domingo, 1 de noviembre de 2015

Krishnamurti - La ausencia de deseo - A los pies del Maestro

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Krishnamurti - La ausencia de deseo - A los pies del Maestro
AUSENCIA DE DESEO
57. Hay muchas personas para quienes la “carencia de deseos” es una cualidad difícil de
adquirir, porque sienten que sus deseos SON su ser mismo; que si los deseos que les son
peculiares, si sus agrados y desagrados fuesen eliminados, nada de sí mismo quedaría.
58. Pero éstos son solamente los que no han visto al Maestro; a la Luz de Su sacra
presencia todo deseo se extingue, excepto el de ser como El.
59. Sin embargo, antes de tener la alegría de encontrarlo frente a frente, podrás
conseguir la ausencia de deseo si así lo quieres.
60. Te ha mostrado ya el discernimiento que las cosas codiciadas por la mayoría de los
hombres, tales como las riquezas y el poder, no valen la pena de poseerlas; cuando esto se
siente de verdad y no es un simple decir, cesa todo deseo de ellas.
61. Hasta aquí todo es sencillo y sólo se requiere que tú comprendas; pero hay algunos
que abandonan los objetivos terrenales sólo con el fin de conseguir el Cielo, o de obtener la
liberación personal del renacimiento. Tú no debes caer en ese error.
62. Si por completo has olvidado el Yo personal, no es posible que te preocupe cuándo
quedará libre ese Yo, ni qué clase de Cielo obtendrá.
63. Recuerda que TODO DESEO EGOÍSTA ENCADENA, por elevado que pueda ser
su objeto, y mientras no te hayas desprendido de él no estarás enteramente libre para
dedicarte a la labor del Maestro.
64. Destruido que hayas todos los deseos relativos a la Personalidad, podrá todavía
quedarte el deseo de percibir el resultado de tu labor.
65. Al prestar ayuda a alguien querrás ver en CUANTO le has ayudado; y aun quizá
desearás que él o ella también lo reconozca y quede agradecido o agradecida. Pero esto
todavía es deseo y también falta de confianza.
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66. Cuando hagas el esfuerzo por ayudar, debe producirse un resultado, ya sea que
puedas percibirlo o no; si conoces la Ley sabes que así debe ser.
67. Por tanto, deberás hacer el bien por amor al bien y no con la esperanza de la
recompensa; deberás trabajar por amor al trabajo, no con la esperanza de percibir el resultado;
deberás dedicarte al servicio del mundo porque lo amas y porque no puedes prescindir de
ayudarlo.
68. No desees poderes psíquicos; ya vendrán cuando el Maestro juzgue que es mejor
para ti que los poseas.
69. Muchos sufrimientos derivan a veces del esfuerzo para forzar su prematuro
desarrollo; quien así los poseen es a menudo alucinado por engañosos Espíritus de la
Naturaleza, o llegan a envanecerse y piensan que no puede equivocarse; y en todo caso, el
tiempo y la energía que su adquisición requieren, podrían haberse empleado en trabajar por
los demás.
70. Tales poderes vendrán en el curso de tu desarrollo; DEBEN, sin duda, venir, si el
Maestro considera que te será útil su posesión anticipada. El te dirá cómo desarrollarlos sin
peligro. Hasta entonces, mejor estás sin ellos.
71. Guárdate asimismo de ciertos pequeños deseos que son comunes en la vida diaria.
Nunca desees figurar ni aparecer inteligente.
72. No desees hablar. Bien está hablar poco; mejor aún es callar del todo, a menos de
que estés perfectamente seguro de que lo que vas a decir es VERDADERO, BUENO y UTIL.
Antes de hablar, considera atentamente si lo que vas a decir reúne aquellos tres requisitos; si
no los tiene, guarda silencio.
73. Bueno será que te acostumbres desde ahora, a pensar cuidadosamente antes de
hablar, porque una vez alcanzada la Iniciación, deberás vigilar cada palabra a fin de que no se
te escape lo que no debe ser revelado.
74. Gran parte de la conversación usual es frívola e inútil; y si además cayere en la
murmuración, se vuelve maligna.
75. Acostúmbrate, pues, a escuchar antes que a hablar, no des tus opiniones, si no se te
piden directamente.
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76. Un enunciado de las cualidades requeridas, las presenta así: SABER, OSAR,
QUERER, CALLAR; y la última de estas cuatro es la más difícil de todas.
77. Otro deseo muy común que debes reprimir severamente, es el de inmiscuirte en los
asuntos de otros.
78. Lo que otra persona haga, diga o crea, es cosa que no te importa, y debes aprender a
dejarla completamente a su albedrío.
79. Los demás tienen pleno derecho a la libertad de pensamiento, de palabra y de acción,
mientras no intervengan en asuntos de otro.
80. Tú mismo reclamas el derecho de hacer cuanto creas justo, y debes conceder a otros
la misma libertad; y cuando hagan uso de ella no tienes derecho a criticarlos.
81. Si crees que alguien procede mal y puedes hallar la ocasión de hacerle la
observación en privado, con perfecta dulzura, por qué piensas así, es posible que lo
convenzas; pero muchos casos hay en que aun esto resultaría una intromisión indebida. Por
ningún motivo deberás tampoco ir a murmurar de ello con tercera persona, porque eso sería
una acción extremadamente malvada.
82. Si ves tratar con crueldad a un niño o un animal, es tú deber defenderlos.
83. Si observas que alguien viola las leyes del país, deberás informar a las autoridades.
