acceso a la educación formal, se hace más popular y al alcance de mayor cantidad de población.
(2) Eugenio III Papa N º 167 de la Iglesia católica de 1145 a 1153. Luego de haber sido elegido papa, y debido al enfrentamiento, iniciado por su antecesor, con el Senado romano que le exigía la renuncia al poder temporal, se vio obligado a abandonar Roma para instalarse en Viterbo ciudad en la que en 1145, se reúne con Arnaldo de Brescia llegando a un precario acuerdo por el que se mantiene el Senado pero reconociendo la superioridad pontificia, lo que permite el regreso de Eugenio a la Ciudad Eterna.
El acuerdo se rompe de inmediato y el papa se ve obligado, en 1146, a abandonar nuevamente Roma y exiliarse en Francia desde ahí organiza la Segunda Cruzada. Ordenando su predicación a su maestro Bernardo de Claraval que logró el apoyo del rey francés Luis VII y del emperador germano Conrado III.
El 24 de abril de 1147, el papa, en el momento que partía la Segunda Cruzada, asistió al capítulo de la Orden del Temple, celebrado en París. Concedió a los templarios el derecho a llevar permanentemente la Cruz paté roja sobre su hombro izquierdo.

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