lunes, 24 de enero de 2011

Aprendiendo a escoger
Por Paulo Coelho


San Antonio vivía en el desierto ,cuando se le apróximo unjoven quien le dijo:
-"Padre vendí todo lo que tenía y di el dinero a los pobres , sólo guarde unas pocas cosas para sobrevivir aquí. Me gustaría que me enseñe el camino de la salvación".

San Antonio pidió al muchacho que vendiese también las pocas cosas que había guardado y con el dinero obtenido comprase carne en la ciudad. Al regreso debía traer la carne atada a su cuerpo.

El muchacho obedeció. Al regresar fue atacado por perros y halcones que querían un pedazo de la carne.

-Ya estoy de vuelta - dijo el chico- mostrando elcuerpo arañado, herido y la ropa en jirones. ¿Por qué me mandó hacer esto?
-Para mostrarte que lo que trajiste de tu pasado no te sirve en tu presente .

-Cuando tengas ganas de escoger un nuevo camino no traigas experiencias viejas. Aquellos que dan un paseo nuevo, pero quieren mantener un poco de su antigua vida, terminan desgarrados por los propios recuerdos.

PAULO COELHO
Espectacular giro de objeto grabado el 29 de septiembre de 2010.



Disclose.tv - UFO making 90 degree turns January 23 2011 Video


Seguidamente, mostramos este vídeo que ha sido analizado por un colaborador del Team.
El vídeo muestra un giro instantáneo de 90º respecto de la nube.
Características de la cámara:
Tipo de cámara: JVC Camcorder.
Ratio de captura: Un frame/segundo.
Ratio de Rebobinado de imagen: 30 frames/segundo.
Tamaño de captura del Frame: 640/480
Lugar: 5 millas al Noroeste de Texas. Durante la puesta de sol del 29 de septiembre.
Ángulo de captura: 15º sobre el Horizonte.
AUTOBIOGRAFÍA DE ARNOLD KRUMM-HELLER HURACOCHA
Arnold Krumm Heller

Arnold Krumm Heller es un ocultista formado en el seno de las viejas sociedades esotéricas del siglo XIX. Es un maestro de la blanca hermandad, cuyo espíritu es Arzobispo de la Iglesia Gnóstica de los mundos internos, y como tenemos esta nota autobiográfica suya podemos hacernos una idea exacta de cómo era y cómo pensaba, lo que siempre resulta revelador.
Aunque personalmente no conozco la iniciación del doctor Heller, sé tres cosas sobre el: 1. Algunos datos interesantes sobre su vida profana los aporta el Historiador Mexicano Ricardo Pérez Montfort, quien le relaciona con la Acción Revolucionaria Mexicanista (una formación nacionalista de derecha radical Mexiacana, también conocida como Los Camisas Doradas) por la correspondencia mantenida con Nicolás Rodríguez, su líder. Montfort investigó a Heller en relación a las actividades de los inmigrantes Alemanes en México en las primeras décadas del siglo XX, y en su artículo le vincula con el espionaje Alemán de la Gran Guerra y le tacha de pro-nazi. Además cuenta que fue Médico Coronel del ejercito Mexicano y aporta datos interesantes sobre su actividad literaria y política, aunque desde luego muy parciales. Como el señor Montfort no es ocultista, le llaman más la atención estas facetas políticas y militares que las que a mi me hacen destacar a este personaje. Pero bueno: Cada cual que opine. Mi conclusión es que las peripecias personales del doctor Heller son totalmente honorables y quedan en segundo plano, pues evidentemente Heller utilizó su formación intelectual y sus recursos para adentrarse en el mundo del ocultismo. 2. Es el bodhisattva del maestro Huiracocha aclamado como tal por Samael Aun Weor, aunque no sé con certeza que sea un bodhisattva levantado (Samael Aun Weor se dirige por respeto a todas las grandes personalidades ocultistas como "maestros", pero al doctor Heller en particular lo reconoce como iniciado e iniciador suyo en el sentido de darle las claves precisas, pero no aclara que Heller llegase a ser un maestro autorrealizado, y más bien sugiere que no lo que cuenta de sus experiencias con él en sus obras. 3. El doctor Heller es un sincero ocultista, muy distinto me parece su caso al de tantos explotadores fundadores de sectas a los que se les huele a kilómetros el tufillo de estafadores amantes del dinero ajeno. Dejando a un lado que lo tome por maestro por lo que dice Samael, me parece una persona que partiendo del estado habitual en que lo espiritual es para nosotros mera creencia de algo intangible e incomprensible, por si mismo se dedicó a buscar sus claves secretas de la única forma en que podía hacerse en su época: Entrando en relación con las sociedades esotéricas de entonces. Y para mi su autobiografía demuestra que fue llegando poco a poco a las claves eternas que permiten al ser humano el contacto directo con su creador, ocultas necesariamente en la medida en que cada época lo aconseja.

A lo anterior he de añadir algo: El ocultismo del siglo XIX está ampliamente superado en la obra de Samael Aun Weor. Aquel ocultismo de las viejas órdenes mágicas era asequible sólo a los pioneros, requiere una vida entera de sumisión a la orden y de paciente estudio acceder a sus claves, preparación que no niego es necesaria para poder apreciar tales claves, pero que tiene el inconveniente de que con muchas posibilidades, puede perdernos en un laberinto de teorías absurdas, a partir de Samael esos secretos son asequibles a todo el que se moleste en estudiar su obra. Se cuentan por millones los que son a tal estudio lo que un paralítico en silla de ruedas a la práctica del atletismo olímpico, pero a pesar de todo en su obra está superado el enfoque de las viejas sociedades secretas, muchas de las cuales –es triste decirlo- han acabado degenerando en sucios negocios. A nadie sorprenda que se considere a Samael Aun Weor un impresentable tanto en círculos intelectuales como pseudo-esotéricos, pues así funciona el mundo: Nada es lo que parece ni lo que parece es.

Para curiosidad del temeroso de que todo el ocultismo sea una más de las falacias humanas, algo sórdido que necesariamente se ha de practicar en la clandestinidad, simple negocio desaprensivo, afán de poder, manipulación o coacción de la voluntad ajena; o mera desinformación y leyenda urdida sobre algo que es imposible conocer, publico esta página con los datos que nos sitúan en la mejor pista de esta ciencia de lo intangible que en mi búsqueda personal he encontrado. No pretendo que mi enfoque es el único, pero si el correcto.

Hasta ahora tengo claro que no vale la pena hablar de ocultismo al que no lo aprecia por si mismo, pero supongo que una página en Internet que aclare ciertas cosas al que busca información sobre el tema puede venir bien, máxime cuando me consta que lo que leerán aquí no está en ninguna otra parte.

En contraste con la teoría y la creencia, que es la mentira haciéndose pasar por verdad, el ocultismo verdadero es certeza absoluta que viene del íntimo. Eh ahí su trascendencia: Mientras que la ciencia materialista es la "levadura de los saduceos", (la sugestión de que sólo es real lo que percibimos y de que más allá de eso no hay realidad), y la mera creencia es la "levadura de los fariseos" (la creencia imponiéndose sobre la inteligencia y el sentido común por puro orgullo: el ridículo de los ridículos), el intimismo es lo acertado: Conocimiento profundo de uno mismo y búsqueda de la verdad dentro de uno y no fuera. Por lo que cuenta en su autobiografía el doctor Heller entendió esto. Por eso es un buen ejemplo de ocultista.

Sin embargo ese ocultismo de la certeza intuitiva no es algo a lo que se llegue fácilmente. Uno necesita ser instruido y no sabe de quién fiarse. Y son más temibles los equivocados sinceros que los cínicos e hipócritas, porque a estos se les ve el rabo, pero el lleno de buena fe nos arrastra a su propio error. Por eso lo mejor del ocultismo, es su cualidad de ser totalmente comprobable por uno mismo. Si se piensa bien, si existe algún camino para llegar a la verdad, asequible al ser humano, no puede ser otro que experimentarla en carne propia, pues sólo lo que hemos experimentado nos consta, todo lo demás son ilusiones y conceptos más o menos inexactos de la realidad. Los ocultistas lo son porque cansados de la imposibilidad de saber nada más allá de toda duda, una vez se han convencido de que vivimos "frente a la gran mentira", vuelven su atención al íntimo, y el íntimo y sus respuestas intuitivas exactas se convierte en consuelo de toda angustia, pues en presencia del íntimo se experimenta la alegría de vivir. Antes de estar él presente la vida sabe a cucaracha, y vivimos cruelmente esclavizados en el fétido ambiente de nuestro propio yo.

El maestro Huiracocha (Arnold Krumm Heller) ostentó los cargos de: Comendador Mundial de la F.R.A. (Fraternitas Rosicruciana Antiqua), orden de la cual es fundador, Maestro masón MEMPHIS MISRAIM 3º-33º-97º, Último Grado de la O.T.O. (Ordo Templi Orientis), Último Grado de la A.A. (Astrum Argentum), y en especial, Arzobispo Supremo de la IGLESIA GNÓSTICA, nuestro V.M. Samael Aun Weor (Víctor Manuel Gómez Rodríguez), aprendió de Heller el secreto indecible del gran arcano y las claves primeras para ingresar en la Iglesia Gnóstica de los mundos Internos cuando él era un desdichado como nosotros (en realidad, no tanto), tiempo ha de la fundación del Movimiento Gnóstico y del despertar de Víctor Manuel Gómez como el maestro de Sabiduría Aun Weor.

En su libro "Conferencias Esotéricas", Arnold Krumm-Heller escribió:
1. Primeras creencias:

"Cuando los hombres célebres han escrito grandes obras, alguien se encarga de escribirles su biografía, pero generalmente como homenaje a su memoria. Yo, que no soy célebre, no espero correr la misma suerte, pues sé que antes o después de morir poco o ningún caso se me ha de hacer.
"Pero quisiera ver escrita mi biografía de ocultista y, como dada mi poca importancia nadie la querrá escribir, he resuelto hacerlo yo mismo; eso tiene por lo menos la ventaja de que saldrá exacta, pues la conozco mejor que nadie.
"Pero no me tachéis de pretencioso: mi autobiografía como ocultista tiene por objeto marcar el camino que he seguido desde mis primeros estudios hasta la fecha, para desengañar a aquellos que creen que para iniciarse es menester emprender un viaje a la India, sujetarse al celibato y comer yerbas y raíces. Yo soy casado, nunca vi la India y como de todo; a pesar de esto creo poder alcanzar la meta que se propone todo ocultista: Dominar las leyes de la Naturaleza para ser útil a sus semejantes.
"Educado bajo los cuidados de una madre ejemplar que sacrificó todo por mi educación, llegué a ser hombre no habiéndome tomado jamás el trabajo de pensar yo mismo; en filosofía y en religión era como el 99% de mis prójimos, viviendo al día, dejando a los curas y a los mayores el cuidado de estas preocupaciones.
"Siguiendo la rutina, creía que ser bueno significaba cumplir con los mandamientos de la Iglesia, rezaba todas las noches y como premio de mis virtudes (?) esperaba la recompensa en el cielo.
"Mi idea respecto a Dios era la que se forman la mayor parte de los católicos, en que Dios no pasa de ser un gran comerciante, que en vez de dar mercancías por dinero, da cielos en cambio de misas, rezos, confesiones, etc., quita purgatorios, protege en el comercio, da maridos, etc.
"La idea de ser bueno y evitar el mal, no por miedo al infierno o codicia al cielo, sino por el amor al bien me era hasta entonces desconocida.
"La anciana madrecita quedó, después de darme el último beso, en Alemania, y yo me dirigí a esa tierra que hoy llamo mi segunda patria: México.
"Mi familia había emigrado en el año 1823 a México siendo mi bisabuelo minero. Es muy interesante leer "Briefe aus Mexico" donde existe la relación de esos colones alemanes.
"Siempre nos habíamos considerado mexicanos y así al llegar aquí de niño me encontraba con mi casa pero tenía deseos de conocer toda la América latina.
"Mi primera residencia fue la República de Chile, uno de los países más adelantados y hermosos de Sur América.
"De estudiante había leído novelas de algunos autores de importancia. Sabía el Fausto, en gran parte de memoria, y, para cambiar alguna vez, había tomado una obra de Carlos du Prel, pero sin que sus ideas hubiesen dejado huellas en mi ánimo; las leía para distraerme o para cambiar de lectura.
"Un año después de haber abandonado Alemania recibí la súbita noticia de la muerte de mi santa madre. Aquel golpe me anonadó; ¿cómo, después de haberla visto hacer tantos sacrificios por mí y en los momentos en que podía recompensar en algo sus afanes se me arrebataba a aquel ser?
"Entonces se despertó en mi alma una idea completamente nueva, que me vino a poner en conocimiento que los hijos jamás sabemos apreciar los sacrificios de los padres para labrarnos un porvenir que solamente a nosotros nos interesa; y que ni durante una vida pagamos debidamente sus afanes, no cumplimos en lo absoluto ni con los deberes de familia ni con los de humanidad siquiera, porque una noche de desvelo y zozobra infinita, cuando nos velaba al lado de la cuna; una noche de insomnio y de congojas que pasa durante los peligros de la niñez, esa personificación del verdadero y único amor abnegado, no se paga con toda una existencia de cuidados, de amor y de respeto hacia los que nos dieron el ser.
"Yo renegaba, maldecía mi suerte... me costó una enfermedad física la idea de que al regresar a mi patria encontraría únicamente un pedacito de tierra, que cubría aquel cuerpo santo.