84. Si se te confía el cargo de educar a una persona, será tú deber hacerle notar con
dulzura sus defectos. Exceptuando tales casos, ocúpate de tus propios asuntos y cultiva la
virtud del silencio.
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III
RECTA CONDUCTA
85. El Maestro específica así las seis Reglas de Conducta, que son especialmente
requeridas:
1. Dominio de sí por lo que atañe a la Mente.
2. Dominio de sí en la acción.
3. Tolerancia.
4. Contentamiento y alegría.
5. Finalidad única.
6. Confianza.
(Sé que a menudo algunas de estas reglas han sido denominadas de diferentes modo;
como también los nombres de las cualidades; pero en ambos casos yo he adoptado los
nombres que el Maestro se sirvió al explicármelas).
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DOMINIO DE SÍ
POR LO QUE ATAÑE
A LA MENTE
86. La cualidad de ausencia de deseo demuestra que el Cuerpo Astral debe ser
dominado, lo cual implica que deberá hacerse otro tanto con el Cuerpo Mental. Esto significa
control del carácter para no experimentar ni cólera, ni impaciencia; control de la Mente para
que tu pensamiento pueda estar siempre calmado y sereno.
87. Y mediante el Cuerpo Mental, control de tus nervios para que sean lo menos posible
susceptibles de irritación. Esto último es difícil, porque, al tratar de prepararte para el
Sendero, no puedes impedir que tu Cuerpo se vuelva más sensitivo, al grado de que sus
nervios se perturbarán fácilmente al menor ruido o choque, y se resientan agudamente a
cualquier presión; pero precisa evitarlo lo mejor que puedas.
88. La Mente tranquila implica también el valor que da ánimo para afrontar sin temor las
pruebas y dificultades del Sendero; significa además, la firmeza que permita soportar
fácilmente las molestias de la vida cotidiana y evitar la angustia incesante por cosas sin
importancia, que absorbe la mayor parte del tiempo de mucha gente.
89. El Maestro enseña que ninguna importancia tiene para el hombre lo que provenga
del exterior: Tristezas, Dificultades, Enfermedades, Pérdidas. Todas estas cosas han de ser
consideradas por él como nada, y no permitirá que perturben la calma de su Mente.
90. Estos males son el resultado de acciones anteriores y, cuando sobrevengan, deberás
soportarlos alegremente, recordando que todo mal es transitorio y que tu deber es permanecer
siempre gozoso y sereno. Tales cosas pertenecen a tus vidas pasadas, no a ésta; no puedes
alterarlas, por tanto es inútil que te aflijas.
91. Piensa más bien en lo que estás haciendo ahora y que SI PUEDES alterar, porque de
eso dependerán los acontecimientos de tu siguiente vida.
92. No cedas jamás a la tristeza ni a la depresión. La depresión es reprobable porque
contagias a los demás y les dificulta más su vida, cosa que no tienes el derecho de hacer. Por
eso, si alguna vez te invade, deséchala al punto.
93. Aún de otra manera deberás dominar tu pensamiento: no le permitas vagar. Aplica
todo tu pensar sobre cualquier cosa que hagas para que resulte perfectamente bien hecha.
94. No permitas ociosidad a tu Mente, antes bien, ten siempre en reserva buenos
pensamientos para que se presenten tan luego como aquélla quede libre.
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95. Emplea diariamente el poder de tu pensamiento en propósitos benéficos; sé una
fuerza a favor de la Evolución.
96. Piensa cada día en alguien de quien sepas que está afligido, o sufriendo, o necesitado
de ayuda; y vuelca sobre él el caudal de tu amoroso pensamiento.
97. Guárdate el orgullo porque el orgullo procede tan sólo de la ignorancia. El hombre
carente del Conocimiento se imagina que es grande, que ha llevado a cabo éstas o aquélla
gran acción.
98. El hombre sabio conoce que sólo Dios es grande y que toda buena obra es hecha tan
sólo por Dios.
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DOMINIO DE SÍ
EN LA ACCIÓN
99. Si es tu pensamiento cual debería ser, pocas dificultades tendrás al actuar. Mas no
olvides que para ser útil a la Humanidad, debe el pensamiento traducirse en obras.
100. Que no haya pereza, sino actividad constante en buenas labores. Pero debes hacer
TU PROPIO DEBER y no el de otro, a menos que lo hagas con su permiso y con la mira de
ayudarlo.
101. Deja que cada cual HAGA SU PROPIO TRABAJO a su propio modo; está siempre
dispuesto a ofrecer ayuda cuando se necesite; pero NUNCA TE ENTREMETAS.
102. Para muchas personas, la cosa más difícil del mundo es aprender a ocuparse de sus
propios asuntos; empero, esto es precisamente lo que debes hacer.
103. Por el hecho de que intentas emprender una labor más elevada, no te es lícito
descuidar tus deberes ordinarios, pues mientras éstos no estén cumplidos no quedarás libre
para otro servicio.
104. No te impongas nuevos deberes mundanos, pero desempeña a la perfección
aquéllos que ya tienes contraídos, es decir, todos los deberes evidentes y razonables que tú
mismo reconozcas, no los deberes imaginarios que otros traten de imponerte.
105. Si has de seguir al Maestro, preciso es que lleves a cabo el trabajo ordinario mejor
que los demás, no peor; porque hasta eso también debe ser hecho en Su nombre.

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