sábado, 15 de octubre de 2016

El Ouroboros

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El Ouroboros

Hace muchos siglos, antes de que la serpiente adquiriera fama de satánica y despreciable, era un símbolo universal de sabiduría y de conexión con la tierra.

En Mateo 10:16, Jesús recomendó a sus discípulos que fueran astutos como serpientes y sencillos como palomas.

Para los egipcios, una cobra que levanta su propio cuerpo forma una línea que representaba el cuerpo calloso que divide a los hemisferios del cerebro y a la vez los mantiene unidos. Similar a la línea que divide y a la vez une el Yin y el Yang.

En Grecia, el caduceo de Hermes que representa la salud, el equilibrio (y la activación de la glándula pineal, según algunos investigadores), es representado por dos serpientes que forman una cadena de ADN.

En las tradiciones hindú y budista, la serpiente representa a la energía Kundalini que se activa a través de los centros energéticos de una persona cuando alcanza la iluminación espiritual.

Para los celtas, la serpiente y el dragón eran símbolos de fertilidad, sanación, sabiduría e inmortalidad.

Los mayas yucatecos se llamaban orgullosamente a sí mismos “chanes”, que quiere decir serpientes. El famoso castillo de Kukulkán en Chichenitzá es otro ejemplo de la importancia de la serpiente como símbolo.

En general para las tradiciones mesoamericanas, la serpiente emplumada era un símbolo importante que representaba entre otras cosas la iluminación espiritual a través de la unión del cielo (las plumas del ave) y la tierra (la serpiente). Conforme a los registros históricos existieron varios personajes a los cuales se les llamó Gucumatz, Kukulkán o Quetzalcóatl (entre otros nombres) y los centros arqueológicos de México y Centroamérica tienen muchas alusiones al respecto.

Pero tal vez la forma más especial y significativa con la que la serpiente ha sido representada en el mundo antiguo es formando un círculo en el que aparece comiéndose la cola. De esta forma se le conoce como el “Ouroboros”.

En ocasiones representado con un dragón, este símbolo comunica varios misterios ocultos.

Para los egipcios, el Ouroboros representaba la dualidad entre el caos y el orden, así como la destrucción y la creación que se mezclan e interactúan para renovar el mundo. Las representaciones más antiguas que se tienen de este símbolo provienen de esta cultura.

Para los hindúes, representaba la dualidad de la creación y destrucción. La danza eterna del universo que se manifiesta a través de los opuestos: Muerte y nacimiento, creación y destrucción, y amor y odio, entre otras cosas.
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Representación de Shiva Nataraja (India, 1,100 AC) con una serpiente comiéndose la cola. Museo Británico de Londres, Inglaterra.
Y para hindúes y budistas, el Ouroboros representa también la energía Kundalini (de la cual ya hablamos) cuando se encuentra enrollada. De acuerdo a los Upanishads, “el poder divino, la Kundalini, brilla como el tallo de una flor de loto joven; como una serpiente enrollada en sí misma, que sostiene su cola en su boca y descansa medio dormida en la base del cuerpo”.

En Grecia, Platón decía que el Ouroboros fue el primer ser viviente. Una criatura inmortal que se come a si misma y cuyo movimiento circular permite la existencia del universo.

Para los gnósticos, el Ouroboros representaba la eternidad y el alma del mundo. El texto conocido como la Pistis Sophia habla de un disco que rodea al sol y que tiene forma de un dragón de doce partes, con su cola descansando en su boca.

Gema con el Ouroboros rodeando un escarabajo y un texto con inscripciones gnósticas. Egipto, Siglo Primero AC).
Gema con el Ouroboros rodeando un escarabajo y un texto con inscripciones gnósticas. Egipto, Siglo Primero AC).
En las leyendas nórdicas, el Ouroboros aparece como la serpiente Jörmungandr, que era tan grande que podía rodear el mundo entero y morder su cola con su boca.