2. El Espiritismo:

"Al pasar por una librería vi una obra de Allan Kardec. Entré a comprarla y me encerré para leerla; era la tabla de salvación que encontré en el océano de mis sufrimientos para aferrarme a ella. Aquella filosofía no me era nueva; la había leído de estudiante, hasta entonces llegaba a sentirla. Me convertí en un espiritista sincero; más aún, fanático en cuanto a la belleza de sus doctrinas.
"Me consolaba, me levantó el ánimo aquella filosofía, pero desde el primer momento me chocó la práctica; jamás llegué a evocar a aquel ser a quien tanto había amado, pues la intuición, la razón, me decían que aquella santa debía estar localizada en regiones superiores, más puras, y que no hacía bien en atraerla a esta mísera tierra y comunicarla, obligándola a hacer manifestaciones inferiores como mover las patas de una mesa en los círculos espiritistas.
"La lógica de la doctrina espírita me convirtió en un espiritista convencido y, como la muerte de mi madre me había insinuado en estas ideas, a ella la había inmortalizado en mí: cuando evocaba sus recuerdos, sus consejos, la sentía vibrar en mí mismo; esa es la verdadera comunicación espiritual.

3. La Teosofía:

"Animado a propagar la filosofía que me había consolado, fundé con varios amigos y redacté una revista que llamamos "El Reflejo Astral". Al estar expuesto en las librerías uno de sus números, se me presentó un día un señor de Barcelona, el cual me felicitó por propagar esas ideas en un país donde el fanatismo religioso ejercía aún su influencia.
"Ofreció obsequiarme varias obras, ofrecimiento que cumplió, pues a los dos meses recibí por correo "Después de la Muerte" de Leon Denis y "La Doctrina Secreta" de Blavatsky. La amabilidad del Doctor León, con el cual nos hemos encontrado aquí en México, otra vez, después de tantos años, pues viaja actualmente por uno de los Estados del Norte, me hizo admirar nuevos horizontes.
"Ya no sólo se interesaban en estos asuntos mis sentimientos, mi corazón: los argumentos científicos tan sólidos que empleaba Blavatsky hicieron que tomara parte mi cabeza. El espiritismo había sido en mí, como en casi todos sus adeptos, cuestión de impresionalismo. Vi que tiene una filosofía hermosa, argumentos sólidos, aspectos científicos cuyo estudio, he visto más tarde, es más fácil bajo la luz del ocultismo.
"La práctica de la mediumnidad además de ser ridícula es profundamente inmoral.
"Aquí en México, funge como espíritu familiar, en la mayoría de los centros, el Benemérito de la Patria Lic. D. Benito Juárez, y da pena ver que esa gran lumbrera, que dirigió tan sabiamente los destinos de este país, se vea encargado de buscar objetos perdidos.
"Por fortuna que el espíritu de Juárez sólo existe en la imaginación de los espíritus ignorantes, que faltos de conocimientos de las leyes que rigen los fenómenos psíquicos, pueden en la mayor parte de las ocasiones poner en relieve su irreflexión, pero no evocar como se debe.
"Yo, y conmigo millares de iniciados en el ocultismo, no negamos la realidad y posibilidad de todos los fenómenos que pregona el espiritismo, y en mi primera conferencia veréis mis opiniones a este respecto; la diferencia que existe entre los espíritas y los ocultistas, es que los primeros se valen de medios o instrumentos para ponerse en contacto con el plano astral (de los espíritus) y nosotros somos todos mediums pero no pasivos, inconscientes ni manejados por guías, sino activos, conscientes, que en vez de tratar de atraer los seres (salvo casos especiales) nos trasladamos conscientemente donde están ellos.
"La obra de Blavatsky me indujo a suspender la publicación de la Revista.
"En aquellos tiempos habían dejado preocupada la atención pública los fenómenos del Conde de Sarak y formábanse tres partidos. Los primeros atribuían las demostraciones de Sarak a pura superchería; los segundos veían en el señor Conde un gran iniciado y los últimos, si bien aceptaban que algunos fenómenos del Sr. Sarak estaban al abrigo de todo fraude, en otros se había comportado como un prestidigitador de circo.
"Me decía yo, al contemplar aquella divergencia de opiniones, que para juzgar estos hechos es menester estudiar para conocer a fondo el asunto.

4. El Ocultismo:

"Con varios amigos encargamos obras sobre Ocultismo. Aquello fue una verdadera indigestión de Encausse (Papus), Eliphas Levi, Estanislao de Guaita, Kiesewetter, Claudio de San Martín y otros. Estos autores eran y son hasta hoy, los mejores en la materia, y el lector que en sus obras sorprende la clave de los secretos que encierran, será un Rosa Cruz como Nostradamus, Paracelso, etc.; pero creo que no habrá uno solo que los arranque y les sucederá como a mí: mientras más se lee, mayor es la confusión en que se enreda uno.

5. El Martinismo:

"Las vidas de San Martín y de Martínez de Pasqualis me habían dejado preocupado; más aún, cuando supe que el célebre abate católico Levi, el autor del Dogma y ritual de Alta Magia, había sido Martinista.
"Resueltamente escribí al doctor Encausse para saber algo sobre esta orden secreta, el cual en respuesta me recomendó a un doctor Girgois, de Buenos Aires, quien después de llenar las formalidades me inició y me indicó si por alguna duda necesitara un consejo, me dirigiera a un señor Don A... C..., como quien dice, el vecino de la esquina.
"Don Arturo, que así se llama de nombre el señor C..., era de nacionalidad inglesa, había sido jefe de comercio de alta importancia. Era conocido por su rectitud y extrema honradez, y como poseedor de una regular fortuna, ocupaba en compañías mineras, bancarias etc. puestos de presidente, vicepresidente o director; en total un conocido comerciante pero de ocultista me parecía tener tanto como yo de Mandarín chino.
"Me dirigí a su domicilio con casi la certidumbre que aquel señor me daría la dirección de un anónimo suyo, habitante de un barrio apartado, refugiado en una choza humilde de ermitaño, envuelto en una túnica larga, acariciando una barba blanca y venerable.
"Al responder a mi interrogatorio que él era la persona que yo buscaba, sentí deseos de retirarme decepcionado, pues no reunía el Sr. C... el tipo de mis ilusiones; pero no pude realizar mi intento, pues el buen señor dejando a un lado sus libros de comercio me hizo pasar al salón. Pero, ¿qué digo a este hombre? me decía yo, y por primera providencia me le quedé mirando con la boca abierta.
"Conociendo mi turbación y como si leyese mis pensamientos, me sacó del mutismo: "Ud busca a un hombre que pertenece a la Orden de los Martinistas y sus deseos son de aprender la filosofía y los secretos del Ignoto"- "Sí señor, precisamente señor".
"Ese sí señor, precisamente señor, se lo repetí maquinalmente varias veces, pues en mi interior aún no quería abandonar la idea del iniciado, del maestro con túnica larga y barba blanca; pues un hombre con los bigotes a lo Kaiser no me cuadraba como un iniciado del Martinismo (Rama de los Rosa-Cruz poseedores del secreto de la piedra filosofal, que transmutan el plomo en oro), ocupado en cotizar acciones de bolsa; me era lo mismo que ver a un arzobispo repartir programas de la corrida de toros.
"Poco a poco volví en mí, gracias a que el modo de expresarse del Sr. C... me hizo tomar confianza, y sin sentir entablamos una conversación sobre ciencias transcendentales. Mi asombro iba creciendo por momentos al descubrir en el Sr. C... un maestro de profundísimos conocimientos.
"En menos de media hora me había explicado mucho de lo que antes no me había dado cuenta. Sentí deseos de besarle la mano al despedirme, y en la calle repetía: "El hábito no hace al monje".
"Como galantemente me había ofrecido su casa, a las pocas noches fui a verle. En su salón encontré reunidos a varios conocidos que nunca me habían hablado de él.
"La conversación versaba sobre los Mahatmas, unos grandes maestros que vivían en la cima de los Himalayas, pero que desprendiéndose de su cuerpo material se aparecían en forma vaporosa al llamado del adepto iniciado.
"Después que unos habían negado el hecho, otros lo habían ridiculizado y el resto dado por probable o posible la existencia de estos seres, el maestro pues así llamaremos al Sr. C... desde ahora, coge una espada, traza en el centro de la pieza el Pentaclo de Salomón (de que hace uso Goethe en el Fausto), pronuncia una fórmula, para nosotros incomprensible, y nos ruega formar una cadena tomándonos de las manos.
"Apenas lo habíamos hecho cuando sentimos una detonación en la pieza vecina, como una especie de explosión de aire; la puerta gira sola sobre sus goznes como empujada por manos invisibles... en el centro de la sala vemos de frente a un fantasma; un ser vaporoso, pero compacto, avanza hasta tocarnos. Los pelos se me erizaban de punta y si no es por el temor de aparecer como miedoso me desmayo.
"A pesar del miedo inusitado, me sentía feliz al palpar por primera vez una materialización perfecta de un maestro de lo invisible. En mi corazón se levantaba un grito de júbilo. Había pertenecido a los débiles que creen sin saber; ya era fuerte: creía sabiendo.
"No tengo la autorización del maestro para escribir todo lo que vimos esa noche y las innumerables noches de muchos años siguientes. Por ese medio traía objetos desde gran distancia, que caían en la pieza sin saber de donde. Las apariciones que pudiesen ser objeto de nuestra ilusión o efecto de hipnotismo o sugestión colectiva, fueron innumerable número de veces fotografiadas sugestionándose la placa fotográfica, lector incrédulo.
"Una de tantas noches, se trataba entre los asistentes a la reunión si acaso todos los hombres tienen cuerpo doble o astral o si aquello era sólo predominio de unos cuantos Himalayenses.
"El maestro coge la espada, y sin más ceremonias de las que estábamos acostumbrados, evoca y nos trae a la pieza a un señor que la mayoría conocíamos. Le dio algunas órdenes, que cumplió al día siguiente como autómata, y estoy seguro que si le hubiese ordenado un asesinato lo habría hecho, estando a muchas leguas de distancia de nosotros.
"Muchos años tuve la dicha de contemplar las maravillas de ese maestro.
"Siguiendo la idea predominante en los espíritas que la difunden sin saber lo que hacen, tenía yo una idea preconcebida en cuanto a las sociedades secretas; yo quería la luz para todo el mundo, nada de monopolio, nada de privilegios.
"Pero al ver que esas sociedades poseían el secreto de evocar el doble etéreo de cualquiera, preguntarle sus secretos más íntimos, sin que al regresar a su cuerpo físico recordara lo acontecido; comprobándose que al lastimar ese cuerpo el daño repercutía sobre el material; al convencerme que de ese modo se podía matar a una persona a distancia y que la víctima amanecía muerta en su lecho, pudiéndose reír el asesino del medico legal, del juez y del Código penal; al cerciorarse, en suma, que las fuerzas de la naturaleza que uno aprende a manejar allí, son al mismo tiempo poderes benéficos para el hombre moral con armas horribles en manos del malvado, comprendí la importancia y la necesidad imperiosa de esas sociedades iniciáticas y que los que se burlan de ellos son necios ignorantes.

