viernes, 11 de julio de 2014
A LOS PIES DEL MAESTRO J. KRISHNAMURTI ESTE LIBRO FUE PASADO A FORMATO WORD Y CON LETRA AMPLIADA PARA FACILITAR LA DIFUSIÓN, Y CON EL PROPÓSITO DE QUE ASÍ COMO USTED LO RECIBIÓ LO PUEDA HACER LLEGAR A ALGUIEN MÁS. HERNÁN PREFACIO Por ser un hermano de más edad, se me ha concedido la distinción de escribir algunas pa-labras como prefacio de este pequeño libro, el primero que ha escrito un hermano más joven de cuerpo, ciertamente, pero no de alma. Las enseñanzas contenidas en él se las im¬partió su Maestro cuando lo preparaba para la Iniciación, y él las ha transcripto de memoria, lenta y laboriosamente, porque el año anterior sabía mucho menos inglés que ahora. Este libro es, en su mayor parte, una repro¬ducción literal de las propias palabras del Maes¬tro; y lo que no, es el pensamiento del Maestro expresado con las palabras del discípulo. El Maestro suplió dos frases omitidas. En otros dos casos más, se añadió otra palabra omitida. Aparte de esto; es enteramente de Krishnamurti: es su primer donativo al mundo. Que este libro pueda ayudar a otros como las enseñanzas verbales lo ayudaron a él. Con tal esperanza las da. Pero las enseñanzas pueden tan sólo dar fruto si las vivimos como él las ha vivido, desde que brotaron de los labios de su Maestro. Si el ejemplo se sigue de acuerdo con el precepto, en¬tonces se abrirá el gran Portal para el lector como se abrió para el autor, y sus pies hollarán el Sendero. ANNIE BESANT A LOS QUE LLAMAN Conducidme desde lo ilusorio a lo Real. Conducidme de las tinieblas a la Luz. Conducidme de la muerte a la Inmortalidad. PRÓLOGO Estas palabras no son mías: son del Maestro que me enseñó. Sin Él no hubiera podido hacer nada, pero con Su ayuda he puesto los pies en el Sendero. Vosotros también deseáis penetrar en este Sendero; y así, las mismas palabras que Él me dijo os ayudarán si queréis obedecerlas. No basta decir que estas palabras son bellas y verdaderas; quien desee lograr éxito debe hacer exactamente lo que ellas entrañan. Mirar la co¬mida y decir que es sabrosa no satisfaría a un hambriento: ha de comerla. Así pues, no basta escuchar al Maestro: debéis practicar lo que Él aconseja, atendiendo a cada palabra y fijándoos en cada insinuación. Si no advertís una indica¬ción, si no atendéis a una palabra, queda perdi¬da para siempre, porque Él no las repite. En este Sendero se requieren cuatro cualida¬des: DISCERNIMIENTO CARENCIA DE DESEOS BUENA CONDUCTA AMOR Trataré de explicaros lo que el Maestro me dijo acerca de cada una de ellas. A LOS PIES DEL MAESTRO I La primera cualidad es el DISCERNIMIENTO. Se denomina así, generalmente, a la facultad de distinguir entre lo real y lo ilusorio, y la cual guía a los hombres para entrar en el Sendero. Pero también es mucho más que esto, y debe practicarse no tan sólo en los comienzos del Sendero, sino en cada una de sus etapas, diaria¬mente, hasta el fin. Vosotros entráis en el Sendero porque habéis aprendido que tan sólo en él pueden encontrar-se las cosas dignas de ser alcanzadas. Los que no saben esto trabajan para adquirir riqueza y poder, pero esto dura a lo más una vida tan sólo y, por lo tanto, no es real. Hay bienes ma-yores, reales y perdurables, cuando los hayáis alcanzado, ya no desearéis jamás aquellos otros. En el mundo hay dos clases de seres: los sa¬bios y los ignorantes. Esta sabiduría es la que nos interesa. La religión que un hombre profe¬se, la raza a que pertenezca, importan poco; lo realmente importante es que los hombres co¬nozcan el plan Divino. Porque el plan de Dios es la evolución. Una vez que el hombre realmente lo reconoce, no puede sino identificarse con sus designios y trabajar de acuerdo con él, porque es tan glorioso como bello. Así, conociéndolo, permanece al lado de Dios, firme para el bien y resistente contra el mal, trabajando para la evolución y no por egoísmo. Si está al lado de Dios, está unido a nosotros, y no importa lo mínimo que se llame hindú o buddhista, cristiano o mahometano, ni que sea indio o inglés, chino o ruso. Los que están al lado de Dios saben por qué están aquí y cuál es su misión, y procuran cumplirla; los demás no saben todavía lo que han de hacer, y así obran a menudo erróneamente e intentan trazarse vías que imaginan placenteras sin comprender que todos somos uno y que, por lo tanto, tan sólo lo que el Uno quiere puede ser verdaderamente agradable para todos. Ellos van en pos de lo irreal, en vez de lo real. Hasta que aprendan a distinguir entre los dos, no se colocarán al lado de Dios, y, para aprenderlo, discernimiento es el primer paso. Pero, aun después de efectuada la elección, debéis recordar que hay muchas variedades de lo real y lo irreal, y por lo tanto debemos dis¬cernir también entre lo justo y lo injusto, lo esencial y lo accesorio, lo útil y lo inútil, lo verdadero y lo falso, lo egoísta y lo altruista. Aquellos que, deseosos de seguir al Maestro, han resuelto servir a lo justo a toda costa, no hallan dificultad en la elección entre lo justo y lo injusto. Pero el cuerpo es distinto del hom-bre, y la voluntad del hombre no siempre coin¬cide con el deseo del cuerpo. Cuando vuestro cuerpo desee algo, deteneos a pensar si vosotros realmente lo deseáis. Porque vosotros sois Dios, y queréis únicamente lo que Dios quiere; así, debéis buscar profundamente en vosotros mis¬mos para hallar el Dios interno y escuchar Su voz, que es vuestra voz. No confundáis con vos¬otros mismos ni vuestro cuerpo físico, ni vues¬tro cuerpo astral, ni vuestro cuerpo mental, porque cada uno de ellos pretenderá ser el Yo, a fin de obtener lo que desea. Debéis conocerlos todos y reconoceros por su dueño. Cuando se ha de hacer un trabajo, el cuerpo físico quiere descansar, pasear, comer y beber; y el ignorante se dice a sí mismo: "Yo quiero hacer estas cosas y debo hacerlas." Pero el sa¬bio dice: "Lo que en mí desea no soy yo, y pue¬de esperar." A menudo, cuando se presenta alguna oportunidad para ayudar a alguien, el cuerpo incita a pensar: "¡Qué molestia me cau¬sa esto! Dejemos que otro lo haga." Pero el hombre le replica a su cuerpo: "Tú no me es¬torbarás para practicar el bien." El cuerpo es nuestro animal, el caballo en que cabalgamos. Por lo tanto, debéis tratarlo y cui-darlo bien; no debéis fatigarlo; debéis alimen¬tarlo tan sólo con comidas y bebidas puras, y llevarlo escrupulosamente limpio de la más leve mancha. Porque sin un cuerpo perfectamen¬te limpio y sano no podríais llevar a cabo el arduo trabajo de preparación, ni podríais sopor¬tar el esfuerzo incesante. Pero vosotros debéis gobernar constantemente al cuerpo, nunca el cuerpo a vosotros. El cuerpo astral tiene sus deseos a docenas; él os inclina a la cólera, a la injuria, a la envi¬dia, a la avaricia, a codiciar los bienes ajenos, a sumiros en la depresión. El cuerpo astral quie¬re todas estas cosas y muchas más, no porque desee perjudicaros, sino porque le gustan las vibraciones intensas, así como el cambio cons¬tante de ellas. Mas vosotros no necesitáis estas cosas, y por esto debéis saber distinguir entre vuestros deseos y los de vuestro cuerpo. Nuestro cuerpo mental desea pensar orgullosamente que es algo separado de lo demás; pen-sar dándose mucho valor a sí mismo y poco a los otros. Aun cuando lo hayáis apartado de las cosas mundanas, persiste en especular sobre sí mismo, en incitaros a pensar en vuestros pro¬pios progresos, en vez de pensar en la labor de los Maestros y en ayudar a los demás. Cuando meditéis, tratará de haceros pensar en las di¬ferentes cosas que él desea, en vez de pensar en lo que vosotros queréis. Vosotros no sois esta mente, sino que ella está a vuestro servicio, y así también en este caso es necesario el discer¬nimiento. Debéis vigilar constantemente, so pe¬na de fracaso. El Ocultismo no tiene compromiso entre lo justo y lo injusto. Debéis hacer a toda costa lo justo; debéis dejar de hacer lo injusto, sin importaros lo que el ignorante piense o diga. Debéis estudiar profundamente las leyes ocul¬tas de la Naturaleza, y cuando las conozcáis, ordenad vuestra vida de acuerdo con ella, em¬pleando siempre la razón y el sentido común. Debéis saber distinguir lo importante de lo secundario. Firmes como una roca cuando de lo justo y de lo injusto se trate, dad siempre la razón a los demás en cosas de poca importan¬cia. Porque debéis ser siempre amables y cari¬ñosos, razonables y condescendientes; habéis de conceder siempre a los demás la misma liber¬tad que necesitáis para vosotros mismos. Tratad de ver lo que es más meritorio que hagáis, y recordad que no debéis juzgar las co¬sas por su aparente grandeza. Es mucho más meritorio hacer una cosa mínima pero útil a la labor del Maestro, que otra de mayor apariencia de las que el mundo llama buenas. Debéis distinguir no tan sólo entre lo útil y lo inútil, sino entre lo más útil y lo menos útil. Alimentar a un pobre es bueno, útil y noble; pero alimentar su alma es todavía más noble y más útil que alimentar su cuerpo. Cualquier rico puede alimentar el cuerpo de un necesitado, pero tan sólo los sabios pueden alimentar su alma. Si sois sabios, vuestro deber es ayudar a otros en el logro de la sabiduría. No obstante, por sabios que seáis, tenéis mu¬cho que aprender en este Sendero, y por esto también en él es preciso el discernimiento. De¬béis pensar cuidadosamente lo que es mejor que aprendáis. Todo conocimiento es útil, y llegará un día en que lo alcancéis; pero mientras tan sólo poseáis una parte, cuidad de que ésa sea la más útil. Dios es tanto Sabiduría como Amor, y cuanta más sabiduría alcancéis, mejor podréis mani-festar a Dios. Estudiad, pues; mas, en primer lu¬gar, estudiad lo que os ayude a ayudar a los otros. Estudiad pacientemente, no porque los hombres os llamen sabios, ni aun por tener la dicha de serlo, sino porque tan sólo el sabio puede ayudar sabiamente. Por mucho que de¬seéis ayudar, si sois ignorantes, podréis hacer más mal que bien. Debéis saber distinguir lo falso de lo verda¬dero; debéis aprender a ser verídicos en todas las circunstancias, en pensamiento, en palabra y en obra. Primero en pensamiento; y esto no es fácil, porque en el mundo hay muchos pensamientos falsos, muchas supersticiones tontas, y nadie que esté esclavizado por ellas puede progresar. ASÍ pues, no debéis sostener una idea precisa¬mente porque otros la sostienen, ni porque se haya creído en ella durante siglos, ni porque esté escrita en algún libro que los hombres tengan por sagrado. Debéis pensar acerca de aquel asunto por vosotros mismos, y juzgar si es razonable. Recordad que la opinión de un mi¬llar de hombres acerca de algún asunto que des¬conozcan no tiene ningún valor. Los que pien¬san hollar el Sendero deben aprender a pensar por sí mismos, porque la superstición es uno de los mayores males del mundo, una de las liga¬duras de que totalmente debéis desembarazaros. En lo tocante a los demás, vuestros pensa¬mientos deben ser verídicos; no debéis pensar acerca de nadie lo que no sepáis. No supongáis que los demás están siempre pensando en vosotros. Si un hombre hace algo que parezca perjudi¬caros, o dice algo que creáis que se refiere a vosotros, no penséis entonces: "Quiere ofender¬me." Probablemente ni siquiera piensa en vosotros, porque cada alma tiene sus propias tribu¬laciones y pensamientos, que flotan principal¬mente alrededor de ella. Si un hombre os habla colérico, no penséis: "Me odia, trata de herir¬me." Quizá otra persona o alguna otra cosa lo han contrariado, y porque tropieza eventual¬mente con vosotros, descarga su cólera en vos¬otros. Él obra imprudentemente, porque toda clase de cólera es prueba de insensatez; pero vosotros no os debéis formar de él un juicio equivocado. Cuando seáis discípulos del Maestro, podréis poner siempre a tono la pureza de vuestros pen¬samientos comparándolos con los Suyos. Porque el discípulo es uno con su Maestro, y debe pro¬curar fundir su pensamiento con el Suyo y ver si coinciden. Si no están a tono, su pensamiento no es recto, y debe variarlo inmediatamente, porque los pensamientos del Maestro son per¬fectos, puesto que Él lo sabe todo. Los que to¬davía no han sido aceptados por Él, no pueden hacerlo del todo; pero pueden ayudarse mucho deteniéndose a pensar a menudo: "¿Qué pen¬saría el Maestro en estas circunstancias?" "¿Qué haría o qué diría el Maestro acerca de esto?" Porque no debéis nunca hacer, decir o pensar lo que no podáis imaginar al Maestro haciéndo¬lo, diciéndolo o pensándolo. Aun al relatar habéis de ser verídicos, exactos y sin exageración. Nunca atribuyáis intenciones a otro; tan sólo su Maestro conoce sus pensamientos, y él puede estar obrando por razones de que no tenéis idea. Si oís que dicen algo en contra de alguna per¬sona, no lo repitáis; podría no ser verdad, y aun cuando lo fuese, es caritativo callar. Pensad bien antes de hablar, no sea que incurráis en inexactitudes. Sed verídicos en la acción; jamás pretendáis ser otro del que sois, porque toda pretensión sirve de impedimento a la pura luz de verdad que debe brillar a través de vosotros como la luz del sol brilla a través de un diáfano cristal. Debéis distinguir entre el egoísmo y el desin¬terés; porque el egoísmo se presenta bajo mu-chas formas, y cuando creáis que al fin lo habéis destruido en algunos de sus aspectos, surge en otro tan fuerte como siempre. Pero gradualmen¬te os irá animando tan por completo el pensa¬miento de ayudar a los demás, que no habrá lu¬gar ni tiempo para pensar en vosotros mismos. También debéis distinguir en otro sentido. Aprended a reconocer a Dios en todos los seres y en todas las cosas, prescindiendo del mal que puedan presentar en la superficie. Podéis ayu¬dar a vuestros hermanos por medio de lo que te¬néis de común con ellos, esto es, la Vida Divina. Aprended a despertarla y a vivificarla en ellos, así los salvaréis de lo falso. II Hay muchos individuos para quienes la cuali¬dad "CARENCIA DE DESEOS" es verdaderamente di¬fícil, porque sienten que sus deseos son ellos mis¬mos, y que si desechan sus deseos peculiares, sus gustos y disgustos, dejará de existir su yo. Pero esto les sucede tan sólo a quienes no han visto al Maestro. A la luz de su Santa Presencia se extinguen todos los deseos, menos el de igua¬larse a Él. Sin embargo, antes que gocéis, de la felicidad de encontraros frente a frente con Él, podréis alcanzar, si queréis, la "Carencia de deseos". El Discernimiento os ha mostrado ya que las cosas que los hombres más desean, como la ri-queza y el poder, no tienen valor alguno. Cuando esto no se dice tan sólo, sino que se siente en ver¬dad, cesa todo deseo de ellos. Así pues, todo eso es sencillo; sólo se requiere que lo comprendáis. Pero hay algunos que cesan de perseguir los bienes terrenales, con el fin de ganar el cielo o alcanzar la liberación personal del renacimiento; no debéis caer en este error. Si habéis olvidado al yo, no podéis pensar en la hora en que este yo sea libre o qué clase de cielo tendrá. Recordad que todo deseo egoísta ata, por elevado que sea su objeto, y en tanto no os ha¬yáis librado de él no estaréis enteramente pre¬parados para dedicaros a la labor del Maestro. Cuando desaparezcan todos los deseos que se refieren al yo, todavía puede existir el deseo de ver los resultados de vuestra obra. Si ayudáis a alguien, querréis ver en cuánto lo habéis ayuda¬do; aun tal vez queréis que aquel a quien habéis ayudado, también lo vea y os lo agradezca. Esto es todavía deseo, y, además, falta de confianza. Cuando hacéis todo el esfuerzo que podéis pa¬ra ayudar, debe dar un resultado, tanto si po-déis verlo como si no; si reconocéis la manera de obrar de la Ley, sabéis que esto es así. Por esto debéis obrar rectamente por amor a lo recto, no con esperanza de recompensa; debéis trabajar por amor al trabajo, no por la esperanza de ver el resultado; debéis entregaros al servicio del mundo, porque lo amáis y no podéis dejar de en¬tregaros a él. No deseéis poderes psíquicos; ya vendrán cuando el Maestro comprenda que debéis tener-los. Además, es esforzarse en adquirirlos trae consigo, muy a menudo, gran perturbación; fre-cuentemente, a su poseedor le descarrían los fa¬laces espíritus de la naturaleza, o se envanece y cree que él no puede caer en error; y el tiempo y el esfuerzo que emplea para alcanzar estos po-deres podría emplearlos, de cualquier otro modo, en trabajar para los demás. Los poderes vendrán en el curso del desarrollo; deben venir; y si el Maestro ve que es útil que los tengáis antes, os enseñará a desarrollarlos sin peligro. Hasta en¬tonces, estaréis mejor sin ellos. Además, debéis precaveros de ciertos peque¬ños deseos que son comunes en la vida diaria. No deséis jamás brillar o parecer superior en nin¬gún sentido; no habléis mucho. Es mejor hablar poco; es mejor todavía callar, hasta que estéis seguros de que lo que vais a decir es VERDADERO, BUENO y PUEDE AYUDAR A OTROS. Antes de hablar, pensad cuidadosamente si lo que vais a decir posee estas tres cualidades; si no es así, no lo digáis. Lo mejor es acostumbrarse desde el primer momento a pensar cuidadosamente antes de ha-blar, porque cuando alcancéis la Iniciación de¬béis fijaros en cada palabra, no sea que digáis lo que no debe decirse. Mucha habladuría vulgar es insensata y vana; cuando es chismosa, es ma-ligna. Así, acostumbraos a escuchar, mejor que a hablar, no expongáis opiniones, a menos que os las pidan directamente. En resumen; las cua¬lidades son: saber oír, querer y callar; y la últi¬ma es la más ardua de todas. Otro común deseo que debéis reprimir severa¬mente es el de inmiscuiros en los asuntos de los demás. Lo que otro haga o diga o crea, no es co¬sa vuestra, y debéis aprender a dejarlo comple-tamente solo. Él tiene perfecto derecho al pen¬samiento, palabra y acción libres, mientras no se meta con otro. Así como vosotros reclamáis la libertad de hacer lo más conveniente, debéis con¬cederle la misma libertad, y cuando la usufruc¬túa no tenéis ningún derecho a ocuparos de él. Si pensáis que obra equivocadamente, y podéis hallar oportunidad de decirle privadamente y con la mayor delicadeza vuestra opinión, es posi¬ble que lo convenzáis; pero hay muchos casos en que, aun de esta manera, la intervención sería impropia. Nunca debéis hablar a una tercera per¬sona acerca del asunto, porque ésta es una ac¬ción muy baja. Si veis un caso de crueldad contra un niño o un animal, vuestro deber es defenderlos. Si está¬is encargado de instruir a otra persona, es vues¬tro deber reprender afectuosamente sus faltas. Excepto en semejantes casos, ocupaos de vues¬tros propios asuntos y ejercitad la virtud del silencio. III Las seis reglas de conducta que particular¬mente se requieren, las da el Maestro en este orden: 1ª Dominio de la mente. 