martes, 11 de abril de 2017

LA NARRACION DEL DILUVIO SEGUN BEROSO




LA NARRACION DEL DILUVIO SEGÚN BEROSO

por Jean Bottero y Samuel Noah Kramer



Erudito babilonio que, hacia el año 300 antes de nuestra era, puso por escrito en griego las tradiciones de su país. Su obra, perdida desde la antigüedad, solo la conocemos gracias a los resúmenes citados por otros autores. Las noticias que transmitía acerca del Diluvio han llegado hasta nosotros gracias a dos resúmenes realizados por dos autores distintos y que presentan ciertas variantes secundarias.

a) – El primero nos lo ofrece Alejandro Polyhistor, un “gramático” que vivió, aproximadamente, un siglo antes de nuestra era.

(Beroso) cuenta que Kronos se le apareció en sueños a Xisouthros –de este modo transcribe Ziusudra- para revelarle que, el día 15 del mes de Daisios (equivalente macedonio al mes de Ayyar en Mesopotamia: abril-mayo), los hombres serian exterminados por un Diluvio. Entonces, le ordena que, después de haber excavado un hoyo, entierre en el todas las escrituras en la ciudad del dios del Sol, en Sippar, que después construya un barco y embarque en el, junto con sus parientes y allegados. Debía abastecerlos con comida y bebida; cargarlo con aves y cuadrúpedos, y, una vez dispuesto todo, hacerse a la mar. Si alguien le preguntaba adónde iba, él tenía que responder: “¡Voy a reunirme con los dioses para rogarles que todo les vaya bien a los hombres!”. Así pues, obedeciendo estas órdenes, construyo un barco de 15 estadios (¡un poco mas de 3 km!) de largo y 2 (¡alrededor de 400m!) de ancho. Después, reúne todo lo que se le había indicado y embarca a su mujer, a sus hijos y a sus allegados. Se inicia el Diluvio y, tan pronto como este terminó, Xisouthros libera varios pájaros que, al no encontrar alimento y lugar en que posarse, vuelven al barco. Pasados unos cuantos días, los vuelve a liberar y vuelven al navío con las patas enfangadas. Liberados por tercera vez, no regresan, y Xisouthros llega a la conclusión de que la tierra había vuelto a aparecer. El, entonces, levanta una parte del casco y, constatando que éste había atracado en una montaña, desciende a tierra con su esposa, su hija y su piloto. Tras haber levantado un altar, ofrece un sacrificio a los dioses y después desapareció y, con él, aquellos que, en su compañía, habían abandonado el barco. Al no regresar ninguno de ellos, los que habían quedado en el barco los buscaron, llamándolos por sus nombres. Xisouthros nunca más volvió a aparecer en persona, pero se escuchó una voz, procedente de lo alto, que les exhortaba a ser piadosos, pues éste, gracias a su devoción, había marchado vivir con los dioses, y su mujer, su hija y su piloto también tenían derecho a disfrutar de este mismo privilegio. Después, la voz les dijo que regresasen a Babilonia y, dado que ese era su destino, que marcasen a Sippar, para recoger las escrituras y transmitirlas a los hombres. Añadió, además, que el país en que se encontraban era Armenia. Tras escuchar estas palabras, ellos hicieron sacrificios a los dioses y marcharon a pie hacia Babilonia. En Armenia quedó un resto del barco y todavía se encuentra allí, en los montes Cordienos: de él se toman raspaduras de betún que se utilizan como amuletos. De vuelta a Babilonia, los compañeros de Xisouthros desenterraron las escrituras de Sippar, fundaron muchas ciudades, edificaron santuarios y (re)construyeron Babilonia.

b) – El otro resumen nos lo transmite Abideno, autor de una historia, perdida, de los asirios y de los babilonios y que, aproximadamente, debió de escribir dos siglos más tarde.

Después reinó Sisithros –otra transcripción de Ziusudra- al que Kronos revela, por anticipado, que el día 15 del mes de Daisios iban a tener lugar unas enormes lluvias torrenciales y le ordena que guarde en lugar seguro todas las escrituras que él tenía en la ciudad de Sippar. Tras cumplir con esta orden, Sisithros zarpa enseguida para Armenia y, sin demora, tiene lugar aquello que los dioses habían anunciado. El tercer día después de que hubiese parado de llover, libera unos pájaros para ver si estos descubrían tierra emergida de las aguas; pero, al no tener ante ellos más que un mar sin límites y al serles imposible posarse, vuelven junto a Sisithros, al igual que, después, hicieron otras aves. Tras un tercer intento tuvo éxito, al ver que los pájaros regresaban con las plumas enfangadas, y los dioses se lo llevaron de entre los hombres. Los restos del barco, que se encuentran en Armenia, sirven para que los habitantes del lugar se abastezcan de colgantes de madera que usan como amuletos.

Publicado por Nuestros Antepasados

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