6. Iluminación Espiritual:

"Mucho interés habían despertado en mí los estudios del hermetismo en relación de las religiones comparadas y de los cultos antiguos.
"Blavatsky y otros habían escrito con mucho entusiasmo de los restos arqueológicos de los Incas del Perú y de los Aztecas en México. En mis coloquios veía al imperio de Manco Capac y al de Moctezuma.
"Teniendo al Perú más cerca me dirigí allá y durante algún tiempo pude excavar y estudiar de cerca las ruinas del Cuzco. Me había internado al interior de Paucartambo, y al estar sentado en una de las ruinas más célebres contemplando a mi alrededor ese panorama sublime, que sólo posee el país de los virreyes, me sobrevino una especie de vértigo, un éxtasis, en el cual los misterios de la Naturaleza se desviaban ante mi vista; las vibraciones del Gran Todo se confundían en mí encontrándome así simple microcosmo, en relación con el macrocosmo.
"Yo, celdilla hombre, encontrábame en relaciones con todo el Universo. Estado en el cual se comprende y se entrevé la grandeza de la creación: se transporta uno desde las regiones de los efectos al mundo de las causas, bañándose en aquellas vibraciones de la esencia divina, de una tranquilidad y felicidad indescriptibles.
"Se sienten sanar, no sólo alumbrar, los rayos solares, y si se pudieran transcribir al papel todas las sensaciones, lo tomarían a uno como alucinado.
"No me importa: si el estudio de la Naturaleza en su esencia es estar loco, querido lector, entonces soy feliz en mi locura y quiero estarlo cada día más.
"Comprendí entonces que los libros humanos son nada en comparación con el libro supremo de la Naturaleza y que para el hermético basta y sobra con ese.
"Nuestro filósofo alemán, Jacobo Boheme, ¿acaso tuvo otro? y ¿quién de los otros especuladores filosóficos puede compararse con él?
"Mi guía, desde entonces, fue la Naturaleza y, dejando todos los maestros, a ella me acojo en sus brazos cariñosos.
"Más tarde , enfrente de Assmanshausen, a la orilla de nuestro padre Rhin, en el canal Smith, (tierra del Fuego), en el Tirol, en la cordillera Cantábrica de España, enfrente de las Cataratas del Niágara, en los Alpes de Suiza y aquí en México, en un pedacito de tierra que ha bautizado el ilustre General Treviño con el nombre de Rincón de María, me sobrevino el mismo fenómeno pero sin que lo provocara: sólo por la meditación. Tenía pues para mis exigencias de ocultista, un defecto: no lo manejaba, no lo podía producir a voluntad; me faltaba la llave de ese paraíso tan sublime.

7. Ocultismo, Hermetismo, Martinismo:

"A buscarla, me dije.
"Del Perú me dirijí a Europa en una tourné de dos años visitando a los principales ocultistas. Asistí como miembro al Congreso Teosófico de Nuremberg, donde leí un trabajo referente a mis estudios sobre el culto del Sol, de los antiguos Incas.
"En aquel congreso estreché relaciones, entre otras, con el célebre Doctor Franz Hartmann, autor de notables obras sobre Teosofía. La clave, sin embargo, no la conseguí. Me dirigí a conocer otro país de mis aspiraciones, la patria de Cuauhtémoc.
"El destino quiso que al poco tiempo regresara a París. Si bien obligaciones perentorias me reclamaban durante el día, la noche me quedaba libre e ingresé como alumno a la Escuela Hermética, en la cual más tarde, me entregó su director el diploma que acredita mi doctorado en Kabala.
"El Doctor Encausse (Papus), una de las lumbreras médicas laureado en los hospitales de París, ex médico agregado a la corte del Zar de Rusia, discípulo de Eliphas Levi y de Phillip, autor de más de treinta obras universalmente conocidas y a quien conocen en París por el Mago Papus, me dio lo que anhelaba induciéndome en la verdadera senda de la iniciación; me dio las claves que ponen al hombre conscientemente en los dinteles del mundo invisible, el anfiteatro de la mansión de los llamados muertos.
"Lo poco que he experimentado, por insignificante que pueda ser mi saber, no lo quise guardar egoístamente pues si bien no tiene nada de nuevo para algunos, sé que es útil para muchos.
"Desde mis primeros estudios hasta hace algunas semanas que principié mis conferencias, que hoy se publican, he llenado muchos cuadernos de apuntes y a medida que voy avanzando tomaré material de ellos.
"Mis conferencias encierran la clave de todo, pero no la entregara al lector, porque no puedo ni debo darla masticada para que sólo le quede el trabajo de deglutir, sino velada.
"El hombre que no la encuentre es que aún no le sirve ni la merece.
"Entre mis apuntes he consignado aquí y allá algún párrafo de un autor de mi agrado, omitiendo a veces el anotarlo; si se me han pasado en mis conferencias queda avisado.
"En la segunda, hay algo de las conferencias esotéricas de Papus.
"Después de establecer la Orden Martinista aquí, en México, nos hemos unido un grupo de ocultistas para seguir los estudios. El objeto principal es indagar hasta dónde pueden unirse las observaciones y experiencias de cada uno a los preceptos de las ciencias exactas y aceptadas.
"Es peligroso para aquellos seres desprovistos de una instrucción sólida, perderse en el misticismo; pero no lo es para el que está acostumbrado a la lectura y estudio de las ciencias positivas.
"Si hemos tenido ocasión de ver algo en el mundo psíquico, tenemos el valor suficiente para confesarlo, no para hacer bombo con lo maravilloso, sino para invitar a los hombres de ciencia al estudio de esas fuerzas tan poco conocidas, pero todos los días más aceptadas. Los hechos que yo relato no son aislados, muchos otros, entre ellos el sabio químico Crookes, nos dan cuenta de algunos análogos.
"No sigamos la rutina sin más estudio que la simple lectura de algunos materialistas que niegan todo; no por el hábito de negar, neguemos con ellos.
"No tildemos de loco a un hombre que con sinceridad expone los hechos ofreciéndolos como tema de indagación. Cada uno aporta su grano de arena para fomentar la luz; si mis trabajos cumplen con ese cometido, lo juzgarás tú, lector querido.

Mixcoac, México, 27 de marzo de 1909
HURACOCHA
Arnold Krumm Heller
Canales de manifestación

From: "David Topí"

Todos entendemos la lógica “física” detrás de la Ley de la Atracción, el hecho de que nuestro cuerpo energético se comporta como un imán, que tiende a atraer hacía sí aquellos objetos o situaciones que contienen el mismo tipo de “frecuencia” que nosotros es la analogía más fácil para representar su funcionamiento. Sin embargo, lo que más nos cuesta a todos entender es el hecho de que nosotros además debemos poner los medios para que esas cosas o situaciones lleguen a nosotros si deseamos que se materialicen lo más rápidamente posible.

La colina y la playa

Imaginemos que estamos en lo alto de una pequeña colina desde la cual vemos a unos pocos cientos de metros de distancia una playa, en la playa resulta que hay un baúl que contiene un objeto que deseamos, algo que queremos atraer. Desde nuestra colina, cogemos una cuerda muy larga que tenemos y la lanzamos, con tan buena puntería que conseguimos enganchar el baúl, y así, al estirar fuerte, podemos arrastrar el tesoro hacia donde estamos. Sin embargo, resulta que entre la playa y la colina hay un montón de maleza, zarzas, arbustos, que ralentizan el acercamiento de ese cofre, por mucho que estiremos. La resistencia de las ramas, las piedras del suelo, la maleza que se engancha, etc., hacen terriblemente difícil que por mucho esfuerzo que hagamos, consigamos atraer el baúl a nosotros al ritmo deseado. Evidentemente que si seguimos estirando tarde o temprano lo conseguiremos, y tendremos el objeto deseado junto a nosotros en la colina, pero sería mucho más fácil si por ejemplo pudiéramos limpiar un poco el camino, quitando piedras, o cortando parte de las zarzas.

Canales de manifestación

En el ejemplo anterior, el baúl es por supuesto aquel evento o cosa que queremos manifestar, se encuentra en cualquier punto de nuestra realidad pero aun no lo percibimos o no lo hemos atraído a nuestro lado, la cuerda es la energía que emitimos, la frecuencia que literalmente hace de imán y se engancha a nuestro deseo, y las zarzas y matorrales son los obstáculos físicos y movimientos que debe hacer ese objeto para llegar a nosotros. Básicamente si queremos acelerar el proceso tenemos dos formas de hacerlo, o bien estirar de la cuerda con una fuerza impresionante (incrementar enormemente la potencia de nuestro imán) o bien allanar todo lo posible el camino para que a igual fuerza de atracción, exista menos resistencia para que el objeto nos llegue. Esto último es lo que llamaremos los canales de manifestación.

Poner las cosas fáciles y abrir opciones

Crear un canal de manifestación no es otra cosa que ponerle las cosas más fáciles a nuestro imán interno para que se encuentre los menos obstáculos posibles en el proceso de manifestación de aquello que queremos. Se trata de crear las estructuras que permitan que ciertas cosas, eventos, personas o situaciones tengan lugar. Por ejemplo, si deseamos que entren en nuestra vida nuevas amistades o relaciones sociales, podemos quedarnos en casa o podemos apuntarnos a un club, organismo, actividad, en el cual entre y salga gente, en el cual, gracias al ser una estructura ya creada sea fácil que se puedan dar las circunstancias para que encontremos a esas nuevas amistades. La ley de la atracción funcionará en ambos casos, tanto si nos quedamos en casa (nunca se sabe que nuevos vecinos van a llegar a vivir en nuestro bloque ) como si vamos a un lugar en el cual la resistencia a la manifestación de nuestro deseo sea menor (más gente, más conexiones, más situaciones en las cuales podemos terminar materializando ese deseo). Si queremos atraer más abundancia material es más fácil tener nuestro propio negocio o servicio, al cual lleguen “de la nada” nuevos clientes, que trabajar en una empresa donde el flujo energético de la abundancia encuentra más resistencias hasta llegar a nosotros (es un ejemplo de canales de manifestación, ya se que no es nada fácil tampoco sacar adelante un negocio propio, soy el primero que lo sabe por experiencia ). Si buscamos trabajo o nuevas oportunidades profesionales, hemos de poner nuestro curriculum en funcionamiento, asistir a encuentros, reuniones, lugares donde puedan aparecer “de la nada” aquellos que nos abrirán las puertas a esa nueva oportunidad profesional. Hay que moverse siempre en la dirección general de aquello que queremos, y hacer así que la parte física y energética del proceso fluya más fácilmente.