2ª Dominio de la acción. 3ª Tolerancia. 4ª Alegría. 5ª Aspiración única. 6ª Confianza. Sé que algunas de estas cualidades se han de¬nominado diferentemente, pero yo hago uso de los nombres que el Maestro mismo les daba al explicármelas. 1ª DOMINIO DE LA MENTE. — La cualidad "Ca¬rencia de deseos" nos demuestra que debemos dominar el cuerpo astral; esta otra significa lo mismo con relación al cuerpo mental. Ello impli¬ca dominio del temperamento, de suerte que no podáis sentir cólera o impaciencia; dominio de la mente, de modo que podáis sosegar y tran¬quilizar el pensamiento y, por medio de la men¬te, dominio del sistema nervioso, a fin de que se excite lo menos posible. Esto último es difícil, porque cuando os pre¬paráis para entrar en el Sendero, no podéis evi¬tar que vuestro cuerpo se haga más sensitivo, y así los nervios son perturbados por cualquier choque o sonido, y sienten agudamente cualquier presión; mas debéis hacer lo posible por evitarlo. Mente tranquila significa también valor para arrastrar sin temor las pruebas y dificultades del Sendero; significa además firmeza para con¬siderar serenamente cuanto os acontezca en la vida cotidiana, y evitar el incesante tedio e in¬quietud que dimanen de ciertos pormenores de la vida, en los que muchos malgastan la mayor parte del tiempo. El Maestro enseña que a un hombre no le debe importar lo más mínimo cuan¬to provenga del exterior: tristezas, disgustos, en¬fermedades, pérdidas; todo esto nada debe sig¬nificar para él, ni ha de permitir que perturbe la calma de su mente. Estas cosas son resultado de pasadas acciones, y cuando sobrevengan, de¬béis soportarlas con calma, recordando que todo mal es transitorio, y que vuestro deber es permanecer siempre contentos y serenos. Aque¬llo pertenece a vuestras vidas anteriores, no a ésta; no podéis alterarlo, y, así es inútil preocu¬paros por ello. Pensad, mejor, lo que hacéis aho-ra, lo cual determinará los acontecimientos de vuestra próxima vida, pues esto podéis modi-ficarlo. No cedáis jamás a la tristeza ni a la depresión. La depresión es un mal, porque contamina a otros y torna sus vidas más penosas, a lo cual no tenéis derecho alguno. Por esta razón, si alguna vez os acometen, desechadlas para siempre. Aun en otro sentido debéis dominar vuestro pensamiento; no le permitáis errar a la ventura. Fijad la atención en lo que estéis haciendo, sea lo que fuere, para que lo hagáis con toda la per-fección posible; no acostumbréis vuestra mente a la vagancia; antes bien conservad buenos pen¬samientos siempre en su fondo, dispuestos a surgir en el momento en que ella esté libre. Emplead todos los días el poder de vuestro pensamiento en buenos propósitos; convertíos en un poder que trabaje de acuerdo con la evolu¬ción. Pensad cada día en alguno de quien sepáis que está triste, que sufre o que necesita ayuda, y enviadle pensamientos de amor. Apartad vuestra mente del orgullo, porque el orgullo es hijo de la ignorancia. El ignorante cree ser grande, cree que ha hecho esta o aque¬lla gran cosa; el sabio sabe que tan sólo Dios es grande y que sólo Él es el hacedor de todas las cosas buenas y perfectas. 2a DOMINIO DE LA ACCIÓN. — Si vuestra men¬te es tal como debe ser, se perturbará muy poco con vuestra acción. Recordad que para ayudar a la Humanidad, el pensamiento debe conver¬tirse en acción. En esta labor no caben tibiezas, sino una cons¬tante actividad. Pero debéis cumplir vuestro propio deber, no el de los demás, a no ser con su permiso y con el fin de ayudarlos. Dejad que ca¬da cual cumpla su propio deber, a su modo pe¬culiar; estad siempre dispuestos a ofrecer vues¬tro apoyo cuando sea necesario, pero nunca os entrometáis. Porque, para algunas personas, la cosa más difícil del mundo es aprender a cum¬plir sus propios deberes, y precisamente esto es lo que vosotros debéis hacer. Aunque tratéis de realizar una labor más ele¬vada, no por ello debéis olvidar vuestros deberes ordinarios, pues hasta que éstos no queden satis¬fechos, no estaréis en libertad para prestar otros servicios. No os comprometáis a nuevos deberes mundanos; mas debéis cumplir perfectamente aquellos de que estéis encargados, esto es, todos aquellos deberes que reconozcáis como eviden¬tes y razonables, no deberes imaginarios que otros traten de imponeros. Si queréis servirles a Ellos, debéis cumplir vuestros deberes ordina¬rios mejor y no peor que los demás; porque ha¬ciendo esto también Les servís. 3ª TOLERANCIA.—Debéis sentir perfecta to¬lerancia hacia todos y un sincero interés por las creencias de los que profesan otras religiones, tanto como por la que profesáis. Porque la religión de los otros es un sendero que conduce a lo más elevado, lo mismo que la vuestra. Para ayudar a todos, debéis comprenderlos. Mas, para alcanzar esta perfecta tolerancia, debéis libraros antes del fanatismo y de la superstición. Debéis saber que no hay ceremonias necesarias; de otro modo es consideraríais algo mejores que los que no las practican. Sin em¬bargo, no debéis vituperar a los que aun las ne¬cesitan. Dejadles hacer su voluntad; pero ellos no deben meterse con vosotros, que sabéis la ver¬dad, ni deben tratar de imponeros aquello que habéis trascendido. Sed indulgentes y bondado¬sos en todo. Ahora que vuestros ojos están abiertos, quizás os parezcan absurdas algunas de vuestras anti¬guas creencias y ceremonias; tal vez lo sean en realidad. Pero, aunque ya no toméis parte en ellas, respetadlas por consideración a aquellas buenas almas para quienes todavía tienen impor¬tancia. Ellas tienen su lugar y su utilidad, como la falsilla le sirve a un niño para escribir dere¬cho, hasta que aprende a escribir mejor y con mayor igualdad sin ella. Hubo un tiempo en que las necesitasteis, pero ya pasó aquel tiempo. Un gran instructor dijo: "Cuando yo era niño, hablaba, comprendía y pensaba como niño; pero ya hombre, di de lado las niñerías." Quien haya olvidado su infancia y perdido la simpatía por los niños no puede enseñarles ni ayudarles. Así, sed bondadosos, amables, tole¬rantes con todos los hombres sin distinción, sean buddhistas o indos, jainas o judíos, cristianos o musulmanes. 4ª ALEGRÍA.—Debéis sobrellevar alegremen¬te vuestro karma, cualquiera que sea, aceptando como un honor que el sufrimiento caiga sobre vosotros, porque esto demuestra que los Señores del Karma os consideran dignos de ayuda. Por muy penoso que resulte, agradeced que no sea peor. Recordad que podréis servir muy poco pa¬ra la labor del Maestro, mientras vuestro mal karma no se extinga y quedéis libres. Al ofrece¬ros a Él, habéis pedido que se acelerase vuestro karma, y así, en una o dos vidas haréis lo que de otro modo hubierais debido hacer en cientos. Pero a fin de obtener el mejor resultado, debéis sobre¬llevarlo alegremente. Todavía hay otro aspecto. Debéis desechar to¬da idea de posesión. El Karma puede arrebataros las cosas que más queráis y hasta a las per¬sonas que más améis. Aun entonces debéis per¬manecer alegres, dispuestos a separaros de todo. A menudo el Maestro necesita verter Su fuerza sobre otros por medio de Su discípulo e incondi¬cional servidor; y si éste cayese en la depresión no podría Él realizarlo. Así, la alegría debe ser vuestra norma. 5ª ASPIRACIÓN ÚNICA.—El objetivo que de¬béis tener a la vista es realizar la obra del Maestro. No debéis jamás olvidarla, cualesquiera que sean las ocupaciones que os salgan al paso, y ninguna otra labor puede interponerse en vuestro camino, porque toda la que sea fecunda y desin¬teresada es labor del Maestro, y debéis ejecutar¬la por amor a Él. Además, debéis poner toda vuestra atención en cada parte de la misma, pa¬ra que la hagáis lo más perfecta posible. El mis¬mo Instructor dijo también: "Sea lo que fuere que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres. Pensad cómo eje¬cutaríais una obra si supieseis que el Maestro ha de venir a verla; así debéis realizar toda labor." Los más conscientes sabrán mejor lo que este versículo significa. Y hay otro semejante y mu¬cho más antiguo: "Esfuérzate tanto como puedas en cumplir cualquier cosa que se te presente." Aspiración única significa también que nada deberá jamás desviaros, ni siquiera por un momento, del sendero en que habéis entrado. Ni tentaciones, ni placeres terrenales, ni mundanos afectos deberán nunca apartaros de él. Porque vosotros mismos debéis identificaros con el Sen¬dero, el cual ha de formar parte de vuestra natulareza, de tal modo que lo sigáis sin necesidad de pensar en él ni en la posibilidad de abando¬narlo. Vosotros, la Mónada, lo habéis decidido; desprenderos de él equivaldría a desprenderos de vosotros mismos. 6ª CONFIANZA.—Debéis confiar en vuestro Maestro; debéis confiar en vosotros mismos. Si ya habéis visto al Maestro, confiaréis del todo en Él a través de vidas y muertes. Si aún no Lo habéis visto, debéis tratar de imaginároslo y confiar en Él, porque si no lo hiciéreis, no podrá Él ayudaros. Sin completa confianza no puede establecerse la perfecta corriente de amor y de poder. Debéis tener confianza en vosotros mismos. ¿Decís que os conocéis bien a vosotros mismos? Si tal creéis, no os conocéis; tan sólo conocéis la débil corteza externa que con frecuencia cae en el cieno. Vosotros, vuestro Yo real, es una chispa del propio Fuego Divino; y como Dios, que es omnipotente, está en vosotros, nada hay que no podáis hacer si queréis. Decíos: "Lo que hizo un hombre, otro hombre puede hacerlo. Yo soy un ser humano, más aún, soy Dios en el hombre: puedo y quiero hacerlo." Porque vuestra volun¬tad debe ser cual acero templado, si queréis ha¬llar el Sendero. IV El Amor es la cualidad más importante, por¬que cuando es bastante fuerte en un hombre, lo estimula a revestirse de todas las demás, que sin ella nunca serían suficientes. Suele definirse el amor como un intenso deseo de unión con Dios y de liberación de la rueda de nacimientos y muertes. Pero este concepto del amor suena a egoísta e implica sólo una parte de su significa-do. El amor es más que deseo; es voluntad, reso¬lución, determinación. Para producir este resul-tado, la resolución debe llenar vuestra natura¬leza entera, hasta el punto de no dejar lugar para ningún otro sentimiento. Es, sin duda, la volun¬tad de ser uno con Dios, no para escapar del su-frimiento y de la fatiga, sino a fin de que, en ra¬zón de vuestro amor profundo hacia Él, podáis obrar con Él y como Él obra... Pues siendo Dios Amor, si queréis llegar a ser uno con Él, debéis también estar poseídos de amor y perfecto al¬truismo. En la vida diaria, esto significa dos cosas: pri¬mera, que procuréis cuidadosamente no causar daño a ningún ser viviente; segunda, que siem¬pre estéis alerta por si se presenta la oportunidad de ayudar. Primero, no dañar. Hay tres pecados que causan en el mundo mayores males que todos los demás: maledicencia, crueldad y superstición, porque son pecados contra el amor. Si el hombre quiere henchir su corazón de amor divino, ha de vigilarlos y combatirlos constantemente. Veamos los efectos de la maledicencia: Prin¬cipia con el mal pensamiento, y esto en sí mismo es ya un crimen. Porque en todas las personas y en todas las cosas existe el bien y el mal. A cualquiera de éstos podemos prestarle fuerza, pensando en él, y por este medio ayudar o estor-bar la evolución; podemos hacer la voluntad del Logos o trabajar en contra de ella. Si pensáis mal de otro, cometéis tres iniquida¬des a un tiempo: 1a Llenáis el ambiente que os rodea de malos pensamientos en vez de buenos, y así aumentáis las tristezas del mundo. 2a Si en el ser en quien pensáis existe el mal que le atribuís, lo vigorizáis y alimentáis; y así, hacéis peor a vuestro hermano en vez de hacerlo mejor. Pero, si generalmente el mal no existe en él y tan sólo lo habéis imaginado, entonces vuestro maligno pensamiento tienta a vuestro hermano y lo induce a obrar mal, porque, si no es todavía perfecto, podéis convertirlo en aque-llo que de él habéis pensado. 3a Nutrís vuestra propia mente de malos en vez de buenos pensamientos, y así impedís vuestro propio desarrollo y os hacéis, a los ojos de quienes pueden ver, un objeto feo y repulsivo, en vez de bello y amable. No contento con hacerse todo este daño y ha¬cerlo a su víctima, el maldiciente procura con to¬das sus fuerzas que los demás participen de su crimen. Les expone con vehemencia su chisme, con la esperanza de que lo crean, y entonces los convencidos cooperan con él, enviando malos pensamientos al pobre paciente. Y esto continúa día tras día, y no lo hace sólo una persona, sino miles. ¿Veis ahora cuán bajo, cuán terrible es este pecado? Procurad evitarlo en absoluto. No habléis jamás mal de nadie; negaos a escuchar a quien os hable mal de otro, y decidle, afectuo¬samente: "Tal vez eso no sea verdad, y, aunque lo fuese, es mejor no hablar de ello". En cuanto a la crueldad, ésta es de dos clases: intencionada y sin intención. La crueldad intencionada consiste en causar, de propósito, dolor a otros seres vivientes, y éste es el pecado más grave de todos: obra de diablo más bien que de hombre. Diréis que ningún hom¬bre puede hacer una cosa semejante; pero preci¬samente los hombres la han hecho muy a menu¬do y aún la están haciendo cada día. Los inquisi¬dores la practicaron, y también muchas gentes religiosas en nombre de su religión; los vivisectores, así como habitualmente algunos maestros de escuela. Todas estas personas tratan de ex¬cusar su brutalidad con la costumbre; pero un crimen no deja de serlo porque muchos hombres lo cometan. Karma no tiene en cuenta las cos¬tumbres; y el karma de la crueldad es el más terrible. En la India, al menos, no puede haber excusa para tales costumbres, porque todos co¬nocen el deber de no acusar mal a nadie. El des¬tino de los crueles cae también sobre aquellos que se dedican intencionadamente a matar a las criaturas de Dios, y llaman a esto deporte. Ya sé que tales cosas no las efectuáis vosotros, y por amor de Dios hablaréis claramente contra ellas cuando la oportunidad se os presente. Pero también hay crueldad en las palabras como en los actos, y una persona que diga una palabra con intención de herir a otra es culpable de este crimen. Esto tampoco lo haréis vosotros; pero algunas veces una palabra dicha al descuido ha¬ce tanto daño como una maliciosa. Así pues, de¬béis estar siempre en guardia contra la crueldad no intencionada. En general, ello procede de la irreflexión. Hay hombres tan poseídos de la ambición y de la ava¬ricia, que ni siquiera se dan cuenta del sufri¬miento que causan a los demás pagándoles poco, o haciendo pasar hambre a su mujer e hijos Otros, pensando tan sólo en su codicia, se preocupan poco de los cuerpos y de las almas, a quie¬nes arruinan por satisfacerla. Para librarse de unos cuantos minutos de molestia, un hombre deja de pagar a sus obreros el día que les corres¬ponde, sin acordarse de las dificultades que este hecho les reporta. ¡Tanto sufrimiento se causa por descuido, por olvidar cómo una acción ha de afectar a los demás!... Pero Karma nunca olvida, y no tiene en cuenta que los hombres ol¬viden los hechos. Si deseáis entrar en el Sendero, debéis pensar en las consecuencias de vuestros actos, para que no seáis culpables de crueldad irreflexiva. La superstición es otro mal tremendo, que ha causado grandes y terribles crueldades. Las per¬sonas esclavas de ella menosprecian a las que saben más, y tratan de obligarlas a hacer lo que ellas hacen. Pensad en la horrorosa matanza debida a la superstición de sacrificar a los animales y al todavía más terrible prejuicio de que el hombre necesita alimentarse de carnes. Pensad en el trato a que la superstición ha dado motivo con respecto a las clases oprimidas en nuestra amada India, y ved cómo esta mala tendencia puede engendrar una despiadada inconsideración, aun entre los que conocen el deber de fraternidad. Los hombres han cometido muchos crímenes en nombre del Dios de Amor, movidos por la pesadilla de la superstición; cuidad mucho de que no quede en vosotros ni el más leve vestigio de ella. Debéis evitar estos tres grandes delitos, por¬que son fatales a todo progreso, por ser pecados contra el amor. Pero no tan sólo estáis obligados a refrenaros de este modo ante el mal, sino que habéis de ser activos para el bien. El intenso de¬seo de servir ha de llegar al máximo, hasta el punto de estar siempre a la mira para aplicarlo alrededor de vosotros no tan sólo a las personas, sino a los animales y a las plantas. Debéis pres¬tar vuestro servicio hasta en las pequeñas cosas de la vida diaria, de modo que, acostumbrándoos a ello, no podáis substraeros, cuando se presente la oportunidad de hacer cosas de mayor impor¬tancia. Pues si deseáis llegar a ser uno con Dios, que no sea para vuestro propio beneficio, sino para convertiros en canal por donde fluya Su amor para alcanzar a vuestros semejantes. El que está en el Sendero no vive para sí mis¬mo, sino para los demás; se olvida de él para po-der servirlos. Es a manera de pluma en manos de Dios, por la que fluye Su pensamiento y tiene expresión aquí abajo, lo que no podría suceder sin ella. Es a manera de un canal de fuego vi¬viente que derrama sobre el mundo el Divino Amor que llena su corazón. La sabiduría que os capacita para ayudar, la voluntad que dirige la sabiduría, el amor que inspira la voluntad, éstas son vuestras cualidades. Voluntad, Sabiduría y Amor son los tres as¬pectos del Logos; y vosotros, que deseáis alistaros para servirlo, debéis, hacer gala de ellos en el mundo. Quien la palabra del Maestro anhele, De Sus mandatos póngase en escucha Entre el fragor de la terrena lucha, Y la escondida Luz atento cele. Sobre el inquieto y mundanal gentío, Del Maestro atisbe la señal más leve, Y oiga el susurro que Su voz eleve Del mundo entre el rugiente griterío.
jueves, 10 de julio de 2014
LOS TÚNELES DE AMÉRICA

LOS TÚNELES DE AMÉRICA
ANDREAS FABER - KAISER
Muchas leyendas y tradiciones indígenas del continente americano hablan de la existencia de redes de comunicación y de ciudades subterráneas.
