martes, 25 de septiembre de 2012

Paramahansa Yogananda
Paramahansa Yogananda


Publicada el por Equipo redacción Todoterapias


Nació el 5 de enero de 1893, en la ciudad de Gorakhpur a los pies de los Himalayas, en el seno de una familia acomodada perteneciente a la casta de los kshatriyas, guerreros y gobernantes, la segunda en el sistema tradicional de castas de la India. Le dieron el nombre de Mukunda Lal Gosh y fue el cuarto hijo de una familia de ocho hermanos, cuatro mujeres y cuatro hombres.

Sus padres, Bhagabati Charan Gosh y su esposa Gurru (Gyana Prabhal) Gosh, eran fervientes devotos y discípulos del gran santo hindú Lahiri Mahasaya, y criaron a su numerosa prole con gran amor y enseñanzas espirituales. Desde muy niño, Makunda ayudó a su madre a disponer ofrendas de flores frescas impregnadas en pastas de madera de sándalo en el altar familiar donde veneraban una foto del santo Lahiri Mahasaya. Luego, la acompañaba en sus meditaciones y honraban con incienso y mirra a la divinidad expresada en el retrato.

Sus padres lo iniciaron a temprana edad en la técnica del Kriya Yoga enseñada por Mahasaya y, en muchas ocasiones, el niño experimentó éxtasis místicos. Veía al maestro salir del marco de la fotografía y adquirir un cuerpo luminoso que se sentaba a su lado.

Pero el mayor milagro ocurrió cuando tenía ocho años y enfermó gravemente de cólera asiático, entonces incurable. Desahuciado por los médicos, Mukunda agonizaba cuando su madre, acompañada de su hermana mayor, Roma, colgó en la habitación del moribundo el retrato del santo, pidiéndole que mentalmente se postrara ante el maestro para que lo sanara. El niño obedeció mirando fijamente la foto. Ocurrió entonces un extraño fenómeno presenciado por toda la familia. Del retrato emanó una luz resplandeciente que iluminó toda la habitación y envolvió el cuerpo del enfermo. De inmediato, Mukunda se recuperó, incorporándose en el lecho lleno de energías. Su madre y su tía se postraron ante la milagrosa fotografía agradeciendo a Lahiri Mahasaya por la sanación del niño.

Desde esa ocasión, comenzó a experimentar muchísimas visiones espirituales cuando meditaba. En una oportunidad, vio dentro de una fulgurante, figuras de santos en postura de meditación y, al preguntar "¿Qué es ese fulgor?", una voz le respondió, "Yo soy Ishwara" (Yo soy luz), que es el nombre sánscrito para designar a Dios en su aspecto de legislador cósmico.

La familia Gosh vivió en diferentes ciudades de la India, pues el jefe del hogar ocupaba el puesto de vicepresidente de la compañía de ferrocarriles Bengala Nagpur, lo que permitió al místico Mukunda conocer en las diferentes ciudades que residió a científicos, filósofos, santos, y yoguis famosos de su época.

A los 11 años tuvo una experiencia de percepción extrasensorial, con su madre. Su padre había comprado una gran casa en Calcuta y su madre se encontraba allí, preparando la boda de su hermano mayor, Ananta. El y su padre aún no se habían mudado a esa ciudad y permanecieron en Berelly, localidad del norte de la India a la que su progenitor había sido designado por unos años. Mukunda despertó a las 4 de la madrugada y vio a su madre junto a su lecho. Ella le susurró: "Despierta a tu padre y tomen el primer tren a Calcuta" desapareciendo de inmediato. El niño transmitió el mensaje a Bhagabati, pero éste no le creyó. A la mañana siguiente llegó un telegrama anunciando que Gurru estaba gravemente enferma. Partieron de inmediato, pero llegaron demasiado tarde. Estaba muerta.

Este gran golpe sumió a Mukunda en una honda pena. Para consolarse y volver a contemplar los amables ojos de su madre, a quien consideraba su única y más grande amiga, armó un altar a la Madre Divina, que en la India es representada por la diosa Kali, y ante él meditaba y oraba, en busca de consuelo. Su fervor fue recompensado.

En la meditación completó la figura resplandeciente de la diosa Kali, que lo miró dulcemente, diciéndole: "Yo soy la que ha velado por ti vida tras vida en la ternura de muchas madres. Mírame y verás los ojos de tu madre".

Esta visión curó su melancolía y le dio el consuelo que buscaba sintiéndose desde entonces dichoso de haber sido favorecido con la constante compañía de la Madre Divina.

Inquieto y sediento de enseñanzas espirituales, Mukunda se escapó muchas veces del hogar para trepar a los Himalayas y conocer a los santos meditadores que veía en sueños y visiones. En sus correrías de adolescente por Calcuta, conoció a varios yoguis que realizaban proezas increíbles. El maestro Gandha Baba hacía prodigios materializando a pedido aromas, flores y frutas mediante secretos aprendidos en el Tíbet. El joven fue testigo de ellas.