La cuestión es quitar del medio todos los bloqueos y obstáculos que creamos puedan interferir en el proceso, allanando el camino hacia nosotros de aquello que queremos atraer. Otras cuestiones como si estamos preparados para ello, si estamos emitiendo la frecuencia correcta, si nuestro imán funciona bien, etc., son otros componentes de esta ley de la atracción de los que ya hemos hablado anteriormente, pero en todo caso recuerda, cuantas más zarzas y piedras del camino quites, más fácilmente podrás llegar a tener el baúl contigo en lo alto de la colina.

saludos!
David Topí
davidtopi.com

domingo, 23 de enero de 2011

La forma primordial de comunicarse dependería de un sentido

Similar al de la vista o el tacto, descodifica la comunicación humana en sus diferentes formas

Muchos especialistas intentaron en vano encontrar el idioma original o pre Babel. El problema es que lo que se busca es un idioma o un protolenguaje. Si se quiere llegar a él hay que cambiar el paradigma y empezar a rastrear un sentido, que llamamos Neem, que funciona como la vista, el tacto o cualquiera de los otros. Ese sentido es el que decodifica el tipo de comunicación propio de la experiencia mística, la comunicación holística de los animales y el hombre primitivo, y de aquellos que, por algún motivo, quedaron sin contacto con otros humanos desde su nacimiento. Por Patricia Arca Mena y Gustavo Masutti Llach.


Algunas de las áreas cerebrales asociadas con el lenguaje: Área de Broca (Azul), Área de Wernicke (Verde), Supramarginal gyrus (Amarillo), Angular gyrus (Naranjado) ,Primary Auditory Cortex (Rosado). James.mcd.nz. Wikipedia.



Mucho se ha dicho y escrito sobre qué es lo que distingue a los Humanos del resto de los seres de la Creación con conclusiones bien variadas de acuerdo con el enfoque. Sin embargo, la mayoría está de acuerdo en citar a la conciencia de sí: Hasta donde se sabe, el Hombre es el único animal capaz de reflexionar sobre su condición. Y para ello tiene una herramienta fundamental: el lenguaje, que es lo que con más claridad distingue a la conducta humana pues la utiliza para construir cultura. Se lo puede definir como un sistema de símbolos que representan cosas e ideas y que es vital para pasar los conocimientos adquiridos a la generación siguiente. Gracias a este proceso, los nuevos ya no arrancarán de cero la carrera por la supervivencia y la evolución. Además , la comunicación permite cotejar los saberes, compartir los descubrimientos y reflexionar con los semejantes.

Desde el punto de vista fisiológico, si bien los últimos estudios en neurociencias relativizan cada vez más la anatomía del pensamiento, y tienden a demostrar que el cerebro piensa en red, los monitoreos con SPECT (“Single Photon Emission Computed Tomography”) indican que cuando se está interpretando un idioma, una de las zonas que se activa es la conocida como el área de Broca, ubicada en el hemisferio izquierdo.

¿Es el lenguaje inherente al Hombre?

“Toda la Tierra tenía una misma lengua y usaba las mismas palabras (…)
Mas Dios descendió para ver la ciudad y la torre que los hombres estaban levantando y dijo: ‘He aquí que todos forman un solo pueblo y todos hablan una misma lengua, siendo este el principio de sus empresas. Nada les impedirá que lleven a cabo todo lo que se propongan. Pues bien, descendamos y allí mismo confundamos su lenguaje de modo que no se entiendan los unos con los otros’. Así, Dios los dispersó de allí sobre toda la faz de la Tierra y cesaron en la construcción de la ciudad. Por ello se la llamó Babel , porque allí confundió Dios la lengua de todos los habitantes de la Tierra y los dispersó por toda la superficie”
.
Génesis, 11.

Los antropólogos estiman que el lenguaje entendido como producción y percepción de un idioma nació hace alrededor de 35.000 años, cuando todavía los últimos Neandertales eran contemporáneos de los primeros Cromagnones. Estos últimos, con una cavidad bucal más adecuada a la articulación de sonidos dieron el salto adelante. Los expertos todavía no se ponen de acuerdo sobre si hubo un lenguaje original del cual se derivaron los idiomas y apenas pueden especular sobre el tema.

En este punto es válido preguntarse si alguna vez todos los hombres hablaron idioma universal como refiere la Biblia en la historia de la Torre de Babel, lo que daría la razón a la teoría de la monogénesis del lenguaje defendida en el siglo XVIII por el filósofo alemán Gottfried Wilhelm von Leibniz, entre otros.

Algunas pistas: El prestigioso lingüista y filósofo estadounidense Noam Chomsky postula la existencia del LAD (Language Acquisition Device, o dispositivo para la adquisición del lenguaje) una suerte de "caja negra" innata, que sería capaz de recibir un input o entrada de datos lingüísticos y, a partir de él, derivar las reglas gramaticales universales.

Al respecto, el psiquiatra Daniel Drubach, de la Mayo Clinic , en Minnesotta, explicó en su conferencia “Neurobiología de la imaginación y su relación con la espiritualidad” (dictada en el Foro de reflexión Cerebro y Espiritualidad, Buenos Aires, 17 de Septiembre de 2007): “Cuando el niño nace su cerebro está preconfigurado para ciertas actividades, que las llamamos universales. El lenguaje verbal (es la más estudiada), no el escrito, está presente en todas las culturas humanas. Nunca se encontró una cultura que no hable. Se cree que viene preconfigurado, y que no es sólo algo anatómico sino también funcional. Lo curioso es que el lenguaje está preconfigurado pero el idioma no. El idioma es puramente un resultado de la cultura. Esto es interesante porque entre todos los idiomas hay muchísimas similitudes. Inclusive, los lingüistas dicen que no hay ninguna diferencia de fondo entre el chino, el inglés y el español, por ejemplo. Que lo único que difiere es el símbolo. La estructura del lenguaje es igual en todas las culturas”.

En busca del idioma original.

En su artículo “¿Qué idioma habla Dios?” publicado en La Revista El Cultural del diario español El Mundo (del 7-julio de 2005) el Doctor en Medicina y catedrático de Fisiología Humana de la Universidad Complutense de Madrid, Francisco Mora Teruel, refiere que la búsqueda de ese idioma original, y por ende más cercano a Dios, lleva siglos y que los casos conocidos se remontan a la historia que cuenta el historiador griego Herodoto de Halicarnaso sobre el faraón de Egipto, Psammenticus, quien hace 2600 años aisló niños para comprobar si desarrollaban un idioma desde cero (habrían dicho una palabra en frigio), experiencia repetida por el Rey Jaime IV de Escocia en el siglo XV de nuestra era. Y que una experiencia mejor documentada es la del emperador Mogol Akbar Khan, quien a principios del siglo XVI, repitió la experiencia de Egipto y Escocia y de acuerdo con la crónica de un jesuita, el resultado fue que los niños no hablaban nada. De este modo, concluyó que el idioma genuino del hombre era el silencio. Esta historia fue refrendada en la actualidad: se encontraron niños aislados por sus padres o perdidos en la selva en sus primeros años, que no hablaban.

Opina Mora Teruel: “Si algún idioma Dios dio al hombre en sus orígenes es claramente el de los gestos y el silencio. De lo que se deduce además, que no hay libro alguno que exprese, en ningún idioma, el verbo directo de Dios. Dios, si existe, es silencio y cualquier libro que hable de ese silencio ha sido filtrado por el cerebro humano. Y esto nos lleva a comprender que la interpretación humana de ese silencio, su desciframiento y su traducción en forma de lenguaje, es tan individual como lo es cada cerebro en cada uno de los más de seis mil millones de habitantes que pueblan la tierra”.

El lenguaje en sentido amplio.

Se tiende a pensar en el lenguaje como en el cotidiano intercambio de frases y en un medio de comunicación entre los seres humanos que, a partir de signos orales y escritos, poseen un significado útil para relacionarse con los demás. Sin embargo, en su sentido más amplio, se trata de un proceso mucho más complejo en el que intervienen una gran cantidad de actividades mentales. Desde luego, las propias del lenguaje hablado, como reconocer las palabras dentro de la cadena sonora, determinar su significado en un contexto de la oración que forman, identificar el nivel de significado o significados de la frase, y formular una respuesta.

No obstante, limitar al lenguaje a una simple combinación de palabras es muy superficial, incluso si se agrega el contexto cultural. De hecho, las formas no verbales de comunicación entre los seres vivos incluyen luces, imágenes, sonidos, gestos, colores, olores y más. Los animales tienen diferentes maneras de hacerse llegar los mensajes sin un lenguaje oral. Los pájaros, los delfines, los insectos, no hablan en sentido estricto entre ellos, por ejemplo, aunque se comunican. Ellos saben si otro animal va a atacarlos, si una planta es venenosa o si una hembra está lista para aparearse porque reciben las señales y las decodifican.

Por lo tanto, lo que viene preconfigurado desde el nacimiento es la capacidad de comunicarse. Pero a través de un proceso que se asemeja más al funcionamiento de un sentido (como la vista o el olfato), que al idioma, que es más parecido a una tecnología, algo inventado por la cultura. Como la escritura, lo que hace el idioma es segmentar una porción de lo que se está comunicando para codificarlo en un mensaje restringido.

Esto se ha estudiado mucho, se sabe que el mensaje hablado es sólo una parte pequeña de la comunicación. Por ejemplo, en una charla hay muchos elementos que enriquecen la comunicación entre dos personas y que van más allá del intercambio de palabras y frases. Tal es el caso de las inflexiones de la voz, los gestos, las señales, los movimientos involuntarios del cuerpo, etcétera.
El pequeño salvaje. Película basada en la historia de un niño encontrado en el sur de Francia en el Siglo XVIII
El lenguaje holístico

Hasta aquí podemos afirmar que la comunicación parlante no es inherente al Hombre. Aunque siempre existió la comunicación, el lenguaje tal como se lo conoce hoy, creció y se desarrolló a la par de la civilización. En el estado natural original los seres se comunicaban entre sí y con la naturaleza. No había diferencias entre el lenguaje humano y el medio de comunicación del resto de las especies animales. El hombre, al individualizarse y volverse cultural, perdió esa capacidad. Pero la cuestión no es tan simple.

Al respecto, el Catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, Francisco J. Rubia, explica en un reportaje cómo era el lenguaje del hombre pre-cultural: “Antes de que surgiera la conciencia dualista el hombre se encontraba en el paraíso de la conciencia holística en donde los contrarios no existían, en el ‘océano primordial’ origen del cosmos en la mayoría de los mitos, que se interpreta como una unidad/totalidad. Es de suponer que esta Unidad, que también puede aparecer como paraíso, corresponda, desde el punto de vista neurofisiológico, al hemisferio derecho, unido estrechamente al sistema límbico o sistema base de las emociones y afectos. El despertar a la conciencia, por tanto, hace que el hombre tenga nostalgia de esa unidad o paraíso perdido y quiera volver a él. Casi todas las religiones tienen como meta la unión con la divinidad, con el Uno, al final de la vida. El retorno al paraíso es, lógicamente, una tendencia muy humana y supondría la resistencia al desarrollo impuesto por la evolución. Es la negación de la realidad como intento de regresión a épocas pretéritas más felices”.

Y en su artículo “El pensamiento dualista” agrega: “La conciencia del hombre primitivo se asemeja más a la que aparece en los sueños, distinta de la del hombre moderno despierto. Es por esto por lo que el hombre primitivo no diferencia entre el sueño y la realidad, ambos constituyen un ‘continuum’. Habría que decir que no es que el hombre primitivo no sepa distinguir entre el sueño y la realidad, sino que ambos estados, el sueño y la realidad emotiva son productos de las mismas estructuras y por lo tanto sujetos a las mismas leyes, lo que le impide hacer diferencias entre ellos (…). También la separación entre el alma y el cuerpo sería moderna. El hombre primitivo no las diferencia en absoluto, al contrario, ambos forman una unidad mística indiferenciada”. Y llega a una osada conclusión: “Quizá espacio y tiempo sean las gafas con que el cerebro mira la realidad. ¡Un filtro construido por el cerebro! Quizá el cerebro nos restrinja lo real, cosa útil para sobrevivir como especie. Y, en el éxtasis místico, ¡el cerebro se quita un ratito esas gafas, ese filtro!”
Y ahora entra en juego la “variable Dios”, la última de las pistas.