ANDREAS FABER - KAISER †
España
http://personal.telefonica.terra.es/web/fir/
Existe una nutrida literatura y suficientes investigadores que mantienen la hipótesis de que debajo de la superficie de nuestro planeta habitan seres inteligentes desconocidos por nosotros.
Existen diversas hipótesis acerca de la posibilidad de que inteligencias procedentes de fuera de nuestro planeta posean puntos de apoyo subterráneos o subacuáticos en el planeta Tierra. No voy a entrar aquí en el análisis de estas posibilidades, ya que forman parte de otro estudio que merece su propia dedicación. De forma que no voy a hablar de organizaciones como la Hollow Earth Society (Sociedad de la Tierra Hueca) o el SAMISDAT, que buscan establecer contacto con supuestos habitantes del interior del planeta, la primera, mientras que la segunda echa leña al fuego de la existencia de toda una organización de ideología nazi —naturalmente vinculada a los personajes dirigentes de la Alemania nazi— que sobrevive bajo la piel de nuestro planeta, con entradas a su mundo especialmente en el polo Norte y de la Amazonía brasileña. No voy a hablar de tales organizaciones ni de otras similares, ni voy a entrar en el tema de Shamballah ni de Agartha —supuestos conceptos de lo que serían unos centros de control subterráneos en los confines del Asia central— ni en el del supuesto 'Rey del Mundo', porque no es el momento de negar ni de confirmar la validez de todos estos supuestos. El día en que crea oportuno hablar de ellos, lo haré de la forma más clara posible.
Voy a centrarme en este artículo en los lugares que, en el continente americano, tienen mayores posibilidades de conectar con este mundo inteligente subterráneo que aflora en muchas narraciones de los indios del Norte, del Centro y del Sur de este vasto continente, recogidas desde la época de la conquista hasta nuestros días. Para darle algún orden a la exposición de estos lugares —y dado que la datación cronológica de los supuestos túneles se pierde en la indefinición— voy a recorrer en las páginas que siguen América comenzando por el Norte para terminar, en trayecto descendente sobre el mapa, en el Norte de Chile.
Quede dicho, antes de descender, que hay más de un investigador que afirma que el Polo Norte alberga tierras cálidas y la entrada hacia un mundo interior.
El Monte Shasta
Los indios hopi afirman que sus antepasados proceden de unas tierras hundidas en un pasado remoto en lo que hoy es el océano Pacífico. Y que quienes les ayudaron en su éxodo hacia el continente Americano fueron unos seres de apariencia humana que dominaban la técnica del vuelo y la de la construcción de túneles e instalaciones subterráneas. Los hopi están asentados hoy en día en el estado de Arizona, cerca de la costa del Pacífico. Entre ellos y la costa, se halla el estado de California. Y en el extremo norte de este estado existe un volcán nevado, blanco, llamado Shasta. Las leyendas indias del lugar explican que en su interior se halla una inmensa ciudad que sirve de refugio a una raza de hombres blancos, dotados de poderes superiores, supervivientes de una antiquísima cultura desaparecida en lo que hoy es el océano Pacífico. El único supuesto testigo que accedió a la ciudad, el médico Dr. Doreal, afirmó en 1931 que la forma de construcción de sus edificios le recordó las construcciones mayas o aztecas.
El nombre Shasta no procede del inglés, ni de ninguno de los idiomas ni dialectos indios. En cambio, es un vocablo sánscrito, que significa "sabio", "venerable" y "juez". Sin tener noción del sánscrito, las tradiciones indias hablan de sus inquilinos como de seres venerables que moran en el interior de la montaña blanca por ser ésta una puerta de acceso a un mundo interior de antigüedad milenaria.
Notificaciones más recientes de los habitantes de la cercana colonia de leñadores de Weed refieren apariciones esporádicas de seres vestidos con túnicas blancas que entran y salen de la montaña, para volver a desaparecer al tiempo que se aprecia un fogonazo azulado.
Narraciones recogidas de los indios sioux y apaches confirman la convicción de los hopi y de los indígenas de la región del monte Shasta, de que en el subsuelo del continente americano mora una raza de seres de tez blanca, superviviente de una tierra hundida en el océano. Pero también mucho más al norte, en Alaska y en zonas más norteñas aún, esquimales e indios hablan una y otra vez de la raza de hombres blancos que habita en el subsuelo de sus territorios.
Una ciudad bajo la pirámide
Descendiendo hacia el Sur, recogí en la primavera de 1977 en México la creencia de que bajo la pirámide del Sol en Teotihuacán (la "ciudad de los dioses"), se esconde por el lado opuesto de la corteza terrestre —o sea en el interior del subsuelo— una ciudad en la cual se afirma que se halla el dios blanco.
400 edificios vírgenes
Si de aquí nos trasladamos a la península del Yucatán, hallaremos en su extremo norte, oculta en la espesura de la selva, una ciudad descubierta en 1941 que se extiende sobre un área de 48 km2, y que guarda en el silencio del olvido más de 400 edificios que en alguna época remota conocieron esplendor. Fue hallada por un grupo de muchachos que, jugando en las inmediaciones de una laguna en la que solían bañarse, se toparon con un muro de piedras trabajadas, oculto por la vegetación. No teniendo los mexicanos recursos suficientes para acometer la exploración del lugar, requirieron ayuda norteamericana, acudiendo dos arqueólogos especializados en cultura maya, adscritos al Middle American Research Institute de la Universidad de New Orleans. También ellos determinaron que el proyecto de limpieza y estudio de la enorme ciudad sobrepasaba sus posibilidades, por lo que habría que crear una asociación con otras entidades. La guerra logró que el proyecto fuera momentáneamente archivado. Hasta que, en 1956, la Universidad de New Orleans, asociada esta vez con la National Geographic Society y con el Instituto Nacional de Antropología de México reemprendió las investigaciones. Andrews, el arqueólogo que dirigía la expedición, se dedicó —mientras el equipo de trabajadores comenzaba la desobstrucción de las edificaciones— a recoger informaciones entre los indios de la región. Un chamán le hizo saber que la ciudad se llamaba Dzibilchaltún, palabra que era desconocida en el idioma maya local, y que la laguna era llamada Xlacah, cuya traducción sería "ciudad vieja".
La ciudad engullida
Queriendo averiguar el motivo de este nombre, le fue narrada al arqueólogo norteamericano una leyenda transmitida por los indios de generación en generación, y que afirmaba que, en el fondo de la laguna, existía una parte de la ciudad que se alzaba arriba, en la jungla. De acuerdo con la narración del viejo chamán, muchos siglos antes había en la ciudad de Dzibilchaltún un gran palacio, residencia del cacique. Cierta tarde llegó al lugar un anciano desconocido que le solicitó hospedaje al gobernante. Si bien demostraba una evidente mala voluntad, ordenó sin embargo a sus esclavos que preparasen un aposento para el viajero. Mientras tanto, el anciano abrió su bolsa de viaje y de ella extrajo una enorme piedra preciosa de color verde, que entregó al soberano como prueba de gratitud por el hospedaje. Sorprendido con el inesperado presente, el cacique interrogó al huésped acerca del lugar del que procedía la piedra. Como el anciano rehusaba responder, su anfitrión le preguntó si llevaba en la bolsa otras piedras preciosas. Y dado que el interrogado continuó manteniéndose en silencio, el soberano montó en cólera y ordenó a sus servidores que ejecutasen inmediatamente al extranjero. Después del crimen, que violaba las normas sagradas del hospedaje, el propio cacique revisó la bolsa de su víctima, suponiendo que encontraría en ella más objetos valiosos. Mas, para su desespero, solamente halló unas ropas viejas y una piedra negra sin mayor atractivo. Lleno de rabia, el soberano arrojó la piedra fuera del palacio. En cuanto cayó a tierra, se originó una formidable explosión, e inmediatamente la tierra se abrió engullendo el edificio, que desapareció bajo las aguas del pozo, surgido éste en el punto exacto en el que cayó a tierra la piedra. El cacique, sus servidores y su familia fueron a parar al fondo de la laguna, y nunca más fueron vistos. Hasta aquí la leyenda.
Pero continuemos con estas ruinas del Yucatán septentrional. La expedición acabó por desobstruir una pirámide que albergaba ídolos diferentes de las representaciones habituales de las divinidades mayas. Otro edificio cercano se revelaría como mucho más importante. Se trataba de una construcción que difería totalmente de los estilos tradicionales mayas, ofreciendo características arquitectónicas jamás vistas en ninguna de las ciudades mayas conocidas. En el interior del templo —adornado todo él con representaciones de animales marinos— Andrews descubrió un santuario secreto, tapiado con una pared, en el que se encontraba un altar con siete ídolos que representaban a seres deformes, híbridos entre peces y hombres. Seres similares por lo tanto a aquellos que en tiempos remotos revelaron inconcebibles conocimientos astronómicos a los dogones, en el África central, y a aquellos otros que nos refieren las tradiciones asirias cuando hablan de su divinidad Oannes.
En 1961, Andrews regresó a Dzibilchaltún, acompañado en esta ocasión de dos experimentados submarinistas, que debían completar con un mejor equipamiento la tentativa de inmersión efectuada en 1956 por David Conkle y W. Robbinet, que alcanzaron una profundidad de 45 metros, a la cual desistieron en su empeño debido a la total falta de luz reinante. En esta segunda tentativa, los submarinistas fueron el experimentado arqueólogo Marden, famoso por haber hallado en 1956 los restos de la H.M.S Bounty, la nave del gran motín, y B. Littlehales. Después de los primeros sondeos, vieron claro que la laguna se desarrollaba en una forma parecida a una bota, prosiguiendo bajo tierra hasta un punto que a los arqueólogos submarinistas les fue imposible determinar. Al llegar al fondo de la vertical, advirtieron que existía allí un declive bastante pronunciado, que se encaminaba hacia el tramo subterráneo del pozo. Y allí se encontraron con varios restos de columnas labradas y con restos de otras construcciones. Con lo cual parecía confirmarse que la leyenda del palacio sumergido se fundamentaba en un suceso real.
Este enclave del Yucatán presenta certeras similitudes con las ruinas de Nan Matol, la ciudad muerta del océano Pacífico de la que afirman proceder los indios americanos. También allí se conserva una enigmática ciudad abandonada y devorada por la jungla, a cuyos pies, en las profundidades del mar, los submarinistas descubrieron igualmente columnas y construcciones engullidas por el agua.
El emperador del Universo
Nos vamos a la otra costa de México, ligeramente más al Sur. En Jalisco, y a unos 120 Km. tierra adentro del cabo Corrientes, cuentan los indígenas que se oculta un templo subterráneo en el que antaño fue venerado el 'emperador del Universo'. Y que, cuando finalice el actual ciclo evolutivo, volverá a gobernar la Tierra con esplendor el antiguo pueblo desplazado. Tal afirmación guarda relación con el legado que encierran los pasadizos de Tayu Wari, en la selva del Ecuador.
Las láminas de oro de los lacandones
De aquí hacia el Sur, al estado mexicano de Chiapas, junto a la frontera con Guatemala. Allí moran unos indios diferentes, de tez blanca, por cuyos secretos subterráneos ya se había interesado en marzo de 1942 el mismo presidente Roosevelt. Pues cuentan los lacandones que saben de sus antepasados que en la extensa red de subterráneos que surcan su territorio, se hallan en algún lugar secreto unas láminas de oro, sobre las que alguien dejó escrita la historia de los pueblos antiguos del mundo, amén de describir con precisión lo que sería la Segunda Guerra Mundial, que implicaría a todas las naciones más poderosas de la Tierra. Este relato llega a oídos de Roosevelt a los pocos meses de sufrir los Estados Unidos el ataque japonés a Pearl Harbor. Semejantes planchas de oro guardan estrecha relación, igualmente, con las que luego veremos se esconden en los citados túneles de Tayu Wari, en el Oriente ecuatoriano.
50 Km. de túnel
Prosigamos hacia el Sur. El paso siguiente que se da desde Chiapas pisa tierra guatemalteca. En el año 1689 el misionero Francisco Antonio Fuentes y Guzmán no tuvo inconveniente en dejar descrita la "maravillosa estructura de los túneles del pueblo de Puchuta", que recorre el interior de la tierra hasta el pueblo de Tecpan, en Guatemala, situado a unos 50 Km. del inicio de la estructura subterránea.
A México en una hora
A finales de los 40 del siglo pasado apareció un libro titulado Incidentes de un viaje a América Central, Chiapas y el Yucatán, escrito por el abogado norteamericano John Lloyd Stephens, que en misión diplomática visitó Guatemala en compañía de su amigo el artista Frederick Catherwood. Allí, en Santa Cruz del Quiché, un anciano sacerdote español le narró su visita, años atrás, a una zona situada al otro lado de la sierra y a cuatro días de camino en dirección a la frontera mexicana, que estaba habitada por una tribu de indios que permanecían aún en el estado original en que se hallaban antes de la conquista. En conferencia de prensa celebrada en New York tiempo después de la publicación del libro, añadió que, recabando más información por la zona, averiguó que dichos indios habían podido sobrevivir en su estado original gracias a que —siempre que aparecían tropas extrañas— se escondían bajo tierra, en un mundo subterráneo dotado de luz, cuyo secreto les fue legado en tiempos antiguos por los dioses que habitan bajo tierra. Y aportó su propio testimonio de haber comenzado a desandar un túnel debajo de uno de los edificios de Santa Cruz del Quiché, por el que en opinión de los indios antiguamente se llegaba en una hora a México.
El templo de la Luna
En octubre de 1985 tuve ocasión de acceder junto con Juan José Benítez, con los hermanos Vilchez y con mi buena amiga Gretchen Andersen —que, dicho sea de paso, nació al pie del monte Shasta en el que inicié este artículo— a un túnel excavado en el subsuelo de una finca situada en los montes de Costa Rica. Nos internamos en una gran cavidad que daba paso a un túnel artificial que descendía casi en vertical hacia las profundidades de aquel terreno. Los lugareños —que estaban desde hace años limpiando aquel túnel de la tierra y las piedras que lo taponaban— nos narraron su historia, afirmando que al final del mismo se halla el "templo de la Luna", un edificio sagrado, uno de los varios edificios expresamente construidos bajo tierra hace milenios por una raza desconocida, que de acuerdo con sus registros había construido una ciudad subterránea de más de 500 edificios.
La biblioteca secreta
Y ya bastante más al Sur, me interné en 1986 en solitario en la intrincada selva que, en el Oriente amazónico ecuatoriano, me llevaría hasta la boca del sistema de túneles conocidos por Los Tayos —Tayu Wari en el idioma de los jíbaros que los custodian—, en los que el etnólogo, buscador, aventurero y minero húngaro Janos Moricz había hallado años atrás, y después de buscarla por todo el subcontinente sudamericano, una auténtica biblioteca de planchas de metal. En ellas, estaba grabada con signos y escritura ideográfica la relación cronológica de la historia de la Humanidad, el origen del hombre sobre la Tierra y los conocimientos científicos de una civilización extinguida.
Las ciudades subterráneas de los dioses
Por los testimonios recogidos, a partir de allí partían dos sendas subterráneas principales: una se dirigía al Este hacia la cuenca amazónica en territorio brasileño, y la otra se dirigía hacia el Sur, para discurrir por el subsuelo peruano hasta el Cuzco, el lago Titicaca en la frontera con Bolivia, y finalmente alcanzar la zona lindante a Arica, en el extremo norte de Chile.
De acuerdo por otra parte con las informaciones minuciosamente recogidas en Brasil por el periodista alemán Karl Brugger, con cuyo asesinato en la década de los 80 desaparecieron los documentos de su investigación, se hallarían en la cuenca alta del Amazonas diversas ciudades ocultas en la espesura, construidas por seres procedentes del espacio exterior en épocas remotas, y que conectarían con un sistema de trece ciudades ocultas en el interior de la cordillera de los Andes.