Sri Yukteswar, considerado Gñanavatar (encarnación de la sabiduría) de la India de su época, lo aceptó en su ashram de Serampore, localidad muy cercana a Calcuta, con una condición debía regresar a la casa familiar y estudiar filosofía en la Universidad. Le profetizó: "Viajarás a Occidente y para que escuchen la enseñanza espiritual que debes entregar es necesario que obtengas un título universitario". En 1915 se graduó en la Universidad de Serampore (filial de la de Calcuta) como Licenciado en Letras, y de inmediato su gurú lo ingresó en la orden de los Swamis.

Mukunda tomó el nombre de Yogananda, que significa "felicidad a través de la unión divina" y, al igual que su maestro, fue un Swami de la rama Giri, que quiere decir montaña. Se inició a temprana edad en la técnica del Kriya Yoga enseñada por Mahasaya.

Bajo la guía de su amado gurú, Yogananda comprendió que el cuerpo humano es algo precioso, el de más alto valor en la escala evolutiva por su cerebro y centros espinales, y que a quien busca la verdad le permite expresar su divinidad.

Después de ser nombrado Swami e inspirado por los consejos de Sri Yukteswar, quien recomendaba realizar obras benéficas, Yogananda fundó en 1918, apoyado económicamente por el Maharajá de Kasimbazar, la escuela Yogoda Satsanga Brahmarcharya Vidyataya en Rinche, basada en las ideas educacionales de los rishis, que establecen como fundamento el desarrollo integral del cuerpo, intelecto y espíritu.

Inculcaba a sus alumnos que "el mal es todo aquello que conduce a la desgracia y el bien consiste en todas las acciones que producen la verdadera felicidad". La escuela se expandió y la matrícula subió a cien niños. Yogananda incorporó técnicas agrícolas y la práctica de diversos deportes; realizaba sus clases al aire libre.

En 1920 se cumplió la profecía de Sri Yukteswar sobre el viaje de Yogananda a Occidente, que era en parte, a su vez, de predicciones de Lahiri Mahasaya y del avatar Babaji.

Al morir, en 1895, Mahasaya había dicho a sus discípulos más directos que 50 años más tarde un Swami de su linaje llevaría el yoga a Occidente, escribiría un relato de su vida y hablaría de Babaji. Dicha profecía se cumplió en 1945, cuando Yogananda terminó de escribir su autobiografía, incluyendo un relato de las vidas de su gurú, de Mahasaya y de Babaji. En plena expansión en Occidente, la organización Self- Realization Fellowship, a su vez, difundía las técnicas del Kriya Yoga y las enseñanzas de estos grandes santos.

En junio de 1935, Yogananda inició un tour mundial a Europa, Oriente Medio y la India, acompañado de dos seguidores norteamericanos. En Londres, realizó una multitudinaria reunión en Caxton Hall. Enseguida viajó a Alemania, para conocer a la estigmatizada Therese Neumann. Continuó su viaje por Holanda, Francia y los Alpes suizos. Efectuó una visita especial a la ciudad de Asís, en Italia, para honrar a san Francisco, apóstol de la humildad. Continuó viaje a Palestina para impregnarse del espíritu de Cristo en la Tierra Santa, pasó por Egipto y luego partió a la India.

Sus años de ausencia lo habían hecho más famoso y su país lo acogió con una extraordinaria recepción, encabezada por el Maharajá de Kasimbazar y su hermano menor Bishnú.

En su reencuentro, Sri Yukteswar le otorgó el título de la más alta espiritualidad en la India que es el de Paramahansa, siendo posteriormente invitado por la Universidad de Calcuta a dar varias conferencias. Después de 16 meses de gira por Europa y Asia, retornó a los Estados Unidos. En 1939, al estallar la Segunda Guerra Mundial, recibió numerosas cartas de seguidores de Inglaterra y otros países europeos. Afirmaban que la práctica del Kriya Yoga les permitía mantener la calma para soportar, con entereza y sin miedo, el terrible conflicto bélico que asolaba a Europa.

Una semana antes de su partida de este mundo, Yogananda dijo a sus colaboradores más cercanos: "El trabajo de mi vida ya está completo". El maestro, como todos los grandes yoguis que lo habían precedido, intuía que su muerte estaba cercana.

El 7 de marzo de 1952, instantes después de concluir un discurso durante una comida ofrecida en honor del Embajador de la India, Binay R. Sen, en Los Angeles, California, entró en Mahasamadhi (abandono del cuerpo en forma voluntaria) y su espíritu escapó hacia sutiles dimensiones en que moran los santos yoguis.

El embajador Sen, durante sus funerales, el 11 de marzo de 1952, en un emotivo discurso dijo: "Si hombres como Paramahansa Yogananda trabajaran en las Naciones Unidas, la Tierra sería probablemente un mejor lugar. Nadie ha dado más de sí mismo ni ha trabajado tanto por unir a los pueblos de la India y los Estados Unidos".

Cuarenta años más tarde, en 1992, Sen describió los dramáticos momentos del Mahasamadhi en el prefacio de un libro escrito por Sri Daya Mata, sucesora del maestro en la dirección de Self- Realization Fellowship: "Cuando Yogananda partió en mahasamadhi, sentí, al igual que todos los presentes, que un gran espíritu nos abandonaba. Pensé, además, que ninguno de nosotros sentía desesperación ni duelo por su partida, sino más bien una gran exaltación por haber sido testigos de un acontecimiento divino".


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