Experiencia Mística: La voz de Dios.

“¿Qué tipo de sentencia (me pregunté) construirá una mente absoluta? Consideré que aun en los lenguajes humanos no hay proposición que no implique el universo entero; decir el tigre es decir los tigres que lo engendraron, los ciervos y tortugas que devoró, el pasto de que se alimentaron los ciervos, la tierra que fue madre del pasto, el cielo que dio luz a la tierra. Consideré que en el lenguaje de un dios toda palabra enunciaría esa infinita concatenación de los hechos, y no de un modo implícito, sino explícito, y no de un modo progresivo, sino inmediato. Con el tiempo, la noción de una sentencia divina parecióme pueril o blasfematoria. Un dios, reflexioné, sólo debe decir una palabra, y en esa palabra la plenitud. Ninguna voz articulada por él puede ser inferior al universo o menos que la suma del tiempo. Sombras o simulacros de esa voz que equivale a un lenguaje y a cuanto puede comprender un lenguaje son las ambiciosas y pobres voces humanas, todo, mundo, universo”.
Jorge Luis Borges, “La escritura de Dios” (El Aleph, 1949)

La historia y los textos sagrados (no sólo los cristianos) están llenos de testimonios de personas que, de manera espontánea o provocada, logran alcanzar un “estado modificado de la conciencia”. Cuando la experiencia conlleva ciertas sensaciones de de trascender lo mundano y penetrar en una dimensión espiritual se habla de éxtasis místico. Este fenómeno transcultural tiene registros en muchas sociedades y religiones diferentes.

En “Las Variedades de la Experiencia Religiosas ”, William James comenta que la experiencia mística es inefable, que quienes la experimentan refieren que no puede describirse en palabras adecuadas, que debe experimentarse directamente, pues no es posible comunicarla ni transferirla a los demás. Y razona: “Por esta peculiaridad los estados místicos se parecen más a los estados afectivos que a los intelectuales”.

Muchas personalidades históricas han tenido experiencias místicas, como Vincent Van Gogh, William Bake, George Rusell, Juana de Arco, Ezequiel, San Pablo, Mahoma; Dante, Ignacio de Loyola, Bernardo de Claraval, Rumi, Jacob Bohme , Ovidio, Al-Gazzali, Ibn Arabi, Hildergard Von Bingen y el Dalai Lama, entre otros.

Y es así que diferentes autores han establecido una variedad de parámetros que debe tener la experiencia mística para ser catalogada como tal y diferenciarse de las diferentes patologías neuropsicológicas, como psicosis, epilepsia, esquizofrenia, etc. Estos parámetros, similares para las diversas culturas, religiones y épocas de la humanidad sólo marcan diferencias según la formación y historia personal de lo vivido en la historia del sujeto.

Las mismas podrían resumirse en las siguientes, de acuerdo con la clasificación del doctor Robert M. Gimello de la Universidad de Harvard:

-Sensación de unidad de todo lo existente.
-Pérdida del yo y del mundo (sujeto y objeto).
-Pérdida del sentido de la causalidad.
-Sensaciones de fuerte tono afectivo: alegría, bienaventuranza, paz, vitalidad, bienestar físico y mental.
-Sensación de estar en contacto con lo sagrado.
-Sensación de objetividad y realidad.
-Superación del dualismo y aceptación de la paradoja.
-Inefabilidad.
-Transitoriedad: dura instantes, como mucho una o dos horas.
-Cambios positivos persistentes en la actitud y conducta del sujeto.
-Cualidad noética: estados de conocimiento de intuición y verdad.
-Sensación de elevación y/o flotar en el aire.
-Referencia a la luz: fogonazos, luminosidad sostenida, presencia luminosa, fuego o calor intensos (generalmente blanca).

El psiquiatra estadounidense Arthur Deikman, de la Universidad de California, defiende la hipótesis de que los fenómenos místicos se producen a partir de una desautomatización de estructuras psicológicas que organizan, limitan, seleccionan e interpretan los estímulos perceptuales que llegan a través de los sentidos.

En otras palabras, en la experiencia mística las sensaciones son mucho más cercanas a las del niño pre-parlante, a las del hombre primitivo o las que se experimentan en el ensueño, que a las del adulto, contemporáneo en vigilia. En lenguaje llano: Dios se comunica sin palabras.

Conclusiones: El sentido “Neem”.

Limitar el concepto de comunicación humana al uso del idioma es absurdo, puesto que éste es apenas una porción del total. En ese sentido amplio se puede afirmar que sí existió un lenguaje original, previo a Babel, y que es el mismo que viene “por defecto” instalado en el cerebro de los recién nacidos. También es aquel que “hablan” los niños encontrados sin contacto con la cultura humana y que usaba el hombre primitivo. Y, no por casualidad, es el que se experimenta durante la experiencia mística.

Esta manera de comunicarse es holística, disuelve los límites entre el yo y el otro y se manifiesta como certezas instantáneas, no como el final de un proceso de decodificación de conceptos. Funciona como un sentido y a falta de nombre lo llamaremos Neem, por el árbol del paraíso.

Y tiene su lógica. En el paraíso no había mentira, algo imposible en este tipo de comunicación. Así deberían haberse comunicado Adán y Eva entre ellos, y con el resto de la Creación. Hasta que la cultura se impuso. Le pusieron nombre a todo para diferenciarlo de sí mismos y comieron del árbol del Conocimiento. Bloquearon el sentido Neem y fueron expulsados del paraíso. Tal vez si se lo recupera, se estará listo para emprender “la vuelta a casa”.


Por Patricia Arca Mena y Gustavo Masutti Llach, desde Argentina, colaboración que agradece Tendencias de las Religiones.

sábado, 22 de enero de 2011


LOS PINCHES TIRANOS


TOMADO DEL LIBRO EL FUEGO INTERNO DE CARLOS CASTANEDA
Tomas Reyes

Don Juan no me volvió a hablar de la maestría de estar consciente de ser hasta meses después. Estábamos entonces en la casa donde vivía todo el grupo de videntes.

-Vamos a caminar un rato -me dijo don Juan secamente, poniendo una mano sobre mi hombro-. O mejor todavía, vamos donde hay mucha gente, a la plaza del pueblo y nos sentamos a platicar.

Me sorprendió muchísimo que me hablara; ya llevaba yo varios días en la casa y ni siquiera contestaba mis saludos.

Al momento en que don Juan y yo salíamos de la casa, la Gorda nos interceptó y nos exigió que la lleváramos con nosotros. Parecía estar determinada a seguirnos. Con voz muy firme don Juan le dijo que tenía que discutir algo conmigo en privado.

-Van a hablar de mí -dijo la Gorda; su tono y sus gestos traicionaban tanto su desconfianza como su enojo.

-Pues, sí -repuso don Juan secamente. Pasó frente a ella sin volverse a mirarla.

Lo seguí, y caminamos en silencio hasta la plaza del pueblo. Cuando nos sentamos le pregunté que qué demonios podríamos discutir acerca de la Gorda. Todavía me molestaba la amenazante manera como me había mirado cuando salíamos de la casa.

-No tenemos nada que discutir acerca de la Gorda o de ninguna otra persona -repuso-. Le dije eso sólo para aguijonear su enorme importancia personal. Y dio resultado. Está furiosa con nosotros. Yo la conozco bien, estuvo hablando consigo misma y ya se dijo lo suficiente para darse confianza y para sentirse indignada porque no la trajimos y por haber quedado como tonta. No me sorprendería si se nos viene encima en esta banca.

-Si no vamos a hablar de la Gorda, ¿de qué vamos a hablar? -le pregunté.

-Vamos a continuar la discusión que comenzamos en Oaxaca -contestó-. Entender esta explicación va a requerir tu esfuerzo máximo. Tienes que estar dispuesto a cambiar una y otra vez de niveles de conciencia, y mientras estemos envueltos en nuestra plática exigiré de ti total concentración y paciencia.

Quejándome a medias, le dije que me había hecho sentirme muy mal al negarse a hablarme desde mi llegada a su casa. Me miró y arqueó las cejas. Una sonrisa apareció fugazmente en sus labios y se desvaneció. Me di cuenta de que me daba a entender que yo estaba tan confuso como la Gorda.

-Te estuve aguijoneando tu importancia personal -dijo frunciendo el ceño-. La importancia personal es nuestro mayor enemigo. Piénsalo, aquello que nos debilita es sentirnos ofendidos por los hechos y malhechos de nuestros semejantes. Nuestra importancia personal requiere que pasemos la mayor parte de nuestras vidas ofendidos por alguien. "Los nuevos videntes recomendaban que se debían llevar a cabo todos los esfuerzos posibles para erradicarla de la vida de los guerreros. Yo he seguido esa recomendación al pie de la letra y he tratado de demostrarte por todos los medios posibles que sin importancia personal somos invulnerables.

Mientras lo escuchaba, de pronto, sus ojos se volvieron muy brillantes. La idea que se me ocurrió, de inmediato, fue que parecía estar a punto de reírse y que no había motivo para hacerlo, cuando me sobresalto una repentina y dolorosa bofetada en el lado derecho de la cara.

Me levanté de un salto. La Gorda estaba parada a mis espaldas, con la mano aun alzada. Su cara estaba roja de ira.

-¡Ahora si puedes decir lo que quieras de mí, y con mas razón! -gritó-. ¡Pero si tienes algo que decir, dímelo en mi cara, hijo de la chingada!

Su arranque pareció haberla agotado; se sentó en el suelo y comenzó a llorar. Don Juan estaba inmovilizado por un júbilo inexpresable. Yo estaba tieso de pura furia. La Gorda me fulminó con la mirada y luego se volvió hacia don Juan y le dijo sumisamente que no teníamos ningún derecho a criticarla.

Don Juan se rió con tanta fuerza que se dobló casi hasta el suelo. Ni siquiera podía hablar. Dos o tres veces trató de decirme algo, pero finalmente se incorporó y se alejó, con el cuerpo aun sacudido por espasmos de risa.

Yo estaba a punto de correr tras él, todavía furioso contra la Gorda, quien en ese momento me parecía despreciable, cuando me ocurrió algo extraordinario. Supe, instantáneamente, que era lo que había hecho reír tanto a don Juan. La Gorda y yo éramos horrendamente parecidos. Nuestra importancia personal era gigantesca. Mi sorpresa y mi furia al ser abofeteado eran exactamente iguales a la ira y la desconfianza de la Gorda. Don Juan tenia razón. La carga de la importancia personal es en verdad un terrible estorbo.

Corrí tras el, exaltado, lágrimas me brotaban de los ojos. Lo alcancé y le dije lo que había comprendido. En sus ojos había un brillo de malicia y deleite.

-¿Qué puedo hacer por la Gorda? -pregunté.

-Nada -contestó-. Los actos de darse cuenta son siempre personales.

Cambió el tema y dijo que los augurios nos decían que prosiguiéramos nuestra discusión en casa, ya fuera en una sala amplia con cómodos sillones o bien en el patio trasero, que tenía un corredor techado a su alrededor. Dijo que en cada ocasión que llevara a cabo sus explicaciones dentro de la casa esas dos áreas quedarían vedadas para todos los demás.

Regresamos a la casa. Don Juan le contó a todos lo que había hecho la Gorda. El deleite de los videntes y las bromas que le hicieron al respecto, aumentó el desasosiego de la Gorda.

-La importancia personal no puede combatirse con delicadezas -comentó don Juan cuando expresé mi preocupación acerca del estado de animo de la Gorda.