Los refugios de los incas
Enlazando con estos conocimientos, sabemos desde la época de la conquista que los nativos ocultaron sus enormes riquezas bajo el subsuelo, para evitar el saqueo de las tropas españolas. Todo parece indicar que utilizaron para ello los sistemas de subterráneos ya existentes desde muchísimo antes, construidos por una raza muy anterior a la inca, y a los que algunos de ellos tenían acceso gracias al legado de sus antepasados. Posiblemente, el desierto de Atacama en Chile sea el final del trayecto, en el extremo Sur.
Estamos hablando pues, al final del trayecto, de la zona que las tradiciones de los indios hopi citados al inicio de este artículo —allá arriba en la Arizona norteamericana—, señalan como punto de arribada de sus antepasados cuando —ayudados por unos seres que dominaban tanto el secreto del vuelo como el de la construcción de túneles y de instalaciones subterráneas—, se vieron obligados a abandonar precipitadamente las tierras que ocupaban en lo que hoy es el océano Pacífico.
Pero la localización de las señales concretas —que existen—, el desciframiento adecuado de sus claves correctoras —que las hay—, así como la decisión de dar el paso comprometido al interior, es —como siempre sucede en todo buscador sincero— una labor tan comprometida como intransferible.
EL AUTOR, fallecido en 1994, fue periodista y escritor; director y editor de la prestigiosa revista Mundo Desconocido y coordinador internacional de la revista Más Allá de la Ciencia. Publicó gran número de artículos y 13 libros, entre ellos ¿Sacerdotes o cosmonautas? y Las nubes del engaño.
© Andreas Faber-Kaiser, 1992 – Derechos reservados.
Reproducido con permiso expreso.
RODOLFO FAUSTOR Y KRISHNA SALAZAR EN CUSCO.INGRESO DE UNA CHINKANA ( TUNEL )
VICTOR SALAZAR EN CUSCO
DIRECTOR DE LA REVISTA:
CABALLEROS DE LA ORDEN DEL SOL
PUBLICAD
miércoles, 9 de julio de 2014
El Joyero y el Monje
Un cuento de causa y efecto

Hace muchísimos años en la antigua India había un joyero rico llamado Pandu. Un día manejaba de prisa en su carruaje hacia la ciudad de Varanasi. Terminaba de llover y el aire estaba fresco. Pandu estaba feliz porque el clima estaba agradable y pensaba en el dinero que ganaría al día siguiente en el mercado.
Pandu miró hacía arriba y vio a un monje caminando despacio al lado del camino. El monje daba pasos firmes, tenía la espalda erecta y lo rodeaba un aura de paz y fuerza interna. Si el monje iba a Varanasi, Pandu pensó en preguntarle si querría ir con él. El parecía un santo y había oído que la compañía de un santo traía buena suerte.
Le ordenó a su musculoso esclavo Mahaduta frenar los caballos.
- Venerable Maestro – dijo Pandu abriendo la puerta de su carruaje – Si va a Varanasi, yo puedo ofrecerle transporte. –
- Viajaré con usted – replicó el monje – Si usted entiende que no puedo pagarle, porque no tengo ninguna posesión. Solamente puedo pagarle con el regalo de las Doctrinas sagradas. – - Acepto sus condiciones – asintió el joyero que pensaba todo en términos de negocios. Le hizo un espacio en su carruaje.
Durante el viaje, el monje quien se llama Narada, , le explicó la ley de causa y efecto. - La gente crea su propio destino, dependiendo de sus acciones. Si hace cosas buenas, tiene buena suerte, si hace cosas malas, tarde o temprano pagará por ellas. –
Pandu estaba contento con su compañía porque era un hombre sensible y le gustaba oír un buen sentido común. Además, era un hombre práctico y tenia buenas relaciones con las Doctrinas pero él no lo sabía.
Narada fue interrumpido rudamente cuando el carruaje se detuvo súbitamente en medio del camino.
- ¿Qué es? - Pandu gritó molesto a su esclavo Mahaduta – No tenemos tiempo que perder. Faltaban diez millas más para llegar a Varanasi y el sol ya había bajado en el oeste. - - La carreta de un estúpido campesino está bloqueando el camino – gritó Mahaduta desde el asiento anterior del carruaje.
El monje y el joyero abrieron la puerta del carruaje y miraron hacia fuera. Una carreta cargada con arroz estaba bloqueando el camino. La rueda derecha estaba en una zanja y un campesino estaba sentado y tratando de reparar un eje de la rueda.
- ¡No puedo esperar! Mahaduta, saca la carreta del camino – gritó Pandu.
El campesino se puso de pie y quiso protestar. Narada volteó a verlo y quiso pedirle que pensara en otra manera, pero antes de que alguno pudiera hablar, el musculoso Mahaduta ya había saltado y empujó la carreta hacia la zanja. Las bolsas de arroz cayeron al lodo.
El campesino corrió gritándole a Mahaduta, pero se quedó en silencio cuando vio que el esclavo era dos veces más fuerte que él. Con una sonrisa perversa, Mahaduta alzó sus puños, y si su dueño hubiera tenido tiempo lo habría golpeado con gusto.
Cuando el esclavo subió a su asiento y tomó las riendas, el monje se bajó del carruaje. Volteó hacia Pandu y dijo – Ya he descansado y estoy en la obligación de pagarle por las horas de transporte. La mejor manera de pagarle es ayudando a este desafortunado campesino que usted ha dañado. Si lo dañó, es seguro que el mismo daño va a llegar a usted. Quizás ayudándolo puede disminuir su deuda. Ya que en una vida pasada, este campesino fue pariente suyo. Su karma está atado al de él aún más fuerte.
El joyero estaba asombrado. No estaba acostumbrado a escuchar reprimendas, ni más aun con palabras suaves como las del monje. Estaba más irritado porque el monje mencionó que él, Pandu, un rico joyero, pudo ser pariente de un pobre campesino que cultiva arroz. - ¡Esto es imposible! – dijo a Narada.
Narada sonrió y comentó – Algunas veces las personas más inteligentes no reconocen las verdades básicas de la vida. Pero trataría de protegerlo del daño que se hacía a usted mismo.
Molesto por estas palabras, Pandu señala con su mano a su esclavo seguir el camino.
Devala, el campesino, ya se había sentado al lado del camino nuevamente, para reparar su eje. Narada saludó a Devala y empezó a empujar la carreta desde la zanja. Devala se apuró a ayudar, pero notó que el monje tenía mucha más fuerza que la que podría haberse esperado de un hombre pequeño y delgado.
La carreta nuevamente fue enderezada, antes que Devala cruzara el camino.
- Este monje es un santo. – el campesino pensó silenciosamente. – Dioses y espíritus invisibles están ayudándolo. Quizás puede explicarme ¿por qué hoy mi fortuna es tan mala?
Los dos hombres juntos cargaron otra vez la carreta con las bolsas de arroz que cayeron en el lodo. Devala regresó a reparar el eje nuevamente, y preguntó – Venerable Maestro, puede decirme ¿por qué hoy tuve que sufrir tal injusticia de este comerciante arrogante y rico, a quien nunca había visto antes? ¿No hay justicia en la vida?
Narada respondió – Hoy no sufrió una injusticia. Fue el pago por una injuria que usted ha infligido al joyero en una vida pasada. –
El campesino asintió – He oído sobre estas cosas pero no sé si son creíbles. –
No es tan difícil de creer – respondió el monje. – Nos convertimos en lo que hacemos. Teniendo buenos actos, se vuelve una persona buena, y naturalmente le suceden cosas buenas. Y para las cosas malas, es lo mismo. Malos actos crean malas personas y vidas desafortunadas. Todos sus pensamientos, dichos y actos crean su propia persona y las semillas de su futuro. Es la ley de causa y efecto, la ley eterna del karma.
- Puede ser así, pero yo no soy tan malo. Y mire, lo que me sucedió hoy – replicó Devala. - Pero es verdad, ¿no? amigo mío, si el joyero hubiera estado bloqueando el camino y usted tuviera un ayudante musculoso, ¿habría hecho lo mismo? – preguntó Narada.
Devala quedó en silencio. Se dio cuenta que si Narada no hubiera ayudado, sólo pensaría en vengarse. Enojado, había deseado exactamente lo que dijo Narada, que él habría podido ser la persona que volcó el carruaje del joyero, y orgullosamente pudo dejar al joyero luchando en el lodo.
- Sí, Venerable Maestro, es verdad – dijo el campesino.
Los dos trabajaron silenciosamente hasta que el eje fue reparado y se volvió a poner la rueda en la carreta. El campesino estaba reflexionando sobre las palabras del monje. Aunque Devala no asistió a la escuela, era un hombre pensativo que le gustaba comprender las razones de los asuntos.
De repente dijo – Pero esta es una cosa terrible. Ahora que el joyero me ha dañado yo voy a dañarlo a él, entonces él me dañará nuevamente, y yo lo dañaré en venganza en un círculo sin fin. -
- No es seguro – comentó Narada. – La gente tiene la habilidad de hacer lo bueno y lo malo. Si ayuda y no daña al orgulloso joyero, va a romper el ciclo. -
Devala asintió dudosamente cuando subió a la carreta. Cree en las palabras del monje, pero duda que tenga la oportunidad de hacerlo. Un campesino pobre ¿cómo puede apoyar un a comerciante rico? - Invitó a Narada a sentarse a su lado en la carreta y tomó las riendas.
No han viajado muy lejos cuando el caballo se detuvo de repente.
- ¡Una culebra en el camino! - exclamó el campesino.
Cuando examinó cuidadosamente, Narada descubrió que no era una culebra sino una bolsa. Bajó de la carreta y la recogió. Estaba llena de oro.
- Yo sé, esta es la bolsa de Pandu, el joyero – dijo el monje. – La tuvo en su regazo cuando estaba en el carruaje. La perdió cuando abrió la puerta para hablar con usted.
El monje dio la bolsa a Devala. - Es su oportunidad de cortar las cadenas de la ira y la venganza que le ataron al joyero. Cuando lleguemos a Varanasi, irá a la posada donde se queda y le devolverá su dinero.
El va a disculparse. Dígale que no le guardará rencor y deséele suerte.
¿No le dije que los destinos de ustedes dos están entrelazados? Pueden caer o prosperar, dependiendo de sus propios actos. –
Devala haría como el monje le enseñó. No quiso quedarse con ese dinero. Sólo quería estar libre de la deuda kármica. Al atardecer, llegaron a Varanasi, fue a la posada donde viven los ricos, y preguntó por Pandu.
- ¿Quién lo esta buscando? – preguntó el dueño con desprecio, mirando los viejos vestidos del campesino.
- Dígale que un amigo – respondió Devala.
En unos minutos, Pandu entró al salón donde Devala lo estaba esperando. Cuando vio al campesino entregándole su bolsa llena de oro, se quedó estupefacto, con asombro, vergüenza y alivio.
De repente Pandu salió del cuarto gritando – ¡Alto! deja de golpearlo.
Devala había oído gemidos saliendo de un cuarto cercano. Pensó que alguien estaba muriendo de fiebre. En un momento un hombre grande y fornido entró tambaleándose al salón, con la espalda llena de ronchas y contusiones. No era otro, sino Mahaduta, el esclavo del joyero. Un policía lo sigue con un látigo en una mano y un bastón en el otro.
Mirando a Devala, Mahdauta fue sorprendido y dijo con voz ronca – Mi bondadoso amo piensa que le robé su bolsa de oro. Me golpeó hasta confesar. Es mi castigo por lastimarlo siguiendo sus órdenes. -
Salió tropezando de la posada hacia la noche oscura, sin decir una palabra a su amo. Pandu lo miró, pensando que necesitaba decir algo, pero era demasiado orgulloso para disculparse con un esclavo, especialmente enfrente de tantas personas.
El joyero todavía no había saludado a Devala, ni tomado su bolsa. Cuando estaba a punto de hablar, un gordo vestido de seda entró en el salón diciendo en voz alta – Ah, Pandu, ellos me dijeron lo que estaba ocurriendo. La rueda de fortuna gira y gira ¿no es verdad? Diez minutos antes pensó que era un hombre arruinado, y ahora todo le sale bien. Ande, tome la bolsa, en nombre de Dios, y déle las gracias al señor.
Pandu tomó la bolsa, hizo una reverencia y dijo – Yo lo lastimé, pero usted me ayudó. No sé como recompensarlo.
- ¡Ah!, déle una recompensa. ¿Qué más? – exclamó el gordo. - ¡Déle una recompensa! – - Devala devolvió la reverencia y respondió – Ya lo perdoné, la recompensa no es necesaria. Si no hubiera ordenado a su esclavo volcar mi carreta, no habría tenido la oportunidad de conocer al Venerable Narada, ni de escuchar sus enseñazas llenas de sabiduría que valen más que cualquier dinero. Resolví que nunca voy a lastimar a cualquier ser, porque tampoco quiero ser lastimado. Por esta resolución me siento sano y en control de mi vida, un sentimiento que nunca tuve antes.
- ¿Narada le enseñó también? - preguntó Pandu. – Me enseñó, pero, qué lastima, no puse mucha atención a sus palabras. -
Dio algo de oro de su bolsa a Devala diciendo – Tome, buen hombre. Y dígame si sabe ¿dónde se queda el Venerable Narada en la ciudad de Varanasi?
Devala respondió – Sí, lo dejé en el monasterio cerca del Portón del Oeste. Él me dijo que posiblemente quería verle y que puede visitarlo mañana por la tarde. -
Pandu hizo otra reverencia, esta vez honda y sincera, diciendo – Ahora realmente estoy en deuda con usted, y ya creo lo que el Venerable Narada me dijo: que en una vida pasada fuimos parientes, y nuestros destinos están entrelazados. Además encontramos al mismo maestro de la Doctrina. -
El gordo estaba escuchando impaciente – “¡Bueno! Todas estas palabras espirituales son buenas, pero necesitamos hablar de negocios. -
Frente a Devala añadió - Permítame presentarme, soy Mallika, el banquero, amigo del buen hombre Pandu. Tengo contratos con el mayordomo del Rey para proveer el arroz de la calidad más fina para la mesa del Rey. Pero hace tres días un rival de negocios quiso derrotar mis negocios prósperos con el Rey y compró todo el arroz en la ciudad de Varanasi. Si mañana no pudiera proveer el arroz para el Rey, estaría arruinado. Pero amigo mío, afortunadamente, usted está aquí. Su arroz ¿es de grado fino? ¿Fue dañado por el tonto Mahaduta? ¿Cuánto tiene? ¿Alguien ya lo ha comprado? ¡Dígame! -
Sonriendo por la ansiedad del banquero, Devala respondió – Tengo quinientas libras de arroz de la calidad mas fina. Sólo se mojó una bolsa en el lodo. Nadie lo ha pedido todavía. Pensaba ir al mercado mañana por la mañana. -
- ¡Espléndido! ¡Espléndido! – gritó Mallika con deleite – Voy a pagar tres veces el precio del mercado. ¿Acepta, no?
- Sí, acepto – consintió Devala.
- Por supuesto que acepta – dijo el banquero sonriendo, y mandó a sus sirvientes a descargar la carreta de Devala.
El banquero añadió – Aquí está, buen hombre - dando al campesino un generoso pago en oro. – No perderá en el juego. –
Mallika comentó a Pandu – Cuando necesitamos ayuda, no sabemos de dónde llegará. Nunca perdamos la fe. La vida es un maravilloso misterio, ¿no? – Y regresó a su cena de muy buen humor.
Devala no tenía intenciones de perder su dinero en el juego. Resolvió donar la mitad de sus ganancias al monasterio donde vive el Venerable Narada. El resto lo guardó cuidadosamente y sólo gastó cuando era absolutamente necesario. Desde ese tiempo prosperó. Debido a su honestidad y sabiduría, los aldeanos naturalmente lo consideraron su líder.
Al día siguiente, Pandu fue al monasterio cerca del Portón del Oeste. Narada lo recibió en la sala de visitas, y escuchó todo lo que había ocurrido en la posada la noche anterior.
Le dijo a Pandu – Todavía tiene dudas, por eso prefiero no explicarle todo. Todavía no puede aceptar las enseñazas. Su fe no es tan honda como la del campesino Devala, y va a pasar por muchas pruebas antes de ser un verdadero discípulo del Buda. -
Pandu rogó humildemente – Venerable Maestro, le pido por favor que me explique todo, y así puedo seguir sus enseñanzas.
- Está bien – respondió el monje – Recuerde y contemple lo que yo digo. En el futuro posiblemente entenderá. Cada uno de nosotros creamos nuestro propio destino debido a nuestras propias acciones. Por ejemplo Mallika, su rico amigo, tiene muchas bendiciones, a pesar de tener poca sabiduría. El cree que la rueda de la fortuna gira y gira misteriosamente. Pero no hay misterios en el mundo. Su prosperidad y contento son debido a sus propias acciones, palabras y pensamientos. Vida tras vida siempre es rico y está contento porque vida tras vida fue bondoso y generoso. Pienso que él no trata a su esclavo de la misma manera en que usted trató a Mahaduta.
- Sí, es verdad. Quiso impedírmelo. Pero estaba tan enojado que no le escuché. – agregó Pandu.
Narada asintió – Sí, y usted no está libre de la deuda de golpear a Mahaduta sin razón. No está solo en este mundo. Sus acciones tienen consecuencias. Recuerde, cada una de sus acciones, sean buenas o sean malas, sean pequeñas o sean grandes, tarde o temprano van a regresar en la misma cantidad.
Hay un dicho que dice “Si siembra frijoles, cosecha frijoles. Si siembra melones, cosecha melones. La bondad atrae a la bondad. La maldad atrae a la maldad.” Trate a todos los seres en la misma manera que quiera que los otros lo traten a usted.
La verdad es que no somos individuos aislados. Todos los seres tienen la misma esencia. En cada pensamiento y acto, se relaciona con ellos, como los órganos de su cuerpo están relacionados.
Narada continuó – Si en verdad entiende eso en su corazón, no tendrá el deseo de lastimar a otros, porque su esencia y la de ellos es la misma. Sentirá sus sufrimientos como propios, y por eso querrá ayudarlos.