En los tratados antiguos de Alquimia, el Ouroboros era uno de los símbolos más importantes. Para los alquimistas representa lo infinito y la totalidad del universo, así como la transformación personal que se logra como producto de la unión e integración de los opuestos. Una serpiente tiene la dualidad de la cabeza y cola (adelante y atrás), pero esa dualidad desaparece en el momento en el que se unen y la primera devora la segunda.

Ouroboros en tratado de Alquimia de Theodoros Pelecanos.

Carl Jüng decía que “en la antigua imagen del Ouroboros se comunica la idea de devorarse a uno mismo para convertirse en un proceso circular, ya que era claro para los más astutos alquimistas que la materia prima del arte era el hombre mismo”… “El Ouroboros se da muerte con el fin de darse nacimiento a si mismo”.

De hecho Jüng consideraba que el Ouroboros era un arquetipo de la psique y el mandala primordial de la alquimia.

En las antiguas tradiciones el Ouroboros representaba también la energía del sol, ya que todos los días nace por el Este y muere por el Oeste, para luego repetir el mismo ciclo un día después. Este proceso evoca el proceso de renovación y renacimiento que ocurre no sólo en el ser humano sino en toda la creación. La realidad no es lineal. Es cíclica y en ella todo nace, se desarrolla, muere, se transforma y renace en un nuevo ciclo.

Por todo lo anterior, esa serpiente que tanto miedo da nos recuerda que no hay que temer a la muerte porque es tan sólo mudar de piel y nacer a una nueva realidad. Nos enseña que hay que abrazar el cambio y no temerle a nada, porque nada que realmente valga la pena se destruye.

Al contrario. En el proceso alquímico interno de la transformación personal, es necesario abrazar la destrucción para crear un nuevo ser.

Esa persona que ves en el espejo no es todo lo que puede ser. Hay mucho más dentro de ti que quiere salir y expresarse. Tu ser actual es tan sólo la semilla de aquello en lo que te convertirás un día.

Para lograrlo, hay que devorarse a uno mismo como el Ouroboros, lo cual quiere decir que la única y verdadera transformación es la que viene de adentro.

Así como nadie puede comer por ti, dormir por ti, estudiar por ti, trabajar por ti, nadie va a venir a salvarte o a transformarte. Tú eres tu propio salvador. Tú eres la solución. Tú eres el que se renueva y se transforma. Con la ayuda del Dios y el universo, por supuesto, pero lo tienes que hacer tú.

Hay que ir hacia adentro. Hay que observarse a uno mismo para atrapar nuestros miedos, egos y resistencias, e iniciar el proceso alquímico de transformación interior.

Pero consumirse a uno mismo es algo que requiere esfuerzo, disciplina, compromiso, constancia, paciencia y un poco de violencia. Los grandes cambios no se dan en automático. Y devorarnos a nosotros mismos no siempre es agradable.

Las mordidas duelen. Hay que tragarnos nuestros propios demonios y a veces saben horrible. Hay que sobreponerse al dolor, al aburrimiento y al cansancio. Hay que romper creencias falsas y limitantes a las que estamos acostumbrados y apegados.

Puedes ver el Ouroboros en acción con alguien que esculpe su cuerpo en un gimnasio, en un músico que llega a ser concertista o en un meditador que desarrolla habilidades extraordinarias. Puedes verlo en cualquier persona que logra ser mejor de lo que era antes.

El resultado no es gratuito. El nuevo ser tuvo que comerse al viejo ser, y su alimento fue el tiempo, el dinero, la paciencia, el esfuerzo, la dedicación y la fe que el viejo ser dio de sí mismo.

El Ouroboros tiene mucho que ver con el círculo, con el circumpunto y con el huevo cósmico de los que ya hablamos en otros artículos. Todos esos símbolos comunican un mensaje similar y complementario en el que hablan de Dios, del Universo y de ti.

Hablan de lo especial, mágico e importante que eres para el universo y del gran regalo que te fue dado con esa chispa divina que llevas dentro. La gran pregunta es: ¿Tú qué vas a hacer con ella?

By daniel.mendez

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