Pidió luego a todos que abandonaran el cuarto. Nos sentamos y don Juan comenzó sus explicaciones.

Dijo que los videntes, antiguos y nuevos, se dividen en dos categorías. La primera queda integrada por aquellos que están dispuestos a ejercer control sobre sí mismos. Esos videntes son los que pueden canalizar sus actividades hacia objetivos pragmáticos que beneficiarían a otros videntes y al hombre en general. La otra categoría está compuesta de aquellos a quienes no les importa ni el control de sí mismos ni ningún objetivo pragmático. se piensa de manera unánime entre los videntes que estos últimos no han podido resolver el problema de la importancia personal.

-La importancia personal no es algo sencillo e ingenuo -explicó-. Por una parte, es el núcleo de todo lo que tiene valor en nosotros, y por otra, el núcleo de toda nuestra podredumbre. Deshacerse de la importancia personal requiere una obra maestra de estrategia. Los videntes de todas las épocas han conferido las más altas alabanzas a quienes lo han logrado.

Me quejé de que, aunque a veces me parecía muy atractiva, la idea de erradicar la importancia personal me era realmente incomprensible; le dije que sus directivas y sugerencias para deshacerse de ella eran tan vagas que no había modo de implementarlas.

-Estoy ya cansado de repetirte -dijo-, que para poder seguir el camino del conocimiento uno tiene que ser muy imaginativo. Como lo estás comprobando tú mismo, todo está oscuro en el camino del conocimiento. La claridad cuesta muchísimo trabajo, muchísima imaginación.

Mi zozobra me hizo argüir que sus amonestaciones sobre la importancia personal me recordaban a los catecismos. Y si algo era odioso para mí era el recuerdo de los sermones acerca del pecado. Los encontraba yo siniestros.

-Los guerreros combaten la importancia personal como cuestión de estrategia, no como cuestión de fe -repuso-. Tu error es entender lo que digo en términos de moralidad.

-Yo lo veo a usted como un hombre de gran moralidad -insistí.

-Lo que tú estas viendo como moralidad es simplemente mi impecabilidad -dijo.

-El concepto de la impecabilidad, así como el de deshacerse de la importancia personal, es un concepto demasiado vago para serme útil -le comenté.

Don Juan se atragantó de risa, y yo lo desafié a que explicara la impecabilidad.

-La impecabilidad no es otra cosa que el uso adecuado de la energía -dijo-. Todo lo que yo te digo no tiene un ápice de moralidad. He ahorrado energía y eso me hace impecable. Para poder entender esto, tú tienes que haber ahorrado suficiente energía, o no lo entenderás jamás.

Durante largo tiempo permanecimos en silencio. Yo quería pensar en lo que había dicho. De repente, comenzó a hablar de nuevo.

-Los guerreros hacen inventarios estratégicos -dijo-. Hacen listas de sus actividades y sus intereses. Luego deciden cuáles de ellos pueden cambiarse para, de ese modo, dar un descanso a su gasto de energía.

Yo alegué que una lista de esa naturaleza tendría que incluir todo lo imaginable. Con mucha paciencia me contestó que el inventario estratégico del que hablaba sólo abarcaba patrones de comportamiento que no eran esenciales para nuestra supervivencia y bienestar.

Yo aproveché la oportunidad para señalarle que la supervivencia y el bienestar eran categorías que podían interpretarse de incontables maneras. Le argüí que no era posible ponerse de acuerdo sobre lo que era o no era esencial para nuestra supervivencia y bienestar.

Conforme seguí hablando, comencé a perder mi impulso original. Finalmente, me detuve porque me di cuenta de la inutilidad de mis argumentos. Me di cuenta de que don Juan estaba en lo cierto cuando decía que mi pasión era hacerme el difícil.

Don Juan dijo entonces que en los inventarios estratégicos de los guerreros, la importancia personal figura como la actividad que consume la mayor cantidad de energía, y que por eso se esforzaban por erradicarla.

-Una de las primeras preocupaciones del guerrero es liberar esa energía para enfrentarse con ella a lo desconocido -prosiguió don Juan-. La acción de recanalizar esa energía es la impecabilidad.

Dijo que la estrategia más efectiva fue desarrollada por los videntes de la Conquista, los indiscutibles maestros del acecho, y que consiste en seis elementos que tienen influencia recíproca. Cinco de ellos se llaman los atributos del ser guerrero: control, disciplina, refrenamiento, la habilidad de escoger el momento oportuno y el intento. Estos cinco elementos pertenecen al mundo privado del guerrero que lucha por perder su importancia personal. El sexto elemento, que es quizás el más importante de todos, pertenece al mundo exterior y se llama el pinche tirano. Me miró como si en silencio me preguntara si le había entendido o no.




-Estoy realmente perdido -dije-. El otro día dijo usted que la Gorda es la pinche tirana de mi vida. ¿Qué es exactamente un pinche tirano?

-Un pinche tirano es un torturador -contestó-. Alguien que tiene el poder de acabar con los guerreros, o alguien que simplemente les hace la vida imposible.

Don Juan sonrío con un aire de malicia y dijo que los nuevos videntes desarrollaron su propia clasificación de los pinches tiranos. Aunque el concepto es uno de sus hallazgos más serios e importantes, los nuevos videntes lo tomaban muy a la ligera. Me aseguró que había un tinte de humor malicioso en cada una de sus clasificaciones, porque el humor era la única manera de contrarrestar la compulsión humana de hacer engorrosos inventarios y clasificaciones.

De conformidad con sus prácticas humorísticas los nuevos videntes juzgaron correcto encabezar su clasificación con la fuente primaria de energía, el único y supremo monarca en el universo, y le llamaron simplemente el tirano. Naturalmente, encontraron que los demás déspotas y autoritarios quedaban infinitamente por debajo de la categoría de tirano. Comparados con la fuente de todo, los hombres más temibles son bufones, y por lo tanto, los nuevos videntes los clasificaron como pinches tiranos.

La segunda categoría consiste en algo menor que un pinche tirano. Algo que llamaron los pinches tiranitos; personas que hostigan e infligen injurias, pero sin causar de hecho la muerte de nadie. A la tercera categoría le llamaron los repinches tiranitos o los pinches tiranitos chiquititos, y en ella pusieron a las personas que sólo son exasperantes y molestos a más no poder.

Las clasificaciones me parecieron ridículas. Estaba seguro de que don Juan improvisaba los términos. Le pregunté si era así.

-De ningún modo -contestó con expresión divertida-. Los nuevos videntes eran estupendos para hacer clasificaciones. Sin duda alguna, Genaro es uno de los mejores; si lo observaras con cuidado, te darías cuenta exacta de como se sienten los nuevos videntes con respecto a las clasificaciones.

Cuando le pregunté si me estaba tomando el pelo se rió a carcajadas.

-Jamás te haría eso -dijo sonriendo-. Quizá Genaro lo haga, pero no yo, especialmente cuando sé lo serio que son para ti las clasificaciones. Lo malo es que los nuevos videntes eran terriblemente irreverentes.

Agregó que la categoría de los pinches tiranitos había sido dividida en cuatro más. Una estaba compuesta por aquellos que atormentan con brutalidad y violencia. Otra, por aquellos que lo hacen creando insoportable aprensión. Otra, por aquellos que oprimen con tristeza. Y la última, por esos que atormentan haciendo enfurecer.

-La Gorda está en una categoría especial -agregó. Es una repinche tiranita suplente. Te hace la vida imposible, por el momento. Hasta te da de bofetadas. Con todo eso te está enseñando a ser imparcial, a ser indiferente.

-¿Cómo puede ser eso posible? -protesté.

-Todavía no has puesto en juego los ingredientes de la estrategia de los nuevos videntes -dijo-. Una vez que lo hagas, sabrás cuán eficaz e ingeniosa es la estratagema de usar a un pinche tirano. Te aseguro que no sólo elimina la importancia personal, sino que también prepara a los guerreros para entender que la impecabilidad es lo único que cuenta en el camino del conocimiento.

Dijo que la estrategia de los nuevos videntes era una maniobra mortal en la cual el pinche tirano es como una cúspide montañosa, y los atributos del ser guerrero son como enredaderas que trepan hasta la cima.

-Generalmente solo se usan los primeros cuatro atributos -prosiguió-. El quinto, el intento, se reserva siempre para la última confrontación, como diríamos, para cuando los guerreros se enfrentan al pelotón de fusilamiento.

-¿A qué se debe esto?

-A que el intento pertenece a otra esfera, a la esfera de lo desconocido. Los otros cuatro pertenecen a lo conocido, exactamente donde se encuentran aposentados los pinches tiranos. De hecho, lo que convierte a los seres humanos en pinches tiranos es precisamente el obsesivo manejo de lo conocido.

Don Juan explicó que sólo los videntes que son guerreros impecables y que tienen control sobre el intento logran el engranaje de todos los cinco atributos. Una acción de esa naturaleza es una maniobra suprema que no puede realizarse en el nivel humano de todos los días.

-Cuatro atributos es todo lo que se necesita para tratar con los peores pinches tiranos -continuó-. Claro está, siempre y cuando se haya encontrado a un pinche tirano. Como dije, el pinche tirano es el elemento externo, el que no podemos controlar y el elemento que es quizás el más importante de todos. Mi benefactor siempre decía que el guerrero que se topa con un pinche tirano es un guerrero afortunado. Su filosofía era que si no tienes la suerte de encontrar a uno en tu camino, tienes que salir a buscarlo.

Explicó que uno de los más grandes logros de los videntes de la época colonial fue un esquema que él llamaba la progresión de tres vueltas. Los videntes, al entender la naturaleza del hombre, llegaron a la conclusión indisputable de que si uno se las puede ver con los pinches tiranos, uno ciertamente puede enfrentarse a lo desconocido sin peligro, y luego incluso, uno puede sobrevivir a la presencia de lo que no se puede conocer.

-La reacción del hombre común y corriente es pensar que debería invertirse ese orden -prosiguió-. Es natural creer que un vidente que se puede enfrentar a lo desconocido puede, por cierto, hacer cara a cualquier pinche tirano. Pero no es así. Lo que destruyó a los soberbios videntes de la antigüedad fue esa suposición.

Es solo ahora que lo sabemos. Sabemos que nada puede templar tan bien el espíritu de un guerrero como el tratar con personas imposibles en posiciones de poder. Solo bajo esas circunstancias pueden los guerreros adquirir la sobriedad y la serenidad necesarias para ponerse frente a frente a lo que no se puede conocer.

A grandes voces, disentí con él. Le dije que, en mi opinión, los tiranos convierten a sus víctimas en seres indefensos o en seres tan brutales como los tiranos mismos. Señalé que se habían realizado incontables estudios sobre los efectos de la tortura física y sociológica sobre ese tipo de víctimas.

-La diferencia está en algo que acabas de decir -repuso-. Tú hablas de víctimas, no de guerreros. Yo también creía lo mismo que tú. Ya te contaré lo que me hizo cambiar, pero primero volvamos otra vez a lo que te estaba diciendo acerca de los tiempos coloniales. Los videntes de aquella época tuvieron la mejor oportunidad. Los españoles fueron tales pinches tiranos que pudieron poner a prueba las habilidades más recónditas de esos videntes; después de lidiar con los conquistadores, los videntes estaban listos para encarar cualquier cosa. Ellos fueron los afortunados. En aquel entonces había pinches tiranos hasta en el mole.

"Después de esos maravillosos años de abundancia, las cosas cambiaron mucho. Nunca más volvieron a tener tanto alcance los pinches tiranos; sólo durante aquella época fue ilimitada su autoridad. El ingrediente perfecto para producir un soberbio vidente es un pinche tirano con prerrogativas ilimitadas.