Deje que este verso lo guíe:
Si lastima a otros, se lastima a si mismo
Si ayuda a otros, se ayuda a si mismo
Para encontrar el Camino puro, el sendero de la luz
Deje está ilusión de un “YO”
Pandu se levantó e hizo tres reverencias al Venerable Narada, una cosa que nunca había hecho antes a nadie.
Dijo – Recordaré sus palabras, Venerable Maestro. Voy a construir un monasterio en mi pueblo de Kaushambi para que la gente tenga la oportunidad de escuchar la doctrina. Ojalá que el Venerable Maestro tenga compasión y me ayude a cumplir mi voto.
Con el paso de los años, el joyero Pandu prosperó. Tomó refugio y se convirtió en un discípulo del monje Narada. Con la ayuda de Narada, fundó un monasterio en Kaushambi y fue un donante ejemplar. Cuando no estaba muy ocupado con sus negocios, Pandu iba al monasterio para escuchar los sermones de Panthaka, el obispo del monasterio y el más avanzado discípulo de Narada. A Pandu le gustaba oír las enseñazas de Narada cuando iba a Varanasi, pero nunca las puso en práctica.
Se dijo a si mismo que la cultivación de las enseñanzas era trabajo de monjes y él estaba muy ocupado con sus negocios.
Casi seis años después de su primer encuentro con Narada, el taller de Pandu recibió un pedido extraordinario. El monarca del reino de al lado de las montañas quería una nueva corona real.
Había escuchado sobre el exquisito trabajo de Pandu, y quería que se le hiciera una corona de oro con las joyas más preciosas de toda la India. Los reyes de la antigua India tienen la tendencia de enamorarse de las joyas preciosas, y Pandu tenía el sueño de ser el proveedor de joyas para la casa real. Y ahora había llegado su oportunidad, no sólo para prosperar, sino para además tener riquezas sin límite.
Inmediatamente Pandu buscó los mejores zafiros, rubíes y diamantes, invirtió una gran parte de su dinero en esas joyas. Personalmente diseñó e hizo la corona. Para llevarla al rey, contrató unos hombres fuertes armados para que lo acompañaran a través de las montañas que estaban llenas de bandidos.
Todo iba bien hasta que encontró una estrecha vereda en la cumbre de las montañas. Allí estaban bajando un grupo de bandidos. Los hombres de Pandu eran más numerosos, pero el asombro de los caballos y los precipicios escarpados estorbaron a los hombres de Pandu, que en poco tiempo fueron vencidos.
Dos bandidos mugrientos abrieron la puerta del carruaje, arrastraron a Pandu y lo tiraron al suelo, le dieron patadas y lo golpearon con palos. Pandu aguantó los golpes, pensando sólo en la bolsa escondida detrás de sus vestidos, se llevó las manos al pecho. Adentro estaba la corona real y otras joyas preciosas para atraer la atención de la reina y las princesas.
- ¡Esperen, hombres! – dijo una voz familiar – ¡Paren, les digo!
Pandu abrió sus ojos. Frente a él estaba Mahaduta vestido de cuero burdo y pelo largo atado con un pedazo de seda. Era su esclavo al que había golpeando años atrás. Pandu había oído que el bandido más famoso en las montañas era un esclavo de Kaushambi. Pero nunca pensó que fuera su propio esclavo.
- A ver ¿Qué tiene en su mano? – ordenó a Mahaduta en tono helado.
Un bandido se puso de rodillas sobre el estomago de Pandu y el otro tomó rudamente el bolsillo de la mano de Pandu.
- Es mío - dijo Mahaduta con desprecio y amargura, tomando el bolsillo y poniéndolo dentro de su vestido. – Ya pagué por eso ¿no es verdad, amo mío? -
- ¿Lo matamos? - preguntó otro bandido.
Mahaduta vio a Pandu. En vez de ira y miedo, sólo vio tristeza y resignación en los ojos de su víctima. No supo que en ese momento, Pandu estaba pensando en las palabras del Venerable Narada, tan claras como si las hubiera dicho ayer “usted no está libre de la deuda de golpear a Mahaduta sin motivo. No está solo en este mundo. Sus acciones tienen consecuencias. Recuerde, cada una de sus acciones, sean buenas o sean malas, sean pequeñas o sean grandes, van a regresar en la misma cantidad… Si en verdad entiende eso en su corazón, no tendrá el deseo de lastimar a otros, porque su esencia y la de ellos es la misma. Sentirá sus sufrimientos como propios, y por eso querrá ayudarlos”.
Pandu suspiró. De repente se dio cuenta de que no había aceptado verdaderamente las palabras de su maestro. Nunca pensó que estas palabras aplicaban a si mismo además de los otros. Si iba a morir antes de tiempo, de manera violenta, y sin la oportunidad de despedirse de su familia, era por su propia culpa.
Nunca pensó en su esclavo Mahaduta después del día en la posada. Nunca pensó en que su sufrimiento en las montañas durante los inviernos helados, y su trabajo peligroso y desesperado, fueran por causa de él mismo. Nunca pensó en eso. Sí, era la verdad, ahora era el tiempo de compensarlo.
Tosió y respondió entumecido – Es verdad. Ya pagó. - Apartó su mirada y se quedó esperando con temor los golpes. -
Para su sorpresa, Mahaduta dijo a los bandidos – ¡Déjenlo! Hay un doble fondo en el carruaje debajo del asiento de enfrente. Sacaron el cofre lleno de oro y lo compartieron por partes iguales. ¡Hoy tenemos buena suerte!
Los bandidos saltaron ansiosamente, pero Mahaduta personalmente no sintió alegría por su venganza, que era lo que él esperaba fervorosamente por mucho tiempo. Ahora sólo sentía tristeza y remordimiento como si hubiera lastimado a un miembro de su propia familia. Por eso ordenó a sus hombres que dejaran de golpear a los guardias de Pandu. – ¡El trofeo solamente! ¡No los maten! - Trató de distraerlos con el cofre lleno de oro, que estaba escondido debajo del doble fondo en el mismo lugar donde la mayoría de las veces Mahaduta lo ponía en años pasados.
Mahaduta liberó a Pandu y a sus guardias para regresar a Kaushambi. Esa noche cuando sus cómplices contaron el oro alegremente, él escondió la bolsa con la corona en una rendija en su cueva de la que por mucho tiempo no sacó ni la miraron.
Después del robo, Pandu dejó de ser un hombre rico. Perdió la mayoría de su capital, y sin capital un joyero puede hacer muy poco. Pero fue culpa mía y no hay otro a quien culpar, le dice a su familia – Hace años era muy duro con los demás y ahora estoy pagando por mi severidad y arrogancia.
Empezó a arrepentirse y a seguir las enseñanzas del Buda. Cuando no estaba ocupado con sus negocios, recitaba el nombre del Buda. Gradualmente se estaba dando cuenta de que en el fondo de su corazón había más felicidad que cuando tenía riquezas. Sólo se arrepentía de no haber donado suficiente dinero para al monasterio, de no haber contribuido a la divulgación de las doctrinas sagradas y de no ayudar a los pobres, pues no había pensado hacer eso antes.
Pasaron los años. Un día, cuando estaba cruzando las montañas en una peregrinación, Panthaka, el obispo del monasterio en Kaushambi, fue atacado por los bandidos de Mahaduta. Pero no tenía dinero y después de unos golpes, Mahaduta lo liberó.
Ese día Panthaka no continúo con su camino. No había andado muy lejos al día siguiente cuando escuchó a algunas personas peleando cerca de la vereda, y el sonido de gemidos. Panthaka se apresuró a la escena para convencer a los bandidos de que dejaran de golpear al viajero, pero no era un viajero, sino el mismo Mahaduta, quien era atacado por sus propios hombres, parecía un león perseguido por una docena de sabuesos. Él se defendió con un palo grande, pero finalmente cayó. Los bandidos lo golpearon con su propio palo hasta dejarlo como muerto.
Panthaka se escondió hasta que los bandidos se fueron. Descubrió que Mahaduta apenas podía moverse. Fue al riachuelo cercano, llenó su tazón con agua fresca y tomó al moribundo.
Mahaduta bebió poco y abrió sus ojos gimiendo – Donde están esos malditos ladrones que llevé a la victoria una y otra vez. Que si no fuera por mí, ya los habrían ahorcado.
Calmese – dijo Panthaka – No piense en sus compadres o el sendero malvado que ustedes han caminando juntos. Piense en su destino. Tome esta agua. ¿Me permite vendar sus heridas? Quizás puede vivir.
Por primera vez Mahaduta miró a Panthaka. – ¡Es el monje que yo golpeé ayer! ¡Y ahora me quiere salvar. ¡Que vergüenza!
Bebió más agua y miró a su alrededor – Ellos corrieron. ¡Perros sin gratitud! Yo los enseñé a pelear, y ahora están contra mí.
Panthaka respondió – Les enseñó a pelear y le pagaron con peleas. Si les hubiera enseñado con bondad, ellos le hubieran pagado con bondad. Lo que se siembra, se cosecha.
- Es verdad. Temí que van a pelear contra mí. Ahh! Ahh! - gimió el bandido cuando Panthaka trató de levantarse.
- No puede salvar mi vida, pero dígame si sabe, como puede salvarme del fuego del infierno. Yo sé que debería caer en ese lugar por mis malhechazos. Pienso que mi muerte pronto llegará y el horror de mi vida futura pesa como un gigantesca piedra sobre mi pecho.
- Sinceramente arrepiéntele de sus ofensas y cambia – le avisó Panthaka – Arranca la avaricia y el odio de su corazón y llénalo con bondad por todos los seres. –
No sé nada de bondad – respondió Mahaduta. – Toda mi vida estuvo llena de maldades sin una cosa buena. Voy a ir al infierno, pues nunca he caminado por el sendero noble que usted ha caminado. No pierda la esperanza - dijo Panthaka. - No menosprecie el poder de los pensamientos. Un pensamiento verdadero de arrepentimiento liquida diez mil años de maldad. Por ejemplo ¿sabia que el famoso bandido Kandata murió sin arrepentimiento y cayó en los infiernos eternales. El estaba allí sufriendo por miles de años cuando el Buda realizo iluminación debajo del árbol de Bodhi. Los rayos de luz que salían de entre sus cejas iluminaron los infiernos para dar esperanza a los seres en el infierno. Levantando su cabeza, Kandata miro a Buda debajo el árbol y le grito – ¡Socorro! ¡Socorro! Honrado del Mundo, estoy sufriendo por mis maldades y no puedo salir del infierno. ¡Ayúdame a caminar por el sendero noble!
El Buda miro hacia abajo y le dijo a Kandata – Voy a ayudarle, pero sólo con la asistencia de su propio karma. ¿Que cosas buenas hizo usted cuando vivía en el mundo?
Kandata quedó en silencio, se sabía que fue un hombre cruel. Pero el Buda, con su infinita sabiduría miro las vidas pasadas de Kandata y descubrió que una vez salvó la vida de una araña. Cuando Kandata estaba caminado por el bosque miró a una araña en el camino pero no la aplastó, pensó “esta araña no ha lastimado a nadie, por eso no voy a aplastarla”.
Y el Buda mando a la araña al infierno para salvar este bandido, usando su hilo de telaraña. - Agarre mi hilo y suba – dijo la araña.
Kandata agarró el hilo, y subió lo más rápido que pudo. Después de un rato, notó que el hilo estaba temblando. Miro hacia abajo y descubrió que otros seres del infierno estaban subiendo por el hilo detrás de él. El hilo se estrechó demasiado pero no se rompió.
Más y más seres estaban agarrando el delicado hilo. Por eso Kandata no miro hacia arriba al Buda sino que miro hacia abajo donde estaban todos los seres siguiendolo.
El gritó – ¡Suéltenlo! Este hilo es mió.
De repente el hilo se rompió y Kandata y todos los seres se cayeron al infierno.
Panthaka continúo – El arrepentimiento de Kandata no fue sincero. No cambió. El hilo de la telaraña puede sostener todo el peso de los seres, porque un pensamiento de generosidad y bondad tiene el poder de salvar a miles de vidas. Pero los pensamientos egoístas de Kandata quebraron el hilo. El todavía tiene el concepto de un “Yo”. Porque sus hábitos malos son tan fuertes que no pueden ayudar a los demás. Ni aún el Buda no podría salvarlo.
- Voy a buscar el hilo de mí telaraña. – dijo Mahaduta. – Si hay un rayo bueno en mi vida, yo no lo dejo para mi mismo.
Los dos quedaron en silencio. Pantahaka vendó las heridas del bandido.
Por fin Mahaduta susurró – Si dejar de ser malo es una cosa buena, entonces hice una cosa buena. Y aún hay algo bueno por hacer.
El bandido preguntó - ¿Sabe dónde vive Pandu el joyero rico de Kaushambi?
- Soy de Kaushambi y lo conozco bien - respondió Panthaka. - Pero ahora no es rico. - Que lástima. Lamento escuchar eso. Y aunque le parezca extraño que no me alegre, por ser él quien me enseñó a oprimir a los demás. Fue él quien me enseñó a pelear para después ser su guardaespaldas. Cuando lastimaba a otros, él me daba mi recompensa. Fue una persona sin corazón.
Después de que me golpeó, huí a las montañas. – Mahaduta siguió.
- He oído que él cambió, y que ahora es famoso por su bondad y benevolencia. No me lo puedo imaginar. ¿Es verdad, Venerable Maestro?
- Sí, es verdad. - replicó Panthaka. - El poder del arrepentimiento sincero es inconcebible e increíble. Cada vez me asombra más.
- Muchas veces pensé en la venganza - continuó Mahaduta. - En torturar a ese hombre de la misma manera en la que él me torturó. Y cuando por fin, él cayó en mis manos, viendo su cara de resignación, agarrando sus joyas, no pude hacerlo. Pues era como torturar a mi propio hermano. - Sí, todos los seres humanos son hermanos. En vida tras vida cada hombre fue su padre y cada mujer su madre. Usted tiene relaciones fuertes con Pandu, tanto buenas como malas. – dijo el monje.
- Creo que sí. Aquel día tomé todo sus oro y joyas pero lo dejé ir. Compartí el oro con mis cómplices pero dejé la corona de joyas escondida en una rendija de mi cueva. No sé por qué, no la vendí. No fue sólo porque la corona era muy difícil de vender. Pero por alguna razón pensé que necesitaba quedármela, y ahora estoy satisfecho.
Mahaduta hizo una pausa y siguió – Venerable Maestro, ayúdeme. Mi cueva está detrás de un gran cedro a media milla a lo largo de este riachuelo. La corona y las joyas de Pandu están en la rendija a la izquierda de la entrada. Meta su mano y extiéndala hacia la derecha. ¿Podrá recordarlo?
- Sí, lo recordaré - respondió el monje.
- No vaya solo. Vaya con Pandu y 30 de sus guardias. Mis cómplices aun están en los alrededores, pero Pandu puede vencerlos. Dígale a Pandu que me disculpe. Quiero que él recupere su riqueza y que todas las personas a las que yo he dañado tengan riquezas y sean felices. En mi próxima vida, haré mis votos para ser monje, para así ayudar a los hombres que caigan en las redes del sufrimiento que ellos mismos se tejen.
Mahaduta se acostó extenuado. No sentía ningún dolor por sus heridas, pero sabía que estaba muriendo. De repente sonrió con gozo celestial, levantó la mano y señalando al cielo, dijo – ¡Mira! Allá esta el Buda a punto de entrar el Nirvana, rodeado de sus seguidores. ¡Mira! Me está sonriendo.
La cara de Mahaduta se llenó de paz y felicidad. – Que bendición para la gente.
Sí, fue una gran bendición – agregó Panthaka. - Apareció en el mundo para enseñar a los seres humanos en el gran concepto – el concepto del nacimiento y la muerte. Nos enseñó a despertar del sufrimiento en el mundo. Nos enseñó que los deseos egoístas son la causa del sufrimiento. Nos enseñó que necesitamos caminar en el sendero correcto para quitarnos de este sufrimiento. Nos enseñó sobre la moralidad, la concentración y la sabiduría y a dejar la codicia, la ira y la confusión.
Durante vidas pasadas de cultivación dejó sus propios deseos y nos enseñó con bondad, compasión y gozo. Si cada persona tomara refugio en él, el mundo cambiaría a un lugar lleno de paz.
Mahaduta asintió. Bebió las palabras del monje como un hombre sediento. Trató de hablar, pero no pudo.
Sin embargo Panthaka entendió que él quería ser un discípulo del Buda, y lo bendijo con las palabras del refugio. Después contó los votos de un bodhisatva (un ser iluminado)
1. Los seres son innumerables, juro salvarlos
2. Las aflicciones son ilimitadas, juro cortarlas
3. Las enseñanzas de la doctrina son incontables, juro estudiarlas
4. El sendero del Buda es insuperable, juro alcanzarlo
Panthaka repitió tres veces el verso del Bodhisatva Samatibadra: Yo me arrepiento por todo el mal que hice y me reformo Debido a la codicia, el odio y la confusión Creados por el cuerpo, la boca y la mente.
Y otro verso:
Los pecados vienen de la mente, el arrepentimiento se hace en la mente Y cuando la mente se extingue, los pecados se olvidan
Los pecados se extinguen y la mente olvidada, ambos vacíos están
Es decir verdadero arrepentimiento y reforma
Cuando Panthaka estaba recitando estos versos, Mahaduta dio su último respiro, muriendo así con una sonrisa en la cara.
Panthaka pospuso su peregrinación y regresó a la ciudad de Kaushambi. Inmediatamente fue a la casa de Pandu y le contó todo lo que había pasado. Pandu, acompañado de una banda de hombres armados, regresó a las montañas. Los bandidos de Mahaduta ya habían huido y él pudo encontrar la bolsa con la corona sin ningún daño en el lugar exacto donde Mahaduta le dijo que estaría.
Cremaron el cuerpo de Mahaduta y pusieron sus cenizas en una urna sepulcral. Panthaka presidió el velatorio, recitando textos sagrados y versos budistas. Habló sobre el poder del karma, las leyes de causa y efecto, y el poder del arrepentimiento y reforma. Y citó éste verso:
Nadie puede salvarnos sino nosotros mismos
Nuestra fuerza es más grande que la que viene de los demás.
