lunes, 15 de noviembre de 2010

Mística y Ciencia


Mística y Ciencia
Por: Dr. Walter J. Albersheim, F.R.C., Sc.D..


A través de toda la historia hallamos que muchos grandes hombres de ciencia fueron también místicos. En la antigüedad, Hipócrates el médico y Pitágoras el matemático, fueron jefes de sectas de los misterios. En la Edad Media, Paracelso, mejor conocido como místico, fue un descollante reformador en el campo de la medicina. En tiempos más recientes, Newton y Leibniz, Pascal y Descartes, dedicaron grandes esfuerzos a la religión y a la filosofía, más aún que a sus descubrimientos matemáticos. En nuestro propio siglo, médicos como Lombroso, Freud y Carrel, y los físicos Lodge, Einstein, Jeans, Eddington y Oppenheimer, han demostrado todos ellos un profundo interés en los fenómenos psíquicos, en la religión y en la filosofía mística.

Sin embargo, la gran mayoría de nuestros círculos sabios está violentamente opuesta a todo misticismo. Nombrad las Enseñanzas Rosacruces a cualquier hombre de ciencia, ingeniero, médico o publicista típico y él desdeñará vuestra "superstición medieval" con una sonrisa condescendiente o con coléricas invectivas, según su carácter.

¿De dónde viene esta acérrima enemistad? Como los mencionados grandes hombres prueban que no hay antagonismo inherente entre la inspiración mística y la científica, debemos preguntarnos: ¿Hay alguna falsedad fundamental en aquellas partes de las doctrinas Rosacruces que se ocupan de asuntos terrenales? ¿Hay errores tan burdos que hagan incompatibles las Enseñanzas Rosacruces con la ciencia?

Esto puede examinarse comparando las diversas ramas de las Enseñanzas Rosacruces con los descubrimientos científicos modernos.

El primer asunto para nuestra comparación es el material fundamental de la naturaleza, lo que se llama "materia muerta".

Los Rosacruces enseñan que la materia está en un flujo constante. La materia, en conjunto, está compuesta de miriadas de moléculas; las moléculas, de átomos. Los átomos, indivisibles y aparentemente permanentes, están formados por numerosos electrones positivos y negativos que están sujetos entre sí por la atracción de sus polaridades opuestas. Los átomos pueden transmutarse en otros elementos mediante un nuevo arreglo de los electrones, y pueden destruirse separando éstos. Los electrones son las partículas más pequeñas que se conocen, que entran en la composición de la materia. En sí, no son materia sino partículas del espíritu, esto es, de energía vibratoria. La energía del espíritu es un aspecto, una polaridad de la mente Creadora o Conciencia que inunda el Universo.

Esta física Rosacruz "centralizada en la mente", es incompatible tan solo con una clase especial de ciencia: la ciencia materialista del siglo diez y nueve. Hace cien años, se consideraba la materia como el único material formativo del Universo; y la energía y otros fenómenos eran clasificados como "propiedades" de la materia. Los hombres de ciencia creían que los átomos eran básicos, indivisibles e indestructibles como unidades de la materia. Se conocían varias docenas de clases diferentes de estos átomos, que variaban en peso desde el hidrógeno, unidad de peso atómico, hasta el uranium con un peso atómico de 238.

Los experimentos de Faraday indicaban que pudiera haber también un átomo separado de electricidad. En su oportunidad, este "electrón" fue hallado; tenía la unidad de carga eléctrica de un ion negativo y un peso de solamente 1/1847 del átomo de hidrógeno. Se creyó que su carga era inherentemente negativa, y se atribuyeron al centro del átomo la polaridad positiva y el conjunto de la masa. Como la masa era considerada indestructible, la definición Rosacruz de la materia como algo que podía ser creado, trasmutado y destruido, era rechazada y desdeñada.

En los últimos cincuenta años estos conceptos científicos que hemos expuesto cambiaron de manera total. La radioactividad probó que los elementos se transmutan. La relatividad demostró que la masa y la energía son dos aspectos de un mismo principio; por lo tanto, la masa puede aumentarse por absorción y disminuir por emisión de energía. Fueron descubiertos en los rayos cósmicos los electrones positivos, lo mismo que en los procesos artificiales de transmutación. Esos electrones positivos pueden crearse, junto con electrones negativos, por el impacto de los rayos de luz; y un par de electrones opuestos pueden quedar destruidos por su reconversión en luz.

Más o menos en 1930 se creía que todos los átomos estaban formados por tres clases de bloques de construcción: los protones (núcleos de hidrógeno cargados positivamente), los neutrones (partículas sin cargas tan pesadas como los protones), y los electrones. Se sospechaba que había un cuarto tipo llamado neutrino (partículas sin carga, mucho más livianas que un electrón). Sin duda alguna, este cuadro estaba mucho más cerca de la doctrina Rosacruz: la ciencia había aprendido que la materia no es permanente y que cambia constantemente. Sin embargo, quedaban todavía diferencias importantes. La ciencia creía que había una gran brecha entre los pesos de los electrones y los átomos, mientras que los Rosacruces enseñaban que los átomos están formados, paso a paso, por agregación de electrones. Además, la existencia de las partículas neutras parecía contradecir al axioma Rosacruz de que toda la materia está polarizada.


El "Mesón"

Pero estas contradicciones, lejos de ser fundamentales, se van aclarando cada vez más con los recientes progresos científicos. El mayor de éstos es el descubrimiento de los mesones, esto es, partículas de peso intermediario entre el electrón y el protón. Al principio se creía que todos los mesones tenían el mimo peso, igual a 200 masas de electrón.
Pero la lista de tipos de mesones aumenta rápidamente. Generalmente se admite la existencia de un mesón más pesado que tiene 380 masas de electrón. Con menos certidumbre, se han observado otros que tienen 800, 80, y 3 masas de electrón. Así la ciencia ha encontrado lo que podríamos llamar varios escalones de la escala que cubre la brecha entre el electrón y el protón. La paradoja de las partículas neutras es una contradicción de nombre, más bien que de hecho.

La física Rosacruz sostiene que toda la materia está polarizada, pero no que la polaridad sea únicamente de índole electrostática. La ciencia, también está convencida ahora de que los neutrones y hasta los protones y mesones eléctricamente cargados, poseen un tipo adicional de polaridad, porque se atraen entre sí tan fuertemente que forman átomos estables a pesar de la repulsión eléctrica entre dos o más protones positivos en los grandes núcleos atómicos. Esto sirve de ejemplo del enunciado Rosacruz de que toda polaridad es relativa. La fuerza de unión, todavía inexplicada, ha recibido el nombre de "fuerzas de cambio", porque la ciencia cree que la carga eléctrica sufre un intercambio entre el protón y el neutrón por medio de vibraciones rápidas de un mesón positivo, de acuerdo con la creencia Rosacruz de que la energía es inherentemente vibratoria.

Así, en el reino de la física, las antiguas contradicciones entre la ciencia y las enseñanzas Rosacruces desaparecen rápidamente, y las enseñanzas Rosacruces van quedando vindicadas.

(Este artículo fue publicado por primera vez en la revista "El Rosacruz" Vol. II No.4 Editado en Marzo de 1949)


Envío de:
Lucía