"Desgraciadamente, en nuestros días, los videntes tienen que llegar a extremos para encontrar un pinche tirano que valga la pena. La mayor parte del tiempo tienen que conformarse con insignificancias.

-¿Usted encontró a un pinche tirano, don Juan?

-Tuve suerte. Un verdadero ogro me encontró a mí. Sin embargo, en aquel entonces, yo me sentía como tú, no podía considerarme afortunado, aunque mi benefactor me decía lo contrario.

Don Juan dijo que su penosa experiencia comenzó unas semanas antes de conocer a su benefactor. Apenas tenia veinte años de edad en aquel entonces. Había conseguido un empleo como jornalero en un molino de azúcar. Siempre había sido muy fuerte, y por eso le era fácil conseguir trabajos para los que se requerían músculos. Un día, mientras movía unos pesados costales de azúcar llegó una señora. Estaba muy bien vestida y parecía ser mujer rica y de autoridad. Dijo don Juan que la señora quizá tenía unos cincuenta años de edad, y que se le quedó viendo, luego habló con el capataz y partió.

El capataz se acercó a don Juan, diciéndole que si le pagaba, él lo recomendaría para un trabajo en la casa del patrón. Don Juan le respondió que no tenía un centavo. El capataz sonrió y le dijo que no se preocupara, que el día de pago tendría bastante. Palmeó la espalda de don Juan y le aseguró que era un gran honor trabajar para el patrón.

Don Juan dijo que, puesto que él era un humilde indio ignorante que vivía al día, no solo se creyó hasta la ultima palabra, sino que hasta creyó que una hada benévola le había hecho un regalo. Prometió pagarle al capataz lo que quisiera. El capataz mencionó una considerable suma, que tenia que pagarse en abonos.

De inmediato, el capataz llevó a don Juan a la casa del patrón que quedaba bastante lejos del pueblo, y ahí lo dejó con otro capataz, un hombre enorme, sombrío y de físico horrible que le hizo muchas preguntas. Quería saber acerca de la familia de don Juan. Don Juan le contestó que no tenía familia alguna. Eso agradó tanto al hombre que llegó a sonreír, mostrando sus dientes carcomidos.

Le prometió a don Juan que le pagarían mucho, y que incluso estaría en posición de ahorrar dinero, porque no tendría que gastarlo ya que iba a vivir y comer en la casa.

La manera como el hombre se rió aterró tanto a don Juan que de inmediato trató de salir corriendo. Llegó hasta la entrada, pero el hombre le cortó el camino con un revólver en la mano. Lo amartilló y lo empujó con fuerza contra el estómago de don Juan.

-Estás aquí para trabajar como burro -dijo-. Que no se te olvide.

Con mucha fuerza empujó a don Juan, y le pegó con un garrote. Lo arrastró a un costado de la casa y después de comentar que él hacía trabajar a sus hombres de sol a sol y sin descanso, puso a trabajar a don Juan, desenterrando dos enormes troncos de árbol cortados. También le dijo a don Juan que si otra vez intentaba escapar o acudir a las autoridades lo mataría a balazos.

-Trabajarás aquí hasta que te mueras -le dijo-. Y después otro indio tomará tu puesto, así como tú estás tomando el puesto de un indio muerto.

Don Juan dijo que la casa parecía una fortaleza inexpugnable, con hombres armados con machetes por doquier. Así que hizo lo único sensato que podía hacer: ponerse a trabajar y tratar de no pensar en sus cuitas. Al final de la jornada, el hombre regresó y, porque no le gustó la mirada desafiante en los ojos de don Juan, se lo llevó a patadas hasta la cocina. Amenazó a don Juan con cortarle los tendones de los brazos si no le obedecía.

En la cocina una vieja le sirvió comida, pero don Juan estaba tan perturbado que no podía comer. La vieja le aconsejó que comiera todo porque tenía que fortalecerse ya que su trabajo jamás terminaría. Le advirtió que el hombre que ocupaba su lugar había muerto el día anterior. Estaba demasiado débil y se cayó de una ventana del segundo piso.

Don Juan dijo que trabajó en la casa del patrón por tres semanas, y que el hombre abusó de él a cada instante. Bajo la amenaza constante de su cuchillo, pistola o garrote, el capataz lo hizo trabajar en las más peligrosas condiciones, haciendo los trabajos más pesados que es posible imaginar. Cada día lo mandaba a los establos a limpiar los pesebres mientras seguían en ellos los nerviosos garañones. Al comenzar el día, don Juan tenia siempre la certeza de que no iba a sobrevivirlo. Y sobrevivir sólo significaba que tendría que pasar otra vez por el mismo infierno al día siguiente.

Lo que precipitó la escena final fue la petición que don Juan hizo en un día feriado. Pidió unas horas para ir al pueblo a pagarle el dinero que le debía al capataz del molino de azúcar. Era un pretexto. El capataz se dio cuenta y repuso que don Juan no podía dejar de trabajar, ni siquiera un minuto, porque estaba endeudado hasta las orejas por el solo privilegio de trabajar allí.

Don Juan tuvo la certeza de que ahora si estaba perdido. Entendió las maniobras de los dos capataces: estaban de acuerdo para hacerse de indios pobres del molino, trabajarlos hasta la muerte y dividirse sus salarios. Al darse cabal cuenta de todo esto don Juan explotó. Comenzó a dar gritos histéricos; gritando atravesó la cocina y entró a la casa principal. Sorprendió tan por completo al capataz y a los otros trabajadores que pudo salir corriendo por la puerta delantera. Casi logró huir, pero el capataz lo alcanzó y en medio del camino le pegó un tiro en el pecho y lo dio por muerto.

Don Juan dijo que su destino no fue morir; ahí mismo lo encontró su benefactor y lo cuidó hasta que se repuso.

-Cuando le conté toda la historia a mi benefactor -prosiguió don Juan-, apenas logró contener su emoción. "Ese capataz es un verdadero tesoro" dijo mi benefactor. "Es algo demasiado raro para ser desperdiciado. Algún día tienes que volver a esa casa".

"Se deshacía en elogiar a mi suerte de encontrar un pinche tirano, único en su género, con un poder casi ilimitado. Pensé que el señor estaba loco. Me tomó años entender cabalmente lo que me dijo en ese entonces.

-Este es uno de los relatos más horribles que he escuchado en mi vida -dije-. ¿Realmente volvió usted a esa casa?

-Claro que volví, tres años después. Mi benefactor tenia razón. Un pinche tirano como aquel era único en su género y no podía desperdiciarse.

-¿Cómo logró usted regresar?

-Mi benefactor ideó una estrategia utilizando los cuatro atributos del ser guerrero: control, disciplina, refrenamiento y la habilidad de escoger el momento oportuno.

Don Juan dijo que su benefactor, al explicarle lo que él tenía que hacer en la casa del patrón para enfrentar a aquel ogro de hombre, también le reveló que los nuevos videntes consideraban que habían cuatro pasos en el camino del conocimiento. El primero es el paso que dan los seres humanos comunes y corrientes al convertirse en aprendices. Al momento que los aprendices cambian sus ideas acerca de sí mismos y acerca del mundo, dan el segundo paso y se convierten en guerreros, es decir, en seres capaces de la máxima disciplina y control sobre si mismos. El tercer paso, que dan los guerreros, después de adquirir refrenamiento y la habilidad de escoger el momento oportuno, es convertirse en hombres de conocimiento. Cuando los hombres de conocimiento aprenden a ver, han dado el cuarto paso y se han convertido en videntes.

Su benefactor recalcó el hecho de que don Juan ya había recorrido el camino del conocimiento lo suficiente para haber adquirido un mínimo de los dos primeros atributos: control y disciplina.

-En aquel entonces, me estaban vedados los otros dos atributos -prosiguió don Juan-. El refrenamiento y la habilidad de escoger el momento oportuno quedan en el ámbito del hombre de conocimiento. Mi benefactor me permitió el acceso a ellos a través de su estrategia.

-¿Significa eso que usted no hubiera podido enfrentarse al pinche tirano por su cuenta? -pregunté.

-Estoy seguro de que hubiera podido hacerlo yo solo, aunque siempre he dudado que hubiera podido hacerlo con estilo y elegancia. Mi benefactor disfrutó inmensamente dirigiendo mi tarea. La idea de usar un pinche tirano no es solo para perfeccionar el espíritu sino también para la felicidad y el gozo del guerrero.

-¿Cómo podría alguien gozar con el monstruo que describió usted?

-Ese señor no era nada en comparación con los verdaderos monstruos que los nuevos videntes enfrentaron durante la Colonia. Todo parece indicar que aquellos videntes se quedaron bizcos de tanta diversión. Probaron que hasta los peores pinches tiranos son un encanto, claro esta, siempre y cuando uno sea guerrero.

Don Juan explicó que el error de cualquier persona que se enfrenta a un pinche tirano es no tener una estrategia en la cual apoyarse; el defecto fatal es tomar demasiado en serio los sentimientos propios, así como las acciones de los pinches tiranos. Los guerreros por otra parte, no solo tienen una estrategia bien pensada, sino que están también libres de la importancia personal. Lo que acaba con su importancia personal es haber comprendido que la realidad es una interpretación que hacemos. Ese conocimiento fue la ventaja definitiva que los nuevos videntes tuvieron sobre los españoles.

Dijo que estaba convencido de que podía derrotar al capataz usando solamente la convicción de que los pinches tiranos se toman mortalmente en serio, mientras que los guerreros no.

Siguiendo el plan estratégico de su benefactor, don Juan volvió a conseguir trabajo en el mismo molino de azúcar. Nadie recordó que él trabajó allí; los peones trabajaban en el molino de azúcar por temporadas.

La estrategia de su benefactor especificaba que don Juan tenia que ser esmerado y circunspecto con quien fuera que llegara buscando otra víctima. Resultó que la misma señora llegó, como lo había hecho años antes y se fijó inmediatamente en don Juan, quien tenía aún más fuerza física que la vez anterior.

Tuvo lugar la misma rutina con el capataz. Sin embargo, la estrategia requería que don Juan, desde el principio, rehusara pago alguno al capataz. Al hombre jamás se le había hecho eso, y quedó asombrado. Amenazó con despedir a don Juan del trabajo. Don Juan lo amenazó por su parte, diciendo que iría directamente a la casa de la señora a verla. Le dijo al capataz que él sabía donde vivía ella, porque trabajaba en los campos aledaños cortando caña de azúcar. El hombre comenzó a regatear, y don Juan le exigió dinero antes de aceptar ir a casa de la señora. El capataz cedió y le entregó algunos billetes. Don Juan se dio perfecta cuenta de que el capataz accedía sólo como ardid para conseguir que aceptara el trabajo.

El mismo me llevó de nuevo a la casa -dijo don Juan-. Era una vieja hacienda propiedad de la gente del molino de azúcar; hombres ricos que o bien sabían lo que pasaba y no les importaba, o eran demasiado indiferentes para darse cuenta.

"En cuanto llegamos ahí, corrí a buscar a la señora. La encontré, caí de rodillas y besé su mano para darle las gracias. Los dos capataces estaban lívidos.

"El capataz de la casa me hizo lo mismo que antes. Pero yo estaba preparadísimo para tratar con él; tenía yo control y disciplina. Todo resultó tal como lo planeó mi benefactor. Mi control me hizo cumplir con las más absurdas necedades del tipo. Lo que generalmente nos agota en una situación como ésa es el deterioro que sufre nuestra importancia personal. Cualquier hombre que tiene una pizca de orgullo se despedaza cuando lo hacen sentir inútil y estúpido.

“Con gusto hacía yo todo lo que el capataz me pedía. Yo estaba feliz y lleno de fuerza. Y no me importaban un comino mi orgullo o mi terror. Yo estaba ahí como guerrero impecable. El afinar el espíritu cuando alguien te pisotea se llama control.”