Necesitamos caminar por el sendero de la iluminación
Con el Buda como nuestro gran guía y maestro.
Panthaka elogió – El Venerable Narada siempre insistía que cada uno de nosotros es responsable de nuestras propias acciones, y somos responsables por los resultados de ellas. No hay dioses que recompensen o castiguen nuestros actos. Nos recompensamos o castigamos a nosotros mismos. Cada cosa viene de la mente, y nuestro mundo es la creación de nuestros pensamientos.
- Este hombre Mahaduta vivió una vida maligna, guiada por pensamientos malignos, y entonces conoció solamente la infelicidad. Pero por fin él cambió. Sus arrepentimientos y votos de cambiar promovieron la aparición y bendición del Buda. Antes de morir, se arrepintió sinceramente, e hizo una cosa buena, por eso murió feliz.
- Todos podemos aprender de su ejemplo. Nadie está libre de faltas. Todos estamos entrelazados en la red del karma que hemos creado nosotros mismos y todos tienen la habilidad de arrepentirse y gozar de la liberación. – concluyó Panthaka.
En la lápida de Mahaduta, se escribió el siguiente verso:
Aquí descansa el bandido Mahaduta, quien vivió en la ira, y murió por la ira
Al fin arrepentido y devolvió su botín,
Prometió que caminará por el sendero noble
El Buda le sonrió y certificó su cambio
Maha Prajna Paramita
Esta lápida se encuentra cerca del camino a las montañas y es conocida como “La tumba del bandido arrepentido”. Años después alguien construyó un templo a su lado donde los viajeros iban a rezar al Buda para tener un viaje sereno y por el arrepentimiento de los hombres malvados.
Pandu volvió a ser rico, más rico que antes. Pero no tuvo más interés en sus negocios que decidió dejárselos a sus hijos. Pero les enseñó que el dinero que se gana a costa del sufrimiento de los demás no dura, sólo con bondad y generosidad se puede asegurar un futuro lleno de felicidad.
Pandu vivió con tranquilidad hasta una edad mayor y en su lecho de muerte reunió a sus hijos y nietos y les enseñó – Cuando alguna cosa no sale bien en su vida, no culpen a los demás. No miren más allá de sus propios actos. Si fueron arrogantes, egoístas, codiciosos o crueles, entonces cambien sus propios vicios, porque todavía tienen el poder de cambiar sus propios actos. Si no tienen la habilidad de cambiar, busquen la ayuda de un maestro virtuoso o recen al Buda. Cuando cambien sus propios defectos, naturalmente obtienen fortuna y felicidad. Cuando estos lleguen no los retengan, es mejor compartirlos con los demás, y nunca se agotarán.
Recuerden este verso, el verso que el Venerable Narada me enseñó:
Si lastiman a otros, se lastiman a si mismos
Si ayudan a otros, se ayudan a si mismos
Para encontrar el Camino puro, el sendero de la luz
Dejen está ilusión de un “YO”
Publicado por Irene rettig
Un cuento de causa y efecto

Hace muchísimos años en la antigua India había un joyero rico llamado Pandu. Un día manejaba de prisa en su carruaje hacia la ciudad de Varanasi. Terminaba de llover y el aire estaba fresco. Pandu estaba feliz porque el clima estaba agradable y pensaba en el dinero que ganaría al día siguiente en el mercado.
Pandu miró hacía arriba y vio a un monje caminando despacio al lado del camino. El monje daba pasos firmes, tenía la espalda erecta y lo rodeaba un aura de paz y fuerza interna. Si el monje iba a Varanasi, Pandu pensó en preguntarle si querría ir con él. El parecía un santo y había oído que la compañía de un santo traía buena suerte.
Le ordenó a su musculoso esclavo Mahaduta frenar los caballos.
- Venerable Maestro – dijo Pandu abriendo la puerta de su carruaje – Si va a Varanasi, yo puedo ofrecerle transporte. –
- Viajaré con usted – replicó el monje – Si usted entiende que no puedo pagarle, porque no tengo ninguna posesión. Solamente puedo pagarle con el regalo de las Doctrinas sagradas. – - Acepto sus condiciones – asintió el joyero que pensaba todo en términos de negocios. Le hizo un espacio en su carruaje.
Durante el viaje, el monje quien se llama Narada, , le explicó la ley de causa y efecto. - La gente crea su propio destino, dependiendo de sus acciones. Si hace cosas buenas, tiene buena suerte, si hace cosas malas, tarde o temprano pagará por ellas. –
Pandu estaba contento con su compañía porque era un hombre sensible y le gustaba oír un buen sentido común. Además, era un hombre práctico y tenia buenas relaciones con las Doctrinas pero él no lo sabía.
Narada fue interrumpido rudamente cuando el carruaje se detuvo súbitamente en medio del camino.
- ¿Qué es? - Pandu gritó molesto a su esclavo Mahaduta – No tenemos tiempo que perder. Faltaban diez millas más para llegar a Varanasi y el sol ya había bajado en el oeste. - - La carreta de un estúpido campesino está bloqueando el camino – gritó Mahaduta desde el asiento anterior del carruaje.
El monje y el joyero abrieron la puerta del carruaje y miraron hacia fuera. Una carreta cargada con arroz estaba bloqueando el camino. La rueda derecha estaba en una zanja y un campesino estaba sentado y tratando de reparar un eje de la rueda.
- ¡No puedo esperar! Mahaduta, saca la carreta del camino – gritó Pandu.
El campesino se puso de pie y quiso protestar. Narada volteó a verlo y quiso pedirle que pensara en otra manera, pero antes de que alguno pudiera hablar, el musculoso Mahaduta ya había saltado y empujó la carreta hacia la zanja. Las bolsas de arroz cayeron al lodo.
El campesino corrió gritándole a Mahaduta, pero se quedó en silencio cuando vio que el esclavo era dos veces más fuerte que él. Con una sonrisa perversa, Mahaduta alzó sus puños, y si su dueño hubiera tenido tiempo lo habría golpeado con gusto.
Cuando el esclavo subió a su asiento y tomó las riendas, el monje se bajó del carruaje. Volteó hacia Pandu y dijo – Ya he descansado y estoy en la obligación de pagarle por las horas de transporte. La mejor manera de pagarle es ayudando a este desafortunado campesino que usted ha dañado. Si lo dañó, es seguro que el mismo daño va a llegar a usted. Quizás ayudándolo puede disminuir su deuda. Ya que en una vida pasada, este campesino fue pariente suyo. Su karma está atado al de él aún más fuerte.
El joyero estaba asombrado. No estaba acostumbrado a escuchar reprimendas, ni más aun con palabras suaves como las del monje. Estaba más irritado porque el monje mencionó que él, Pandu, un rico joyero, pudo ser pariente de un pobre campesino que cultiva arroz. - ¡Esto es imposible! – dijo a Narada.
Narada sonrió y comentó – Algunas veces las personas más inteligentes no reconocen las verdades básicas de la vida. Pero trataría de protegerlo del daño que se hacía a usted mismo.
Molesto por estas palabras, Pandu señala con su mano a su esclavo seguir el camino.
Devala, el campesino, ya se había sentado al lado del camino nuevamente, para reparar su eje. Narada saludó a Devala y empezó a empujar la carreta desde la zanja. Devala se apuró a ayudar, pero notó que el monje tenía mucha más fuerza que la que podría haberse esperado de un hombre pequeño y delgado.
La carreta nuevamente fue enderezada, antes que Devala cruzara el camino.
- Este monje es un santo. – el campesino pensó silenciosamente. – Dioses y espíritus invisibles están ayudándolo. Quizás puede explicarme ¿por qué hoy mi fortuna es tan mala?
Los dos hombres juntos cargaron otra vez la carreta con las bolsas de arroz que cayeron en el lodo. Devala regresó a reparar el eje nuevamente, y preguntó – Venerable Maestro, puede decirme ¿por qué hoy tuve que sufrir tal injusticia de este comerciante arrogante y rico, a quien nunca había visto antes? ¿No hay justicia en la vida?
Narada respondió – Hoy no sufrió una injusticia. Fue el pago por una injuria que usted ha infligido al joyero en una vida pasada. –
El campesino asintió – He oído sobre estas cosas pero no sé si son creíbles. –
No es tan difícil de creer – respondió el monje. – Nos convertimos en lo que hacemos. Teniendo buenos actos, se vuelve una persona buena, y naturalmente le suceden cosas buenas. Y para las cosas malas, es lo mismo. Malos actos crean malas personas y vidas desafortunadas. Todos sus pensamientos, dichos y actos crean su propia persona y las semillas de su futuro. Es la ley de causa y efecto, la ley eterna del karma.
- Puede ser así, pero yo no soy tan malo. Y mire, lo que me sucedió hoy – replicó Devala. - Pero es verdad, ¿no? amigo mío, si el joyero hubiera estado bloqueando el camino y usted tuviera un ayudante musculoso, ¿habría hecho lo mismo? – preguntó Narada.
Devala quedó en silencio. Se dio cuenta que si Narada no hubiera ayudado, sólo pensaría en vengarse. Enojado, había deseado exactamente lo que dijo Narada, que él habría podido ser la persona que volcó el carruaje del joyero, y orgullosamente pudo dejar al joyero luchando en el lodo.
- Sí, Venerable Maestro, es verdad – dijo el campesino.
Los dos trabajaron silenciosamente hasta que el eje fue reparado y se volvió a poner la rueda en la carreta. El campesino estaba reflexionando sobre las palabras del monje. Aunque Devala no asistió a la escuela, era un hombre pensativo que le gustaba comprender las razones de los asuntos.
De repente dijo – Pero esta es una cosa terrible. Ahora que el joyero me ha dañado yo voy a dañarlo a él, entonces él me dañará nuevamente, y yo lo dañaré en venganza en un círculo sin fin. -
- No es seguro – comentó Narada. – La gente tiene la habilidad de hacer lo bueno y lo malo. Si ayuda y no daña al orgulloso joyero, va a romper el ciclo. -
Devala asintió dudosamente cuando subió a la carreta. Cree en las palabras del monje, pero duda que tenga la oportunidad de hacerlo. Un campesino pobre ¿cómo puede apoyar un a comerciante rico? - Invitó a Narada a sentarse a su lado en la carreta y tomó las riendas.
No han viajado muy lejos cuando el caballo se detuvo de repente.
- ¡Una culebra en el camino! - exclamó el campesino.
Cuando examinó cuidadosamente, Narada descubrió que no era una culebra sino una bolsa. Bajó de la carreta y la recogió. Estaba llena de oro.
- Yo sé, esta es la bolsa de Pandu, el joyero – dijo el monje. – La tuvo en su regazo cuando estaba en el carruaje. La perdió cuando abrió la puerta para hablar con usted.
El monje dio la bolsa a Devala. - Es su oportunidad de cortar las cadenas de la ira y la venganza que le ataron al joyero. Cuando lleguemos a Varanasi, irá a la posada donde se queda y le devolverá su dinero.
El va a disculparse. Dígale que no le guardará rencor y deséele suerte.
¿No le dije que los destinos de ustedes dos están entrelazados? Pueden caer o prosperar, dependiendo de sus propios actos. –
Devala haría como el monje le enseñó. No quiso quedarse con ese dinero. Sólo quería estar libre de la deuda kármica. Al atardecer, llegaron a Varanasi, fue a la posada donde viven los ricos, y preguntó por Pandu.
- ¿Quién lo esta buscando? – preguntó el dueño con desprecio, mirando los viejos vestidos del campesino.
- Dígale que un amigo – respondió Devala.
En unos minutos, Pandu entró al salón donde Devala lo estaba esperando. Cuando vio al campesino entregándole su bolsa llena de oro, se quedó estupefacto, con asombro, vergüenza y alivio.
De repente Pandu salió del cuarto gritando – ¡Alto! deja de golpearlo.
Devala había oído gemidos saliendo de un cuarto cercano. Pensó que alguien estaba muriendo de fiebre. En un momento un hombre grande y fornido entró tambaleándose al salón, con la espalda llena de ronchas y contusiones. No era otro, sino Mahaduta, el esclavo del joyero. Un policía lo sigue con un látigo en una mano y un bastón en el otro.
Mirando a Devala, Mahdauta fue sorprendido y dijo con voz ronca – Mi bondadoso amo piensa que le robé su bolsa de oro. Me golpeó hasta confesar. Es mi castigo por lastimarlo siguiendo sus órdenes. -
Salió tropezando de la posada hacia la noche oscura, sin decir una palabra a su amo. Pandu lo miró, pensando que necesitaba decir algo, pero era demasiado orgulloso para disculparse con un esclavo, especialmente enfrente de tantas personas.
El joyero todavía no había saludado a Devala, ni tomado su bolsa. Cuando estaba a punto de hablar, un gordo vestido de seda entró en el salón diciendo en voz alta – Ah, Pandu, ellos me dijeron lo que estaba ocurriendo. La rueda de fortuna gira y gira ¿no es verdad? Diez minutos antes pensó que era un hombre arruinado, y ahora todo le sale bien. Ande, tome la bolsa, en nombre de Dios, y déle las gracias al señor.
Pandu tomó la bolsa, hizo una reverencia y dijo – Yo lo lastimé, pero usted me ayudó. No sé como recompensarlo.
- ¡Ah!, déle una recompensa. ¿Qué más? – exclamó el gordo. - ¡Déle una recompensa! – - Devala devolvió la reverencia y respondió – Ya lo perdoné, la recompensa no es necesaria. Si no hubiera ordenado a su esclavo volcar mi carreta, no habría tenido la oportunidad de conocer al Venerable Narada, ni de escuchar sus enseñazas llenas de sabiduría que valen más que cualquier dinero. Resolví que nunca voy a lastimar a cualquier ser, porque tampoco quiero ser lastimado. Por esta resolución me siento sano y en control de mi vida, un sentimiento que nunca tuve antes.
- ¿Narada le enseñó también? - preguntó Pandu. – Me enseñó, pero, qué lastima, no puse mucha atención a sus palabras. -
Dio algo de oro de su bolsa a Devala diciendo – Tome, buen hombre. Y dígame si sabe ¿dónde se queda el Venerable Narada en la ciudad de Varanasi?
Devala respondió – Sí, lo dejé en el monasterio cerca del Portón del Oeste. Él me dijo que posiblemente quería verle y que puede visitarlo mañana por la tarde. -
Pandu hizo otra reverencia, esta vez honda y sincera, diciendo – Ahora realmente estoy en deuda con usted, y ya creo lo que el Venerable Narada me dijo: que en una vida pasada fuimos parientes, y nuestros destinos están entrelazados. Además encontramos al mismo maestro de la Doctrina. -
El gordo estaba escuchando impaciente – “¡Bueno! Todas estas palabras espirituales son buenas, pero necesitamos hablar de negocios. -
Frente a Devala añadió - Permítame presentarme, soy Mallika, el banquero, amigo del buen hombre Pandu. Tengo contratos con el mayordomo del Rey para proveer el arroz de la calidad más fina para la mesa del Rey. Pero hace tres días un rival de negocios quiso derrotar mis negocios prósperos con el Rey y compró todo el arroz en la ciudad de Varanasi. Si mañana no pudiera proveer el arroz para el Rey, estaría arruinado. Pero amigo mío, afortunadamente, usted está aquí. Su arroz ¿es de grado fino? ¿Fue dañado por el tonto Mahaduta? ¿Cuánto tiene? ¿Alguien ya lo ha comprado? ¡Dígame! -
Sonriendo por la ansiedad del banquero, Devala respondió – Tengo quinientas libras de arroz de la calidad mas fina. Sólo se mojó una bolsa en el lodo. Nadie lo ha pedido todavía. Pensaba ir al mercado mañana por la mañana. -
- ¡Espléndido! ¡Espléndido! – gritó Mallika con deleite – Voy a pagar tres veces el precio del mercado. ¿Acepta, no?
- Sí, acepto – consintió Devala.
- Por supuesto que acepta – dijo el banquero sonriendo, y mandó a sus sirvientes a descargar la carreta de Devala.
El banquero añadió – Aquí está, buen hombre - dando al campesino un generoso pago en oro. – No perderá en el juego. –
Mallika comentó a Pandu – Cuando necesitamos ayuda, no sabemos de dónde llegará. Nunca perdamos la fe. La vida es un maravilloso misterio, ¿no? – Y regresó a su cena de muy buen humor.
Devala no tenía intenciones de perder su dinero en el juego. Resolvió donar la mitad de sus ganancias al monasterio donde vive el Venerable Narada. El resto lo guardó cuidadosamente y sólo gastó cuando era absolutamente necesario. Desde ese tiempo prosperó. Debido a su honestidad y sabiduría, los aldeanos naturalmente lo consideraron su líder.
Al día siguiente, Pandu fue al monasterio cerca del Portón del Oeste. Narada lo recibió en la sala de visitas, y escuchó todo lo que había ocurrido en la posada la noche anterior.
Le dijo a Pandu – Todavía tiene dudas, por eso prefiero no explicarle todo. Todavía no puede aceptar las enseñazas. Su fe no es tan honda como la del campesino Devala, y va a pasar por muchas pruebas antes de ser un verdadero discípulo del Buda. -
Pandu rogó humildemente – Venerable Maestro, le pido por favor que me explique todo, y así puedo seguir sus enseñanzas.
- Está bien – respondió el monje – Recuerde y contemple lo que yo digo. En el futuro posiblemente entenderá. Cada uno de nosotros creamos nuestro propio destino debido a nuestras propias acciones. Por ejemplo Mallika, su rico amigo, tiene muchas bendiciones, a pesar de tener poca sabiduría. El cree que la rueda de la fortuna gira y gira misteriosamente. Pero no hay misterios en el mundo. Su prosperidad y contento son debido a sus propias acciones, palabras y pensamientos. Vida tras vida siempre es rico y está contento porque vida tras vida fue bondoso y generoso. Pienso que él no trata a su esclavo de la misma manera en que usted trató a Mahaduta.
- Sí, es verdad. Quiso impedírmelo. Pero estaba tan enojado que no le escuché. – agregó Pandu.
Narada asintió – Sí, y usted no está libre de la deuda de golpear a Mahaduta sin razón. No está solo en este mundo. Sus acciones tienen consecuencias. Recuerde, cada una de sus acciones, sean buenas o sean malas, sean pequeñas o sean grandes, tarde o temprano van a regresar en la misma cantidad.
