viernes, 13 de mayo de 2011

  El  Instructor  del  Mundo 
Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul




 
1. El Cristo fue el primero de nuestra humanidad terrena que alcanzó la meta de la individualización... El desarrollo de Cristo fue muy rápido, pues en la época atlante se hallaba en el Sendero de Probación. Desde el punto de vista evolutivo, el rápido desarrollo de la evolución del Cristo no ha tenido paralelo. Nunca ha sido igualado, aunque en la actualidad hay personas en nuestro planeta que han comenzado a desarrollarse ya con igual rapidez. (15‑170)
2. El primer ser humano de ese "centro que llamamos la raza de los hombres" que alcanzó la tercera iniciación fue Cristo; en esa primera gran demostración de Su etapa de realización (por intermedio de lo que entonces era un nuevo tipo de iniciación) Buda acompañó a Cristo. Buda había alcanzado la misma etapa antes de la creación de nuestra vida planetaria, pero las condiciones para recibir la tercera iniciación no estaban disponibles entonces, y Buda y Cristo recibieron juntos la iniciación. (18‑319)
3. El Instructor del Mundo es ese gran Ser que los cristianos denominan Cristo. En Oriente es conocido como el Bodhisattva y el Señor Maitreya, y por los devotos mahometanos, como el Imán Madhi. Ha presidido los desti­nos de la vida desde el año 600 a.C.; es Quien apareció entre los hombres y a Quien se espera nuevamente. Es el gran Señor de Amor y Compasión, así como su predecesor, Buda, fue el Señor de Sabiduría. (13‑462).: Reflexionen sobre Esto (Libro de Recopilación), p. 78-81 - Editorial Fundación Lucis
Es el Instructor del Mundo, el Maestro de Maestros y el Instructor de Ángeles, y se Le ha confiado la guía de los destinos espirituales de los hombres y el despertar del reconocimiento de que cada ser humano es una criatura de Dios y un hijo del Altísimo.
El Instructor del Mundo dirige esa conciencia inmanente en su aspecto vida o espíritu, tratando de energetizarla dentro de la forma, para ser ésta descartada a su debido tiempo, y el espíritu liberado volver a su origen. Desde que dejó la Tierra, como dice con relativa exactitud la Biblia (aunque con muchos errores en los detalles), siempre ha permanecido con los hijos de los hombres. Nunca nos ha abandonado, sino en apariencia, y quienes conocen el camino pueden hallarlo en cuerpo físico en los Himalayas, trabajando en íntima colaboración con Sus dos grandes Hermanos, el Manu y el Mahachohan. Diariamente imparte su bendición al mundo, y permanece todos los días bajo el gran pino de Su jardín, a la puesta del sol, con las manos en alto, bendiciendo a quienes tienen verdadera y fervorosa aspiración. Conoce a todos los buscadores, y aunque no tengan conciencia de Él, la luz que de Él afluye estimula sus deseos, fomenta la chispa de vida naciente y espolea al aspirante hasta el amanecer del gran día en que se enfrente con Aquel Que "al ser ascendido" ‑entendido esotéricamente‑ atraerá hacia Sí a todos los hombres, como Iniciador de los sagrados misterios. (1‑47/8)