Don Juan explicó que la estrategia de su benefactor requería de que en lugar de sentir compasión por sí mismo, como lo había hecho antes, se dedicara de inmediato a explorar el carácter del capataz, sus debilidades, sus peculiaridades.

Encontró que los puntos más fuertes del capataz eran su osadía y su violencia. Había balaceado a don Juan a plena luz del día y ante veintenas de espectadores. Su gran debilidad era que le gustaba su trabajo y que no quería ponerlo en peligro. Bajo ninguna circunstancia intentaría matar a don Juan dentro de la propiedad, durante el día. Su otra gran debilidad consistía en que era hombre de familia. Tenia una esposa e hijos que vivían en una casucha cerca de la casa.

-Reunir toda esta información mientras te golpean se llama disciplina -dijo don Juan-. El hombre era un demonio. No tenia ninguna gracia que lo salvara. Según los nuevos videntes, el perfecto pinche tirano no tiene ninguna característica redentora.

Don Juan dijo que los dos últimos atributos del ser guerrero, que él aún no tenia en aquel entonces, habían quedado automáticamente incluidos en la estrategia de su benefactor. El refrenamiento es esperar con paciencia, sin prisas, sin angustia; es una sencilla y gozosa retención del pago que tiene que llegar.

-Mi vida era una humillación diaria -prosiguió don Juan-, a veces hasta lloraba cuando el hombre me pegaba con su látigo, y sin embargo, yo era feliz. La estrategia de mi benefactor fue lo que me hizo aguantar de un día a otro sin odiar a nadie. Yo era un guerrero. Sabía que estaba esperando y sabía qué era lo que esperaba. Precisamente en eso radica el gran regocijo del ser guerrero.

Agregó que la estrategia de su benefactor incluía acosar sistemáticamente al hombre, escudándose siempre tras un orden superior, así como habían hecho los videntes del nuevo ciclo, durante la Colonia, al escudarse con la iglesia católica. Un humilde sacerdote era a veces más poderoso que un noble.

El escudo de don Juan era la señora dueña de la casa. Cada vez que la veía se hincaba ante ella y la llamaba santa. Le rogaba que le diera la medalla de su santo patrón para que él pudiera rezarle por su salud y bienestar.

-Me dio una medalla de la virgen -prosiguió don Juan-, y eso casi aniquiló al capataz. Y cuando conseguí que las cocineras se reunieran a rezar por la salud de la patrona casi sufrió un ataque al corazón. Creo que entonces decidió matarme. No le convenía dejarme seguir adelante.

"A manera de contramedida organicé un rosario entre todos los sirvientes de la casa. La señora creía que yo tenia todas las características de un santo.

"Después de aquello ya no dormía profundamente, ni dormía en mi cama. Cada noche me subía al techo de la casa. Desde allí vi dos veces al hombre llegar a mi cama con un cuchillo.

"Todos los días me empujaba a los pesebres de los garañones con la esperanza de que me mataran a patadas, pero yo tenia una plancha de tablas pesadas que apoyaba en una de las esquinas. Yo me escondía detrás de ella y me protegía de las patadas de caballo. El hombre nunca lo supo porque los caballos le daban náuseas; era otra de sus debilidades, la más mortal de todas, como resultó al fin.

Don Juan dijo que la habilidad de escoger el momento oportuno es una cualidad abstracta que pone en libertad todo lo que está retenido. Control, disciplina y refrenamiento son como un dique detrás del cual todo está estancado. La habilidad de escoger el momento oportuno es la compuerta del dique.

El capataz sólo conocía la violencia, con la cual aterrorizaba. Si se neutralizaba su violencia quedaba casi indefenso. Don Juan sabía que el hombre no se atrevería a matarlo a la vista de la gente de la casa, así. que un día, en presencia de otros trabajadores y también de la señora, don Juan insultó al hombre. Le dijo que era un cobarde y un asesino que se amparaba con el puesto de capataz.

La estrategia de su benefactor exigía que don Juan estuviera alerta para escoger y aprovechar el momento oportuno y voltearle las cartas al pinche tirano. Cosas inesperadas siempre suceden así. De repente, el más bajo de los esclavos se burla del déspota, lo vitupera, lo hace sentirse ridículo frente a testigos importantes, y luego se escabulle sin darle tiempo de tomar represalias.

-Un momento después -prosiguió don Juan-, el hombre enloqueció de rabia, pero yo ya estaba piadosamente hincado frente a la patrona.

Don Juan dijo que cuando la señora entró a su recamara, el capataz y sus amigos lo llamaron a la parte trasera de la casa, supuestamente para hacer un trabajo.

El hombre estaba muy pálido, blanco de ira. Por el tono de su voz don Juan supo lo que el hombre pensaba hacer con él. Don Juan fingió obedecer, pero en vez de dirigirse adonde el capataz le ordenaba corrió hacia los establos. Confiaba en que los caballos harían tanto ruido que los dueños de la casa saldrían a ver lo que pasaba. Sabía quo el hombre no se atrevería a dispararle, y que tampoco se acercaría adonde estaban los caballos. Esa suposición no se cumplió. Don Juan había empujado al hombre más allá de sus límites.

-Salté al pesebre del más salvaje de los caballos -dijo don Juan-, y el pinche tirano, cegado por la rabia, sacó su cuchillo y se metió tras de mí. Al instante, me escondí detrás de mis tablas. El caballo le dio una sola patada y todo acabó.

"Yo había pasado seis meses en esa casa,. y durante ese periodo ejercí los cuatro atributos de ser guerrero. Gracias a ellos había triunfado. Ni una sola vez. sentí compasión por mí mismo, ni lloré de impotencia. Sólo sentí regocijo y serenidad. Mi control y mi disciplina estuvieron afilados como nunca lo estuvieron. Además, experimenté directamente, aunque no los tenía, lo que siente el guerrero impecable cuando usa el refrenamiento y la habilidad de escoger el momento oportuno."

"Mi benefactor explicó algo muy interesante. Refrenamiento significa retener con el espíritu algo que el guerrero sabe que justamente debe cumplirse. No significa que el guerrero ande por ahí pensando en hacerle mal a alguien, o planeando cómo vengarse y saldar cuentas. El refrenamiento es algo independiente. Mientras el guerrero tenga control, disciplina y la habilidad de escoger el momento oportuno, el refrenamiento asegura que recibirá su completo merecido quienquiera que se lo haya ganado."

-¿Triunfan alguna vez los pinches tiranos, y destruyen al guerrero que se les enfrenta? -pregunté.

-Desde luego. Durante la Conquista y la Colonia los guerreros murieron como moscas. Sus filas se vieron diezmadas. Los pinches tiranos podían condenar a muerte a cualquiera, por un simple capricho. Bajo ese tipo de presión, los videntes alcanzaron estados sublimes.

Aseguró don Juan que, en esa época, los videntes que sobrevivieron tuvieron que forzarse hasta el límite para encontrar nuevos caminos.

-Los nuevos videntes -dijo don Juan mirándome con fijeza- usaban a los pinches tiranos no sólo para deshacerse de su importancia personal sino también para lograr la muy sofisticada maniobra de desplazarse fuera de este mundo. Ya entenderás esa maniobra conforme vayamos discutiendo la maestría de estar consciente de ser.

Le expliqué a don Juan que lo que yo le había preguntado era si, en el presente, en nuestra época, los pinches tiranos podrían derrotar alguna vez a un guerrero.

-Todos los días -contestó-. Las consecuencias no son tan terribles como las del pasado. Hoy en día, por supuesto, los guerreros siempre tienen la oportunidad de retroceder, luego reponerse y después volver. Pero el problema de la derrota moderna es de otro género. El ser derrotado por un repinche tiranito no es mortal sino devastador. En sentido figurado, el grado de mortandad de los guerreros es elevado. Con esto quiero decir que los guerreros que sucumben ante un repinche tirano son arrasados por su propio sentido de fracaso. Para mí eso equivale a una muerte figurada.

-¿Cómo mide usted la derrota?

-Cualquiera que se une al pinche tirano queda derrotado. El enojarse y actuar sin control o disciplina, el no tener refrenamiento es estar derrotado.

-¿Qué pasa cuando los guerreros son derrotados?

-O bien se reagrupan y vuelven a la pelea con más tino, o dejan el camino del guerrero y se alinean de por vida a las filas de los pinches tiranos.

TOMADO DEL LIBRO EL FUEGO INTERNO DE CARLOS CASTANEDA


UN SALUDOS EN SU SANTO A MI QUERIDA AMIGA
 SONIA CORDOBA
LO MEJOR DEL MUNDO PARA ELLA Y SU FAMILIA.


LAS ONCE COSAS QUE LOS ESTUDIANTES NO APRENDEN EN LA ESCUELA.
BILL GATES.
recientemente dictó en una conferencia en una escuela secundaria sobre “Las 11 cosas que los estudiantes no aprenden en la escuela”.Muy conciso, todos esperaban que fuera a hacer un discurso de una hora o más, habló menos de 5 minutos, le aplaudieron más de 10 minutos sin parar, dio las gracias y se fue enseguida en su helicóptero. Hablo de cómo la "política educativa de vida fácil para los niños" ha originado una generación sin concepto de la realidad, y cómo esta política ha llevado a las personas a fallar en sus vidas después de la escuela. Regla
1: La vida no es fácil, acostúmbrate a ello.
Regla 2: El mundo no está preocupado por tu autoestima. El mundo espera que hagas algo útil por él ANTES de sentirte bien contigo mismo.
Regla 3: No ganarás 20.000 $ al mes nada más por salir de la escuela. No serás vicepresidente de una empresa con coche y teléfono a tu disposición hasta que con tu esfuerzo hayas conseguido comprar tu propio coche y teléfono.
 Regla 4: Si crees que tu profesor es duro, espera a tener un Jefe. Ese sí que no tendrá vocación de enseñanza ni la paciencia requerida.
Regla 5: Vender papel usado o trabajar los días festivos no es ser lo último en la escala social. Tus abuelos tenían una palabra diferente para eso: lo llamaban oportunidad.
Regla 6: Si te equivocas, no le eches la culpa a tus padres o a la mala suerte. Por lo tanto no llorisquees por tus errores, aprende de ellos.
Regla 7: Antes de nacer tú, tus padres no eran tan críticos como ahora. Ellos se volvieron así por pagar tus cuentas, lavar tus ropas y oírte decir que son “ridículos”. Por tanto, antes de salvar el planeta para la próxima generación, queriendo remediar los errores de la generación de tus padres, comienza limpiando las cosas de tu propia vida, empezando por tu habitación
 Regla 8: La escuela puede haber eliminado la distinción entre excelentes, buenos y regulares, pero la vida no es así. En muchas escuelas hoy no repites el curso, hacen que tus tareas sean cada vez más fáciles y tienes las oportunidades que necesites hasta aprobar. Esto no se parece en nada a la vida real. Si fallas, estás despedido. Así que acierta a la primera.
Regla 9: La vida no está dividida en bimestres. Tú no tendrás largas vacaciones de verano y no encontrarás quien te ayude a cumplir con tus tareas, ni jefes que se interesen en ayudarte para que te encuentres a ti mismo. Todo esto y mucho más, tendrás que hacerlo en tu tiempo libre.
Regla 10. La televisión NO es la vida real. En la vida real, las personas tienen que dejar los juegos, el bar, los bailes o los amigos,para irse a trabajar.
 Regla 11: Sé amable con los estudiosos (aquellos estudiantes que tú y muchos otros juzgan que son sonsos). Existen muchas probabilidades de que termines trabajando PARA uno de ellos. Imprime, relee, repasa y muéstraselo a todos los que sinceramente creas que puedan ser tus amigos, o que merezcan una clase, muy particular, dada por quien entiende del asunto ... Y si tienes la suerte de tenerlos cerca y el coraje para hacerlo, enséñaselo a tus padres y a tus hijos