Hay un dicho que dice “Si siembra frijoles, cosecha frijoles. Si siembra melones, cosecha melones. La bondad atrae a la bondad. La maldad atrae a la maldad.” Trate a todos los seres en la misma manera que quiera que los otros lo traten a usted.
La verdad es que no somos individuos aislados. Todos los seres tienen la misma esencia. En cada pensamiento y acto, se relaciona con ellos, como los órganos de su cuerpo están relacionados.
Narada continuó – Si en verdad entiende eso en su corazón, no tendrá el deseo de lastimar a otros, porque su esencia y la de ellos es la misma. Sentirá sus sufrimientos como propios, y por eso querrá ayudarlos.
Deje que este verso lo guíe:
Si lastima a otros, se lastima a si mismo
Si ayuda a otros, se ayuda a si mismo
Para encontrar el Camino puro, el sendero de la luz
Deje está ilusión de un “YO”
Pandu se levantó e hizo tres reverencias al Venerable Narada, una cosa que nunca había hecho antes a nadie.
Dijo – Recordaré sus palabras, Venerable Maestro. Voy a construir un monasterio en mi pueblo de Kaushambi para que la gente tenga la oportunidad de escuchar la doctrina. Ojalá que el Venerable Maestro tenga compasión y me ayude a cumplir mi voto.
Con el paso de los años, el joyero Pandu prosperó. Tomó refugio y se convirtió en un discípulo del monje Narada. Con la ayuda de Narada, fundó un monasterio en Kaushambi y fue un donante ejemplar. Cuando no estaba muy ocupado con sus negocios, Pandu iba al monasterio para escuchar los sermones de Panthaka, el obispo del monasterio y el más avanzado discípulo de Narada. A Pandu le gustaba oír las enseñazas de Narada cuando iba a Varanasi, pero nunca las puso en práctica.
Se dijo a si mismo que la cultivación de las enseñanzas era trabajo de monjes y él estaba muy ocupado con sus negocios.
Casi seis años después de su primer encuentro con Narada, el taller de Pandu recibió un pedido extraordinario. El monarca del reino de al lado de las montañas quería una nueva corona real.
Había escuchado sobre el exquisito trabajo de Pandu, y quería que se le hiciera una corona de oro con las joyas más preciosas de toda la India. Los reyes de la antigua India tienen la tendencia de enamorarse de las joyas preciosas, y Pandu tenía el sueño de ser el proveedor de joyas para la casa real. Y ahora había llegado su oportunidad, no sólo para prosperar, sino para además tener riquezas sin límite.
Inmediatamente Pandu buscó los mejores zafiros, rubíes y diamantes, invirtió una gran parte de su dinero en esas joyas. Personalmente diseñó e hizo la corona. Para llevarla al rey, contrató unos hombres fuertes armados para que lo acompañaran a través de las montañas que estaban llenas de bandidos.
Todo iba bien hasta que encontró una estrecha vereda en la cumbre de las montañas. Allí estaban bajando un grupo de bandidos. Los hombres de Pandu eran más numerosos, pero el asombro de los caballos y los precipicios escarpados estorbaron a los hombres de Pandu, que en poco tiempo fueron vencidos.
Dos bandidos mugrientos abrieron la puerta del carruaje, arrastraron a Pandu y lo tiraron al suelo, le dieron patadas y lo golpearon con palos. Pandu aguantó los golpes, pensando sólo en la bolsa escondida detrás de sus vestidos, se llevó las manos al pecho. Adentro estaba la corona real y otras joyas preciosas para atraer la atención de la reina y las princesas.
- ¡Esperen, hombres! – dijo una voz familiar – ¡Paren, les digo!
Pandu abrió sus ojos. Frente a él estaba Mahaduta vestido de cuero burdo y pelo largo atado con un pedazo de seda. Era su esclavo al que había golpeando años atrás. Pandu había oído que el bandido más famoso en las montañas era un esclavo de Kaushambi. Pero nunca pensó que fuera su propio esclavo.
- A ver ¿Qué tiene en su mano? – ordenó a Mahaduta en tono helado.
Un bandido se puso de rodillas sobre el estomago de Pandu y el otro tomó rudamente el bolsillo de la mano de Pandu.
- Es mío - dijo Mahaduta con desprecio y amargura, tomando el bolsillo y poniéndolo dentro de su vestido. – Ya pagué por eso ¿no es verdad, amo mío? -
- ¿Lo matamos? - preguntó otro bandido.
Mahaduta vio a Pandu. En vez de ira y miedo, sólo vio tristeza y resignación en los ojos de su víctima. No supo que en ese momento, Pandu estaba pensando en las palabras del Venerable Narada, tan claras como si las hubiera dicho ayer “usted no está libre de la deuda de golpear a Mahaduta sin motivo. No está solo en este mundo. Sus acciones tienen consecuencias. Recuerde, cada una de sus acciones, sean buenas o sean malas, sean pequeñas o sean grandes, van a regresar en la misma cantidad… Si en verdad entiende eso en su corazón, no tendrá el deseo de lastimar a otros, porque su esencia y la de ellos es la misma. Sentirá sus sufrimientos como propios, y por eso querrá ayudarlos”.
Pandu suspiró. De repente se dio cuenta de que no había aceptado verdaderamente las palabras de su maestro. Nunca pensó que estas palabras aplicaban a si mismo además de los otros. Si iba a morir antes de tiempo, de manera violenta, y sin la oportunidad de despedirse de su familia, era por su propia culpa.
Nunca pensó en su esclavo Mahaduta después del día en la posada. Nunca pensó en que su sufrimiento en las montañas durante los inviernos helados, y su trabajo peligroso y desesperado, fueran por causa de él mismo. Nunca pensó en eso. Sí, era la verdad, ahora era el tiempo de compensarlo.
Tosió y respondió entumecido – Es verdad. Ya pagó. - Apartó su mirada y se quedó esperando con temor los golpes. -
Para su sorpresa, Mahaduta dijo a los bandidos – ¡Déjenlo! Hay un doble fondo en el carruaje debajo del asiento de enfrente. Sacaron el cofre lleno de oro y lo compartieron por partes iguales. ¡Hoy tenemos buena suerte!
Los bandidos saltaron ansiosamente, pero Mahaduta personalmente no sintió alegría por su venganza, que era lo que él esperaba fervorosamente por mucho tiempo. Ahora sólo sentía tristeza y remordimiento como si hubiera lastimado a un miembro de su propia familia. Por eso ordenó a sus hombres que dejaran de golpear a los guardias de Pandu. – ¡El trofeo solamente! ¡No los maten! - Trató de distraerlos con el cofre lleno de oro, que estaba escondido debajo del doble fondo en el mismo lugar donde la mayoría de las veces Mahaduta lo ponía en años pasados.
Mahaduta liberó a Pandu y a sus guardias para regresar a Kaushambi. Esa noche cuando sus cómplices contaron el oro alegremente, él escondió la bolsa con la corona en una rendija en su cueva de la que por mucho tiempo no sacó ni la miraron.
Después del robo, Pandu dejó de ser un hombre rico. Perdió la mayoría de su capital, y sin capital un joyero puede hacer muy poco. Pero fue culpa mía y no hay otro a quien culpar, le dice a su familia – Hace años era muy duro con los demás y ahora estoy pagando por mi severidad y arrogancia.
Empezó a arrepentirse y a seguir las enseñanzas del Buda. Cuando no estaba ocupado con sus negocios, recitaba el nombre del Buda. Gradualmente se estaba dando cuenta de que en el fondo de su corazón había más felicidad que cuando tenía riquezas. Sólo se arrepentía de no haber donado suficiente dinero para al monasterio, de no haber contribuido a la divulgación de las doctrinas sagradas y de no ayudar a los pobres, pues no había pensado hacer eso antes.
Pasaron los años. Un día, cuando estaba cruzando las montañas en una peregrinación, Panthaka, el obispo del monasterio en Kaushambi, fue atacado por los bandidos de Mahaduta. Pero no tenía dinero y después de unos golpes, Mahaduta lo liberó.
Ese día Panthaka no continúo con su camino. No había andado muy lejos al día siguiente cuando escuchó a algunas personas peleando cerca de la vereda, y el sonido de gemidos. Panthaka se apresuró a la escena para convencer a los bandidos de que dejaran de golpear al viajero, pero no era un viajero, sino el mismo Mahaduta, quien era atacado por sus propios hombres, parecía un león perseguido por una docena de sabuesos. Él se defendió con un palo grande, pero finalmente cayó. Los bandidos lo golpearon con su propio palo hasta dejarlo como muerto.
Panthaka se escondió hasta que los bandidos se fueron. Descubrió que Mahaduta apenas podía moverse. Fue al riachuelo cercano, llenó su tazón con agua fresca y tomó al moribundo.
Mahaduta bebió poco y abrió sus ojos gimiendo – Donde están esos malditos ladrones que llevé a la victoria una y otra vez. Que si no fuera por mí, ya los habrían ahorcado.
Calmese – dijo Panthaka – No piense en sus compadres o el sendero malvado que ustedes han caminando juntos. Piense en su destino. Tome esta agua. ¿Me permite vendar sus heridas? Quizás puede vivir.
Por primera vez Mahaduta miró a Panthaka. – ¡Es el monje que yo golpeé ayer! ¡Y ahora me quiere salvar. ¡Que vergüenza!
Bebió más agua y miró a su alrededor – Ellos corrieron. ¡Perros sin gratitud! Yo los enseñé a pelear, y ahora están contra mí.
Panthaka respondió – Les enseñó a pelear y le pagaron con peleas. Si les hubiera enseñado con bondad, ellos le hubieran pagado con bondad. Lo que se siembra, se cosecha.
- Es verdad. Temí que van a pelear contra mí. Ahh! Ahh! - gimió el bandido cuando Panthaka trató de levantarse.
- No puede salvar mi vida, pero dígame si sabe, como puede salvarme del fuego del infierno. Yo sé que debería caer en ese lugar por mis malhechazos. Pienso que mi muerte pronto llegará y el horror de mi vida futura pesa como un gigantesca piedra sobre mi pecho.
- Sinceramente arrepiéntele de sus ofensas y cambia – le avisó Panthaka – Arranca la avaricia y el odio de su corazón y llénalo con bondad por todos los seres. –
No sé nada de bondad – respondió Mahaduta. – Toda mi vida estuvo llena de maldades sin una cosa buena. Voy a ir al infierno, pues nunca he caminado por el sendero noble que usted ha caminado. No pierda la esperanza - dijo Panthaka. - No menosprecie el poder de los pensamientos. Un pensamiento verdadero de arrepentimiento liquida diez mil años de maldad. Por ejemplo ¿sabia que el famoso bandido Kandata murió sin arrepentimiento y cayó en los infiernos eternales. El estaba allí sufriendo por miles de años cuando el Buda realizo iluminación debajo del árbol de Bodhi. Los rayos de luz que salían de entre sus cejas iluminaron los infiernos para dar esperanza a los seres en el infierno. Levantando su cabeza, Kandata miro a Buda debajo el árbol y le grito – ¡Socorro! ¡Socorro! Honrado del Mundo, estoy sufriendo por mis maldades y no puedo salir del infierno. ¡Ayúdame a caminar por el sendero noble!
El Buda miro hacia abajo y le dijo a Kandata – Voy a ayudarle, pero sólo con la asistencia de su propio karma. ¿Que cosas buenas hizo usted cuando vivía en el mundo?
Kandata quedó en silencio, se sabía que fue un hombre cruel. Pero el Buda, con su infinita sabiduría miro las vidas pasadas de Kandata y descubrió que una vez salvó la vida de una araña. Cuando Kandata estaba caminado por el bosque miró a una araña en el camino pero no la aplastó, pensó “esta araña no ha lastimado a nadie, por eso no voy a aplastarla”.
Y el Buda mando a la araña al infierno para salvar este bandido, usando su hilo de telaraña. - Agarre mi hilo y suba – dijo la araña.
Kandata agarró el hilo, y subió lo más rápido que pudo. Después de un rato, notó que el hilo estaba temblando. Miro hacia abajo y descubrió que otros seres del infierno estaban subiendo por el hilo detrás de él. El hilo se estrechó demasiado pero no se rompió.
Más y más seres estaban agarrando el delicado hilo. Por eso Kandata no miro hacia arriba al Buda sino que miro hacia abajo donde estaban todos los seres siguiendolo.
El gritó – ¡Suéltenlo! Este hilo es mió.
De repente el hilo se rompió y Kandata y todos los seres se cayeron al infierno.
Panthaka continúo – El arrepentimiento de Kandata no fue sincero. No cambió. El hilo de la telaraña puede sostener todo el peso de los seres, porque un pensamiento de generosidad y bondad tiene el poder de salvar a miles de vidas. Pero los pensamientos egoístas de Kandata quebraron el hilo. El todavía tiene el concepto de un “Yo”. Porque sus hábitos malos son tan fuertes que no pueden ayudar a los demás. Ni aún el Buda no podría salvarlo.
- Voy a buscar el hilo de mí telaraña. – dijo Mahaduta. – Si hay un rayo bueno en mi vida, yo no lo dejo para mi mismo.
Los dos quedaron en silencio. Pantahaka vendó las heridas del bandido.
Por fin Mahaduta susurró – Si dejar de ser malo es una cosa buena, entonces hice una cosa buena. Y aún hay algo bueno por hacer.
El bandido preguntó - ¿Sabe dónde vive Pandu el joyero rico de Kaushambi?
- Soy de Kaushambi y lo conozco bien - respondió Panthaka. - Pero ahora no es rico. - Que lástima. Lamento escuchar eso. Y aunque le parezca extraño que no me alegre, por ser él quien me enseñó a oprimir a los demás. Fue él quien me enseñó a pelear para después ser su guardaespaldas. Cuando lastimaba a otros, él me daba mi recompensa. Fue una persona sin corazón.
Después de que me golpeó, huí a las montañas. – Mahaduta siguió.
- He oído que él cambió, y que ahora es famoso por su bondad y benevolencia. No me lo puedo imaginar. ¿Es verdad, Venerable Maestro?
- Sí, es verdad. - replicó Panthaka. - El poder del arrepentimiento sincero es inconcebible e increíble. Cada vez me asombra más.
- Muchas veces pensé en la venganza - continuó Mahaduta. - En torturar a ese hombre de la misma manera en la que él me torturó. Y cuando por fin, él cayó en mis manos, viendo su cara de resignación, agarrando sus joyas, no pude hacerlo. Pues era como torturar a mi propio hermano. - Sí, todos los seres humanos son hermanos. En vida tras vida cada hombre fue su padre y cada mujer su madre. Usted tiene relaciones fuertes con Pandu, tanto buenas como malas. – dijo el monje.
- Creo que sí. Aquel día tomé todo sus oro y joyas pero lo dejé ir. Compartí el oro con mis cómplices pero dejé la corona de joyas escondida en una rendija de mi cueva. No sé por qué, no la vendí. No fue sólo porque la corona era muy difícil de vender. Pero por alguna razón pensé que necesitaba quedármela, y ahora estoy satisfecho.
Mahaduta hizo una pausa y siguió – Venerable Maestro, ayúdeme. Mi cueva está detrás de un gran cedro a media milla a lo largo de este riachuelo. La corona y las joyas de Pandu están en la rendija a la izquierda de la entrada. Meta su mano y extiéndala hacia la derecha. ¿Podrá recordarlo?
- Sí, lo recordaré - respondió el monje.
- No vaya solo. Vaya con Pandu y 30 de sus guardias. Mis cómplices aun están en los alrededores, pero Pandu puede vencerlos. Dígale a Pandu que me disculpe. Quiero que él recupere su riqueza y que todas las personas a las que yo he dañado tengan riquezas y sean felices. En mi próxima vida, haré mis votos para ser monje, para así ayudar a los hombres que caigan en las redes del sufrimiento que ellos mismos se tejen.
Mahaduta se acostó extenuado. No sentía ningún dolor por sus heridas, pero sabía que estaba muriendo. De repente sonrió con gozo celestial, levantó la mano y señalando al cielo, dijo – ¡Mira! Allá esta el Buda a punto de entrar el Nirvana, rodeado de sus seguidores. ¡Mira! Me está sonriendo.
La cara de Mahaduta se llenó de paz y felicidad. – Que bendición para la gente.
Sí, fue una gran bendición – agregó Panthaka. - Apareció en el mundo para enseñar a los seres humanos en el gran concepto – el concepto del nacimiento y la muerte. Nos enseñó a despertar del sufrimiento en el mundo. Nos enseñó que los deseos egoístas son la causa del sufrimiento. Nos enseñó que necesitamos caminar en el sendero correcto para quitarnos de este sufrimiento. Nos enseñó sobre la moralidad, la concentración y la sabiduría y a dejar la codicia, la ira y la confusión.
Durante vidas pasadas de cultivación dejó sus propios deseos y nos enseñó con bondad, compasión y gozo. Si cada persona tomara refugio en él, el mundo cambiaría a un lugar lleno de paz.
Mahaduta asintió. Bebió las palabras del monje como un hombre sediento. Trató de hablar, pero no pudo.
Sin embargo Panthaka entendió que él quería ser un discípulo del Buda, y lo bendijo con las palabras del refugio. Después contó los votos de un bodhisatva (un ser iluminado)
1. Los seres son innumerables, juro salvarlos
2. Las aflicciones son ilimitadas, juro cortarlas
3. Las enseñanzas de la doctrina son incontables, juro estudiarlas
4. El sendero del Buda es insuperable, juro alcanzarlo
Panthaka repitió tres veces el verso del Bodhisatva Samatibadra: Yo me arrepiento por todo el mal que hice y me reformo Debido a la codicia, el odio y la confusión Creados por el cuerpo, la boca y la mente.
Y otro verso:
Los pecados vienen de la mente, el arrepentimiento se hace en la mente Y cuando la mente se extingue, los pecados se olvidan
Los pecados se extinguen y la mente olvidada, ambos vacíos están
Es decir verdadero arrepentimiento y reforma
Cuando Panthaka estaba recitando estos versos, Mahaduta dio su último respiro, muriendo así con una sonrisa en la cara.