El Cristo Vivo, el Resucitado, espera pacientemente el momento de su reaparición.
4. Durante dos mil años ha sido el Guía supremo de la Iglesia Invisible, la Jerarquía espiritual, compuesta de discípulos de todos los credos. Reconoce y ama a quienes no son cristianos, pero mantiene su lealtad a los Fundadores de sus respectivas religiones, Buda, Mahoma, y otros. No le interesa el credo que profesen, sino su objetivo, el amor a Dios y a la humanidad. Si los hombres buscan al Cristo que dejó a Sus discípulos hace siglos, fracasarán ay no reconocerán al Cristo que está en proceso de retornar. El Cristo no tiene barreras religiosas en Su conciencia, ni le da importancia a la religión que profesa el hombre.
El Hijo de Dios está en camino y no viene solo. Su avanzada ya se acerca y el Plan que debe cumplir ya está trazado y aclarado. Que el reconocimiento sea el objetivo. (835)
5. Es un Instructor mundial y no un instructor cristiano. El Mismo ha dicho que tenía otros rebaños, para quienes Él representa lo mismo que para el cristiano ortodoxo. Quizás su nominativo no sea Cristo, pero tal vez Lo sigan en forma tan verdadera y fiel como lo hacen sus hermanos de Oriente. (838)
6. Las iglesias han puesto el énfasis, y aún lo hacen, sobre el Cristo muerto. Los hombres han olvidado que Él vive, aunque durante la Pascua aparentan reconocer esta esperanza y creencia, debido en gran parte a que Su resurrec­ción garantiza "nuestra propia resurrección, y porque Él vive, también vivi­remos nosotros". No se le da la debida importancia a Su vivencia y a Su presencia hoy, aquí y ahora en la tierra, excepto cuando se generaliza en forma vaga y superficial. Los hombres han olvidado que el Cristo que vive con nosotros en la tierra, rodeado por Sus discípulos, los Maestros de Sabiduría, es accesible para quienes se acerca a Él en forma correcta, salvando a los hombres por la fuerza de Su ejemplo.
La futura religión mundial hará resaltar tales verdades; proclamará la vida y no la muerte; enseñará cómo se logra la realización del estado espiritual por medio de la vida espiritual, y la realidad de la existencia de quienes lo han, logrado y trabajan con el Cristo para ayudar y salvar a la humanidad. La realidad de la existencia de la Jerarquía Espiritual de nuestro planeta; la capacidad del género humano para ponerse en contacto con Sus miembros y trabajar en colaboración con Ellos, y la existencia de Aquellos que conocen cuál es la Voluntad de Dios y pueden trabajar inteligentemente con Ella, ‑ tales las verdades sobre las cuales se basará la futura enseñanza espiritual. (7‑151/2)
7. En el futuro, los ojos de la humanidad estarán puestos sobre Cristo y no sobre las instituciones creadas por los hombres, como la Iglesia y sus digna­tarios; Cristo será visto tal como es en realidad, actuando por medio de Sus discípulos, los Maestros de Sabiduría y de Sus seguidores (raras veces reconocidos), los cuales se afanan anónimamente detrás de los asuntos mundiales. Su campo de actividad será el corazón humano y los lugares populosos del mundo, no algún templo de piedra, ni la pompa y ceremonia de una sede eclesiástica. (8‑61)
8. Ningún hombre se ha salvado por la teología, sino únicamente por el Cristo viviente y por la consciente convicción de que el Cristo mora en cada corazón humano. (7-140)
9. El hombre individual y su alma también están tratando de unirse, y cuando esta unión se realice el Cristo nacerá en la caverna del corazón y se verá como se acrecienta Su poder en la vida diaria. (14‑231)
10. A medida que el hombre va purificando su personalidad y poniéndola al servicio de la voluntad espiritual, elevando automáticamente las energías de los dos centros del cuerpo al centro entre las cejas. Oportunamente se acrecienta y amplía la influencia de los dos centros, hasta que los campos magnéticos o vibratorios, hacen contacto entre sí, y aparece instantáneamente la luz. Padre‑espíritu y madre‑materia se unen y unifican, y el Cristo nace. "A no ser que el hombre vuelva a nacer no podrá ver el reino de Dios", dijo el Cristo. Tal el segundo nacimiento, y desde ese momento la visión adquiere creciente poder... Hoy el Cristo renace en muchos seres humanos y acrecen­tadamente aparecerán los hijos de Dios en su verdadera naturaleza para guiar a la humanidad en la nueva era. (14‑233/4)
11. Que Aquel a Quien servimos pueda estar más cerca que nunca de nosotros, que el trabajo de establecer rectas relaciones humanas pueda continuar a grandes pasos y que la luz y el amor afluyan, desde Shamballa y la Jerarquía, sobre todos los que aman a sus semejantes, es el ansioso deseo, juntamente con mi bendición para ustedes, en este período de voluntad al bien.
El Tibetano me ha pedido aclarar que cuando él habla del Cristo, se refiere al nombre que se la da como Guía de la Jerarquía. El Cristo trabaja para todos los hombres, sin distinción de creencias; no pertenece al mundo cristiano como tampoco al budista, al mahometano o cualquier otra creencia. Nadie tiene necesidad de unirse a la Iglesia Cristiana para estar afiliado al Cristo. Lo que se exige es amar al semejante, llevar una vida disciplinada, reconocer la divinidad en todos los credos y todos los seres, y regir su vida diaria con Amor.
Funte

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