Panthaka pospuso su peregrinación y regresó a la ciudad de Kaushambi. Inmediatamente fue a la casa de Pandu y le contó todo lo que había pasado. Pandu, acompañado de una banda de hombres armados, regresó a las montañas. Los bandidos de Mahaduta ya habían huido y él pudo encontrar la bolsa con la corona sin ningún daño en el lugar exacto donde Mahaduta le dijo que estaría.
Cremaron el cuerpo de Mahaduta y pusieron sus cenizas en una urna sepulcral. Panthaka presidió el velatorio, recitando textos sagrados y versos budistas. Habló sobre el poder del karma, las leyes de causa y efecto, y el poder del arrepentimiento y reforma. Y citó éste verso:
Nadie puede salvarnos sino nosotros mismos
Nuestra fuerza es más grande que la que viene de los demás.
Necesitamos caminar por el sendero de la iluminación
Con el Buda como nuestro gran guía y maestro.
Panthaka elogió – El Venerable Narada siempre insistía que cada uno de nosotros es responsable de nuestras propias acciones, y somos responsables por los resultados de ellas. No hay dioses que recompensen o castiguen nuestros actos. Nos recompensamos o castigamos a nosotros mismos. Cada cosa viene de la mente, y nuestro mundo es la creación de nuestros pensamientos.
- Este hombre Mahaduta vivió una vida maligna, guiada por pensamientos malignos, y entonces conoció solamente la infelicidad. Pero por fin él cambió. Sus arrepentimientos y votos de cambiar promovieron la aparición y bendición del Buda. Antes de morir, se arrepintió sinceramente, e hizo una cosa buena, por eso murió feliz.
- Todos podemos aprender de su ejemplo. Nadie está libre de faltas. Todos estamos entrelazados en la red del karma que hemos creado nosotros mismos y todos tienen la habilidad de arrepentirse y gozar de la liberación. – concluyó Panthaka.
En la lápida de Mahaduta, se escribió el siguiente verso:
Aquí descansa el bandido Mahaduta, quien vivió en la ira, y murió por la ira
Al fin arrepentido y devolvió su botín,
Prometió que caminará por el sendero noble
El Buda le sonrió y certificó su cambio
Maha Prajna Paramita
Esta lápida se encuentra cerca del camino a las montañas y es conocida como “La tumba del bandido arrepentido”. Años después alguien construyó un templo a su lado donde los viajeros iban a rezar al Buda para tener un viaje sereno y por el arrepentimiento de los hombres malvados.
Pandu volvió a ser rico, más rico que antes. Pero no tuvo más interés en sus negocios que decidió dejárselos a sus hijos. Pero les enseñó que el dinero que se gana a costa del sufrimiento de los demás no dura, sólo con bondad y generosidad se puede asegurar un futuro lleno de felicidad.
Pandu vivió con tranquilidad hasta una edad mayor y en su lecho de muerte reunió a sus hijos y nietos y les enseñó – Cuando alguna cosa no sale bien en su vida, no culpen a los demás. No miren más allá de sus propios actos. Si fueron arrogantes, egoístas, codiciosos o crueles, entonces cambien sus propios vicios, porque todavía tienen el poder de cambiar sus propios actos. Si no tienen la habilidad de cambiar, busquen la ayuda de un maestro virtuoso o recen al Buda. Cuando cambien sus propios defectos, naturalmente obtienen fortuna y felicidad. Cuando estos lleguen no los retengan, es mejor compartirlos con los demás, y nunca se agotarán.
Recuerden este verso, el verso que el Venerable Narada me enseñó:
Si lastiman a otros, se lastiman a si mismos
Si ayudan a otros, se ayudan a si mismos
Para encontrar el Camino puro, el sendero de la luz
Dejen está ilusión de un “YO”
Publicado por Irene rettig
lunes, 7 de julio de 2014
EL PRIMER ENCUENTRO CON LOS INSTRUCTORES DE LA HERMANDAD BLANCA.
VICTOR SALAZAR
Caballeros de la Orden del Sol
aquellos días de vacaciones , en Ica Tierra de voto del Señor de Luren ( Cristo )Tierra del Vino y del Pisco y de la rica Cachina, licores típicos, del lugar Ica Perú.
su famosa laguna turística, en carnada en el oasis, en el corazón de Ica.
La laguna huaca china y su leyenda de la Sirena que encantaba a los hombres, con su canto, atrayendo con canto al hombre curioso, cuenta los lugareños que la sirena se lleva un Hombre cada año.
sus tradiciones de semana santa, Pueblo de voto del Señor del Luren.
cuentas las tradiciones que la imagen del señor del Luren apareció en un parque, el imagen estaba amarrado en un burrito, los lugareños vieron con curiosidad lo que bahía sucedido , y este acto fue llamado un milagro. es así que el mismo parque se levanto una capilla y posterior mente una majestuosa iglesia o templo para el custodio del imagen del Señor de Luren.
patrimonio de la provincia de Ica. Pueblo de Bellas tradiciones.
Mi querida familia nació en esta provincia del Perú. mis padres y mis hermanos, su raíces.
ya cuando emigraron a la capital Lima Perú, naci, siempre nuestras vacaciones del colegio que regularmente eran tres meses, La pasamos en Ica, El caserío de San Juan. ( El Carmen.)
allí con mis Abuelo Juan Y mi querida y siempre recordada Abuela Mercedes, Ella era un Angelé aquí en la Tierra. que siempre vive en mis recuerdo.
Viajábamos todos mis Hermanos y mis primos que Vivian en Lima, Y regresábamos todos a Ica El Carmen, allí Vivian sus padre y mis tíos y mis Primos contemporáneos a mi edad de aquellos días ,
que jugábamos.
En las noches contábamos y disfrutábamos de los cuentos de La Bruja Y de la Llorona, La bruja que se convertía en animal para asustar a las personas.
En aquellos días todos los muchachos, nos sentábamos nos recostábamos en la vereda, ya había detenido el calor del sol, así que en las noches, la vereda estaba caliente y agradable.
siempre están presente de los cuentos de la llorona y las brujas, así transcurrían las vacaciones y en las tardes los bañábamos todo los muchachos en el rio, llevábamos frutas típicas del lugar
Mangos , Uvas pacay.
En febrero es el tiempo de los carnavales, El agua el talco y el papel picado de multicolores, esto era como un ritual de todos los años.
Recuerdo que estaba terminando mi primaria, tenía la necesidad de levantarme en las noches como a las12 0 1am. esto sucedió por un tiempo corte , la necesidad de escribir Asia que me levante en las noches , para escribir, pequeñas Historias se salían y brotaban de mi imaginación, pero lo curioso , es que miraba en el ambiente como en una pantalla de cine , pero transparente. Un de las Historia Fue que la vida fue traída a la tierra en probetas.
Que el ser Humano había sido intervenido y mesclado su ADN. por avanzados seres en ingeniera Genética, y que nosotros éramos el resultado de ese experimento.
Desde pequeño imaginaba y las veía en el ambiente aparatos electrónicos que ahora existen. era cosas que no las contaba en aquellos tiempos, esta etapa de escribir y ver cosas , se quedaron un poco en el recuerdo, Algunas personas podrán decir que tengo una gran imaginación.
Eso lo dejo al criterio de las personas, no quiero convencer a nadie de lo que para mí ha sido parte de la realidad vivida.
llego las vacaciones del siguiente año y algo marco una visión que se volvió a repetir a los diecinueve años.
De regreso a Ica lo que paso fue en un día común en el pueblo de Carmen como cualquier niño jugaba con mi primo Roberto en la noche a la luz de una lámpara y unas velas.
La abuela nos dijo, muchachos y a dormir. Había un lamparín y una vela que alumbraban las estampitas de los santos al cual la abuela era devoto. ahí estaba El majestuoso imagen del señor de luren( Cristo), san francisco de así y los patronos del Perú, san Martin de Porres y Santa Rosa de lima. así que fuimos al cuarto, y las camas eran grandes de tipos de hacienda en una de ellas dormíamos mis primos y yo, pero esa noche algo muy extraño a mi pensar se manifestó. La abuela apago la lámpara y dejo la vela que se consumiera por sí sola, esta estaba en un recipiente con agua para poder evitar algún incendio, la vela se consumió y quedo el cuarto en completa oscuridad. mi primo se había quedaron dormido así mismo mis abuelos algo me había despertado y miraba las cuatro esquinas del cuarto que eran grande.
cerraba mis ojos para poder tener sueños pero cuando los abrí un personaje se había acercado a la cama, me dio miedo. era alguien que estaba observándome, así que me tapaba con la frazada y por ratos yo volvía a mirarlo y ahí estaba, me hacia el dormido y lo miraba con los ojos entre serrados y ahí estaba.
Tenia la forma de un hombre delgado con un cuerpo atlético y alto pero solo podía ver el contorno de su silueta, era un amarillo dorado intenso era como que nos miraba y quería comunicarse, pero mi miedo hacia que el personaje se retire y desapareció. el cuarto quedo totalmente oscuro total. Mi abuelo tenía su cama al costado de nosotros pero estaba dormido y mi primo también.
Estos recuerdos quedaron impregnados en mi ser, quizás podría ver sido algún tipo de respuestas a mis constantes interrogaciones de mi vida. Quien soy de donde vengo y a donde voy, esta sería la llaves que habría las grandes interrogantes de mi vida. En un universo tan infinito no podría creer que nosotros somos los únicos seres en todo este universo y esta galaxia fue creada para nosotros solos.
A los 19 años esta visión se volvió a presentar estaba en mi cuarto en lima Perú, distrito surco, pero eran como las cinco de la tarde, sentí que las dimensiones de mi dormitorio se expandía y apareció nuevamente la imagen como la había visto vi la e cena de esa noche en Ica( el carme) cuando era niño pero esta vez yo era el observador, pude ver más detalles. el personaje se había comunicado con migo y había trasmitido información que en aquellos día no entendía. Vi que había levantado su mano derecha y señalado un punto, movía su cabeza y señalaba como que daba información del lugar de donde el procedía. Una cosa curiosa es que el cuarto el techo se podía ver las estrellas las constelaciones. sus movimientos de este personaje eran rápido lo curioso e interesante era que yo lo estaba viendo de otro tiempo y estación (como una pantalla de cine) y el personaje me miro se dio cuenta que yo lo estaba observando en el espacio tiempo que apareció cuando era niño y estaba en Ica , el personaje se detuvo me observo y se salió de aquel tiempo y me vio en el tiempo actual que lo volví a ver a la edad de 19 años era como se salió del tiempo pasado y se puso de un tiempo intermedio y allí desapareció, toda la imagen desapareció era como el tiempo o el espacio se hubiera detenido o es diferente al tiempo nuestro de nuestro concepción mental. el tiempo está amarrado en un aspirar creado por nuestra mente pasado, presente y futuro. todo esto esta entrelazado con nuestra esencia somos seres tridimensionales donde operan siete leyes universales en los mundos físicos, estamos en tránsito a una cuarta dimensión donde se incrementaran otras leyes que rigen nuestra existencia.
VICTOR SALAZAR .
victorsalazar144@yahoo.com
VICTOR SALAZAR
Caballeros de la Orden del Sol
aquellos días de vacaciones , en Ica Tierra de voto del Señor de Luren ( Cristo )Tierra del Vino y del Pisco y de la rica Cachina, licores típicos, del lugar Ica Perú.
su famosa laguna turística, en carnada en el oasis, en el corazón de Ica.
La laguna huaca china y su leyenda de la Sirena que encantaba a los hombres, con su canto, atrayendo con canto al hombre curioso, cuenta los lugareños que la sirena se lleva un Hombre cada año.
sus tradiciones de semana santa, Pueblo de voto del Señor del Luren.
cuentas las tradiciones que la imagen del señor del Luren apareció en un parque, el imagen estaba amarrado en un burrito, los lugareños vieron con curiosidad lo que bahía sucedido , y este acto fue llamado un milagro. es así que el mismo parque se levanto una capilla y posterior mente una majestuosa iglesia o templo para el custodio del imagen del Señor de Luren.
patrimonio de la provincia de Ica. Pueblo de Bellas tradiciones.
Mi querida familia nació en esta provincia del Perú. mis padres y mis hermanos, su raíces.
ya cuando emigraron a la capital Lima Perú, naci, siempre nuestras vacaciones del colegio que regularmente eran tres meses, La pasamos en Ica, El caserío de San Juan. ( El Carmen.)
allí con mis Abuelo Juan Y mi querida y siempre recordada Abuela Mercedes, Ella era un Angelé aquí en la Tierra. que siempre vive en mis recuerdo.
Viajábamos todos mis Hermanos y mis primos que Vivian en Lima, Y regresábamos todos a Ica El Carmen, allí Vivian sus padre y mis tíos y mis Primos contemporáneos a mi edad de aquellos días ,
que jugábamos.
En las noches contábamos y disfrutábamos de los cuentos de La Bruja Y de la Llorona, La bruja que se convertía en animal para asustar a las personas.
En aquellos días todos los muchachos, nos sentábamos nos recostábamos en la vereda, ya había detenido el calor del sol, así que en las noches, la vereda estaba caliente y agradable.
siempre están presente de los cuentos de la llorona y las brujas, así transcurrían las vacaciones y en las tardes los bañábamos todo los muchachos en el rio, llevábamos frutas típicas del lugar
Mangos , Uvas pacay.
En febrero es el tiempo de los carnavales, El agua el talco y el papel picado de multicolores, esto era como un ritual de todos los años.
Recuerdo que estaba terminando mi primaria, tenía la necesidad de levantarme en las noches como a las12 0 1am. esto sucedió por un tiempo corte , la necesidad de escribir Asia que me levante en las noches , para escribir, pequeñas Historias se salían y brotaban de mi imaginación, pero lo curioso , es que miraba en el ambiente como en una pantalla de cine , pero transparente. Un de las Historia Fue que la vida fue traída a la tierra en probetas.
Que el ser Humano había sido intervenido y mesclado su ADN. por avanzados seres en ingeniera Genética, y que nosotros éramos el resultado de ese experimento.
Desde pequeño imaginaba y las veía en el ambiente aparatos electrónicos que ahora existen. era cosas que no las contaba en aquellos tiempos, esta etapa de escribir y ver cosas , se quedaron un poco en el recuerdo, Algunas personas podrán decir que tengo una gran imaginación.
Eso lo dejo al criterio de las personas, no quiero convencer a nadie de lo que para mí ha sido parte de la realidad vivida.
llego las vacaciones del siguiente año y algo marco una visión que se volvió a repetir a los diecinueve años.
De regreso a Ica lo que paso fue en un día común en el pueblo de Carmen como cualquier niño jugaba con mi primo Roberto en la noche a la luz de una lámpara y unas velas.
La abuela nos dijo, muchachos y a dormir. Había un lamparín y una vela que alumbraban las estampitas de los santos al cual la abuela era devoto. ahí estaba El majestuoso imagen del señor de luren( Cristo), san francisco de así y los patronos del Perú, san Martin de Porres y Santa Rosa de lima. así que fuimos al cuarto, y las camas eran grandes de tipos de hacienda en una de ellas dormíamos mis primos y yo, pero esa noche algo muy extraño a mi pensar se manifestó. La abuela apago la lámpara y dejo la vela que se consumiera por sí sola, esta estaba en un recipiente con agua para poder evitar algún incendio, la vela se consumió y quedo el cuarto en completa oscuridad. mi primo se había quedaron dormido así mismo mis abuelos algo me había despertado y miraba las cuatro esquinas del cuarto que eran grande.
cerraba mis ojos para poder tener sueños pero cuando los abrí un personaje se había acercado a la cama, me dio miedo. era alguien que estaba observándome, así que me tapaba con la frazada y por ratos yo volvía a mirarlo y ahí estaba, me hacia el dormido y lo miraba con los ojos entre serrados y ahí estaba.
Tenia la forma de un hombre delgado con un cuerpo atlético y alto pero solo podía ver el contorno de su silueta, era un amarillo dorado intenso era como que nos miraba y quería comunicarse, pero mi miedo hacia que el personaje se retire y desapareció. el cuarto quedo totalmente oscuro total. Mi abuelo tenía su cama al costado de nosotros pero estaba dormido y mi primo también.
Estos recuerdos quedaron impregnados en mi ser, quizás podría ver sido algún tipo de respuestas a mis constantes interrogaciones de mi vida. Quien soy de donde vengo y a donde voy, esta sería la llaves que habría las grandes interrogantes de mi vida. En un universo tan infinito no podría creer que nosotros somos los únicos seres en todo este universo y esta galaxia fue creada para nosotros solos.
A los 19 años esta visión se volvió a presentar estaba en mi cuarto en lima Perú, distrito surco, pero eran como las cinco de la tarde, sentí que las dimensiones de mi dormitorio se expandía y apareció nuevamente la imagen como la había visto vi la e cena de esa noche en Ica( el carme) cuando era niño pero esta vez yo era el observador, pude ver más detalles. el personaje se había comunicado con migo y había trasmitido información que en aquellos día no entendía. Vi que había levantado su mano derecha y señalado un punto, movía su cabeza y señalaba como que daba información del lugar de donde el procedía. Una cosa curiosa es que el cuarto el techo se podía ver las estrellas las constelaciones. sus movimientos de este personaje eran rápido lo curioso e interesante era que yo lo estaba viendo de otro tiempo y estación (como una pantalla de cine) y el personaje me miro se dio cuenta que yo lo estaba observando en el espacio tiempo que apareció cuando era niño y estaba en Ica , el personaje se detuvo me observo y se salió de aquel tiempo y me vio en el tiempo actual que lo volví a ver a la edad de 19 años era como se salió del tiempo pasado y se puso de un tiempo intermedio y allí desapareció, toda la imagen desapareció era como el tiempo o el espacio se hubiera detenido o es diferente al tiempo nuestro de nuestro concepción mental. el tiempo está amarrado en un aspirar creado por nuestra mente pasado, presente y futuro. todo esto esta entrelazado con nuestra esencia somos seres tridimensionales donde operan siete leyes universales en los mundos físicos, estamos en tránsito a una cuarta dimensión donde se incrementaran otras leyes que rigen nuestra existencia.
VICTOR SALAZAR .
victorsalazar144@yahoo.com
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